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El III Congreso del Libro Electrónico se abrió a todo el ámbito hispanohablante

III Congreso del Libro Electrónico

Los pasados días 19 y 20 de noviembre se celebró en el Centro de Congresos y Exposiciones de Barbastro (Huesca) el III Congreso del Libro Electrónico, auspiciado, principalmente, por la Diputación Provincial de Huesca, sin cuyo mecenazgo sería de todo punto impensable que un evento de tal relevancia pudiera realizarse en la pequeña ciudad del Vero.

La reconocida talla de los cerca de cincuenta ponentes, que representaban a todas las áreas relacionadas con el ecosistema del libro digital, concitó la presencia de unos ciento cincuenta congresistas y a casi cuarenta periodistas.

Tras los discursos de presentación, Javier Celaya, vicepresidente de la Asociación de Revistas Digitales de España (ARDE), calentó motores al criticar la mojigatería que todavía muestran con respecto a los ebooks los grandes grupos editoriales españoles que, a estas alturas, siguen careciendo de una estrategia de desarrollo digital, mientras que las plataformas de autopublicación y las pequeñas editoriales especializadas están creciendo a un ritmo exponencial.

Celaya ofreció todo tipo de soluciones: implementar políticas de fomento de la lectura, eliminar el DRM, compartir experiencias, dinamizar precios ―lo que el ve como algo clave para alcanzar El Dorado digital―, y, por supuesto, abrirse a nuevos mercados, como el americano.

Y de eso precisamente trató la mesa que seguía, de los nuevos mercados digitales, donde Martín Gómez, consultor editorial y autor del blog El ojo fisgón, aseguró que no puede considerarse a Hispanoamérica como un mercado unificado. Para él, el aludido Dorado digital, sencillamente, no existe, debido a las muy distintas realidades culturales de los países americanos.

En esta tercera edición, la más internacional hasta la fecha, la organización invitó a algunos representantes de países hispanoamericanos, gracias a los cuales pudimos enterarnos, por ejemplo, de que en Colombia, este año 2015 ha sido el primero en el que se ha invertido más dinero en cultura que en armas según Consuelo Gaitán, directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, o de que en México solo el 30 % de las bibliotecas tienen acceso a internet, como explicó Marina Núñez Bespalova, directora general adjunta de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes de México (Conaculta).

Y para rematar la intensa mañana del jueves 19 se habló de los derechos de autor en un entorno global y digital, donde una letrada del público les dio un tirón de orejas a las agencias literarias cuando aseguró que todos los contratos de derechos digitales que están firmando son ilegales.

Ya por la tarde, el consultor y periodista Darío Pescador moderó las dos sesiones de presentaciones de nuevos proyectos, como Slicebooks, que apuesta por fragmentar los contenidos para vender capítulos sueltos; El placer de la lectura, un espacio para descubrir, compartir y recomendar nuevas lecturas; Quelibroleo.com, una red social de intercambio de gustos y opiniones literarias que va en la misma línea que el anterior; The Spanish Bookstage, una plataforma mundial de los derechos del libro español y latinoamericano; Planeta Hipermedia, una solución integradora de los procesos de formación; Røter, una plataforma de edición para editoriales independientes y para los autores que se decidan por la autopublicación; Audiomol, cuya web permite la descarga a través de internet de audiolibros con títulos de autores actuales; Librotea, la página web creada por el diario El País para recomendar libros; y, por último ePrizes, una plataforma para promover la búsqueda de nuevos modelos de publicación, consumo, precios y derechos de autor.

Entre ambas sesiones, Jesús Alcoba nos deleitó con su conferencia La inquietante resistencia humana al cambio y el principio de la galletita de la suerte, que, como el resto del programa, puede visionarse íntegramente en el canal de Youtube del Congreso.

El retraso horario acumulado obligó también a insertar en medio de las dos tandas de presentaciones una interesantísima mesa redonda programada para finalizar la sesión en la que se reunieron algunos de los autores que, ante el rechazo de las editoriales clásicas, habían optado por la autopublicación digital con gran éxito, con los jóvenes booktubers, que, utilizando un lenguaje y un canal más cercanos a los lectores juveniles, están consiguiendo fomentar la lectura con mucho mayor éxito que los críticos academicistas tradicionales.

La jornada del viernes comenzó con una conferencia en la que Iría Álvarez disertó sobre las nuevas tendencias en marketing digital de las editoriales que ya están empezando a ofrecer a los autores servicios de autopublicación y se fijan en modelos como Spotify para crear plataformas de lectura electrónica como 24 Symbols o Nubico.

Acto seguido, Sven Huber, cofundador de la plataforma de e‑learning infantil Boolino, moderó la mesa redonda Nuevas formas de aprender a leer, en la que se presentaron proyectos de realidad aumentada (Parramón), donde las imágenes cobran vida y el joven lector puede interactuar con ellas; Micuento.com, donde los niños y niñas lectores se convierten en los protagonistas del cuento, lo que les resulta absolutamente motivador; Odio el Rosa, definida como una aventura transmedia en la que se parte del libro en papel para continuar la lectura en medios digitales y que, puesta el servicio docente, permite al profesor monitorizar en tiempo real los logros de los alumnos según avanzan en la lectura; y, por último, la nueva web de aprendizaje eficaz que Santillana está desarrollando y que tendrá lista para el año próximo.

Tras el café, una nueva mesa redonda, más técnica, en la que representantes de varias editoriales nos hablaron sobre la importancia que los metadatos tienen para, entre otras cosas, incrementar las ventas.

Por fin, y antes de la clausura, se montó una mesa redonda en la que se sentaron Natalia Gómez (autora), Roger Domingo (Planeta), Sergio Mejías (Bubok) y Eva García (la autora española más vendida en Amazon) para analizar qué puede ofrecer una editorial a los autores emprendedores e independientes, y que moderó Beatriz Celaya.

Remató el Congreso Eloy Sasot (HarperCollins) con la conferencia Navegando la transformación digital, en la que lanzó el mensaje de que las editoriales no tienen que tener miedo y probar varios caminos en el complejo mundo digital para avanzar.

Las conclusiones, que podréis conocer en el siguiente vídeo, corrieron a cargo de Darío Pescador.

… à suivre.

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Chusé Inazio Nabarro: _Allí donde el viento sopla para agitar las hojas de los árboles_

Chusé Inazio Nabarro

Chusé Inazio Nabarro nació en Tauste (Zaragoza) el 30 de noviembre de 1962. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, poeta y narrador, es profesor de Lengua y Literatura castellanas en Huesca y el autor más galardonado en lengua aragonesa.

En la actualidad es presidente del Consello d’a Fabla Aragonesa.

Ha publicado algunos libros de poemas, como A pelleta entre as barzas, II Premio Literario Val d’Echo (1983); O miraio de chelo, Premio Ana Abarca de Bolea (1985); A balada de o choben Billy, I Premio Literario Billa de Sietemo (1994); En esfensa de as tabiernas y atros poemas (1998) y Sonetos d’amor y guambra, Premio Ana Abarca de Bolea.

En 2001 la Diputación de Zaragoza le otorgó el Premio Pedro Saputo.

En prosa ha publicado Astí en do l’aire sofla ta sobater as fuellas de os árbols, Premio Arnal Cavero, 1990; Tiempo de fabas (1997); Chuan Galé (o cuaderno de tapas royas) (2003); Reloch de pocha, IV Premio Literario Ziudá de Balbastro de Nobela Curta, 2006.

También ha publicado algunos cuentos breves en libros colectivos, como Prebatina d’una falordia sin de fadas ni nanez, III Premio Literario Val d’Echo (1984), A lifara, I Premio Literario Bal de Xalón (1988), «Triptico de os tiempos de a postema», en Nuei de tiedas (1999), «Con as fuellas contatas como as balas», en Desde Aquí (1999), «Renaximiento», en Zaragoza, de la Z a la A (2003), «Os cuatre cantos de o cuculo», en La torre de papel (2003), «Cans e cochins», en Branquil d’a Cerdanya, (2007) y «M’estimarba más no fer-lo», en Capiscol (2008).

Se han traducido al castellano Tiempo de fabas, con el título de Malos Tiempos; Reloch de pocha, con el título de Reloj de bolsillo (Gara d’Edizions, col. Viceversa), al francés, con el título de Montre de poche (Gara France-Éditions de la ramonda) y al ruso, en 2008, como KAPMAHHbIE ЧACbI (Ed. ГAPAPOCCИЯ), donde va por la segunda edición, y ahora Joël Miró Lozano acaba de traducir al castellano Astí en do l’aire sofla ta sobater as fuellas de os árbols, también en la colección Viceversa de Gara d’Edizions, con el título de Allí donde el viento sopla para agitar las hojas de los árboles.

 

Allí donde el viento sopla...

Allí donde el viento sopla… es una novela coral cuyos personajes masculinos ―«los hombres‑árboles»― y femeninos ―«las mujeres‑arcilla»― viven felices en perfecta comunión con la naturaleza en el País de los Árboles, donde siempre es primavera.

El narrador principal, el Gran Árbol Padre, el Gran Árbol Tótem de los hombres árboles, observa las vidas de los miembros de esta tribu y nos las transmite con un lenguaje particular, que recuerda en ocasiones al tono épico de la poesía homérica por la manera de ligar los adjetivos a los sustantivos de forma inseparable: como en la Ilíada, por ejemplo, no se habla nunca de simples bueyes, sino siempre de «bueyes de tornátiles pies», por cuestiones de música y de métrica, pero también por razones obviamente expresivas, en esta obra de Chusé Inazio Nabarro tampoco suelen aparecer personajes u objetos sin sus atributos correspondientes: no son simples hombres‑árboles o mujeres‑arcilla, sino que son «hombres‑árboles de puntiagudas lanzas» o «mujeres‑arcilla de cuerpos lozanos». Incluso sus nombres son descriptivos, están llenos de significado y sugieren al lector civilizaciones lejanas en el tiempo o en el espacio: Abeja‑golosa, Olmo‑sabio, El‑que‑pinta‑en‑la‑corteza‑de‑las‑hayas, La‑que‑hace‑muescas‑en‑el‑barro…

«Desde aquel día ya no volvimos a ver a Junco‑que‑a‑la‑orilla‑del‑río‑se‑balancea, joven virgen de delgada figura.»

Tal vez el subdirector de La Voz de la Industria, don Basilio Moragas, de aspecto feroz y bigotes frondosos, personaje de El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, no hubiera publicado esta novela en su periódico, porque pensaba que «un uso liberal de adverbios y la adjetivación excesiva eran cosas de pervertidos y gentes con deficiencias vitamínicas». Aunque el lenguaje del Gran Árbol Padre nada tiene que ver con el registro periodístico, sino más bien con la expresividad de la prosa poética, que no solo afecta al magma léxico que desbordan sus páginas. También la sintaxis centrípeta, que coloca el verbo al final de la frase, evoca lenguas antiguas e incrementa el tono épico de la historia, que no está exenta de pinceladas de humor.

Esto en cuanto al lenguaje, porque el asunto también cumple con las reglas del subgénero épico: amor, aventuras, batallas contra la vecina tribu de los hombres‑estiércol y sus mujeres‑boñigas, leyendas puestas en boca de los propios personajes humanos, o de árboles o animales con quienes conviven en una armonía perfecta… hasta que el equilibrio se rompe cuando irrumpen en el bosque primigenio unos extraños animales metálicos de grandes pies negros y redondos que, dominados por una peligrosa tribu desconocida, comienzan a arrasarlo todo para construir el «recto camino de negro asfalto» que amenazaba con destruir «la recóndita ciudad de la selva primigenia».

♦♦♦

El hecho de que esta premiada novela se haya traducido precisamente ahora del aragonés al castellano responde, como toda traducción de una gran obra, a la necesidad de transmisión de cultura: si no se hubiera traducido muchos lectores jamás habrían tenido acceso a ella, porque el idioma aragonés, la fabla, es otra de esas lenguas minoritarias que quizá ya habría desaparecido si personas como Chusé Inazio Nabarro e instituciones como el Consello d’a Fabla Aragonesa que él preside no volcaran todos sus esfuerzos en mantenerla y dignificarla mediante la literatura.

à suivre.

 

 

 

 


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La fiebre editora de la RAE (y ASALE)

Hace poco me pasé por la librería Anónima de Huesca y me sorprendió descubrir en sus expositores una serie de nuevas publicaciones de la RAE (y ASALE) de las que no tenía noticia o, como decía un antiguo compañero de trabajo, no tenía «ni loción».

Se trata de ediciones nuevas de las últimas grandes obras editadas, a saber, la Gramática y la Ortografía, pero en formatos distintos: de lujo, básica, de bolsillo… Hay para todos los gustos.

Por qué precisamente ahora se produce esta avalancha de publicaciones y a qué fines responde es algo que merece una pequeña reflexión.

Teniendo en cuenta la atroz crisis por la que estamos atravesando en España en la actualidad no se entiende muy bien el fenómeno, ano ser que abramos nuestras mentes y demos con la palabra mágica: globalización.

Debemos pensar, como la RAE, que el mercado de habla hispana es inmenso y que no todos los países están sufriendo de la misma manera las consecuencias de este valle económico. Por ejemplo, solo en México existen cien millones de hispanohablantes, una golosina que hay que exprimir.

Lo que me parece un poco desproporcionado es el precio venal de salida al mercado (13 euros por la ortografía reducida), teniendo en cuenta que el organismo está subvencionado por el Estado y, concretamente esta edición, por una firma comercial —cuyo nombre no citaré—. Si de verdad el objetivo principal fuera divulgar conocimientos, el precio de venta del librito no debería sobrepasar los tres euros.

Pero manda el vil metal, como siempre.

A mí ya me parece bien que se note que hay movimiento, aunque debo reconocer que mi espíritu coleccionista se diluyó con las viejas cintas de vídeo y, dada mi actual situación laboral como freelance a temporadas, no puedo permitirme demasiados lujos bibliográficos.

Estoy haciendo sangre para el nuevo diccionario, cuya aparición está anunciada para el próximo año, que espero lo editen con un tamaño de letra lo suficientemente legible.

Gracias.

…à suivre.

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Las siglas. 3.ª parte: lectura y escritura

Abordo en este espacio que le concedo a mi otium litteratum la tercera entrada sobre las siglas, que se refiere a los problemas que nos presentan su lectura y su escritura.

Tanto la OLE2010[1] como la OOTEA[2] coinciden en las distintas posibilidades de lectura de las siglas, atendiendo a la naturaleza de los componentes que las forman y a la secuencia gráfica que resulta de ellos.

Básicamente podemos reducir estas posibilidades de lectura a tres: por deletreo, por silabeo o mediante una combinación de ambos procedimientos.

José Martínez de Sousa ya aborda el problema de su lectura cuando establece una clasificación entre siglas silábicas, cuando pueden leerse como una palabra normal, y consonánticas, aquellas cuya lectura solo sea posible mediante el deletreo, «aunque comprendan alguna vocal» (OOTEA, p. 211).

En el caso de las siglas leídas mediante el deletreo, la nueva Ortografía explica que cada uno de los componentes que la integran conserva su acento prosódico (c. V.3.3.2, p. 580): DNI [dé-éne-í][3]. A cada letra, en este caso, debe darse el nombre que le corresponde, sin tener en cuenta su valor fonológico. Si está compuesta solo por vocales es posible realizar dos lecturas: OEA [oéa], [ó-é-á]. En este caso, lógicamente, su lectura podrá variar dependiendo de las distintas áreas hispanohablantes: TV [té-bé], [té-úbe].

En un cuadro de información adicional nos informa la OLE2010 (p. 581) que si la sigla que se deletrea total o parcialmente es de uso generalizado, «a menudo se traslada a la escritura su pronunciación, dando lugar a una nueva palabra»: cederrón < CD-ROM. A las siglas que comienzan por s- seguida de consonante se le incorpora «normalmente» una e protética: SGAE [esgáe]. Para la lectura concreta del ejemplo PSOE [pe-sóe], las Academias consideran que se da un caso de combinación de deletreo y silabeo, en vez de considerar que, para poder silabear se le añade una e epentética, como opina Martínez de Sousa, quien también observa la posibilidad de que, en estos casos, simplemente no se pronuncie la inicial [sóe] (OOTEA, p. 216).

En cuanto a las siglas leídas por silabeo observa OOTEA que a veces «es preferible deletrearlas, con objeto de no confundir al oyente»: FITP [éfeítépé], no [fítp][4]. Como vimos en la entrada anterior, este tipo de siglas las Academias lo denominan acrónimos, que se leen como cualquier palabra (RAE [rráe], FIFA [fí.fa]), aunque sus componentes representen distinto valor fonológico en la expresión originaria: AFORE [afóre], por Administradora de Fondos para el Retiro: la R en esta sigla es vibrante simple y en la expresión compleja es múltiple. El acento prosódico suele recaer aquí en la penúltima sílaba, porque, para las Academias, «la mayoría de las palabras españolas acabadas en vocal son llanas», pero para Martínez de Sousa (OOTEA, p. 216), que también constata este hecho, la razón es, simplemente, que «ninguna sigla lleva tilde»; este además precisa que también son llanas si acaban en n, en m o en s, «salvo que a estas letras les preceda otra consonante: IFALS [ifáls]» (International Federation of Arts, Letters, and Sciences), aunque hay excepciones si terminan en -m, como INEM [iném]; y son agudas cuando acaban en consonante que no sea n o s, como IATUL [iatúl] (International Association of Scientific and Technological).

Si las siglas leídas por silabeo han sido incorporadas desde otra lengua, sigue diciendo OLE2010 en la página 581, puede también conservar su acento etimológico: láser. Este ejemplo ―un acrónimo para las Academias, admitido ya en el DRAE92[5]―, no se ajusta al concepto que de siglas tiene Martínez de Sousa, sino al de siglónimos. La distinta consideración que los acrónimos reciben en una y otra obra queda explicada en la anterior entrada sobre la definición de las siglas.

Las Academias también explican la prosodia para otros casos concretos: si en la formación de la sigla se incluyen cifras u otros signos (siglas alfanuméricas, para Sousa), suele deletrearse la parte alfabética y nombrarse la cifra o el signo (MP3 [éme-pé-trés], I+D [í-mas-dé][6]), que pueden ser «seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P, peer two (to) peer, ‘de igual a igual, entre iguales’ (OLE2010, p. 582).

La nueva Ortografía señala finalmente que puede desarrollarse en la lectura la expresión compleja de la que procede «(…) cuando la sigla no es muy conocida o su finalidad principal es ahorrar tiempo y espacio en la escritura»: RAE [rráe] o Real Academia Española. También, lógicamente, podremos realizar la lectura de todas las siglas desarrollando todo el sintagma al que hacen referencia sea cual fuere su composición, aunque esto no lo indique la OLE2010.

En cuanto a su escritura el parecer de las Academias ha cambiado respecto a lo que todavía recoge el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) en su versión digital s. v. ‘sigla’:

Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: memoria anual del c.s.i.c.

Ahora en el c. V.3.3.4, «Ortografía y otras normas de escritura» (OLE2010, p. 583) dice:

a) En la actualidad, las siglas se escriben sin puntos ni blancos de separación, incluso cuando se integran en textos escritos enteramente en mayúsculas: CALENDARIO FISCAL PARA EL PAGO DEL IRPF.

Las Academias hacen suya la consideración que bajo forma de crítica expone OOTEA en la página 212, que considera la norma expresada en el DPD como carente de uso y de sentido.

Hay coincidencia en ambas obras, OLE2010 y OOTEA, en cuanto a que las siglas no deben llevar nunca tilde pero encontramos una gran divergencia de pareceres en cuanto al tipo de letras que deben representarlas. OLE2010 sigue insistiendo en que deben escribirse siempre enteramente en mayúsculas «las siglas cuya representación gráfica impide su lectura secuencial» (siglas propias, en la denominación de Sousa). Insiste y abunda en ello en la página 510 cuando habla del uso de las mayúsculas y minúsculas para formar siglas, porque «su escritura característica enteramente en mayúsculas (…) permite distinguir con claridad las siglas del léxico común (…)». Aquí es consecuente con lo que se dice en el DPD, pero para Sousa, aunque no rechaza su escritura con mayúsculas, es mucho más conveniente escribir este tipo de siglas en versalitas porque «en una página donde aparezcan varias siglas, la presencia de tantas mayúsculas juntas desestabiliza la visión ponderada del resto de la página, en el que las mayúsculas son solo esporádicas normalmente» (OOTEA, p. 212).

Sobre las letras versalitas quiero hacer aquí un comentario que me parece importante. Mientras que el DRAE, en su versión electrónica, define a la versalita como «Mayúscula igual en tamaño a la minúscula de la misma clase» la nueva Ortografía (p. 447) considera a esta letra como «una variante tipográfica de carácter híbrido, caracterizada por presentar la misma forma que la mayúscula con una altura similar a la de la minúscula». Hasta ahí, bien, pero a renglón seguido añade:

A pesar de su apariencia, la versalita es una variante estilística de la letra minúscula por lo que, al utilizar la versalita, debe mantenerse la mayúscula inicial en aquellas palabras que la requieran (…) [subrayado mío].

Esto equivale a decir que la versalita, si no malentiendo, es una letra minúscula (¡?), lo que chocaría frontalmente tanto con la definición del DRAE como con la definición que ofrece la OOTEA[7], para la que las versalitas «siguen siendo mayúsculas, no se olvide(…)» (p. 212).

La lexicalización de los acrónimos —en el sentido académico del término— implica que se escriban como cualquier palabra normal: con inicial mayúscula y el resto en minúsculas, cuando son nombres propios (Unicef), o enteramente en minúsculas, cuando son nombres comunes (opa, tac). Los dígrafos que se integran en las siglas conservan la mayúscula únicamente en la primera grafía.

Al «Uso combinado de mayúsculas y minúsculas en siglas y acrónimos» le dedica la OLE2010 un punto aparte (c. IV, 4.3.1), donde observa que cada vez es más frecuente esta mezcla, pese a que «la norma tradicional prescribe su escritura enteramente en mayúsculas» (p. 511). Este tipo de formaciones híbridas son muy comunes, según Martínez de Sousa, en las siglas impropias y dice que «se debería elegir un criterio por parte de todos los periodistas, traductores y escritores, con objeto de introducir coherencia interna en el sistema de la escritura de la lengua» (OOTEA, p. 213). Tal vez esa función también debería haberla hecho suya la asociación de Academias, que se limita a decir más abajo que ese uso excepcional «resulta admisible».

Al respecto de la división al final de línea de las siglas propias también existe discrepancia entre la OLE2010 y la OOTEA. Las Academias insisten en que «sea cual sea su lectura, las siglas escritas enteramente en mayúscula nunca deben dividirse con guión final de línea». Esta afirmación sigue sin estar justificada. Sousa en cambio no «ve razón alguna para no poder dividir UNES- / CO, como, cuando se escribe con solo mayúsculas, se pueden dividir ACA- / DE- / MIA, CO- / MAN- / DO, etcétera» (OOTEA, p. 115).

à suivre.


[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] Si no se indica lo contrario, todos los ejemplos son de OLE2010, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ninguna otra marca ortotipográfica. No desarrollo aquí las siglas cuyo significado es sobradamente conocido.

[4] Esta sigla puede tener varios desarrollos, como Federazione Italiana Tradizioni Popolari, Firearms Instructor Training Program, Forward Into The Past, etcétera.

[5] RAE, Diccionario de la lengua española, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1992.

[6] Sic, sin tilde en ‘mas’, p. 581.

[7] La versalita «(…) es la letra versal pequeña, es decir, la que tiene forma de versal o mayúscula, pero que es más pequeña, en torno al 82 % del tamaño de esta (aproximadamente, el tamaño de la minúscula). (…) se trata de una letra que, pese a que su tamaño es inferior al de la correspondiente mayúscula (es decir, la mayúscula del mismo cuerpo), sus astas tienen las mismas dimensiones en anchura. Esta característica dota a la versalita de una rara hermosura» (OOTEA, p. 415).

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_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 1.ª parte: comedia

1.ª parte: comedia[1]

La aparición de la nueva Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010) ha supuesto para todos motivo de gran fruición. Por fin la obra ha abandonado la categoría de folleto (calificada de «escueto prontuario» por los propios académicos) para alcanzar la calidad de estudio científico, como explicó en la presentación del pasado día 17 de diciembre de 2010 su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, en la sede de la Real Academia Española ante los príncipes de España:

(…) una ortografía razonada, en la que se fijaran tanto los anclajes estructurales como la armadura teórica. Una ortografía que hiciera patentes y visibles las causas y las razones de cada decisión. Una ortografía congruente en sus normas y coherente en sus vínculos con la dimensión fónica y gramatical de la lengua. Una ortografía explícita y exhaustiva que no dejara ángulos muertos y espacios abiertos a la duda y a la incertidumbre. Una ortografía simple y clara en la exposición para llegar a la mayoría de los ciudadanos. Una ortografía que respondiera a los condicionantes metodológicos y científicos del principio empírico.

Tras once años de ansiosa (?) espera por parte de todos los profesionales del lenguaje ya la tenemos aquí. Los académicos aseguran que es una obra coherente, exhaustiva, simple, científica, clara, razonada y panhispánica: Ole [Ortografía de la lengua española].

A todos estos epítetos habría que añadirle otro: el de democrática. (Esto, permítaseme la digresión, me recuerda a los físicos, cuando votan en sus reuniones anuales qué teorías sobre la explicación del universo son las más creíbles.)

Es admirable la intención que han tenido las veintidós academias de la lengua española de unificar las normas ortográficas de más de 450 millones de hispanohablantes, un gran mercado para lanzar cualquier publicación. Universidades (sólo en España hay catalogadas en la Wikipedia setenta y siete: multiplíquese por las facultades de cada una), bibliotecas (unos cuantos miles), editoriales (en España más de tres mil), entidades e instituciones, fundaciones, empresas y particulares… en definitiva, si se vende como debería, un gran negocio. Para muestra, un botón (o dos): México compra desde hace veinte años un millón quinientos mil ejemplares de cada libro que publica la Academia Española o la unión de academias y la primera tirada para España ha sido de ochenta y cinco mil ejemplares.

Si tenemos en cuenta que la primera edición ha sido sufragada por gobiernos, instituciones, empresas y benefactores particulares, todo lo que quede será limpio. Aunque si no se hace con ánimo de lucro, como se asegura desde la Academia al justificar su «asequible» precio de unos 40 €, sino con espíritu divulgativo, ¿por qué no se ha publicado en Internet, en formato .pdf u otro cualquiera? Se ve que han aprendido de aenor y otras entidades similares, cuyas normas de obligado cumplimiento se deben conocer por los sectores afectos, aunque para ello haya que pasar previamente por caja.

Nunca va mal para ningún negocio una buena polémica para empezar, como ha sucedido con esta nueva Ortografía: ha habido incluso académicos, como Javier Marías o Arturo Pérez Reverte, que públicamente admiten que no piensan hacer caso de algunas de las recomendaciones aprobadas. A este respecto hay que decir que cada uno es muy dueño de escribir como le venga en gana, pero también lo es de leer o adquirir las obras que quiera y, en mi caso, si tuviera que intervenir como corrector de alguno de sus textos, no me quedaría más remedio que marcar las incorrecciones que detectara, a no ser que previamente estos u otros escritores me indicasen claramente dónde no debería intervenirse; quien paga manda.

Algunos opinan, como es el caso de José Martínez de Sousa, que no debería de editarse un libro con las reglas ortográficas, sino, más bien, ir publicándolas conforme surjan las necesidades puntuales de aclarar aspectos ortográficos, según evolucione la lengua escrita, a la manera de lo que se hace con algunas leyes, que cambian su articulado a base de decretos y modificaciones puntuales y, de tanto en tanto, se publica un texto refundido.

La nueva Ortografía de la lengua española no se ha presentado como un texto refundido, sino como una obra cumbre de referencia, que deberemos analizar con metódica cautela, pero como el espacio de un blog es necesariamente reducido habrá que ir poco a poco. Algunos aspectos ya han sido destripados incluso antes de que apareciera en el mercado, pero aquí empezaremos por algo breve en una próxima entrega, la primera parte del Auto: las abreviaturas.

à suivre.


[1] «comedia. 2. f. Obra dramática de cualquier género.», es decir, la puesta en escena.

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