Las siglas. 3.ª parte: lectura y escritura

Abordo en este espacio que le concedo a mi otium litteratum la tercera entrada sobre las siglas, que se refiere a los problemas que nos presentan su lectura y su escritura.

Tanto la OLE2010[1] como la OOTEA[2] coinciden en las distintas posibilidades de lectura de las siglas, atendiendo a la naturaleza de los componentes que las forman y a la secuencia gráfica que resulta de ellos.

Básicamente podemos reducir estas posibilidades de lectura a tres: por deletreo, por silabeo o mediante una combinación de ambos procedimientos.

José Martínez de Sousa ya aborda el problema de su lectura cuando establece una clasificación entre siglas silábicas, cuando pueden leerse como una palabra normal, y consonánticas, aquellas cuya lectura solo sea posible mediante el deletreo, «aunque comprendan alguna vocal» (OOTEA, p. 211).

En el caso de las siglas leídas mediante el deletreo, la nueva Ortografía explica que cada uno de los componentes que la integran conserva su acento prosódico (c. V.3.3.2, p. 580): DNI [dé-éne-í][3]. A cada letra, en este caso, debe darse el nombre que le corresponde, sin tener en cuenta su valor fonológico. Si está compuesta solo por vocales es posible realizar dos lecturas: OEA [oéa], [ó-é-á]. En este caso, lógicamente, su lectura podrá variar dependiendo de las distintas áreas hispanohablantes: TV [té-bé], [té-úbe].

En un cuadro de información adicional nos informa la OLE2010 (p. 581) que si la sigla que se deletrea total o parcialmente es de uso generalizado, «a menudo se traslada a la escritura su pronunciación, dando lugar a una nueva palabra»: cederrón < CD-ROM. A las siglas que comienzan por s- seguida de consonante se le incorpora «normalmente» una e protética: SGAE [esgáe]. Para la lectura concreta del ejemplo PSOE [pe-sóe], las Academias consideran que se da un caso de combinación de deletreo y silabeo, en vez de considerar que, para poder silabear se le añade una e epentética, como opina Martínez de Sousa, quien también observa la posibilidad de que, en estos casos, simplemente no se pronuncie la inicial [sóe] (OOTEA, p. 216).

En cuanto a las siglas leídas por silabeo observa OOTEA que a veces «es preferible deletrearlas, con objeto de no confundir al oyente»: FITP [éfeítépé], no [fítp][4]. Como vimos en la entrada anterior, este tipo de siglas las Academias lo denominan acrónimos, que se leen como cualquier palabra (RAE [rráe], FIFA [fí.fa]), aunque sus componentes representen distinto valor fonológico en la expresión originaria: AFORE [afóre], por Administradora de Fondos para el Retiro: la R en esta sigla es vibrante simple y en la expresión compleja es múltiple. El acento prosódico suele recaer aquí en la penúltima sílaba, porque, para las Academias, «la mayoría de las palabras españolas acabadas en vocal son llanas», pero para Martínez de Sousa (OOTEA, p. 216), que también constata este hecho, la razón es, simplemente, que «ninguna sigla lleva tilde»; este además precisa que también son llanas si acaban en n, en m o en s, «salvo que a estas letras les preceda otra consonante: IFALS [ifáls]» (International Federation of Arts, Letters, and Sciences), aunque hay excepciones si terminan en -m, como INEM [iném]; y son agudas cuando acaban en consonante que no sea n o s, como IATUL [iatúl] (International Association of Scientific and Technological).

Si las siglas leídas por silabeo han sido incorporadas desde otra lengua, sigue diciendo OLE2010 en la página 581, puede también conservar su acento etimológico: láser. Este ejemplo ―un acrónimo para las Academias, admitido ya en el DRAE92[5]―, no se ajusta al concepto que de siglas tiene Martínez de Sousa, sino al de siglónimos. La distinta consideración que los acrónimos reciben en una y otra obra queda explicada en la anterior entrada sobre la definición de las siglas.

Las Academias también explican la prosodia para otros casos concretos: si en la formación de la sigla se incluyen cifras u otros signos (siglas alfanuméricas, para Sousa), suele deletrearse la parte alfabética y nombrarse la cifra o el signo (MP3 [éme-pé-trés], I+D [í-mas-dé][6]), que pueden ser «seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P, peer two (to) peer, ‘de igual a igual, entre iguales’ (OLE2010, p. 582).

La nueva Ortografía señala finalmente que puede desarrollarse en la lectura la expresión compleja de la que procede «(…) cuando la sigla no es muy conocida o su finalidad principal es ahorrar tiempo y espacio en la escritura»: RAE [rráe] o Real Academia Española. También, lógicamente, podremos realizar la lectura de todas las siglas desarrollando todo el sintagma al que hacen referencia sea cual fuere su composición, aunque esto no lo indique la OLE2010.

En cuanto a su escritura el parecer de las Academias ha cambiado respecto a lo que todavía recoge el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) en su versión digital s. v. ‘sigla’:

Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: memoria anual del c.s.i.c.

Ahora en el c. V.3.3.4, «Ortografía y otras normas de escritura» (OLE2010, p. 583) dice:

a) En la actualidad, las siglas se escriben sin puntos ni blancos de separación, incluso cuando se integran en textos escritos enteramente en mayúsculas: CALENDARIO FISCAL PARA EL PAGO DEL IRPF.

Las Academias hacen suya la consideración que bajo forma de crítica expone OOTEA en la página 212, que considera la norma expresada en el DPD como carente de uso y de sentido.

Hay coincidencia en ambas obras, OLE2010 y OOTEA, en cuanto a que las siglas no deben llevar nunca tilde pero encontramos una gran divergencia de pareceres en cuanto al tipo de letras que deben representarlas. OLE2010 sigue insistiendo en que deben escribirse siempre enteramente en mayúsculas «las siglas cuya representación gráfica impide su lectura secuencial» (siglas propias, en la denominación de Sousa). Insiste y abunda en ello en la página 510 cuando habla del uso de las mayúsculas y minúsculas para formar siglas, porque «su escritura característica enteramente en mayúsculas (…) permite distinguir con claridad las siglas del léxico común (…)». Aquí es consecuente con lo que se dice en el DPD, pero para Sousa, aunque no rechaza su escritura con mayúsculas, es mucho más conveniente escribir este tipo de siglas en versalitas porque «en una página donde aparezcan varias siglas, la presencia de tantas mayúsculas juntas desestabiliza la visión ponderada del resto de la página, en el que las mayúsculas son solo esporádicas normalmente» (OOTEA, p. 212).

Sobre las letras versalitas quiero hacer aquí un comentario que me parece importante. Mientras que el DRAE, en su versión electrónica, define a la versalita como «Mayúscula igual en tamaño a la minúscula de la misma clase» la nueva Ortografía (p. 447) considera a esta letra como «una variante tipográfica de carácter híbrido, caracterizada por presentar la misma forma que la mayúscula con una altura similar a la de la minúscula». Hasta ahí, bien, pero a renglón seguido añade:

A pesar de su apariencia, la versalita es una variante estilística de la letra minúscula por lo que, al utilizar la versalita, debe mantenerse la mayúscula inicial en aquellas palabras que la requieran (…) [subrayado mío].

Esto equivale a decir que la versalita, si no malentiendo, es una letra minúscula (¡?), lo que chocaría frontalmente tanto con la definición del DRAE como con la definición que ofrece la OOTEA[7], para la que las versalitas «siguen siendo mayúsculas, no se olvide(…)» (p. 212).

La lexicalización de los acrónimos —en el sentido académico del término— implica que se escriban como cualquier palabra normal: con inicial mayúscula y el resto en minúsculas, cuando son nombres propios (Unicef), o enteramente en minúsculas, cuando son nombres comunes (opa, tac). Los dígrafos que se integran en las siglas conservan la mayúscula únicamente en la primera grafía.

Al «Uso combinado de mayúsculas y minúsculas en siglas y acrónimos» le dedica la OLE2010 un punto aparte (c. IV, 4.3.1), donde observa que cada vez es más frecuente esta mezcla, pese a que «la norma tradicional prescribe su escritura enteramente en mayúsculas» (p. 511). Este tipo de formaciones híbridas son muy comunes, según Martínez de Sousa, en las siglas impropias y dice que «se debería elegir un criterio por parte de todos los periodistas, traductores y escritores, con objeto de introducir coherencia interna en el sistema de la escritura de la lengua» (OOTEA, p. 213). Tal vez esa función también debería haberla hecho suya la asociación de Academias, que se limita a decir más abajo que ese uso excepcional «resulta admisible».

Al respecto de la división al final de línea de las siglas propias también existe discrepancia entre la OLE2010 y la OOTEA. Las Academias insisten en que «sea cual sea su lectura, las siglas escritas enteramente en mayúscula nunca deben dividirse con guión final de línea». Esta afirmación sigue sin estar justificada. Sousa en cambio no «ve razón alguna para no poder dividir UNES- / CO, como, cuando se escribe con solo mayúsculas, se pueden dividir ACA- / DE- / MIA, CO- / MAN- / DO, etcétera» (OOTEA, p. 115).

à suivre.


[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] Si no se indica lo contrario, todos los ejemplos son de OLE2010, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ninguna otra marca ortotipográfica. No desarrollo aquí las siglas cuyo significado es sobradamente conocido.

[4] Esta sigla puede tener varios desarrollos, como Federazione Italiana Tradizioni Popolari, Firearms Instructor Training Program, Forward Into The Past, etcétera.

[5] RAE, Diccionario de la lengua española, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1992.

[6] Sic, sin tilde en ‘mas’, p. 581.

[7] La versalita «(…) es la letra versal pequeña, es decir, la que tiene forma de versal o mayúscula, pero que es más pequeña, en torno al 82 % del tamaño de esta (aproximadamente, el tamaño de la minúscula). (…) se trata de una letra que, pese a que su tamaño es inferior al de la correspondiente mayúscula (es decir, la mayúscula del mismo cuerpo), sus astas tienen las mismas dimensiones en anchura. Esta característica dota a la versalita de una rara hermosura» (OOTEA, p. 415).

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