Categoría: Narrativa

 

Carmelo Di Fazio: _Un orgasmo, dos lágrimas y una sonrisa_

«Somos tan imperfectos que un simple impulso nos llena de infelicidad.»
Carmelo Di Fazio    



¡Los seguidores de Carmelo Di Fazio estamos de enhorabuena! Ya hablamos aquí de este autor venezolano cuando publicó su segunda novela, El ángel que no merecía morirdonde nos descubrió su dominio de la técnica del suspense literario y con la que alcanzó el primer lugar en la lista de ventas de su país.
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En esta ocasión nos ofrece cuatro cuentos, una deliciosa colección de temática diversa que se lee con ganas y se disfruta a tope, porque —no me cansaré de recalcarlo— se nota el oficio, lo cual es una especie que en la actualidad abunda poco: muchas personas, por razones que mi entendimiento no alcanza a comprender, se empeñan en publicar un libro y, si lo consiguen, ya se creen escritores; aunque para ser un escritor hace falta algo más que lograr juntar cuatro letras.
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A Di Fazio, en cambio, sí podemos otorgarle tal reconocimiento porque tiene madera, porque, además de saber presentar pulcrísimamente las situaciones o definir los personajes con cuatro trazos, como en el caso presente, donde la forma escogida —el cuento— así lo exige, logra arrastrar al lector hasta colocarlo en el lugar donde él quiere para, después, con un leve giro de pluma o de tecla, volver a descolocarlo y seguir tirando de él hasta atraparlo en su tela de araña literaria de la que ya no podrá salir y de la que el lector, además, tampoco querrá escapar.
Como el propio autor me ha confesado (no en balde me cupo la suerte de afrontar la corrección de estas cuatro historias), escribe pensando en clave cinematográfica, lo que enseguida salta a la vista… Pero dejemos que él mismo nos lo explique:
El cuento de apertura, Un orgasmo, por obvias razones el de esperado impacto, puede generar ansiedad, antojo exacerbado de éxtasis sensorial, ganas de enamorarse con fervor, sensaciones lujuriosas… (¡Se permite dar rienda suelta al agrado creativo!). Las dos lágrimas producen impotencia, tormento, rabia, tristeza y dolor compartido; de igual forma, nos enseñan a valorar el balance entre amor, lealtad y justicia como modelo de una existencia con simpatía por la felicidad. De la sonrisa les adelanto que nos regala un pedazo de cielo, quizás un milagro que nos recuerda el poder de Dios… Mejor no les digo más, sean ustedes los jueces en cada lectura.
Hay que seguirle la pista a este escritor con mayúsculas que, sin duda, nos sorprenderá con nuevas y emocionantes historias. Esperemos que sea pronto, pero, mientras tanto, podéis deleitaros con Un orgasmo, dos lágrimas y una sonrisa.

Disponible en

… à suivre.

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Miguel Gardeta o la necesidad de escribir

Con tan solo 34 años, Miguel Gardeta Lordán ya ha publicado cuatro obras de narrativa: tres novelas y un libro de viajes. Sin embargo, si uno guglea un poco, descubre sorprendido que su nombre solo arroja ¡409 resultados! Tampoco lo busques en la Wikipedia porque es inútil: nadie se ha molestado en escribir una entrada sobre él. Entonces…

Miguel Gardeta

¿Quién es Miguel Gardeta Lordán?

Estudié aquí, en Huesca, Humanidades y el tercer año me marché de Erasmus: ­­yo había estudiado toda la vida inglés, pero solo quedaba la posibilidad de ir a Toulouse, así que me armé de valor y, sin saber decir «bonjour», me marché. La verdad que fue un antes y un después, porque regresé con la mente mucho más abierta. Después estuve otros tres años en Zaragoza estudiando Magisterio y, aunque había empezado también francés, al final lo abandoné y me especialicé solo en Inglés. Luego hice un máster de ELE (Español como Lengua Extranjera) en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Básicamente, los estudios oficiales terminan allí, lo que pasa es que algunos años más tarde, mientras estaba escribiendo mi primera novela, _Cruce de fronteras_, me picaba el gusanillo y realicé un máster «online» de Criminología.

Luego comenzaste tu peripecia europea…

Efectivamente. Cuando acabé Magisterio, y después de hacer varias sustituciones durante el primer año, en vez de quedarme aquí haciendo interinidades, que hubiera sido lo lógico, decidí darle un giro de ciento ochenta grados a mi vida y marché a Londres a buscarme la vida con una mano delante y otra detrás: me marché sin trabajo, sin conocer a nadie, pero con la ventaja de que el idioma ya lo tenía más o menos dominado, y tuve la suerte de que eso sucedió antes de la gran oleada de españoles que se marcharon allí a trabajar, por lo que enseguida encontré trabajo, encontré piso… No tuve ningún problema en ese sentido.

Estuve trabajando un año y medio en Londres. Mi intención era, claro, trabajar de maestro de Español en Londres. Yo pensaba, inocente de mí, que un profesor de español iba a encontrar trabajo allí sin ningún problema ―envié currículums a todos los colegios―, pero solo encontré trabajo en una tienda de alimentación. Me equivoqué, pero no me arrepiento.

Después de estar allí año y medio, desde julio de 2011 hasta enero de 2013, decidí cambiar de aires y marché a Berlín. Allí estuve solo seis meses, hasta junio del 2013, porque allí enseguida me di cuenta de que sin el idioma no iba a hacer absolutamente nada. Estuve trabajando en un restaurante, aunque, como es lógico, no de cara al público, porque mis conocimientos de alemán eran escasos (en estos momentos se reducen al vocabulario de cocina básico).

Me hicieron comprender que sin alemán no iba a dar clases allí en la vida, así que me dije «Vuélvete a casa y así, por lo menos, trabajas de lo tuyo», así que volví y comencé la labor docente aquí en España, en Educación de la DGA [Diputación General de Aragón], haciendo interinidades. Fueron dos años maravillosos, porque tuve la gran suerte de que las interinidades fueron de año completo. Estuve en Villar del Cobo ―un pueblo de la sierra de Albarracín, provincia de Teruel― y luego aquí, en Zaidín, al lado de Huesca.

Y de Zaidín, al Nuevo Mundo…

Sí. El año pasado me surge la posibilidad de marcharme a EE. UU., esta vez a dar clases, con un programa de intercambio cultural, aunque, realmente, no existe ese intercambio; es decir, yo voy allí a dar clases, pero ningún americano viene a sustituirme aquí. No dejo escapar la posibilidad y ya llevo allí un año.

Con 34 años, ya cuentas en tu haber con cuatro libros. Parece que sientas una verdadera necesidad por escribir. ¿De dónde surge tu afición a la escritura?

La descubrí por casualidad. En los largos años de estudio, como te puedes imaginar, estuve trabajando en un montón de sitios ―zapaterías, tiendas…―. En el 2010 (no recuerdo el mes exacto), yo estaba trabajando en un supermercado, aquí en Huesca, y, sinceramente, es uno de los trabajos más aburridos que he tenido en mi vida. Entonces, una de las estrategias que yo tenía para que el tiempo pasara más deprisa, durante las tardes, sobre todo, era abstraerme, imaginarme una historia, una película nueva. Cada día mi mente reconstruía lo del día anterior e iba añadiendo más detalles, más cosas, y conforme los días se sucedían, el aburrimiento era cada vez mayor y, claro, esa historia iba creciendo. Una tarde que estaba aburrido en casa decidí empezar a escribir esa historia que yo ya tenía en la cabeza desde hacía varios meses; sin ningún objetivo concreto, sino, simplemente, por darle forma.

Me senté en el ordenador y lo escribí de cualquier manera. Lo releí, no me pareció mal del todo, así que continué escribiendo, con la suerte ―o la desgracia, depende de cómo se mire― que me picó el gusanillo. Cada vez necesitaba más y al final salió una historia completa, con planteamiento, nudo y desenlace.

En lo que escribes podemos rastrear alguna de las localizaciones y otros elementos de tu vida.

Esto que apuntas es una de las cosas que quería comentar. Aunque, por supuesto, en el caso de las novelas, se trata de ficción, dicen que los escritores escribimos sobre aquello que conocemos; en mi caso, como he viajado tanto y he vivido en tantos lugares, entonces ¿qué mejor que hacer un pequeño homenaje en cada uno de los libros a un lugar en el que haya vivido?

Tu primera novela es Cruce de fronteras.

Exacto, si no me equivoco, en octubre del 2012, ya estaba en la calle. Entonces yo estaba en Londres y vine a presentarla a Huesca para las fiestas del Pilar. _Cruce de fronteras_ se desarrolla en Toulouse, en Francia, donde estuve de Erasmus, y en Zaragoza, donde he estudiado y he vivido durante cuatro años. Luego, en _Sangre de rodeno_, que fue el tercer libro, aunque segunda novela, ubico la trama en Villar del Cobo y en Albarracín, donde estuve trabajando como maestro, y, por último, la trama de _En defensa de Plutón_ se desarrolla en Berlín, la ciudad donde radiqué durante mi estancia en Alemania. Por supuesto, tengo más ideas para futuras novelas en Londres, en Houston y en otros lugares: hay cuerda para rato.

En concreto, _Cruce de fronteras_ nació en un supermercado. Empecé a escribirla aquí, pero la terminé estando ya en Londres. Yo le tengo un cariño especial, tal vez por ser la primera. En verano del 2010 empecé a escribirla y en ella se desarrolla una historia de amor adolescente, pero, sobre todo, hablo de la guerra de Yugoslavia. En el libro incluyo incluso algunos recortes de periódico reales que hablaban de aquello, porque voy viendo en las noticias sucesos que nos recuerdan aquella terrible guerra. Recuerdo perfectamente la cara de estupor que se me quedaba cuando, a raíz de los procesos que se iban sucediendo en el Tribunal de la Haya, iba enterándome de la talla de los personajes de los que hablo. Esto me iba produciendo un desasosiego que dio lugar a la creación de una trama en la que iba relacionando esa historia de amor adolescente con la serie de los crímenes que se cometieron en aquella guerra, que yo creo que nadie que lea la novela puede quedar indiferente, no ya ante la guerra de Yugoslavia, sino ante la guerra como idea filosófica.

Cruce de fronteras

Luego, en 2014, publicas tu libro de viajes, Mi no spick London, y al año siguiente llega _Sangre de rodeno_, cuya acción se ubica en Albarracín, pero ese no era el título que habías pensado al principio.

En _Mi no spick London_ recojo algunas anécdotas que me han sucedido a lo largo de mis viajes. Es como una especie de diario donde comento las cosas curiosas que iba descubriendo o que ocurrían a mi alrededor.

Mi no spick London

Sangre de rodeno iba a llamarse _Perdiendo el rumbo_, porque el título me gustó, pero al final, hablando con mi editor y comentándolo con varias personas, parece que no tenía la fuerza necesaria, así que desaté una tormenta de ideas y, aprovechando que los pinares de rodeno se hallan en la sierra de Albarracín y que son una reserva natural increíble, impresionante ―a todo aquel que quiera visitarla, yo se lo recomiendo encarecidamente―, al final, qué mejor que incluir la palabra ‘sangre’, que siempre vende mucho, y luego ‘rodeno’, para que nadie se lleve a engaño de dónde está situada la trama; es tan sencillo como eso: _Sangre de rodeno_, Albarracín y asesinatos. También podría haberse llamado _Asesinato en Albarracín_, pero eso sería más adecuado para una novela de Agatha Christie.

Sangre de rodeno

De todas maneras, también las portadas de mis novelas indican qué es lo que va a encontrar el lector, y eso me gusta.

_En defensa de Plutón_ está recién estrenada. Es una novela que, por su estructura, me recuerda a algunas películas de Tarantino, como _Reservoir dogs_ o _Abierto hasta el amanecer_, porque se observan dos partes claramente diferenciadas…

Hombre, me gusta que me compares con Tarantino…

Sí, _En defensa_ es de este 2016. Se trata de otra novela de suspense donde también juego con el asesinato, aunque quizá en este caso es menos evidente lo que está sucediendo hasta el final. Lo envuelvo todo en un halo de normalidad hasta que la burbuja que se va creando explota y se descubre que nada de lo que aparentemente era normal lo es en realidad.

Me han dicho muchos conocidos que la primera parte, que ocupa noventa páginas, no tiene nada que ver con lo que había escrito hasta ahora porque permito que el lector se enamore de algún personaje y odie a otro. No se lo esperaban de mí; sin embargo, cuando lees el conjunto de la obra, te das cuenta de que esas noventa páginas son esenciales para comprender la historia y para meterte dentro de ella. Necesitas conocer a fondo a los dos personajes principales para poder ver después su evolución: dos jóvenes que tenían una vida más o menos ordenada se trasladan a la ciudad de Berlín donde experimentarán un cambio radical.

En cuanto al título, _En defensa de Plutón_, hay gente que no lo entiende, pero necesitas leer todo el libro para comprenderlo, porque yo juego con la idea de que en este mundo puede suceder cualquier cosa. Todos los días vemos noticias en el telediario en las que la realidad supera cualquier ficción. Parto de una idea absurda en apariencia, pero al final esa idea la convierto en verosímil, que es de lo que se trata.

En defensa de Plutón

En efecto, Miguel: de eso se trata, de ofrecer verosimilitud. Solo hay que leer algún cómic de superhéroes o escuchar el discurso de algunos políticos…

Claro. Todo el mundo acepta como algo normal, por ejemplo, que un chaval como Peter Parker, Spiderman, adquiera superpoderes de forma milagrosa a través de la picadura de una araña. Y, como estamos en Berlín ―no puedo dejar de decirlo―, Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi, hizo famosa la frase de que la mentira, cuanto más grande sea, a fuerza de repetirla se convierte en una gran verdad, algo que ya sabían los griegos, pero Goebbels lo aplicó en pleno siglo XX.

Ahora sigue funcionando esta táctica en el mundo de la política: hay crisis, tú sabes que hay crisis porque sigue habiendo desahucios, gente que está buscando en los contenedores y los informes Pisa son horribles, sin embargo, en una ciudad como Huesca, tú vas por la calle y ves todas las terrazas de los bares llenas. Eso parece no concordar demasiado, pero como todos los días están repitiendo por la televisión que hay crisis, todo el mundo vive asustado con esa idea, pero no se comportan como correspondería. Antes la gente protestaba quemando contenedores o, incluso, desatando guerras civiles, pero ahora parece que nos estamos civilizando, aunque eso ya lo decíamos después de la primera guerra mundial, de la que los que la vivieron decían que era «la guerra para terminar con todas las guerras». Luego llegó la segunda guerra mundial, y parece que aprendimos la lección porque aquello de los campos de concentración nos dejó muy tocados. Pero en la década de los noventa apareció un personaje tétrico en la antigua Yugoslavia, Slobodan Milošević, El Carnicero de los Balcanes, que hizo exactamente lo mismo que Hitler; y, mientras, Europa miraba para otro lado porque pensaba que aquello no podía estar pasando y cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde.

Has publicado cuatro libros y los cuatro en la Editorial Pirineos de Huesca.

Sí. Cuando empecé con _Cruce de fronteras_ la envié a muchas editoriales, pero es muy difícil entrar, no ya por la puerta grande, sino por cualquier tipo de puerta. Tú ya sabes cómo funciona el mundo editorial, igual que el mundo del cine, el de la canción o el del fútbol: si tienes padrino te bautizas; hoy hasta Belén Esteban ha publicado un libro (otra cosa es que lo haya escrito). Ninguna editorial se dignó contestarme, lo que me dejó un poco tocado porque uno espera un mínimo de cortesía, pero no recibí ni un simple «Gracias, ya lo miraremos», o «No nos interesa», lo que en otros lugares no es una cosa común. He tratado de ponerme en contacto con editoriales en Estados Unidos, ahora que estoy allí, y con agentes literarios, y todos te contestan; para bien o para mal, pero todos tienen la deferencia de contestarte.

La Editorial Pirineos se molestó en contestarme y en decirme «Adelante». Al menos te ofrecen la posibilidad de la autoedición, que es a lo que los escritores que están empezando pueden aspirar. Es una editorial pequeña que no puede arriesgar demasiado ―claro, no van a pillarse los dedos―, pero si ven que algo puede ser interesante y saben que tú estás dispuesto a moverte por las ferias para vender tus libros, pueden llegar a un acuerdo. Por eso sigo con ellos. Tal vez me falta algo de promoción porque, realmente, fuera de Huesca no soy nadie.

Espero que esta entrevista contribuya a solucionar en parte ese problema. A ver si dentro de unos meses el buscador de Google arroja una cifra mayor de resultados si uno escribe en el campo correspondiente tu nombre y tus apellidos: Miguel Gardeta Lordán.

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_Alguien dice tu nombre_, de Luis García Montero: una novela de amor… a la literatura

Luis García Montero honró con su presencia y sus palabras el acto de inauguración de la XXXI edición de la Feria del Libro de Huesca, celebrada el pasado mes de mayo de 2014.

Luis García Montero

Luis García Montero

A continuación, se sentó en la mesa de firmas para dedicar a sus lectores ejemplares de su última novela, Alguien dice tu nombre (Alfaguara, 2014). Mientras estaba aguardando cola, una señora, a la que yo no conocía de nada, comenzó a explicarme que era una rendida admiradora del muy galardonado vate granadino, a quien seguía con fervor desde hacía muchos años; incluso me confesó que había ido guardando «todos» los recortes de periódico que recogían artículos suyos.

Cuando efectué la primera lectura de la obra comprendí mucho mejor la anécdota, ya que tenía ante mis ojos no solo una novela de amor más, sino una novela de amor a la literatura.

Y es que en Alguien dice tu nombre García Montero le plantea al lector el juego de resolver un puzle de tres piezas, que analizo a continuación, y que podríamos decir «que van de la literatura a la vida» (p. 197).

La novela de amor (primera pieza)

Con una estructura concebida como un diario o como un libro de notas, el narrador nos describe la pasión que enciende su primer amor.

León Egea Extremera, de veinte años de edad, llega a Granada en 1963 para estudiar Filosofía y Letras. Su profesor de Literatura, Ignacio Rubio, le procurará un trabajo como vendedor de enciclopedias en la editorial Universo que le permitirá costear los gastos de la carrera. Allí conoce a Consuelo Astorga, la secretaria, diecisiete años mayor que él, de la que caerá prendado: una primera experiencia amorosa ―en la línea edípica de otras importantes novelas, como Antigua luz, de John Banville (Alfaguara, 2012) o El lector, de Bernhard Schlink (Anagrama, 2009; octava edición)― que al principio convertirá al narrador en un mero juguete de Consuelo para sublimarse hasta la madurez sin transición alguna:

Desnuda, minuciosa, me enseñó cómo se pintan las uñas de los pies, ahora el dedo gordo, ahora este, ahora el meñique, dejo que se sequen y cambio de pie.

No protesté cuando empezó conmigo. Es un placer abandonarse, dejar que nos hagan cosas, que nos acaricien la espalda, que nos quiten una espinilla, que nos regalen un masaje en los pies. Claro que los resultados pueden ser ridículos. Me vi de pronto con las uñas del pie derecho pintadas, como si fuese un juguete de Consuelo […].

Es una suerte, si se piensa bien, poseer algo a lo que renunciar por amor. Mi caso no es ese, desde luego que no. ¿Qué tengo yo, qué puedo sacrificar, qué voy a abandonar, ya sea por Consuelo o por otra mujer? Difícil murmurarle a alguien que he cambiado de vida por su amor […], desde hoy quiero ser otra persona [p. 95‑96, 120].

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Crónica de una oscura época (segunda pieza)

La acción se sitúa en 1963, en pleno desarrollismo franquista, aunque un viejo calendario del bar donde el narrador se toma el café, el Lepanto, detenido en la fecha del «diecinueve de abril de mil novecientos sesenta» (p. 12), representa para él «una buena metáfora» de que los personajes viven en «un país paralizado […] un país triste, encogido y retrasado» (p. 11, 159), a pesar de que algunos de los personajes que van apareciendo a lo largo de sus páginas puedan permitirse el lujo de adquirir una enciclopedia, máximo exponente de la sabiduría a plazos.

La Iglesia católica lo fiscaliza todo, los poderes fácticos forman parte del aparato del Estado, es decir, no existen, no pueden existir dentro del Estado totalitario. Se trata de una época en la que el hijo de un alcalde tiene más poder que cualquiera que se encuentre fuera de ese aparato, aunque, en este caso, algún rebelde como León se atreva a cruzarle la cara al pequeño déspota sin sopesar las consecuencias… o sopesándolas muy bien, porque lo que León no soporta es a los indiferentes.

La gente pasa muy digna, viene de misa, compra flores, entra y sale de la pastelería Bernina y se esconde en la indiferencia para no contagiarse. ¿Dónde está el médico que cure la indiferencia? […] Pastillas para la indiferencia. Inyecciones para la indiferencia. Jarabes para la indiferencia. […] Insisto: la gente mediocre es más peligrosa que los malvados [p. 44].

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En la pasarela por la que desfila una plétora de personajes de toda índole, desde alcaldes y guardias civiles hasta camareros y limpiabotas, León, consecuente con sus ideas, se desmarcará y optará por el compromiso.

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Un tratado de poética: «Mi profesor de Literatura dice que…» (tercera pieza)

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Mi profesor de Literatura me dijo que aprender a escribir es como aprender a mirar, como conseguir ver las cosas necesarias para encontrar un sentido [p. 11].

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León va recogiendo de manera muy aplicada todas las recomendaciones que le brinda su profesor de literatura, Ignacio Rubio, para llegar a ser un buen escritor, lo que, sumado a las numerosísimas referencias literarias que ilustran esta novela —los rusos, Valle, Lorca…— la convierte en un auténtico tratado de poética que queda resumido así:

Este diario supone un verdadero taller de literatura. Ordeno la mesa, abro el cuaderno, me pongo a escribir, recuerdo los consejos de mi profesor, intento ser inteligente, fatigo la imaginación, hago uso de la ironía, me distancio, vuelvo a entrar en mi interior, asumo el ejercicio de conciencia, busco adjetivos para mezclarlos con la capacidad de observación y voy llenando páginas [p. 147].

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Alguien puede pensar que la solución a un puzle de tres piezas resulta sencilla, aunque esto es así solo cuando las piezas son planas y están pintadas por una sola cara; pero la cosa se complica cuando esas tres piezas no están pintadas y lo que se busca es el mayor número de soluciones posibles, como en el juego del Tangram, y todavía puede tornarse mucho más compleja si esas tres piezas son poliédricas y sus múltiples facetas están llenas de matices y de expresividad conceptista, como en esta novela de García Montero: una novela de amor a la literatura.

¿Quiere usted probar suerte en el juego?

… à suivre.

Portada de _Alguien dice tu nombre_

Portada de Alguien dice tu nombre

 

GARCÍA MONTERO, Luis: Alguien dice tu nombre; Madrid: Alfaguara, 2014; 226 páginas.

Más en:

• Entrevista a L. G. Montero en <www.todoliteratura.es>

• Reseña en <www.elcultural.es>

• Página oficial de L. G. Montero

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Rafael Chirbes:_En la orilla_

Si un escritor huye de la historia y no quiere ser testigo de su época, termina siendo síntoma de ella». Rafael Chirbes (<http://goo.gl/KZzX0D>).

Rafael Chirbes

Rafael Chirbes

En todas las crisis que se han producido en el mundo emerge con fuerza la voz de los intelectuales como reacción indispensable: tal es la misión de las mentes creativas, quiéranla o no, porque el vulgo se lo demanda. El pueblo necesita sentirse comprendido en su desgracia, y esa voz lo ayuda a sobrellevarla mejor, a tirar pa’lante.

Pero en este país, desde el crac del 2008 hasta hace poco, parecía que no se había alzado ninguna sobre el marasmo social al que los políticos nos habían arrastrado, y parecía que, como en los peores tiempos de la última dictadura, lo único que nos quedaba era resignarnos; ni siquiera el ora et labora, porque laborar, como concepto y como actividad, estaba pasando a mejor vida (y, por desgracia, lo sigue haciendo). El movimiento 15M en España otorgó protagonismo a ese vulgo, que en esta época ya no lo es tanto, de la misma manera que otros movimientos populares surgieron en otros países, pero se echaba de menos el posicionamiento de los ilustres (o de los ilustrados).

Y no es que no hubiera intelectuales que no clamaran en contra de la situación, es que los medios de comunicación de masas, dominados por las mismas fuerzas que controlan a los políticos, habían decidido que, a partir de aquel momento, las masas se las apañaran sin ningún medio.

Bien es verdad que ahora contamos con nuevos canales en internet para que todo aquel que quiera continúe informado, pero en ese océano todo queda mucho más diluido, y, sin una buena guía, sin brújula, uno puede perderse navegando por ahí sin llegar a ninguna parte… aunque a veces ocurre lo que me ocurrió a mí cuando descubrí a Rafael Chirbes a través de su novela En la orilla (Anagrama, 2013).

Portada de la novela

Portada de la novela

Resulta que sí, que existe toda una generación de escritores de la crisis, y no solo en España, sino en todo el mundo, como no podía ser de otra manera, ya que el fenómeno es global. Un buen botón de muestra es Amin Maalouf, con Los desorientados (Alianza, 2012).

En la orilla fue considerado el mejor libro en lengua española de 2013, según el diario El País. Ese mismo año ganó el Premio de la Crítica de Narrativa Castellana; y, ya en 2014, ha quedado finalista del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa y ha ganado el Premio Francisco Umbral al Libro del Año y, ahora, el Premio Nacional de Narrativa.

La orilla, esa línea indefinida, difusa y cambiante que separa dos mundos opuestos: la tierra del agua. Ese filo de navaja que, en el marjal, se ensancha, se desdibuja todavía más y se torna mucho más peligroso. En él, el elemento sólido se diluye con el líquido y se oculta entre los cañaverales para originar una nueva textura, pastosa y movediza, donde unas especies medran y otras acaban por sucumbir. Si te aventuras a caminar por él, debes andar con cuidado, ya que corres el riesgo de quedarte enfangado hasta la cruz y quizás no puedas salir de allí jamás.

En la novela de Chirbes, los personajes sobrellevan la vida junto al marjal como imagen del mundo embarrado donde se han ido depositando a lo largo de los años varias capas de sedimentos tóxicos que nadie se ha preocupado de eliminar. A algunos les ha ido muy bien, pero para ello se ha tenido que sacrificar el bienestar de muchos otros que se han visto abocados a la desesperación.

Hombres como toros doblaban la columna y apretaban los labios contra la manita blanda del padre Vicente, sonriéndole como beatas. Todos ésos que, durante la transición, han sacado de desvanes, cofres, agujeros excavados en el piso o en el suelo del corral, las fotos que captan el fogonazo de los tiempos de orgullo, y han enterrado, borrado, hecho desaparecer, las que muestran las complicidades y miserias de después. El que ahora se peleaba por coger el anda del santo en la procesión; el que se salvó por los pelos y le llevaba un cajón de naranjas al cura (las más dulces del término, don Vicente, insistía baboso), y se ofrecía para hacerle gratis las reformas en la casa parroquial, y oía misa cabizbajo, junto a una columna, la boina enrollada entre las manos. El que leía aplicadamente en el misal en uno de los primeros bancos durante las ceremonias religiosas y había quemado El jardín de los frailes de Azaña en la chimenea de la cocina.

Aunque no te quedaste en el pantano como pretendías, tú no fuiste de ésos. Te mantuviste en tu madriguera. Otros también lo hicieron. Vivieron como sin haber vivido. No contaron, no fueron parte de su tiempo. Se fueron muriendo sin haber tenido existencia. […]

He sentido mi frustración sin pensar que formaba parte de la caída del mundo, más bien he vivido con el convencimiento de que cuanto me concierne caducará con mi desaparición, porque es sólo manifestación del pequeño cogollo de lo mío. Un ser sustituible entre miles de seres sustituibles. Ahí, nuestro desencuentro. Tú has tenido la capacidad o el don de leer tu biografía como pieza del retablo del mundo, convencido de que guardas en los avatares de tu vida parte de la tragedia de la historia, la actual, la de las habladurías y miserias de Olba, y la vieja historia de las infidelidades y traiciones de la guerra, y también la que representa a miles de kilómetros de aquí, y a varios siglos de distancia: te conmueven las guerras que se desarrollan en las montañas de Afganistán, en Bagdad, en algún poblachón de Colombia: tu sufrimiento es un sufrimiento que está en todas partes, en el núcleo de cada desgracia como, para los cristianos, el cuerpo de Cristo está en cada una de las hostias y en todas ellas: el cuerpo entero, terso y vigoroso, en los frágiles pedazos de pan que se dispensan uno y otro día a los fieles en cualquiera de las iglesias del mundo, el mismo cuerpo entero e idéntico en las hostias que se han dispensado un siglo tras otro. Como en el caso de los que acuden a la iglesia, tu actitud me confirma que lo que mejor soporta el paso del tiempo es la mentira. Te acoges a ella y la sostienes sin que se deteriore. En cambio, la verdad es inestable, se corrompe, se diluye, resbala, huye. La mentira es como el agua, incolora, inodora e insípida, el paladar no la percibe, pero nos refresca. (Quinta edición, enero 2014; págs. 157-161).

… à suivre.

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Carmelo di Fazio: _El ángel que no merecía morir_

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Portada

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Nadie es perfectamente bueno ni absolutamente malo. Todos al nacer disfrutamos de equilibro entre luz y oscuridad. Debemos aceptar que esas semillas antagónicas germinarán en relación con nuestros actos. La vida se encargará de ponernos a prueba, de buscar la manera de enseñarnos con claridad qué perfil se destaca en nosotros. Sin embargo, es necesario recordar que desde lo alto del firmamento nos suelen regalar oportunidades para cambiar de bando ¡Así es la vida! Sí, esa jodida realidad del ser humano llamada vida. En ciertos momentos dulce; en ocasiones agria, triste, dolorosa. Especialmente cuando a uno le toca ver la muerte de su madre por un error de cálculo en la mal llamada justicia del narco. Atravesada por un balazo en la espalda que le perforó el pulmón derecho y terminó ahogándola en su propia sangre. Con ese triste y horrible recuerdo creció la pequeña sin rostro.

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Así comienza la segunda novela del escritor venezolano Carmelo de Fazio, El ángel que no merecía morir. (http://goo.gl/CnDuul).

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Se trata de una novela de acción ambientada en el mundo del narcotráfico mexicano donde el protagonista, Fernando Miralles, el Zurdo, cual si de un moderno Orfeo se tratara, descenderá a los infiernos por amor, en este caso filial: su madre contrae un cáncer, y a él no le queda otro remedio que adscribirse a las filas del cartel de los Tomateros, uno de los más poderosos de México D. F., para poder conseguir dinero con el que poder pagar la medicación.

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Del viaje al inframundo, podrá escapar también por amor: ahora será en nombre del «amor bonito», el de verdad, el que se siente por la verdadera y única amada, Claudia Rebeca Peralta, a la que, sin embargo, perderá en el tiroteo que tiene lugar cuando el propio Zurdo, junto con varios miembros de la banda mafiosa, en la que el protagonista ejerce de segundo, fracasan en el intento de quitar de en medio al juez antinarco Alberto Muñoz Pestana.

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Fruto de aquel primer amor nacería Patricia, cuya vida correrá un grave peligro tras el fallido atentado, pero la sed de venganza y la inteligencia de Miralles, constituido por intercesión de san Miguel arcángel en paladín de su hija, lograrán alejarlos de aquel ambiente hostil. Y es que en una sociedad en la que la línea que separa la vida de la muerte es tan delgada, creer en Dios puede resultar muy recomendable.

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Carmelo di Fazio

Carmelo di Fazio

A caballo entre México D. F. y Madrid, y echando mano del recurso de la analepsis (flashback en inglés), se desarrolla la acción de esta novela en la que Di Fazio mantiene en vilo al lector de principio a fin con un notable dominio de la técnica narrativa del suspense literario, algo muy notable si tenemos en cuenta que tan solo se trata de la segunda novela que firma el autor.

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El Zurdo vio reflejada su mirada en el arma y volvió a cerrar los ojos; no poseía valor para seguir el trayecto de las balas que, escupidas con fuego y aliento a muerte, irían destinadas a clavarse en su cuerpo y arrancarle la vida de un soplo. No era cobardía, sino una mezcla de resignación y frustración. Fernando Miralles agachó la cabeza y apretó los ojos fuertemente mientras el hombre de fe hizo otro tanto, porque no tenía estómago para ver al matón disparar contra un indefenso malherido atado de manos. El silencio sobrecogedor duró poco. Cuatro detonaciones simultáneas explotaron como truenos y, por inercia, el prisionero cayó en seco hacia adelante: el impacto con el cemento fue brutal. El Zurdo sintió que su alma se despedía, y le invadió una extraña sensación. Le sobrevino cierta apnea mortal que le indicaba el final del camino.

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En la actualidad, solo está disponible en formato digital, pero el autor quisiera encontrar una editorial en España a la que le interese publicarla en papel. Y seguro que podría interesarle a más de una, porque el suspense (si es bueno, como es el caso) sigue vendiendo bien, como ocurre con su primera obra, El marica (récord de ventas en Venezuela y editada en España por la editorial Club Universitario en 2012), de la que os dejo el siguiente vídeo, en el que el propio autor habla de ella en una entrevista para la televisión.

Portada de _El marica_

Portada de _El marica_

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Di Fazio es también autor de la obra ¿Quién inventó la crisis? (Alicante: Editorial Club Universitario, 2009).

… à suivre.

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