_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 3.ª parte: loa

3.ª parte: loa

Una amable lectora de mi anterior entrada, a quien a partir de ahora consideraré mi amiga, si le parece bien, me informó de una cuestión que debería corregir, por incorrecta, y alguna otra que tal vez debería matizar, por eso antes de iniciar esta «Loa» de la nueva Ortografía deseo realizar una rectificación y algunas matizaciones de la entrada del 10 de enero de 2011.

El siguiente párrafo es incorrecto:

(Nada dice la OLE10 ni de la aféresis, en palabras como ‘bus’, ‘chelo’ o ‘fax’; ni de la composición, en palabras como ‘autocine’ o ‘taquimeca’; ni de los compuestos sincopados, en palabras como ‘cantautor’, como procedimientos abreviativos, que sí explica Sousa en OOEA, págs. 186 y 187.)

porque la OLE10 sí que habla de este tipo de abreviaciones en la página 565 dentro del cuadro de «Información adicional», e incluso ofrece algún ejemplo citado, como ‘cantautor’. Para las Academias tienen la consideración de acrónimos, y explica que «Estas voces son el resultado de un proceso de creación léxica por composición, de ahí que reciban también el nombre de compuestos acronímicos.» Luego explica la diferencia que existe entre los acrónimos procedentes de siglas, de origen puramente gráfico, y los acrónimos creados por la fusión de los segmentos de varias palabras, que «no se tratan en esta obra», por ser considerados estos como creaciones léxicas en su origen.

En el mismo cuadro, más abajo, también se refiere la los acortamientos [abreviamientos en OOEA, pág. 200], a los que considera no reducciones gráficas, sino léxicas, que, dice, son «voces creadas por reducción del cuerpo fónico de una palabra o expresión al eliminar un segmento final [síncopa, en terminología de Sousa] o, más raramente, inicial [aféresis, ídem].

Cabe subrayar, sin embargo, que estas aclaraciones que incluye la Ortografía dentro de los apartes de «Información adicional», como explica en la página XLIV de la «Información preliminar, «No es información imprescindible, pero sí útil y complementaria a la del texto base.» (¡?, la cursiva es mía).

Así pues, ruego disculpas.

También debo matizar la afirmación que hago más abajo sobre la ambigüedad de la definición del «espacio fino» que, para la OLE10 es, simplemente, un espacio menor que el ordinario. Esta definición no es ambigua, aunque sí imprecisa, si la comparamos con la definición que Sousa ofrece el OOEA la página 407:

Los espacios eran piezas tipográficas que tenían valores distintos. La unidad de espaciado es el cuadratín o línea, que es un blanco que tiene de lado tantos puntos como puntos tenga el cuerpo con que se compone un texto. En un cuadratín entran cuatro espacios medianos, tres espacios gruesos, dos medias líneas o medios cuadratines y tantos espacios finos, de punto o de pelo como puntos tenga el cuerpo de composición.

(En la obra de Sousa también se definen los términos punto y cuerpo de composición.)

Tampoco en OOEA se especifica que el espacio deba ser fino, sino algo menor del normal para la separación de las letras que componen abreviaturas complejas, cuya medida, es de suponer, la determinará cada editorial, si lo estima oportuno, en función del cuerpo de los tipos usados, la medida de la línea, etc.

También debo aclarar que no realicé la comparativa de un modo exhaustivo, ni punto por punto, puesto que algunas cuestiones, intencionalmente, no se analizaron, como, por ejemplo, en la letra c) del apartado 3.2.5.3 del Capítulo V, «Otras cuestiones», la OLE10 dice que «Las abreviaturas nunca deben dividirse con guion de final de línea: *ad-/món.», (pág. 577). Esta cuestión la trata Sousa en las páginas 195-196 de la OOEA de la siguiente manera:

3. Aunque, como regla general, una abreviatura no debería dividirse a final de línea (..) en algunas ocasiones esta necesidad se presenta y en tal caso debe aceptarse; por ejemplo, puede dividirse au / tom., pero no impr., ya que en este caso la partición im / pr. no es aceptable al no formar dos sílabas. Tanto la OLE99 (5.11.2b7.o) [y ahora insiste la OLE10] como el DPD05 (p. 326) dicen que las siglas y abreviaturas no pueden dividirse a final de línea. Tal norma no está justificada. En efecto, ¿qué se opone a que se divida UNESCO en la forma UNES- / CO? ¿Acaso no se pueden dividir las palabras ordinarias escritas en su totalidad con letras mayúsculas? Y en cuanto a las abreviaturas, ¿por qué no se puede dividir admón. en la forma ad- / món.? (…).

Esta cuestión la había marcado para tratar en una prometida próxima entrada sobre las siglas.

En el momento de redactar estas líneas recibo la contestación del Departamento de «Español al día» de la RAE sobre la consulta que realicé el pasado día 6 de enero a través del formulario de consultas, disponible en la sección de «Consultas lingüísticas» de su página electrónica http://www.rae.es/rae.html, sobre la atildación en los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo.

Mi pregunta fue la misma que se planteaba Sousa en OOEA (pág. 193), esta:

¿Cómo se deben tildar los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo en casos tales como ‘RR. ÓO.’ (= Reales órdenes)? ¿debe ponerse la tilde en las dos oes?, ¿sólo en la primera, como aquí?, ¿sólo en la segunda, o en ninguna, por tratarse de un caso especial?

Y aquí la respuesta de la Academia:

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información: / El plural por duplicación de una abreviatura por truncamiento extremo se realiza sobre la letra que corresponde a la abreviatura singular. Así, dado que la abreviatura de real orden es R. O. —el singular orden se escribe sin tilde—, el plural de esta abreviatura sería RR. OO., por más que la palabra órdenes se escriba con ella. Tenga en cuenta que la duplicación es un procedimiento de pluralización de la forma de las abreviaturas. / Reciba un cordial saludo. / Departamento de «Español al día» / Real Academia Española

Aclarado queda.

Por último, quisiera agradecer a todas aquellas personas que han tenido la curiosidad de leer el post su amabilidad por las muestras de agradecimiento que me han manifestado.

Y ahora sí, pasemos a la loa.

Declaración de intenciones

Cuando alguien emprende algún trabajo, sea el que fuere, merece siempre todos mis respetos, sobre todo cuando dicho trabajo se realiza con honradez y dedicación. Por ello, vayan por delante mis respetos para esta obra, en cuya realización el coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, y su equipo han invertido ocho años, y las veintidós Academias han realizado un gran esfuerzo de consenso, con clara voluntad unificadora de los criterios a seguir.

Si echamos cuentas, esta Ortografía de la lengua española comenzó a fraguarse tan solo tres años después de la aparición de la de 1999, concretamente en el congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española de San Juan de Puerto Rico (2002). Las razones que llevaron a las Academias a tomar la decisión de abordar la redacción de una obra más profunda transcurrido tan poco tiempo, tal vez pudieran achacarse al aluvión de críticas que sobre aquella publicación llovía desde todos los lados: se la tachó en no pocas ocasiones de incompleta, contradictoria y de un montón de calificativos más, poco clementes y hasta alguno ineducado.

Esto no deja de ser una suposición, aunque para mí resultaba evidente que una obra de referencia como la que ahora, por fin, tenemos en nuestras manos era absolutamente necesaria. (Hay quien piensa que no, que, como en otras lenguas, tales como el francés o el inglés, los diccionarios son herramientas suficientes para solucionar los problemas ortográficos.)

Lo cierto es que para la lengua española una buena ortografía era muy demandada, no ya por el pueblo llano, quien, por muchas ortografías que se publiquen seguirá escribiendo como mejor sepa o pueda, sino por la gente de un nivel de cultura medio o alto y, sobre todo, por los profesionales del mundo de las letras, como profesores, periodistas, escritores, editores, correctores, etc.

Así pues, bienvenida sea la nueva Ortografía, que ya en la «Presentación» (pág. XXXVII y sigs.), y a manera de una declaración de intenciones, va desgranado todas las líneas directrices que han generado la obra:

—  Intención de construir una nueva Ortografía más amplia, detallada y minuciosa.

—  Necesidad de revisión, aunque descartando la idea de una reforma exhaustiva.

—  Conveniencia de eliminar, dentro de lo razonable, la opcionalidad abierta por las llamadas normas potestativas.

—  Vigilancia de su coherencia con otras obras académicas y consigo misma.

—  Redacción teórica y aplicada.

—  Vocación unificadora y de contención frente a una evolución descontrolada del idioma.

—  Solidez, exhaustividad, razonamiento y modernidad.

—  Simplicidad.

—  Intención didáctica.

—  Panhispánica, concebida desde la unidad y para la unidad.

Todos estos presupuestos son muy encomiables (aunque echo de menos el calificativo de democrática, que tal vez podamos inducir del último calificativo, panhispánica), y persiguen un único objetivo:

(…) describir el sistema ortográfico de la lengua española y realizar una exposición pormenorizada de las normas que rigen su correcta escritura en la actualidad (pág. XLIV).

Forma y fondo

Aquí hay que levantar una lanza particular en pro de la Real Academia Española (RAE) por otorgar al resto de las Academias el protagonismo que merecen, como ya venía haciendo en estos últimos años, y otra general para todas ellas al haber conseguido realizar una obra consensuada.

El propio rey don Juan Carlos elogió «la gigantesca labor» que en los últimos doce años ha realizado la RAE con las demás academias de la Lengua Española. También su hijo, el príncipe Felipe calificó de «soberbia edición» la OLE10 en el acto de su presentación, el pasado 17 de diciembre de 2010.

Mario Vargas Llosa, igualmente elogió la nueva Ortografía a través de un breve vídeo en el que el reciente premio Nobel (y académico de la RAE) ponderó las virtudes de la obra. (Deseo aprovechar la ocasión para expresarle mi enhorabuena por el honor tan bien merecidamente conseguido.)

El director de la Academia Mexicana, José G. Moreno de Alba, por su parte, subrayó el enorme avance que la presente edición supone respecto a la anterior, de 1999, sobre todo, la amplitud de la información sobre los aspectos que más vacilaciones producen entre los hablantes.

El coordinador de la obra, Salvador Gutiérrez Ordóñez, por su parte, habló de «fiesta de la ortografía»: los ocho años de trabajo que él y su equipo han invertido han producido un texto riguroso, razonado, normativo —pero flexible— y ameno.

Además de todo lo que se pudiera esperar de la obra, también es un compendio de historia de la escritura, del alfabeto y de la evolución de la disciplina ortográfica, donde se regulan algunos asuntos que habían sido poco desarrollados o que ni siquiera se habían contemplado en anteriores ediciones, como la importancia y el desarrollo que se le da al tema del uso de las mayúsculas y minúsculas, al que se le dedica el Capítulo IV (págs. 441 a 517); a las expresiones procedentes de otras lenguas (Capítulo VI, págs. 595 a 622); a la ortografía de los nombres propios (Capítulo VII, págs. 623 a 649); a las expresiones numéricas (Capítulo VIII, págs. 651 a 698); o a cuestiones de ortotipografía que van apareciendo a lo largo de toda la obra.

El objeto libro

Las 745 páginas  de que consta este volumen están pulcramente publicadas en una excelente edición, con una presentación en caja; encuadernación cosida (¿y pegada?); con tapa dura; tres hojas de guarda de mayor gramaje y una cuarta del mismo gramaje que las páginas que forman el cuerpo del libro, al principio, y una de más y otra de menos gramaje al final; y un papel de primera calidad que, aunque transparenta ligeramente, no incomoda prácticamente nada su lectura, que se ve, además, favorecida por el tipo de letra escogido (Times New Roman, o similar), de un tamaño suficiente como para no forzar la vista, cosa esta muy de agradecer por los que, quienes como yo, sufrimos algunos tipos de limitaciones visuales (recuerdo los esfuerzos que debo realizar al consultar la edición de 1992 del Diccionario de la RAE, pese a mis bien graduadas gafas). Sus dimensiones aproximadas son de 15 x 23,5 x 3,5 centímetros, lo que también contribuye a su buena manejabilidad. El diseño de tapa, lomo y contratapa me parece elegante y muy agradable al tacto.

Esta importantísima obra no merecía menos.

Conclusiones

En esta primera aproximación a la nueva Ortografía constatamos los objetivos que se plantearon las Academias cuando decidieron afrontar la ardua tarea de su elaboración y salta a la vista que han realizado un formidable esfuerzo muy digno de encomio, aunque el grado de cumplimiento de esos objetivos autoimpuestos habrá que ir constatándolo mediante análisis más pormenorizados de cada una de las cuestiones que trata la obra, como el que yo mismo intenté hacer, con mayor o menor acierto, en la anterior entrada de este mismo sitio sobre las abreviaturas.

También resulta apreciable (y hasta cierto punto sorprende gratamente) el intento de aproximación a aspectos ortotipográficos, universo este que la RAE (no sé si también las demás academias) apenas había dado muestras de conocer.

Hasta la fecha los tres pilares básicos que enmarcaban el área de sus competencias se ceñían, si no me equivoco, a temas ortográficos, gramaticales, y léxicos, y aunque desconozco si dentro de las funciones de las Academias se abre con esta obra la posibilidad del estudio y descripción de cuestiones tipográficas, por mi parte sería muy bienvenida la decisión de que asumieran la tarea y se rodearan de extraordinarios especialistas que existen en ese campo, como el mismo José Martínez de Sousa, para mí —y para muchas otras personas— la máxima autoridad en tipografía de la lengua española que existe.

Ruegos y preguntas

El sistema de remisiones de la obra no hace referencia a las páginas concretas, sino a los capítulos y a sus apartados, pero en los encabezados de las páginas no se expresa el capítulo donde el lector se encuentra, sino sólo el apartado numérico y el título de éste. Esto obliga al lector a acudir constantemente al «Índice de contenidos» del principio para saber exactamente la página en la que se encuentra la información que busca. Ejemplo (pág. 276):

«Para la acentuación gráfica de extranjerismos y latinismos, véase el capítulo VI, § 2.1.3 y 2.2.2.»

Esto me obliga a ir al índice, donde los puntos del capítulo citado me remiten a las páginas 602 y 607, respectivamente.

Rogaría que en futuras ediciones se indicara en el encabezado de las páginas el capítulo en el que se halla el lector, ya que se ha optado por este sistema de remisiones.

También echo de menos dos secciones que, bajo mi punto de vista, deberían aparecer en cualquier publicación a la que se le pretenda otorgar el carácter de científica y que, generalmente, se colocan al final de la obra: un índice alfabético y una lista de bibliografía consultada, herramientas que son de gran utilidad para el lector que desee consultar un tema concreto o para aquel que desee ampliar conocimientos sobre cualquier asunto.

La ausencia del índice alfabético obliga a repasar el índice temático para decidir qué capítulo o capítulos pueden serle útiles para la consulta particular.

En la página XLV de la «Información preliminar», punto 6, se indica que la fuente esencial para los trabajos de la ortografía han sido los bancos de datos de la Real Academia Española, haciendo referencia más abajo al Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y al Corpus Diacrónico del Español (CORDE). No se hace referencia a ninguna otra fuente.

Rogaría que en futuras ediciones, aún a costa de encarecerlas, se incluyera un índice alfabético al final y una bibliografía consultada, si es que se ha consultado alguna fuente secundaria (no esencial).

Mi último ruego a las veintidós Academias, y a los posibles lectores de esta triple entrada, es que me perdonen los posibles errores u omisiones que pudiera haber cometido y si alguien discrepa de mi análisis, en lo que sea, quedaría muy reconocido a quien me lo hiciera saber a través de los comentarios de esta bitácora (blog) o mediante mi dirección de correo-e, pacoaljama@gmail.com. Mi único deseo es aprender.

à suivre.

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