Ray Cummings: el chico dorado de la ciencia ficción

Raymond King Cummings, o también Ray Cummings o Gabriel Wilson o Ray King o Ray P. Shotwell, nació en Nueva York, el 30 de agosto de 1887 y murió en Mount Vernon, Nueva York, el 23 de enero de 1957.

El año de su nacimiento no lo tenemos muy claro, porque en algunas páginas se puede leer que nació en 1877, en otras, en 1887 y la contracubierta de La chica del átomo dorado (Ediciones Nalvay, Zaragoza, 2010) registra el dato de 1897.

Sea cual fuere, lo que nos interesa ahora es que nos estamos refiriendo a un autor prolífico de principios del siglo pasado a quien podríamos equiparar, salvando todas las distancias, con nuestro Marcial Lafuente Estefanía, o la también nuestra Corín Tellado, siempre hablando en términos de producción literaria, porque, entre ensayos, novelas y relatos cortos, pueden adjudicársele cerca de ¡750 títulos publicados!

Una inmensa producción para alguien de cuya vida no sabemos demasiadas cosas, aunque Nalvay nos pone tras su pista al indicarnos en la obra citada que trabajó con Thomas Alva Edison, como asistente personal técnico y escritor desde 1914 hasta 1919[1], lo que indudablemente debió despertar en Cummings sus inquietudes científicas. (¿A quién no le hubiera sucedido?)

La chica del átomo dorado[2]

Esta novela surgió en realidad como un fix-up, es decir, como una obra creada a partir de una serie de relatos cortos[3], que está formada por dos narraciones publicadas inicialmente por separado. La primera es el relato original que ocupa sólo los ocho primeros capítulos. La segunda es la secuela, publicada un año después, y conforma el resto del libro[4].

Este año ha llegado a nuestras manos gracias a la traducción de Isabel Peralta Peña, coeditora de Nalvay.

Al leer la novela de Cummings uno no puede evitar pensar en algunos  antecedentes inmediatos, como en Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift; como en las dos Alicias de Lewis CarrollLas aventuras de Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo y lo que Alicia encontró allí—; o como en El increíble hombre menguante, una angustiosa película de culto de serie B, dirigida por Jack Arnold en 1957.

El macrocosmos y el microcosmos le dan pie a Cummings para imaginar (y de esto hace casi un siglo) una civilización perfectamente desarrollada en el interior de un átomo y una fantástica solución para poder viajar hasta ella: la química.

Los protagonistas intentarán ayudar a esa civilización pero las consecuencias resultarán fatales, al igual que sucede hoy, por desgracia con bastante frecuencia, en casos conocidos por todos.

El análisis del papel de la mujer en la sociedad también aparece en el mundo del átomo; no en balde los primeros movimientos feministas fueron coetáneos a la vida del escritor.

También le inquieta a Cummings la teoría de la relatividad de Einstein: el tiempo es tan sólo una variable que puede cambiar en mundos diferentes, como de hecho así sucede en la novela.

Esto no puede llevarnos a considerar a este escritor como un adelantado a su tiempo, aunque las cuestiones que trata sigan teniendo plena vigencia, sino, más bien, como alguien preocupado por los avances científicos y sociales del tiempo que le tocó vivir, e implicado totalmente en su divulgación a través de su ingente obra de ficción, puesta al alcance de las economías más modestas mediante el tipo de edición denominado pulp (‘pulpa’), término que popularizó entre nosotros Quentin Tarantino con su película Pulp Fiction (EE. UU., 1994).

Las ediciones pulp eran muy asequibles y estaban pensadas para la nueva clase proletaria que surgió tras las dos primeras revoluciones industriales. Es un fenómeno similar al que hoy se da en algunos países en vías de desarrollo, donde surgen iniciativas como la de los libros cartoneros. Pensemos, sin ir más lejos, en lo que supuso en nuestro país la añorada colección Austral.

Queremos agradecer a la Editorial Nalvay que nos haya ofrecido la posibilidad de acercarnos a los mundos de Ray Cummings, a quien llegó a comparárselo en su tiempo nada menos que con H. G. Wells.

à suivre.


[1] Fuente: http://www.fantasticfiction.co.uk/c/ray-cummings

[2] Ilustraciones de Juan Bauty.

[3] Nació originalmente como un relato breve en la revista estadounidense Argosy-All Story Weekly en 1929.

[4] Fuente: http://www.tercerafundacion.net/biblioteca/ver/ficha/18593

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