Categoría: Libro electrónico

 

El III Congreso del Libro Electrónico se abrió a todo el ámbito hispanohablante

III Congreso del Libro Electrónico

Los pasados días 19 y 20 de noviembre se celebró en el Centro de Congresos y Exposiciones de Barbastro (Huesca) el III Congreso del Libro Electrónico, auspiciado, principalmente, por la Diputación Provincial de Huesca, sin cuyo mecenazgo sería de todo punto impensable que un evento de tal relevancia pudiera realizarse en la pequeña ciudad del Vero.

La reconocida talla de los cerca de cincuenta ponentes, que representaban a todas las áreas relacionadas con el ecosistema del libro digital, concitó la presencia de unos ciento cincuenta congresistas y a casi cuarenta periodistas.

Tras los discursos de presentación, Javier Celaya, vicepresidente de la Asociación de Revistas Digitales de España (ARDE), calentó motores al criticar la mojigatería que todavía muestran con respecto a los ebooks los grandes grupos editoriales españoles que, a estas alturas, siguen careciendo de una estrategia de desarrollo digital, mientras que las plataformas de autopublicación y las pequeñas editoriales especializadas están creciendo a un ritmo exponencial.

Celaya ofreció todo tipo de soluciones: implementar políticas de fomento de la lectura, eliminar el DRM, compartir experiencias, dinamizar precios ―lo que el ve como algo clave para alcanzar El Dorado digital―, y, por supuesto, abrirse a nuevos mercados, como el americano.

Y de eso precisamente trató la mesa que seguía, de los nuevos mercados digitales, donde Martín Gómez, consultor editorial y autor del blog El ojo fisgón, aseguró que no puede considerarse a Hispanoamérica como un mercado unificado. Para él, el aludido Dorado digital, sencillamente, no existe, debido a las muy distintas realidades culturales de los países americanos.

En esta tercera edición, la más internacional hasta la fecha, la organización invitó a algunos representantes de países hispanoamericanos, gracias a los cuales pudimos enterarnos, por ejemplo, de que en Colombia, este año 2015 ha sido el primero en el que se ha invertido más dinero en cultura que en armas según Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, o de que en México solo el 30 % de las bibliotecas tienen acceso a internet, como explicó Marina Núñez Bespalova, directora general adjunta de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Conaculta).

Y para rematar la intensa mañana del jueves 19 se habló de los derechos de autor en un entorno global y digital, donde una letrada del público les dio un tirón de orejas a las agencias literarias cuando aseguró que todos los contratos de derechos digitales que están firmando son ilegales.

Ya por la tarde, el consultor y periodista Darío Pescador moderó las dos sesiones de presentaciones de nuevos proyectos, como Slicebooks, que apuesta por fragmentar los contenidos para vender capítulos sueltos; El placer de la lectura, un espacio para descubrir, compartir y recomendar nuevas lecturas; Quelibroleo.com, una red social de intercambio de gustos y opiniones literarias que va en la misma línea que el anterior; The Spanish Bookstage, una plataforma mundial de los derechos del libro español y latinoamericano; Planeta Hipermedia, una solución integradora de los procesos de formación; Røter, una plataforma de edición para editoriales independientes y para los autores que se decidan por la autopublicación; Audiomol, cuya web permite la descarga a través de internet de audiolibros con títulos de autores actuales; Librotea, la página web creada por el diario El País para recomendar libros; y, por último ePrizes, una plataforma para promover la búsqueda de nuevos modelos de publicación, consumo, precios y derechos de autor.

Entre ambas sesiones, Jesús Alcoba nos deleitó con su conferencia La inquietante resistencia humana al cambio y el principio de la galletita de la suerte, que, como el resto del programa, puede visionarse íntegramente en el canal de Youtube del Congreso.

El retraso horario acumulado obligó también a insertar en medio de las dos tandas de presentaciones una interesantísima mesa redonda programada para finalizar la sesión en la que se reunieron algunos de los autores que, ante el rechazo de las editoriales clásicas, habían optado por la autopublicación digital con gran éxito, con los jóvenes booktubers, que, utilizando un lenguaje y un canal más cercanos a los lectores juveniles, están consiguiendo fomentar la lectura con mucho mayor éxito que los críticos academicistas tradicionales.

La jornada del viernes comenzó con una conferencia en la que Iría Álvarez disertó sobre las nuevas tendencias en marketing digital de las editoriales que ya están empezando a ofrecer a los autores servicios de autopublicación y se fijan en modelos como Spotify para crear plataformas de lectura electrónica como 24 Symbols o Nubico.

Acto seguido, Sven Huber, cofundador de la plataforma de e‑learning infantil Boolino, moderó la mesa redonda Nuevas formas de aprender a leer, en la que se presentaron proyectos de realidad aumentada (Parramón), donde las imágenes cobran vida y el joven lector puede interactuar con ellas; Micuento.com, donde los niños y niñas lectores se convierten en los protagonistas del cuento, lo que les resulta absolutamente motivador; Odio el Rosa, definida como una aventura transmedia en la que se parte del libro en papel para continuar la lectura en medios digitales y que, puesta el servicio docente, permite al profesor monitorizar en tiempo real los logros de los alumnos según avanzan en la lectura; y, por último, la nueva web de aprendizaje eficaz que Santillana está desarrollando y que tendrá lista para el año próximo.

Tras el café, una nueva mesa redonda, más técnica, en la que representantes de varias editoriales nos hablaron sobre la importancia que los metadatos tienen para, entre otras cosas, incrementar las ventas.

Por fin, y antes de la clausura, se montó una mesa redonda en la que se sentaron Natalia Gómez (autora), Roger Domingo (Planeta), Sergio Mejías (Bubok) y Eva García (la autora española más vendida en Amazon) para analizar qué puede ofrecer una editorial a los autores emprendedores e independientes, y que moderó Beatriz Celaya.

Remató el Congreso Eloy Sasot (HarperCollins) con la conferencia Navegando la transformación digital, en la que lanzó el mensaje de que las editoriales no tienen que tener miedo y probar varios caminos en el complejo mundo digital para avanzar.

Las conclusiones, que podréis conocer en el siguiente vídeo, corrieron a cargo de Darío Pescador.

… à suivre.

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Quiero publicar mi obra

Todos los escritores para los que he realizado algún encargo, bien sea de corrección o bien algún informe de lectura, me han planteado la siguiente cuestión: ¿Qué tengo que hacer para publicar?

Escritora novel

Escritora novel


Imagen sacada del blog Escrito en el aire. Notas sobre el oficio de escribir, del autor peruano José de Piérola.


 

Los escritores noveles, por regla general, no saben por dónde empezar, van un poco perdidos: bastante esfuerzo les ha costado escribir su obra.

Como este tema está lo suficientemente tratado en varios sitios web —y muy bien, por cierto— he preparado la siguiente lista de enlaces:

Cómo conseguir que una editorial publique tu libro

https://www.escritores.org/publicar/articulos-de-interes/506-como-hacer-para-ser-publicado-guia-para-escritores
http://www.oficiodeescritor.com/como-publicar-un-libro/

Sistema de autoedición
http://www.webempresa20.com/blog/autoedicion-20-secretos-que-mucha-gente-no-conoce.html
Amazon: http://www.amazon.es/gp/feature.html?docId=1000590863

Sistema de coedición
Qué es: http://marianaeguaras.com/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-coedicion/

Editoriales
http://www.letrasdeencuentro.es/editoriales.php

Concursos y premios
http://www.escritores.org/index.php/component/search/?searchword=novela+hist%C3%B3rica&ordering=newest&searchphrase=exact&limit=0

Micromecenazgo
http://www.comoescribirunlibro.com/que-es-el-crowdfunding-micromecenazgo/

… à suivre.

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El arduísimo proceso editorial

En la entrada de este mes tenía pensado hablar de una novela, que me regalaron los Magos de Oriente, con muy buena pinta, aunque, mientras la leía, me di cuenta de que algo no iba bien, algo fallaba. Se trata de 261 páginas de papel ahuesado, de 90 gr/m, con la tripa cosida y encolada, pastas de unos 200 gr/m con una bella decoración a base de geometrías verdinegras, sobrecubiertas en las que aparece una bonita ilustración alusiva a la historia que contiene rematadas por solapas de 82 mm en las que se glosa la figura de la autora (delante) y se listan otros títulos de la editorial (que no mencionaré aquí por decoro, aunque a lo mejor luego sí que la nombro). Incluso, en un alarde de originalidad de semejantes proporciones a las de su ponderado costo, el extraordinario objeto incluía un precioso recortable con el que los ociosos pueden entretenerse montando un hotel de cartulina, que es donde transcurre la mayor parte de la trama (en un hotel no de cartulina).

Petit hôtel en «petit carton»

Petit hôtel en «petit carton»

Por otra parte, se trataba de una buena traducción del original inglés (esto debo suponerlo, porque, como comprenderéis, no lo he tenido en mis manos para juzgar de la manera más ecuánime posible, aunque reconozco que el inglés no es mi fuerte).

Entonces ¿qué era lo que fallaba?

Muy fácil: aquel «libro» no había pasado por ningún proceso de corrección, ni de estilo ni ortotipográfica, y esto es algo que nunca entenderé, y menos en este caso (una verdadera lástima, porque la historia en sí es interesante), donde salta a la vista que no han escatimado un euro en otras cuestiones, ni siquiera en recortables.

En los pocos años que llevo en el mundo de la edición, he visto nacer unas cuantas editoriales, en no pocas ocasiones con más buena voluntad que acierto, pues, en principio, para establecerse uno como editor nadie le exige ninguna preparación previa.

Algunos amantes de la literatura ―o de los libros en general, conocidos en catalán con el eufónico calificativo de lletraferits― se lanzan a la gran aventura de editar sin haberse preocupado de enterarse antes de cuáles son las fases de que consta el proceso de edición, o, lo que es lo mismo, desconociendo qué es exactamente el producto que intentan vendernos. Por ello me ha parecido oportuno explicar aquí, aunque sea de forma somera (y, si cabe, con algo de humor), qué características ha de tener un libro para que sea considerado como tal.

Para empezar, tenemos que saber de lo que estamos hablando, para lo que acudiremos a la definición de la RAE:

libro. (Del lat. liber, libri). | 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. | 2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico. […]. | 3. m. Der. Para los efectos legales, en España, todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas. […].

(He obviado aquí las acepciones que he estimado convenientes para los fines que se persiguen).

Con respecto a la primera acepción de la entrada, me gustaría recordar unas palabras de Marcos Mundstock:

«Un libro que no está escrito, más que libro, es un cuaderno». (LES LUTHIERS)

Esto no es el libro blanco de nada

Esto no es el libro blanco de nada

Respecto de la tercera acepción (la referida al número de páginas), cabe explicar que se trata de una de las características que recoge una definición técnica de la Unesco (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés]) «destinada a unificar, desde un punto de vista estadístico, la noción de libro. […] Esta definición se basa en una unidad de pliego de 16 páginas, de tal manera que no puede considerarse libro, estadísticamente hablando, si la obra, trate de lo que trate y cualquiera que sea su formato, no tiene más de tres pliegos de 16 páginas (o su equivalente), pues, como hemos visto, si solo tiene entre cinco y 48 páginas se llama folleto, y si solo tiene entre dos y cuatro, hoja suelta». (José M. de Sousa: Manual de edición y autoedición; Madrid: Pirámide; 2.ª edición, 2.ª impresión; 2008; pág. 66-67).

Sin embargo, hoy hay que ampliar esta definición debido, como bien sabemos, a los nuevos soportes electrónicos: los libros digitales ya no tienen páginas, bien sean textuales, videolibros o audiolibros. Cuando uno está leyendo uno de estos e-books, el dispositivo lector utilizado no suele informar de la página por la que se va leyendo, sino del porcentaje de lo leído.

—Oye, co: Te has leído Ana Karénina?

—No, co, pero me la bajé de internet para mi kindle y ya voy por el diez por ciento.

—Tómatelo con calma, co, que solo te faltan unas novecientas páginas de las de antes, y con letra pequeña.

―No me chafes el final, co, que está muy interesante el culebrón.

Tranqui, co, que no voy a espoileártela.

Libros sin páginas

Libros sin páginas

Sabido esto, nos arremangaremos para ir directamente al meollo de la cuestión:

El arduísimo proceso editorial

En el proceso editorial consta de varias fases, algunas de las cuales deberían ser ineludibles:

  • Creación del texto. Se trata de redactar o traducir un texto ajustándose a unas determinadas normas de estilo (1.ª fase). El texto traducido debería de pasar una revisión de la traducción (2.ª fase) que debería realizar una persona distinta al traductor. Esta última fase ya se lo salta a la torera alguna editorial (o alguna empresa que edita otro tipo de documentos que no son libros).
  • Tratamiento del texto. Una vez insertados los cambios de la revisión, habría que proceder a la revisión del contenido e insertar los cambios correspondientes (3.ª fase); luego, se debería realizar una corrección de estilo (4.ª fase) y, por último, una corrección de primeras pruebas (5.ª fase). En cada una de estas fases hay que ir introduciendo los cambios correspondientes: el texto y, por lo tanto, el posible lector, salen ganando, aunque el autor debe conceder el nihil obstat al texto definitivo.

 

Escritor anónimo

Escritor anónimo

«A mi no me canvias tu ni una tilde, de mi testo». (Autor anónimo).

  • Maquetación. La maquetación no se la salta nadie, porque, si no, volveríamos a tener un cuaderno. Si el texto lleva imágenes, ahora es el momento de incorporarlas en la maqueta (6.ª fase), lo que conlleva una o varias nuevas correcciones ortotipográficas (7.ª fase). Algunos piensan que esta fase sobra, pero si no se realiza pueden aparecer callejones o blancos de más en el texto, separaciones incorrectas de palabras al final de la línea, pueden producirse coincidencias de palabras iguales en líneas sucesivas e incluso puedes encontrarte con alguna sorpresa en los pies de foto, como ilustra el bello ejemplo en formato jotapegé.

 

«Regata de traineras en la ría de Bilbao» (Un mal pie de foto)

«Regata de traineras en la ría de Bilbao»
(Un mal pie de foto)

  • Impresión. En este apartado se incluye la compaginación con la correspondiente corrección de compaginadas, la creación de fotolitos, con revisión de ferros, diversas pruebas mecánicas y, por último, antes de encuadernar, también hay que verificar los pliegos (fases 8.ª, 9.ª, 10.ª y 11.ª). De estas fases, excepto de la  8.ª, como se encarga la imprenta, no se deja ninguna sin hacer.
  • Encuadernación, almacenaje y distribución (fases 12.ª, 13.ª y 14.ª). En este apartado, los libros deberían de someterse a los controles de calidad correspondientes (fase 15.ª), pero hay quien, con ver las cajas llenas y ojear un ejemplar, da por cumplimentado el trámite: ¿quién no se ha topado alguna vez ―aunque ahora ya sería rarísimo― con algún libro, además de intenso, intonso?
libro intonso

Libro intonso

 

No está de más aquí recomendar a los lectores que a la hora de adquirir un libro pierdan el mismo tiempo que cuando van a comprarse, no digo ya un automóvil, sino cualquier electrodoméstico, y también cabe recordar que tienen derecho a la devolución del dinero si el producto no les satisface: ello representa el mejor control de calidad posible.

En resumen (que no es gerundio)

¿Os imagináis al bueno de Daniel «Dan» Brown habilitando un búnker como el que montó para los traductores de su obra Inferno para cada grupo de personas que deberían haber intervenido en el proceso de edición? ¡No hubiera ganado para búnkeres! Así que se ahorró unos cuantos dólares, pero seguro que ha perdido un buen número de lectores (yo mismo, por ejemplo).

Por ello, y aunque hoy las modernas técnicas nos permitan agilizar enormemente las tareas de edición, si las editoriales quieren dotar de calidad a los libros que producen, no deberían saltarse ninguno de los pasos arriba expuestos: podrán buscar el ahorro en el gramaje o la calidad del papel, las tapas, las sobrecubiertas e incluso en recortables, pero lo que nunca nunca nunca deberían hacer es ahorrarse dinero en traductores ni correctores profesionales, y repito también lo de profesionales, porque existe una gran diferencia entre que las chapuzas de casa las pongas en manos de un fontanero, electricista o albañil profesional a que las fíes al manitas de tu cuñao, que estuvo una temporada de peón y otra desatascando cañerías.

En ello estriba la diferencia entre un libro, un seudolibro, un paralibro, un antilibro o, directamente, un cuaderno.

Nota: Para desarrollar los comentarios sobre las distintas fases del proceso de edición me he basado en una unidad didáctica del Curso de Corrección Profesional de la academia Cálamo&Cran, de Madrid, que realicé en línea hace unos años, y que recomiendo a todo letraherido que se precie de serlo. Al fin callo el título y la editorial del recortable por haber recortado —como mínimo— en las fases dos, tres, cuatro, cinco, siete y ocho, no sea que alguien pique y se lo compre.

… à suivre.

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Congreso del Libro Electrónico: primera impresión

Acaba de celebrarse en el Centro de Congresos de la ciudad de Barbastro (Huesca) el primer Congreso del Libro Electrónico, organizado por Fernando García Mongay y patrocinado por la Diputación Provincial de Huesca, con la colaboración del Ayuntamiento de Barbastro.

Foto de familia

Foto de familia

Mi amigo Fernando lleva ya a sus espaldas catorce ediciones del Congreso de Periodismo Digital, celebradas en Huesca, y ahora, como no podía ser de otra manera, y siguiendo su natural inclinación por las nuevas tecnologías, ha logrado reunir a una pléyade de personas y personalidades representantes de prácticamente todos los sectores relacionados, o involucrados de una u otra forma, con el mundo del libro digital: escritores, editores grandes y pequeños, libreros, plataformas de distribución y comercialización, fabricantes de tabletas y teléfonos inteligentes, técnicos de programación, mecánicos del libro digital, instituciones… y a casi trescientos congresistas.

Esta cifra es una clara muestra del vivo interés que en los profesionales de la edición despiertan las nuevas tecnologías, que han venido para quedarse y que están cambiando de manera radical el concepto que hasta ahora se tenía de los libros.

No reproduciré aquí la lista de todos los que han intervenido, ni enumeraré los temas tratados, pues toda la información se encuentra en la web del congreso; sin embargo, sí me gustaría, en consecuencia con el título de esta entrada, ofrecer una primera impresión que he sentido como asistente al evento: tiempo habrá para la reflexión.

En primer lugar, me sorprende que todavía en España se siga hablando del libro digital en ciertos ámbitos—o de todo lo que tiene que ver con el mundo electrónico en general— como algo «de futuro» cuando, por ejemplo, para Amazon, no estamos hablando ni siquiera del presente, sino que lleva recorrida cierta trayectoria en el pasado: de hecho, existe ya toda una generación de escritores que han publicado su obra solo en soporte digital y, en paralelo, otra de lectores que apenas «huele» el papel.

Aunque por ahora algunos escritores pertenecientes a la Generación Kindle persiguen que los fiche alguna editorial tradicional para ver publicada su obra en papel (lo que a veces ocurre sin buscarlo), puesto que ese soporte sigue conservando un aura de distinción, llegará un momento —que se adivina inminente— en que eso les dé igual, puesto que lo que uno busca cuando escribe es que alguien lo lea, con independencia de que el soporte sea un papiro o una piedra.

Por ello, no comprendo ni las reticencias ni los ataques que todavía recibe el libro electrónico por parte de algunos sectores, a no ser desde un punto de vista meramente económico, porque el gran pastel de la industria del libro, o mejor dicho, de toda la industria cultural, está empezando a repartirse de otra manera, pues han irrumpido con fuerza en el mercado otros actores que han sabido ver a tiempo lo que los lectores demandaban. Ello ha obligado a reaccionar a los grandes grupos editoriales tradicionales, que estaban cómodamente asentados en sus cuotas de mercado y que han realizado grandes inversiones de dudosa rentabilidad para digitalizar todos los fondos bibliográficos con la máxima urgencia. ¿El resultado? La calidad de los productos que ofrecen se ha resentido, lo que provocará, sin duda, el rechazo de los consumidores que buscan algo más en el libro digital y que los nuevos actuantes, como Google, Amazon o Tagus, de La Casa del Libro, ya les están ofreciendo.

Los libreros, por su parte, parece que andan un poco desorientados y muy preocupados por el incierto futuro que les espera, y no sin razón: los datos del impacto sufrido por las librerías tradicionales en otros países a consecuencia de la reestructuración de los mercados son demoledores. Tendrán que esprintar si quieren coger el tren, un tren al que antiguamente, cuando la caldera que lo movía era de vapor, se podía subir en marcha. Pero ahora el tren es de alta velocidad, y, si no estás a la hora en punto en el andén, el tren se va, no espera a nadie.

… à suivre.

 

Imágenes del Congreso del Libro Electrónico

Para los que quieran ver y oír lo que allí pasó: http://www.youtube.com/channel/UCeomP6Q9jqzgbZnQ7w8clqg/videos

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