Categoría: Libros

 

Carmelo Di Fazio: _Un orgasmo, dos lágrimas y una sonrisa_

«Somos tan imperfectos que un simple impulso nos llena de infelicidad.»
Carmelo Di Fazio    



¡Los seguidores de Carmelo Di Fazio estamos de enhorabuena! Ya hablamos aquí de este autor venezolano cuando publicó su segunda novela, El ángel que no merecía morirdonde nos descubrió su dominio de la técnica del suspense literario y con la que alcanzó el primer lugar en la lista de ventas de su país.
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En esta ocasión nos ofrece cuatro cuentos, una deliciosa colección de temática diversa que se lee con ganas y se disfruta a tope, porque —no me cansaré de recalcarlo— se nota el oficio, lo cual es una especie que en la actualidad abunda poco: muchas personas, por razones que mi entendimiento no alcanza a comprender, se empeñan en publicar un libro y, si lo consiguen, ya se creen escritores; aunque para ser un escritor hace falta algo más que lograr juntar cuatro letras.
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A Di Fazio, en cambio, sí podemos otorgarle tal reconocimiento porque tiene madera, porque, además de saber presentar pulcrísimamente las situaciones o definir los personajes con cuatro trazos, como en el caso presente, donde la forma escogida —el cuento— así lo exige, logra arrastrar al lector hasta colocarlo en el lugar donde él quiere para, después, con un leve giro de pluma o de tecla, volver a descolocarlo y seguir tirando de él hasta atraparlo en su tela de araña literaria de la que ya no podrá salir y de la que el lector, además, tampoco querrá escapar.
Como el propio autor me ha confesado (no en balde me cupo la suerte de afrontar la corrección de estas cuatro historias), escribe pensando en clave cinematográfica, lo que enseguida salta a la vista… Pero dejemos que él mismo nos lo explique:
El cuento de apertura, Un orgasmo, por obvias razones el de esperado impacto, puede generar ansiedad, antojo exacerbado de éxtasis sensorial, ganas de enamorarse con fervor, sensaciones lujuriosas… (¡Se permite dar rienda suelta al agrado creativo!). Las dos lágrimas producen impotencia, tormento, rabia, tristeza y dolor compartido; de igual forma, nos enseñan a valorar el balance entre amor, lealtad y justicia como modelo de una existencia con simpatía por la felicidad. De la sonrisa les adelanto que nos regala un pedazo de cielo, quizás un milagro que nos recuerda el poder de Dios… Mejor no les digo más, sean ustedes los jueces en cada lectura.
Hay que seguirle la pista a este escritor con mayúsculas que, sin duda, nos sorprenderá con nuevas y emocionantes historias. Esperemos que sea pronto, pero, mientras tanto, podéis deleitaros con Un orgasmo, dos lágrimas y una sonrisa.

Disponible en

… à suivre.

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Miguel Gardeta o la necesidad de escribir

Con tan solo 34 años, Miguel Gardeta Lordán ya ha publicado cuatro obras de narrativa: tres novelas y un libro de viajes. Sin embargo, si uno guglea un poco, descubre sorprendido que su nombre solo arroja ¡409 resultados! Tampoco lo busques en la Wikipedia porque es inútil: nadie se ha molestado en escribir una entrada sobre él. Entonces…

Miguel Gardeta

¿Quién es Miguel Gardeta Lordán?

Estudié aquí, en Huesca, Humanidades y el tercer año me marché de Erasmus: ­­yo había estudiado toda la vida inglés, pero solo quedaba la posibilidad de ir a Toulouse, así que me armé de valor y, sin saber decir «bonjour», me marché. La verdad que fue un antes y un después, porque regresé con la mente mucho más abierta. Después estuve otros tres años en Zaragoza estudiando Magisterio y, aunque había empezado también francés, al final lo abandoné y me especialicé solo en Inglés. Luego hice un máster de ELE (Español como Lengua Extranjera) en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Básicamente, los estudios oficiales terminan allí, lo que pasa es que algunos años más tarde, mientras estaba escribiendo mi primera novela, _Cruce de fronteras_, me picaba el gusanillo y realicé un máster «online» de Criminología.

Luego comenzaste tu peripecia europea…

Efectivamente. Cuando acabé Magisterio, y después de hacer varias sustituciones durante el primer año, en vez de quedarme aquí haciendo interinidades, que hubiera sido lo lógico, decidí darle un giro de ciento ochenta grados a mi vida y marché a Londres a buscarme la vida con una mano delante y otra detrás: me marché sin trabajo, sin conocer a nadie, pero con la ventaja de que el idioma ya lo tenía más o menos dominado, y tuve la suerte de que eso sucedió antes de la gran oleada de españoles que se marcharon allí a trabajar, por lo que enseguida encontré trabajo, encontré piso… No tuve ningún problema en ese sentido.

Estuve trabajando un año y medio en Londres. Mi intención era, claro, trabajar de maestro de Español en Londres. Yo pensaba, inocente de mí, que un profesor de español iba a encontrar trabajo allí sin ningún problema ―envié currículums a todos los colegios―, pero solo encontré trabajo en una tienda de alimentación. Me equivoqué, pero no me arrepiento.

Después de estar allí año y medio, desde julio de 2011 hasta enero de 2013, decidí cambiar de aires y marché a Berlín. Allí estuve solo seis meses, hasta junio del 2013, porque allí enseguida me di cuenta de que sin el idioma no iba a hacer absolutamente nada. Estuve trabajando en un restaurante, aunque, como es lógico, no de cara al público, porque mis conocimientos de alemán eran escasos (en estos momentos se reducen al vocabulario de cocina básico).

Me hicieron comprender que sin alemán no iba a dar clases allí en la vida, así que me dije «Vuélvete a casa y así, por lo menos, trabajas de lo tuyo», así que volví y comencé la labor docente aquí en España, en Educación de la DGA [Diputación General de Aragón], haciendo interinidades. Fueron dos años maravillosos, porque tuve la gran suerte de que las interinidades fueron de año completo. Estuve en Villar del Cobo ―un pueblo de la sierra de Albarracín, provincia de Teruel― y luego aquí, en Zaidín, al lado de Huesca.

Y de Zaidín, al Nuevo Mundo…

Sí. El año pasado me surge la posibilidad de marcharme a EE. UU., esta vez a dar clases, con un programa de intercambio cultural, aunque, realmente, no existe ese intercambio; es decir, yo voy allí a dar clases, pero ningún americano viene a sustituirme aquí. No dejo escapar la posibilidad y ya llevo allí un año.

Con 34 años, ya cuentas en tu haber con cuatro libros. Parece que sientas una verdadera necesidad por escribir. ¿De dónde surge tu afición a la escritura?

La descubrí por casualidad. En los largos años de estudio, como te puedes imaginar, estuve trabajando en un montón de sitios ―zapaterías, tiendas…―. En el 2010 (no recuerdo el mes exacto), yo estaba trabajando en un supermercado, aquí en Huesca, y, sinceramente, es uno de los trabajos más aburridos que he tenido en mi vida. Entonces, una de las estrategias que yo tenía para que el tiempo pasara más deprisa, durante las tardes, sobre todo, era abstraerme, imaginarme una historia, una película nueva. Cada día mi mente reconstruía lo del día anterior e iba añadiendo más detalles, más cosas, y conforme los días se sucedían, el aburrimiento era cada vez mayor y, claro, esa historia iba creciendo. Una tarde que estaba aburrido en casa decidí empezar a escribir esa historia que yo ya tenía en la cabeza desde hacía varios meses; sin ningún objetivo concreto, sino, simplemente, por darle forma.

Me senté en el ordenador y lo escribí de cualquier manera. Lo releí, no me pareció mal del todo, así que continué escribiendo, con la suerte ―o la desgracia, depende de cómo se mire― que me picó el gusanillo. Cada vez necesitaba más y al final salió una historia completa, con planteamiento, nudo y desenlace.

En lo que escribes podemos rastrear alguna de las localizaciones y otros elementos de tu vida.

Esto que apuntas es una de las cosas que quería comentar. Aunque, por supuesto, en el caso de las novelas, se trata de ficción, dicen que los escritores escribimos sobre aquello que conocemos; en mi caso, como he viajado tanto y he vivido en tantos lugares, entonces ¿qué mejor que hacer un pequeño homenaje en cada uno de los libros a un lugar en el que haya vivido?

Tu primera novela es Cruce de fronteras.

Exacto, si no me equivoco, en octubre del 2012, ya estaba en la calle. Entonces yo estaba en Londres y vine a presentarla a Huesca para las fiestas del Pilar. _Cruce de fronteras_ se desarrolla en Toulouse, en Francia, donde estuve de Erasmus, y en Zaragoza, donde he estudiado y he vivido durante cuatro años. Luego, en _Sangre de rodeno_, que fue el tercer libro, aunque segunda novela, ubico la trama en Villar del Cobo y en Albarracín, donde estuve trabajando como maestro, y, por último, la trama de _En defensa de Plutón_ se desarrolla en Berlín, la ciudad donde radiqué durante mi estancia en Alemania. Por supuesto, tengo más ideas para futuras novelas en Londres, en Houston y en otros lugares: hay cuerda para rato.

En concreto, _Cruce de fronteras_ nació en un supermercado. Empecé a escribirla aquí, pero la terminé estando ya en Londres. Yo le tengo un cariño especial, tal vez por ser la primera. En verano del 2010 empecé a escribirla y en ella se desarrolla una historia de amor adolescente, pero, sobre todo, hablo de la guerra de Yugoslavia. En el libro incluyo incluso algunos recortes de periódico reales que hablaban de aquello, porque voy viendo en las noticias sucesos que nos recuerdan aquella terrible guerra. Recuerdo perfectamente la cara de estupor que se me quedaba cuando, a raíz de los procesos que se iban sucediendo en el Tribunal de la Haya, iba enterándome de la talla de los personajes de los que hablo. Esto me iba produciendo un desasosiego que dio lugar a la creación de una trama en la que iba relacionando esa historia de amor adolescente con la serie de los crímenes que se cometieron en aquella guerra, que yo creo que nadie que lea la novela puede quedar indiferente, no ya ante la guerra de Yugoslavia, sino ante la guerra como idea filosófica.

Cruce de fronteras

Luego, en 2014, publicas tu libro de viajes, Mi no spick London, y al año siguiente llega _Sangre de rodeno_, cuya acción se ubica en Albarracín, pero ese no era el título que habías pensado al principio.

En _Mi no spick London_ recojo algunas anécdotas que me han sucedido a lo largo de mis viajes. Es como una especie de diario donde comento las cosas curiosas que iba descubriendo o que ocurrían a mi alrededor.

Mi no spick London

Sangre de rodeno iba a llamarse _Perdiendo el rumbo_, porque el título me gustó, pero al final, hablando con mi editor y comentándolo con varias personas, parece que no tenía la fuerza necesaria, así que desaté una tormenta de ideas y, aprovechando que los pinares de rodeno se hallan en la sierra de Albarracín y que son una reserva natural increíble, impresionante ―a todo aquel que quiera visitarla, yo se lo recomiendo encarecidamente―, al final, qué mejor que incluir la palabra ‘sangre’, que siempre vende mucho, y luego ‘rodeno’, para que nadie se lleve a engaño de dónde está situada la trama; es tan sencillo como eso: _Sangre de rodeno_, Albarracín y asesinatos. También podría haberse llamado _Asesinato en Albarracín_, pero eso sería más adecuado para una novela de Agatha Christie.

Sangre de rodeno

De todas maneras, también las portadas de mis novelas indican qué es lo que va a encontrar el lector, y eso me gusta.

_En defensa de Plutón_ está recién estrenada. Es una novela que, por su estructura, me recuerda a algunas películas de Tarantino, como _Reservoir dogs_ o _Abierto hasta el amanecer_, porque se observan dos partes claramente diferenciadas…

Hombre, me gusta que me compares con Tarantino…

Sí, _En defensa_ es de este 2016. Se trata de otra novela de suspense donde también juego con el asesinato, aunque quizá en este caso es menos evidente lo que está sucediendo hasta el final. Lo envuelvo todo en un halo de normalidad hasta que la burbuja que se va creando explota y se descubre que nada de lo que aparentemente era normal lo es en realidad.

Me han dicho muchos conocidos que la primera parte, que ocupa noventa páginas, no tiene nada que ver con lo que había escrito hasta ahora porque permito que el lector se enamore de algún personaje y odie a otro. No se lo esperaban de mí; sin embargo, cuando lees el conjunto de la obra, te das cuenta de que esas noventa páginas son esenciales para comprender la historia y para meterte dentro de ella. Necesitas conocer a fondo a los dos personajes principales para poder ver después su evolución: dos jóvenes que tenían una vida más o menos ordenada se trasladan a la ciudad de Berlín donde experimentarán un cambio radical.

En cuanto al título, _En defensa de Plutón_, hay gente que no lo entiende, pero necesitas leer todo el libro para comprenderlo, porque yo juego con la idea de que en este mundo puede suceder cualquier cosa. Todos los días vemos noticias en el telediario en las que la realidad supera cualquier ficción. Parto de una idea absurda en apariencia, pero al final esa idea la convierto en verosímil, que es de lo que se trata.

En defensa de Plutón

En efecto, Miguel: de eso se trata, de ofrecer verosimilitud. Solo hay que leer algún cómic de superhéroes o escuchar el discurso de algunos políticos…

Claro. Todo el mundo acepta como algo normal, por ejemplo, que un chaval como Peter Parker, Spiderman, adquiera superpoderes de forma milagrosa a través de la picadura de una araña. Y, como estamos en Berlín ―no puedo dejar de decirlo―, Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi, hizo famosa la frase de que la mentira, cuanto más grande sea, a fuerza de repetirla se convierte en una gran verdad, algo que ya sabían los griegos, pero Goebbels lo aplicó en pleno siglo XX.

Ahora sigue funcionando esta táctica en el mundo de la política: hay crisis, tú sabes que hay crisis porque sigue habiendo desahucios, gente que está buscando en los contenedores y los informes Pisa son horribles, sin embargo, en una ciudad como Huesca, tú vas por la calle y ves todas las terrazas de los bares llenas. Eso parece no concordar demasiado, pero como todos los días están repitiendo por la televisión que hay crisis, todo el mundo vive asustado con esa idea, pero no se comportan como correspondería. Antes la gente protestaba quemando contenedores o, incluso, desatando guerras civiles, pero ahora parece que nos estamos civilizando, aunque eso ya lo decíamos después de la primera guerra mundial, de la que los que la vivieron decían que era «la guerra para terminar con todas las guerras». Luego llegó la segunda guerra mundial, y parece que aprendimos la lección porque aquello de los campos de concentración nos dejó muy tocados. Pero en la década de los noventa apareció un personaje tétrico en la antigua Yugoslavia, Slobodan Milošević, El Carnicero de los Balcanes, que hizo exactamente lo mismo que Hitler; y, mientras, Europa miraba para otro lado porque pensaba que aquello no podía estar pasando y cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde.

Has publicado cuatro libros y los cuatro en la Editorial Pirineos de Huesca.

Sí. Cuando empecé con _Cruce de fronteras_ la envié a muchas editoriales, pero es muy difícil entrar, no ya por la puerta grande, sino por cualquier tipo de puerta. Tú ya sabes cómo funciona el mundo editorial, igual que el mundo del cine, el de la canción o el del fútbol: si tienes padrino te bautizas; hoy hasta Belén Esteban ha publicado un libro (otra cosa es que lo haya escrito). Ninguna editorial se dignó contestarme, lo que me dejó un poco tocado porque uno espera un mínimo de cortesía, pero no recibí ni un simple «Gracias, ya lo miraremos», o «No nos interesa», lo que en otros lugares no es una cosa común. He tratado de ponerme en contacto con editoriales en Estados Unidos, ahora que estoy allí, y con agentes literarios, y todos te contestan; para bien o para mal, pero todos tienen la deferencia de contestarte.

La Editorial Pirineos se molestó en contestarme y en decirme «Adelante». Al menos te ofrecen la posibilidad de la autoedición, que es a lo que los escritores que están empezando pueden aspirar. Es una editorial pequeña que no puede arriesgar demasiado ―claro, no van a pillarse los dedos―, pero si ven que algo puede ser interesante y saben que tú estás dispuesto a moverte por las ferias para vender tus libros, pueden llegar a un acuerdo. Por eso sigo con ellos. Tal vez me falta algo de promoción porque, realmente, fuera de Huesca no soy nadie.

Espero que esta entrevista contribuya a solucionar en parte ese problema. A ver si dentro de unos meses el buscador de Google arroja una cifra mayor de resultados si uno escribe en el campo correspondiente tu nombre y tus apellidos: Miguel Gardeta Lordán.

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Quiero publicar mi obra

Todos los escritores para los que he realizado algún encargo, bien sea de corrección o bien algún informe de lectura, me han planteado la siguiente cuestión: ¿Qué tengo que hacer para publicar?

Escritora novel

Escritora novel


Imagen sacada del blog Escrito en el aire. Notas sobre el oficio de escribir, del autor peruano José de Piérola.


 

Los escritores noveles, por regla general, no saben por dónde empezar, van un poco perdidos: bastante esfuerzo les ha costado escribir su obra.

Como este tema está lo suficientemente tratado en varios sitios web —y muy bien, por cierto— he preparado la siguiente lista de enlaces:

Cómo conseguir que una editorial publique tu libro

https://www.escritores.org/publicar/articulos-de-interes/506-como-hacer-para-ser-publicado-guia-para-escritores
http://www.oficiodeescritor.com/como-publicar-un-libro/

Sistema de autoedición
http://www.webempresa20.com/blog/autoedicion-20-secretos-que-mucha-gente-no-conoce.html
Amazon: http://www.amazon.es/gp/feature.html?docId=1000590863

Sistema de coedición
Qué es: http://marianaeguaras.com/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-coedicion/

Editoriales
http://www.letrasdeencuentro.es/editoriales.php

Concursos y premios
http://www.escritores.org/index.php/component/search/?searchword=novela+hist%C3%B3rica&ordering=newest&searchphrase=exact&limit=0

Micromecenazgo
http://www.comoescribirunlibro.com/que-es-el-crowdfunding-micromecenazgo/

… à suivre.

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El arduísimo proceso editorial

En la entrada de este mes tenía pensado hablar de una novela, que me regalaron los Magos de Oriente, con muy buena pinta, aunque, mientras la leía, me di cuenta de que algo no iba bien, algo fallaba. Se trata de 261 páginas de papel ahuesado, de 90 gr/m, con la tripa cosida y encolada, pastas de unos 200 gr/m con una bella decoración a base de geometrías verdinegras, sobrecubiertas en las que aparece una bonita ilustración alusiva a la historia que contiene rematadas por solapas de 82 mm en las que se glosa la figura de la autora (delante) y se listan otros títulos de la editorial (que no mencionaré aquí por decoro, aunque a lo mejor luego sí que la nombro). Incluso, en un alarde de originalidad de semejantes proporciones a las de su ponderado costo, el extraordinario objeto incluía un precioso recortable con el que los ociosos pueden entretenerse montando un hotel de cartulina, que es donde transcurre la mayor parte de la trama (en un hotel no de cartulina).

Petit hôtel en «petit carton»

Petit hôtel en «petit carton»

Por otra parte, se trataba de una buena traducción del original inglés (esto debo suponerlo, porque, como comprenderéis, no lo he tenido en mis manos para juzgar de la manera más ecuánime posible, aunque reconozco que el inglés no es mi fuerte).

Entonces ¿qué era lo que fallaba?

Muy fácil: aquel «libro» no había pasado por ningún proceso de corrección, ni de estilo ni ortotipográfica, y esto es algo que nunca entenderé, y menos en este caso (una verdadera lástima, porque la historia en sí es interesante), donde salta a la vista que no han escatimado un euro en otras cuestiones, ni siquiera en recortables.

En los pocos años que llevo en el mundo de la edición, he visto nacer unas cuantas editoriales, en no pocas ocasiones con más buena voluntad que acierto, pues, en principio, para establecerse uno como editor nadie le exige ninguna preparación previa.

Algunos amantes de la literatura ―o de los libros en general, conocidos en catalán con el eufónico calificativo de lletraferits― se lanzan a la gran aventura de editar sin haberse preocupado de enterarse antes de cuáles son las fases de que consta el proceso de edición, o, lo que es lo mismo, desconociendo qué es exactamente el producto que intentan vendernos. Por ello me ha parecido oportuno explicar aquí, aunque sea de forma somera (y, si cabe, con algo de humor), qué características ha de tener un libro para que sea considerado como tal.

Para empezar, tenemos que saber de lo que estamos hablando, para lo que acudiremos a la definición de la RAE:

libro. (Del lat. liber, libri). | 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. | 2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico. […]. | 3. m. Der. Para los efectos legales, en España, todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas. […].

(He obviado aquí las acepciones que he estimado convenientes para los fines que se persiguen).

Con respecto a la primera acepción de la entrada, me gustaría recordar unas palabras de Marcos Mundstock:

«Un libro que no está escrito, más que libro, es un cuaderno». (LES LUTHIERS)

Esto no es el libro blanco de nada

Esto no es el libro blanco de nada

Respecto de la tercera acepción (la referida al número de páginas), cabe explicar que se trata de una de las características que recoge una definición técnica de la Unesco (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés]) «destinada a unificar, desde un punto de vista estadístico, la noción de libro. […] Esta definición se basa en una unidad de pliego de 16 páginas, de tal manera que no puede considerarse libro, estadísticamente hablando, si la obra, trate de lo que trate y cualquiera que sea su formato, no tiene más de tres pliegos de 16 páginas (o su equivalente), pues, como hemos visto, si solo tiene entre cinco y 48 páginas se llama folleto, y si solo tiene entre dos y cuatro, hoja suelta». (José M. de Sousa: Manual de edición y autoedición; Madrid: Pirámide; 2.ª edición, 2.ª impresión; 2008; pág. 66-67).

Sin embargo, hoy hay que ampliar esta definición debido, como bien sabemos, a los nuevos soportes electrónicos: los libros digitales ya no tienen páginas, bien sean textuales, videolibros o audiolibros. Cuando uno está leyendo uno de estos e-books, el dispositivo lector utilizado no suele informar de la página por la que se va leyendo, sino del porcentaje de lo leído.

—Oye, co: Te has leído Ana Karénina?

—No, co, pero me la bajé de internet para mi kindle y ya voy por el diez por ciento.

—Tómatelo con calma, co, que solo te faltan unas novecientas páginas de las de antes, y con letra pequeña.

―No me chafes el final, co, que está muy interesante el culebrón.

Tranqui, co, que no voy a espoileártela.

Libros sin páginas

Libros sin páginas

Sabido esto, nos arremangaremos para ir directamente al meollo de la cuestión:

El arduísimo proceso editorial

En el proceso editorial consta de varias fases, algunas de las cuales deberían ser ineludibles:

  • Creación del texto. Se trata de redactar o traducir un texto ajustándose a unas determinadas normas de estilo (1.ª fase). El texto traducido debería de pasar una revisión de la traducción (2.ª fase) que debería realizar una persona distinta al traductor. Esta última fase ya se lo salta a la torera alguna editorial (o alguna empresa que edita otro tipo de documentos que no son libros).
  • Tratamiento del texto. Una vez insertados los cambios de la revisión, habría que proceder a la revisión del contenido e insertar los cambios correspondientes (3.ª fase); luego, se debería realizar una corrección de estilo (4.ª fase) y, por último, una corrección de primeras pruebas (5.ª fase). En cada una de estas fases hay que ir introduciendo los cambios correspondientes: el texto y, por lo tanto, el posible lector, salen ganando, aunque el autor debe conceder el nihil obstat al texto definitivo.

 

Escritor anónimo

Escritor anónimo

«A mi no me canvias tu ni una tilde, de mi testo». (Autor anónimo).

  • Maquetación. La maquetación no se la salta nadie, porque, si no, volveríamos a tener un cuaderno. Si el texto lleva imágenes, ahora es el momento de incorporarlas en la maqueta (6.ª fase), lo que conlleva una o varias nuevas correcciones ortotipográficas (7.ª fase). Algunos piensan que esta fase sobra, pero si no se realiza pueden aparecer callejones o blancos de más en el texto, separaciones incorrectas de palabras al final de la línea, pueden producirse coincidencias de palabras iguales en líneas sucesivas e incluso puedes encontrarte con alguna sorpresa en los pies de foto, como ilustra el bello ejemplo en formato jotapegé.

 

«Regata de traineras en la ría de Bilbao» (Un mal pie de foto)

«Regata de traineras en la ría de Bilbao»
(Un mal pie de foto)

  • Impresión. En este apartado se incluye la compaginación con la correspondiente corrección de compaginadas, la creación de fotolitos, con revisión de ferros, diversas pruebas mecánicas y, por último, antes de encuadernar, también hay que verificar los pliegos (fases 8.ª, 9.ª, 10.ª y 11.ª). De estas fases, excepto de la  8.ª, como se encarga la imprenta, no se deja ninguna sin hacer.
  • Encuadernación, almacenaje y distribución (fases 12.ª, 13.ª y 14.ª). En este apartado, los libros deberían de someterse a los controles de calidad correspondientes (fase 15.ª), pero hay quien, con ver las cajas llenas y ojear un ejemplar, da por cumplimentado el trámite: ¿quién no se ha topado alguna vez ―aunque ahora ya sería rarísimo― con algún libro, además de intenso, intonso?
libro intonso

Libro intonso

 

No está de más aquí recomendar a los lectores que a la hora de adquirir un libro pierdan el mismo tiempo que cuando van a comprarse, no digo ya un automóvil, sino cualquier electrodoméstico, y también cabe recordar que tienen derecho a la devolución del dinero si el producto no les satisface: ello representa el mejor control de calidad posible.

En resumen (que no es gerundio)

¿Os imagináis al bueno de Daniel «Dan» Brown habilitando un búnker como el que montó para los traductores de su obra Inferno para cada grupo de personas que deberían haber intervenido en el proceso de edición? ¡No hubiera ganado para búnkeres! Así que se ahorró unos cuantos dólares, pero seguro que ha perdido un buen número de lectores (yo mismo, por ejemplo).

Por ello, y aunque hoy las modernas técnicas nos permitan agilizar enormemente las tareas de edición, si las editoriales quieren dotar de calidad a los libros que producen, no deberían saltarse ninguno de los pasos arriba expuestos: podrán buscar el ahorro en el gramaje o la calidad del papel, las tapas, las sobrecubiertas e incluso en recortables, pero lo que nunca nunca nunca deberían hacer es ahorrarse dinero en traductores ni correctores profesionales, y repito también lo de profesionales, porque existe una gran diferencia entre que las chapuzas de casa las pongas en manos de un fontanero, electricista o albañil profesional a que las fíes al manitas de tu cuñao, que estuvo una temporada de peón y otra desatascando cañerías.

En ello estriba la diferencia entre un libro, un seudolibro, un paralibro, un antilibro o, directamente, un cuaderno.

Nota: Para desarrollar los comentarios sobre las distintas fases del proceso de edición me he basado en una unidad didáctica del Curso de Corrección Profesional de la academia Cálamo&Cran, de Madrid, que realicé en línea hace unos años, y que recomiendo a todo letraherido que se precie de serlo. Al fin callo el título y la editorial del recortable por haber recortado —como mínimo— en las fases dos, tres, cuatro, cinco, siete y ocho, no sea que alguien pique y se lo compre.

… à suivre.

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_Alguien dice tu nombre_, de Luis García Montero: una novela de amor… a la literatura

Luis García Montero honró con su presencia y sus palabras el acto de inauguración de la XXXI edición de la Feria del Libro de Huesca, celebrada el pasado mes de mayo de 2014.

Luis García Montero

Luis García Montero

A continuación, se sentó en la mesa de firmas para dedicar a sus lectores ejemplares de su última novela, Alguien dice tu nombre (Alfaguara, 2014). Mientras estaba aguardando cola, una señora, a la que yo no conocía de nada, comenzó a explicarme que era una rendida admiradora del muy galardonado vate granadino, a quien seguía con fervor desde hacía muchos años; incluso me confesó que había ido guardando «todos» los recortes de periódico que recogían artículos suyos.

Cuando efectué la primera lectura de la obra comprendí mucho mejor la anécdota, ya que tenía ante mis ojos no solo una novela de amor más, sino una novela de amor a la literatura.

Y es que en Alguien dice tu nombre García Montero le plantea al lector el juego de resolver un puzle de tres piezas, que analizo a continuación, y que podríamos decir «que van de la literatura a la vida» (p. 197).

La novela de amor (primera pieza)

Con una estructura concebida como un diario o como un libro de notas, el narrador nos describe la pasión que enciende su primer amor.

León Egea Extremera, de veinte años de edad, llega a Granada en 1963 para estudiar Filosofía y Letras. Su profesor de Literatura, Ignacio Rubio, le procurará un trabajo como vendedor de enciclopedias en la editorial Universo que le permitirá costear los gastos de la carrera. Allí conoce a Consuelo Astorga, la secretaria, diecisiete años mayor que él, de la que caerá prendado: una primera experiencia amorosa ―en la línea edípica de otras importantes novelas, como Antigua luz, de John Banville (Alfaguara, 2012) o El lector, de Bernhard Schlink (Anagrama, 2009; octava edición)― que al principio convertirá al narrador en un mero juguete de Consuelo para sublimarse hasta la madurez sin transición alguna:

Desnuda, minuciosa, me enseñó cómo se pintan las uñas de los pies, ahora el dedo gordo, ahora este, ahora el meñique, dejo que se sequen y cambio de pie.

No protesté cuando empezó conmigo. Es un placer abandonarse, dejar que nos hagan cosas, que nos acaricien la espalda, que nos quiten una espinilla, que nos regalen un masaje en los pies. Claro que los resultados pueden ser ridículos. Me vi de pronto con las uñas del pie derecho pintadas, como si fuese un juguete de Consuelo […].

Es una suerte, si se piensa bien, poseer algo a lo que renunciar por amor. Mi caso no es ese, desde luego que no. ¿Qué tengo yo, qué puedo sacrificar, qué voy a abandonar, ya sea por Consuelo o por otra mujer? Difícil murmurarle a alguien que he cambiado de vida por su amor […], desde hoy quiero ser otra persona [p. 95‑96, 120].

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Crónica de una oscura época (segunda pieza)

La acción se sitúa en 1963, en pleno desarrollismo franquista, aunque un viejo calendario del bar donde el narrador se toma el café, el Lepanto, detenido en la fecha del «diecinueve de abril de mil novecientos sesenta» (p. 12), representa para él «una buena metáfora» de que los personajes viven en «un país paralizado […] un país triste, encogido y retrasado» (p. 11, 159), a pesar de que algunos de los personajes que van apareciendo a lo largo de sus páginas puedan permitirse el lujo de adquirir una enciclopedia, máximo exponente de la sabiduría a plazos.

La Iglesia católica lo fiscaliza todo, los poderes fácticos forman parte del aparato del Estado, es decir, no existen, no pueden existir dentro del Estado totalitario. Se trata de una época en la que el hijo de un alcalde tiene más poder que cualquiera que se encuentre fuera de ese aparato, aunque, en este caso, algún rebelde como León se atreva a cruzarle la cara al pequeño déspota sin sopesar las consecuencias… o sopesándolas muy bien, porque lo que León no soporta es a los indiferentes.

La gente pasa muy digna, viene de misa, compra flores, entra y sale de la pastelería Bernina y se esconde en la indiferencia para no contagiarse. ¿Dónde está el médico que cure la indiferencia? […] Pastillas para la indiferencia. Inyecciones para la indiferencia. Jarabes para la indiferencia. […] Insisto: la gente mediocre es más peligrosa que los malvados [p. 44].

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En la pasarela por la que desfila una plétora de personajes de toda índole, desde alcaldes y guardias civiles hasta camareros y limpiabotas, León, consecuente con sus ideas, se desmarcará y optará por el compromiso.

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Un tratado de poética: «Mi profesor de Literatura dice que…» (tercera pieza)

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Mi profesor de Literatura me dijo que aprender a escribir es como aprender a mirar, como conseguir ver las cosas necesarias para encontrar un sentido [p. 11].

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León va recogiendo de manera muy aplicada todas las recomendaciones que le brinda su profesor de literatura, Ignacio Rubio, para llegar a ser un buen escritor, lo que, sumado a las numerosísimas referencias literarias que ilustran esta novela —los rusos, Valle, Lorca…— la convierte en un auténtico tratado de poética que queda resumido así:

Este diario supone un verdadero taller de literatura. Ordeno la mesa, abro el cuaderno, me pongo a escribir, recuerdo los consejos de mi profesor, intento ser inteligente, fatigo la imaginación, hago uso de la ironía, me distancio, vuelvo a entrar en mi interior, asumo el ejercicio de conciencia, busco adjetivos para mezclarlos con la capacidad de observación y voy llenando páginas [p. 147].

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Alguien puede pensar que la solución a un puzle de tres piezas resulta sencilla, aunque esto es así solo cuando las piezas son planas y están pintadas por una sola cara; pero la cosa se complica cuando esas tres piezas no están pintadas y lo que se busca es el mayor número de soluciones posibles, como en el juego del Tangram, y todavía puede tornarse mucho más compleja si esas tres piezas son poliédricas y sus múltiples facetas están llenas de matices y de expresividad conceptista, como en esta novela de García Montero: una novela de amor a la literatura.

¿Quiere usted probar suerte en el juego?

… à suivre.

Portada de _Alguien dice tu nombre_

Portada de Alguien dice tu nombre

 

GARCÍA MONTERO, Luis: Alguien dice tu nombre; Madrid: Alfaguara, 2014; 226 páginas.

Más en:

• Entrevista a L. G. Montero en <www.todoliteratura.es>

• Reseña en <www.elcultural.es>

• Página oficial de L. G. Montero

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