Las siglas. 2.ª parte: formación

La nueva Ortografía (OLE2010[1]) explica los procedimientos para la formación de las siglas en el punto 3.3.1 del capítulo V (pp. 579-580), que se pueden resumir así[2]:

1.       «(…) yuxtaposición de las iniciales de las palabras con carga semántica (normalmente sustantivos y adjetivos, pero también adverbios) que integran la expresión compleja a partir de la que se originan»: ONG (organización no gubernamental).

2.       Adición o prescindencia de alguna letra del comienzo de algunos de los términos a las iniciales: CINDOC (Centro de Información y Documentación Científica), MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios de la Administración Civil del Estado).

3.       Unión de elementos compositivos de una única palabra, «especialmente en el ámbito científico-técnico»: DDT (diclorodifeniltricloroetano).

4.       Inclusión de las iniciales de las «palabras gramaticales (las que carecen de contenido léxico) como artículos, conjunciones y preposiciones», tengan o no una importante carga significativa: MSF (Médicos Sin [sic, con mayúscula inicial] Fronteras), ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias).

5.       Intervención ocasional de elementos no alfabéticos, como cifras u otros signos: MP3 (Moving Picture Experts Group versión 3), 3D (tres dimensiones), 11-S (11 de septiembre), I+D (investigación y desarrollo). «Las siglas pueden contener cifras o signos seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P (peer two [to] peer, ‘de igual a igual’).

6.       Utilización de determinantes para indicar el plural cuando representan un único referente (los DNI); o adición de las marcas –s o –es cuando «corresponden a expresiones nominales comunes, y no a nombres propios (…) en la lengua oral: [oenegés] = ‘organizaciones no gubernamentales’», o cuando son «acrónimos lexicalizados», considerados «palabras plenas a todos los efectos(…): ovnis (acrón. pl. de objeto volador no identificado), tacs (acrón. pl. de tomografía axial computarizada).

El problema de la formación de las siglas también es abordado por otros autores[3], como José Martínez de Sousa, en OOTEA[4], quien va, otra vez, mucho más allá que la nueva Ortografía.

Sousa ofrece una clasificación detalladísima de las siglas, contempladas bajo diferentes puntos de vista en torno a su formación, y da ejemplos de todas ellas (pp. 211 y 212):

— por el número de letras que las componen: desde monolíteras (monograma), constituidas por una sola letra, hasta heptalíteras (heptagrama), constituidas por siete. Aquí se recoge el ejemplo erróneo de ‘INAPE’, de cinco letras, en las hexalíteras, para las que podría muy bien servir como ejemplificación cualquier otra sigla de seis letras (v. gr. UNESCO).

— por el tipo de constituyentes: solo letras [alfabéticas, término no citado], o letras y números (alfanuméricas).

— por su lectura: silábicas o consonánticas.

— por su formación: propias o estrictas (siglas obtenidas por el primer procedimiento contemplado en OLE2010), e impropias o sigloides (que serían las obtenidas por el segundo). Sousa incluye a los verbos en el grupo de palabras con carga significativa que intervienen en la formación del primer tipo, que OLE2010 olvida mencionar. Los ejemplos del tercer tipo de formación que cita OLE2010 (DDT) son considerados por Sousa como siglas propias, puesto que se toman las iniciales de los componentes de un compuesto.

La razón que ve la nueva Ortografía de las Academias para que se incluyan las iniciales de las palabras gramaticales sin carga semántica es que así se facilita «su pronunciación como palabras», y explica en cuadro de información adicional que «En los últimos tiempos es bastante frecuente que (…) se busque la coincidencia de la sigla resultante con una palabra del léxico común» (AVE, Alta Velocidad Española), y observa la resistencia a la minusculización de este tipo de acrónimos[5]. Esta última afirmación parece no estar justificada porque, al referirse a los últimos tiempos, no se puede saber todavía si son o no resistentes a la minusculización.

Las Academias no consideran obligatorio la presencia del guion en las siglas formadas mediante el quinto procedimiento —intervención de cifras u otros signos— y nos remite al punto 4.1.1.2.7 del capítulo III (p. 422), que se refiere al uso del guion en expresiones, siglas en este caso, que combinan cifras y letras, donde dice que es admisible «prescindir del guion sin dejar espacio», pero aquí «el uso del guion, aunque correcto, no es preceptivo»: H1N1 (hemaglutinina tipo 1 y neuraminidasa tipo 1). Al respecto del uso del guion en las siglas, sin embargo, la Ortografía no nos remite al punto 4.1.1.2.6.a (p. 420), donde nos habla del uso de este signo en siglas prefijadas, donde, como excepción, sí lo considera obligatorio «para evitar la contigüidad de minúsculas y mayúsculas en interior de palabra: mini-PC,(…) anti-OTAN». Martínez de Sousa le dedica al tema del uso del guion en las siglas el punto 10.5.20.2.4 (p. 365 de OOTEA), donde dice que «(…) el guion cumple una función unitaria, paso intermedio entre la escritura en términos separados (20 N) y unidos (20N)» e indica que «La grafía habitual hace uso de las tres formas: 20-N, 20N o 20 N». A este tipo de guión lo denomina «guion prepositivo».[6]

En cuanto al accidente gramatical de número, la invariabilidad de las siglas que representan a un único referente no pasa de ser una recomendación de la nueva Ortografía, aunque está fundamentada en la intención de evitar las posibles confusiones que podrían darse en el caso de añadir una -S mayúscula, a la que podría considerarse la inicial de otra palabra; o de salvar la mezcla de «grafemas en mayúscula y en minúscula, algo rechazado por nuestro sistema ortográfico en la escritura general, (salvo en los casos preceptivos de mayúscula inicial)» si se le añadiera una ‑s minúscula para formar el plural.

Aunque esta última cuestión de mayúsculas, minúsculas y versalitas la analizaré con más detenimiento en la siguiente entrada, sobre la lectura y escritura de las siglas, creo conveniente adelantar aquí que Martínez de Sousa constata «casos en que debe aplicarse a una sigla una grafía mixta; es decir, en la que entre las versalitas puede aparecer una minúscula», como en CiU (Convergència [Democràtica de Catalunya] i Unió [Democràtica de Catalunya] o en ETAm (ETA Militar) (p. 213). Aunque estos ejemplos, lógicamente, no son ilustrativos para hablar del plural, sí son válidos para hacernos suponer que, en las siglas, la mezcla de grafemas en mayúsculas –o versalitas— y minúsculas se debería aceptar con naturalidad.

Nada dice la nueva Ortografía del género de las siglas y acrónimos. Esta omisión sorprende un poco, aunque el DPD-e[7] viene en nuestro auxilio cuando explica esta cuestión s. v. ‘sigla’:

4. Género. Las siglas adoptan el género de la palabra que constituye el núcleo de la expresión abreviada, que normalmente ocupa el primer lugar en la denominación: el FMI, por el «Fondo» Monetario Internacional; la OEA, por la «Organización» de Estados Americanos; la Unesco, por la United Nations Educational, Scientific and Cultural «Organization» (‘Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura’). Las siglas son una excepción a la regla que obliga a utilizar la forma el del artículo cuando la palabra femenina que sigue comienza por /a/ tónica (→ el, 2.1 y 2.3a); así, se dice la AFE (y no el AFE), por «Asociación» de Futbolistas Españoles, ya que la palabra asociación no comienza por /a/ tónica.

Y s. v. ‘acrónimo’:

4. La mayoría de los acrónimos formados por la unión de elementos de dos o más palabras han adoptado el género masculino, incluso cuando, en la traducción, la palabra núcleo de la expresión extranjera abreviada es femenina; así, se dice un púlsar, a pesar de que estrella (ingl. star) es femenino; un quásar, a pesar de que fuente (ingl. source) es femenino. A veces, el masculino se explica por sobrentenderse un concepto masculino elidido: el [rayo] láser, a pesar de que luz (ingl. light) es femenino. Por el contrario, los acrónimos que se originan a partir de siglas adoptan normalmente el género de la palabra núcleo de la denominación completa: la uci (porque unidad es palabra femenina), el sida (porque síndrome es palabra masculina) (→ sigla4).

El DPD-e no explica casos como el de tac (acrón. pl. de tomografía axial computarizada), de género masculino, aunque la palabra núcleo de la expresión, ‘tomografía’ es de género femenino y aquí no se ve que se elida ningún término, aunque tal vez pudiéramos explicarnos el cambio de género en este caso por la terminación consonántica del siglónimo.

Todos estos posibles procedimientos vistos para la formación de las siglas nos conducen a pensar si no sería susceptible de revisión el artículo ‘sigla’ del DRAE en su próxima nueva edición que ahora, como se recordará de la entrada anterior, define así:

1.       Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja;
2.       Cada una de las letras que la componen;
3.       Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura,

y, como también se recordará, la OLE2010 omite la trecera acepción.

à suivre.



[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] Los ejemplos citados son de la Ortografía, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ningún resalte ortotipográfico.

[3] Casado Velarde, Manuel: «Creación léxica mediante siglas», Revista Española de Lingüística, 1 (1979a), 67-88; Calvet Louis-Jean: Les sigles, París, PUF, 1980 (Que sais-je?, 1811); etcétera, citados en la bibliografía de OOTEA (p. 515).

[4] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[5] Como ya vimos en la entrada anterior, OLE2010 considera a los acrónimos un tipo particular de siglas.

[6] Los cometidos de este guión los explica OOTEA en el punto 5.20.2 del capítulo 10, «Signos ortográficos», pp. 364-365.

[7] Diccionario panhispánico de dudas, versión electrónica.

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