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Las siglas. 1.ª parte: definición

Abordo en esta prometida entrada el complejo tema de las siglas y el tratamiento que les da la nueva Ortografía de la lengua española.

Y digo complejo por la extraordinaria proliferación que en la actualidad tiene este recurso gráfico y léxico en el mundo de la comunicación escrita y por la diversidad de los métodos que para su formación están registrados, lo cual dificulta todavía más cualquier intento de definición estricta y, por ende, su clasificación.

Al objeto de que la entrada no resulte excesivamente larga para el amable lector que pudiera acercarse a leerla, analizo el tema por partes, definición, formación y lectura y escritura. En esta primera hablamos de las cuestiones relativas a la definición de las siglas.

Para conocer su significado, en primer lugar nos acercamos al Diccionario de la Real Academia Española, en su versión electrónica (DRAE-e)[1], donde bajo la voz sigla, en artículo no sometido a revisión, constatamos tres acepciones:

1. Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja;
2. Cada una de las letras que la componen;
3. Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura.

La nueva Ortografía (OLE2010)[2] recoge en su definición los dos primeros significados, pero obvia el tercero, y concreta que «el término sigla se emplea hoy casi exclusivamente con el primer sentido indicado» (p. 577).

J. Martínez de Sousa en su obra Ortografía y ortotipografía del español actual (OOTEA), entiende igualmente por sigla tanto a la formación léxica formada por «la yuxtaposición de iniciales de un enunciado o sintagma», como a cada una de estas iniciales (p. 206). Aquí elude, suponemos que conscientemente, el sustantivo letras [iniciales], pues, como veremos más adelante, dentro de las clases de siglas, explica que también pueden generarse por la «combinación de letras y números, cualquiera que sea la sucesión» (p. 211) (los subrayados son míos).

En la página 207 y siguientes de OOTEA se abordan los problemas que surgen con las tres acepciones de la entrada del DRAE, para concluir que la acepción que más se ajusta al concepto actual de sigla es la primera, «ya que, de hecho, las siglas no son más que conjuntos de abreviaciones de voces, ya sean estas aisladas o formando sintagma» (p. 208). El segundo ejemplo que da la Academia para ilustrar esta primera acepción, ovni, que también recoge ahora la OLE2010, junto con ONU [con mayúsculas] y sida (p. 579), dice Martínez de Sousa que «parece un desacierto», porque aunque se formó inicialmente como una sigla, bajo su actual forma es un nombre común. A este tipo de vocablos, entre los que también se recogen nombres propios como Unicef (citado en OLE2010, p. 579), los denomina Sousa siglónimos, a los que estudia en punto aparte junto con los alfónimos[3] (c. 5.9.1 y 5.9.2, respectivamente, p. 218 y s.), conceptos estos que no conocen las Academias, ni siquiera en el DRAE-e.

La segunda acepción no ofrece diferencias de análisis, aunque sí la tercera, que, para Sousa «probablemente contribuye más a crear confusión que a resolver ninguno de los problemas que la palabra sigla arrastra» (p. 208). OOTEA recoge las observaciones de otros autores como Rosell[4], quien advirtió que la acepción incluiría los signos taquigráficos, o Seco[5], quien insiste en la necesidad de «distinguir con claridad siglas de abreviaturas [porque] las abreviaturas se traducen a palabras, mientras que las siglas se leen como palabras».

Tal vez los problemas que plantea la tercera acepción del DRAE-e sean la causa de que esta se obvie en la nueva Ortografía, aunque quizá pudiera pensarse que las Academias no contemplen dentro de las competencias del estudio ortográfico el análisis de este tipo de signos.

La OLE2010 estudia bajo el mismo punto las siglas y los acrónimos, a los que considera un tipo particular de siglas (c V.3.3, pp. 577 a 585), mientras que en OOTEA se estudian por separado y pormenorizadamente: las siglas en el c. 5.8 (pp. 206 a 218) y a los acrónimos y a los cruces los estudia en puntos aparte (c. 5.10.1 y 5.10.2 respectivamente; p. 219 y ss.) por considerarlos como un procedimiento abreviativo especial por contracción. En el cuadro 5.1 de la página 188, «Clasificación de las abreviaciones», observamos que para Sousa es el procedimiento abreviativo, por siglación o por contracción, lo que separa los caminos de siglas y acrónimos.

Vemos aquí importantes diferencias de conceptos que merece la pena observar, pues, aunque, evidentemente, ambas obras coinciden en la etimología del término acrónimo (del gr. ákros, ‘extremo’, y ‑ónimo u -ónoma, nombre), para la OLE2010 el término acrónimo es tanto una voz creada «por la fusión de segmentos de varias palabras», definido así en el cuadro de información adicional de la página 565 —y ofrece como ejemplos cantautor, publirreportaje, etcétera—, como las voces explicadas arriba (ONU, ovni o sida). Para Martínez de Sousa solo merecen la consideración de acrónimos «todas las formaciones procedentes de la suma de partes de las palabras que constituyen un término complejo, sea o no sintagma (nunca, naturalmente, si esa formación la constituyen solo iniciales, pues a eso ya se le llama sigla en español).», aunque, en su afán —muy de agradecer por mi parte— de ser lo más minucioso y explícito posible, dentro de esta definición general de los acrónimos, diferencia el cruce (generalmente formado por la unión de una apócope con una aféresis) del acrónimo propiamente dicho: apócope + apócope, apócope + aféresis, aféresis + apócope, aféresis + aféresis o apócope + síncopa, y cita ejemplos de todos los casos (OOTEA , pp. 222 y 223).

à suivre.


[1] Las limitaciones gráficas de este blog me obligan a usar mayúsculas en lugar de versalitas, que sería tipográficamente más adecuado.

[2] Al objeto de unificar las siglas bibliográficas con las más usuales, cambio las denominaciones usadas en anteriores entradas OLE10, por OLE2010, para referirme a la nueva Ortografía, y OOEA por OOTEA para referirme a la obra de José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] «[Los alfónimos son] voces formadas mediante la yuxtaposición de los nombres de las letras iniciales de una denominación [como] abecé, abecedario, dedeté, tebeo,…

[4] ROSELL, A[venir].: Escritura de formas siglares, Montevideo: Imp. Letras, 1967[: 25]. Esta y la siguiente referencia bibliográfica están recogidas en OOTEA.

[5] SECO, Manuel: «El léxico de hoy», en Comunicación y lenguaje, Madrid: Karpós, 1977, 183-201.

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_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 3.ª parte: loa

3.ª parte: loa

Una amable lectora de mi anterior entrada, a quien a partir de ahora consideraré mi amiga, si le parece bien, me informó de una cuestión que debería corregir, por incorrecta, y alguna otra que tal vez debería matizar, por eso antes de iniciar esta «Loa» de la nueva Ortografía deseo realizar una rectificación y algunas matizaciones de la entrada del 10 de enero de 2011.

El siguiente párrafo es incorrecto:

(Nada dice la OLE10 ni de la aféresis, en palabras como ‘bus’, ‘chelo’ o ‘fax’; ni de la composición, en palabras como ‘autocine’ o ‘taquimeca’; ni de los compuestos sincopados, en palabras como ‘cantautor’, como procedimientos abreviativos, que sí explica Sousa en OOEA, págs. 186 y 187.)

porque la OLE10 sí que habla de este tipo de abreviaciones en la página 565 dentro del cuadro de «Información adicional», e incluso ofrece algún ejemplo citado, como ‘cantautor’. Para las Academias tienen la consideración de acrónimos, y explica que «Estas voces son el resultado de un proceso de creación léxica por composición, de ahí que reciban también el nombre de compuestos acronímicos.» Luego explica la diferencia que existe entre los acrónimos procedentes de siglas, de origen puramente gráfico, y los acrónimos creados por la fusión de los segmentos de varias palabras, que «no se tratan en esta obra», por ser considerados estos como creaciones léxicas en su origen.

En el mismo cuadro, más abajo, también se refiere la los acortamientos [abreviamientos en OOEA, pág. 200], a los que considera no reducciones gráficas, sino léxicas, que, dice, son «voces creadas por reducción del cuerpo fónico de una palabra o expresión al eliminar un segmento final [síncopa, en terminología de Sousa] o, más raramente, inicial [aféresis, ídem].

Cabe subrayar, sin embargo, que estas aclaraciones que incluye la Ortografía dentro de los apartes de «Información adicional», como explica en la página XLIV de la «Información preliminar, «No es información imprescindible, pero sí útil y complementaria a la del texto base.» (¡?, la cursiva es mía).

Así pues, ruego disculpas.

También debo matizar la afirmación que hago más abajo sobre la ambigüedad de la definición del «espacio fino» que, para la OLE10 es, simplemente, un espacio menor que el ordinario. Esta definición no es ambigua, aunque sí imprecisa, si la comparamos con la definición que Sousa ofrece el OOEA la página 407:

Los espacios eran piezas tipográficas que tenían valores distintos. La unidad de espaciado es el cuadratín o línea, que es un blanco que tiene de lado tantos puntos como puntos tenga el cuerpo con que se compone un texto. En un cuadratín entran cuatro espacios medianos, tres espacios gruesos, dos medias líneas o medios cuadratines y tantos espacios finos, de punto o de pelo como puntos tenga el cuerpo de composición.

(En la obra de Sousa también se definen los términos punto y cuerpo de composición.)

Tampoco en OOEA se especifica que el espacio deba ser fino, sino algo menor del normal para la separación de las letras que componen abreviaturas complejas, cuya medida, es de suponer, la determinará cada editorial, si lo estima oportuno, en función del cuerpo de los tipos usados, la medida de la línea, etc.

También debo aclarar que no realicé la comparativa de un modo exhaustivo, ni punto por punto, puesto que algunas cuestiones, intencionalmente, no se analizaron, como, por ejemplo, en la letra c) del apartado 3.2.5.3 del Capítulo V, «Otras cuestiones», la OLE10 dice que «Las abreviaturas nunca deben dividirse con guion de final de línea: *ad-/món.», (pág. 577). Esta cuestión la trata Sousa en las páginas 195-196 de la OOEA de la siguiente manera:

3. Aunque, como regla general, una abreviatura no debería dividirse a final de línea (..) en algunas ocasiones esta necesidad se presenta y en tal caso debe aceptarse; por ejemplo, puede dividirse au / tom., pero no impr., ya que en este caso la partición im / pr. no es aceptable al no formar dos sílabas. Tanto la OLE99 (5.11.2b7.o) [y ahora insiste la OLE10] como el DPD05 (p. 326) dicen que las siglas y abreviaturas no pueden dividirse a final de línea. Tal norma no está justificada. En efecto, ¿qué se opone a que se divida UNESCO en la forma UNES- / CO? ¿Acaso no se pueden dividir las palabras ordinarias escritas en su totalidad con letras mayúsculas? Y en cuanto a las abreviaturas, ¿por qué no se puede dividir admón. en la forma ad- / món.? (…).

Esta cuestión la había marcado para tratar en una prometida próxima entrada sobre las siglas.

En el momento de redactar estas líneas recibo la contestación del Departamento de «Español al día» de la RAE sobre la consulta que realicé el pasado día 6 de enero a través del formulario de consultas, disponible en la sección de «Consultas lingüísticas» de su página electrónica http://www.rae.es/rae.html, sobre la atildación en los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo.

Mi pregunta fue la misma que se planteaba Sousa en OOEA (pág. 193), esta:

¿Cómo se deben tildar los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo en casos tales como ‘RR. ÓO.’ (= Reales órdenes)? ¿debe ponerse la tilde en las dos oes?, ¿sólo en la primera, como aquí?, ¿sólo en la segunda, o en ninguna, por tratarse de un caso especial?

Y aquí la respuesta de la Academia:

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información: / El plural por duplicación de una abreviatura por truncamiento extremo se realiza sobre la letra que corresponde a la abreviatura singular. Así, dado que la abreviatura de real orden es R. O. —el singular orden se escribe sin tilde—, el plural de esta abreviatura sería RR. OO., por más que la palabra órdenes se escriba con ella. Tenga en cuenta que la duplicación es un procedimiento de pluralización de la forma de las abreviaturas. / Reciba un cordial saludo. / Departamento de «Español al día» / Real Academia Española

Aclarado queda.

Por último, quisiera agradecer a todas aquellas personas que han tenido la curiosidad de leer el post su amabilidad por las muestras de agradecimiento que me han manifestado.

Y ahora sí, pasemos a la loa.

Declaración de intenciones

Cuando alguien emprende algún trabajo, sea el que fuere, merece siempre todos mis respetos, sobre todo cuando dicho trabajo se realiza con honradez y dedicación. Por ello, vayan por delante mis respetos para esta obra, en cuya realización el coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, y su equipo han invertido ocho años, y las veintidós Academias han realizado un gran esfuerzo de consenso, con clara voluntad unificadora de los criterios a seguir.

Si echamos cuentas, esta Ortografía de la lengua española comenzó a fraguarse tan solo tres años después de la aparición de la de 1999, concretamente en el congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española de San Juan de Puerto Rico (2002). Las razones que llevaron a las Academias a tomar la decisión de abordar la redacción de una obra más profunda transcurrido tan poco tiempo, tal vez pudieran achacarse al aluvión de críticas que sobre aquella publicación llovía desde todos los lados: se la tachó en no pocas ocasiones de incompleta, contradictoria y de un montón de calificativos más, poco clementes y hasta alguno ineducado.

Esto no deja de ser una suposición, aunque para mí resultaba evidente que una obra de referencia como la que ahora, por fin, tenemos en nuestras manos era absolutamente necesaria. (Hay quien piensa que no, que, como en otras lenguas, tales como el francés o el inglés, los diccionarios son herramientas suficientes para solucionar los problemas ortográficos.)

Lo cierto es que para la lengua española una buena ortografía era muy demandada, no ya por el pueblo llano, quien, por muchas ortografías que se publiquen seguirá escribiendo como mejor sepa o pueda, sino por la gente de un nivel de cultura medio o alto y, sobre todo, por los profesionales del mundo de las letras, como profesores, periodistas, escritores, editores, correctores, etc.

Así pues, bienvenida sea la nueva Ortografía, que ya en la «Presentación» (pág. XXXVII y sigs.), y a manera de una declaración de intenciones, va desgranado todas las líneas directrices que han generado la obra:

—  Intención de construir una nueva Ortografía más amplia, detallada y minuciosa.

—  Necesidad de revisión, aunque descartando la idea de una reforma exhaustiva.

—  Conveniencia de eliminar, dentro de lo razonable, la opcionalidad abierta por las llamadas normas potestativas.

—  Vigilancia de su coherencia con otras obras académicas y consigo misma.

—  Redacción teórica y aplicada.

—  Vocación unificadora y de contención frente a una evolución descontrolada del idioma.

—  Solidez, exhaustividad, razonamiento y modernidad.

—  Simplicidad.

—  Intención didáctica.

—  Panhispánica, concebida desde la unidad y para la unidad.

Todos estos presupuestos son muy encomiables (aunque echo de menos el calificativo de democrática, que tal vez podamos inducir del último calificativo, panhispánica), y persiguen un único objetivo:

(…) describir el sistema ortográfico de la lengua española y realizar una exposición pormenorizada de las normas que rigen su correcta escritura en la actualidad (pág. XLIV).

Forma y fondo

Aquí hay que levantar una lanza particular en pro de la Real Academia Española (RAE) por otorgar al resto de las Academias el protagonismo que merecen, como ya venía haciendo en estos últimos años, y otra general para todas ellas al haber conseguido realizar una obra consensuada.

El propio rey don Juan Carlos elogió «la gigantesca labor» que en los últimos doce años ha realizado la RAE con las demás academias de la Lengua Española. También su hijo, el príncipe Felipe calificó de «soberbia edición» la OLE10 en el acto de su presentación, el pasado 17 de diciembre de 2010.

Mario Vargas Llosa, igualmente elogió la nueva Ortografía a través de un breve vídeo en el que el reciente premio Nobel (y académico de la RAE) ponderó las virtudes de la obra. (Deseo aprovechar la ocasión para expresarle mi enhorabuena por el honor tan bien merecidamente conseguido.)

El director de la Academia Mexicana, José G. Moreno de Alba, por su parte, subrayó el enorme avance que la presente edición supone respecto a la anterior, de 1999, sobre todo, la amplitud de la información sobre los aspectos que más vacilaciones producen entre los hablantes.

El coordinador de la obra, Salvador Gutiérrez Ordóñez, por su parte, habló de «fiesta de la ortografía»: los ocho años de trabajo que él y su equipo han invertido han producido un texto riguroso, razonado, normativo —pero flexible— y ameno.

Además de todo lo que se pudiera esperar de la obra, también es un compendio de historia de la escritura, del alfabeto y de la evolución de la disciplina ortográfica, donde se regulan algunos asuntos que habían sido poco desarrollados o que ni siquiera se habían contemplado en anteriores ediciones, como la importancia y el desarrollo que se le da al tema del uso de las mayúsculas y minúsculas, al que se le dedica el Capítulo IV (págs. 441 a 517); a las expresiones procedentes de otras lenguas (Capítulo VI, págs. 595 a 622); a la ortografía de los nombres propios (Capítulo VII, págs. 623 a 649); a las expresiones numéricas (Capítulo VIII, págs. 651 a 698); o a cuestiones de ortotipografía que van apareciendo a lo largo de toda la obra.

El objeto libro

Las 745 páginas  de que consta este volumen están pulcramente publicadas en una excelente edición, con una presentación en caja; encuadernación cosida (¿y pegada?); con tapa dura; tres hojas de guarda de mayor gramaje y una cuarta del mismo gramaje que las páginas que forman el cuerpo del libro, al principio, y una de más y otra de menos gramaje al final; y un papel de primera calidad que, aunque transparenta ligeramente, no incomoda prácticamente nada su lectura, que se ve, además, favorecida por el tipo de letra escogido (Times New Roman, o similar), de un tamaño suficiente como para no forzar la vista, cosa esta muy de agradecer por los que, quienes como yo, sufrimos algunos tipos de limitaciones visuales (recuerdo los esfuerzos que debo realizar al consultar la edición de 1992 del Diccionario de la RAE, pese a mis bien graduadas gafas). Sus dimensiones aproximadas son de 15 x 23,5 x 3,5 centímetros, lo que también contribuye a su buena manejabilidad. El diseño de tapa, lomo y contratapa me parece elegante y muy agradable al tacto.

Esta importantísima obra no merecía menos.

Conclusiones

En esta primera aproximación a la nueva Ortografía constatamos los objetivos que se plantearon las Academias cuando decidieron afrontar la ardua tarea de su elaboración y salta a la vista que han realizado un formidable esfuerzo muy digno de encomio, aunque el grado de cumplimiento de esos objetivos autoimpuestos habrá que ir constatándolo mediante análisis más pormenorizados de cada una de las cuestiones que trata la obra, como el que yo mismo intenté hacer, con mayor o menor acierto, en la anterior entrada de este mismo sitio sobre las abreviaturas.

También resulta apreciable (y hasta cierto punto sorprende gratamente) el intento de aproximación a aspectos ortotipográficos, universo este que la RAE (no sé si también las demás academias) apenas había dado muestras de conocer.

Hasta la fecha los tres pilares básicos que enmarcaban el área de sus competencias se ceñían, si no me equivoco, a temas ortográficos, gramaticales, y léxicos, y aunque desconozco si dentro de las funciones de las Academias se abre con esta obra la posibilidad del estudio y descripción de cuestiones tipográficas, por mi parte sería muy bienvenida la decisión de que asumieran la tarea y se rodearan de extraordinarios especialistas que existen en ese campo, como el mismo José Martínez de Sousa, para mí —y para muchas otras personas— la máxima autoridad en tipografía de la lengua española que existe.

Ruegos y preguntas

El sistema de remisiones de la obra no hace referencia a las páginas concretas, sino a los capítulos y a sus apartados, pero en los encabezados de las páginas no se expresa el capítulo donde el lector se encuentra, sino sólo el apartado numérico y el título de éste. Esto obliga al lector a acudir constantemente al «Índice de contenidos» del principio para saber exactamente la página en la que se encuentra la información que busca. Ejemplo (pág. 276):

«Para la acentuación gráfica de extranjerismos y latinismos, véase el capítulo VI, § 2.1.3 y 2.2.2.»

Esto me obliga a ir al índice, donde los puntos del capítulo citado me remiten a las páginas 602 y 607, respectivamente.

Rogaría que en futuras ediciones se indicara en el encabezado de las páginas el capítulo en el que se halla el lector, ya que se ha optado por este sistema de remisiones.

También echo de menos dos secciones que, bajo mi punto de vista, deberían aparecer en cualquier publicación a la que se le pretenda otorgar el carácter de científica y que, generalmente, se colocan al final de la obra: un índice alfabético y una lista de bibliografía consultada, herramientas que son de gran utilidad para el lector que desee consultar un tema concreto o para aquel que desee ampliar conocimientos sobre cualquier asunto.

La ausencia del índice alfabético obliga a repasar el índice temático para decidir qué capítulo o capítulos pueden serle útiles para la consulta particular.

En la página XLV de la «Información preliminar», punto 6, se indica que la fuente esencial para los trabajos de la ortografía han sido los bancos de datos de la Real Academia Española, haciendo referencia más abajo al Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y al Corpus Diacrónico del Español (CORDE). No se hace referencia a ninguna otra fuente.

Rogaría que en futuras ediciones, aún a costa de encarecerlas, se incluyera un índice alfabético al final y una bibliografía consultada, si es que se ha consultado alguna fuente secundaria (no esencial).

Mi último ruego a las veintidós Academias, y a los posibles lectores de esta triple entrada, es que me perdonen los posibles errores u omisiones que pudiera haber cometido y si alguien discrepa de mi análisis, en lo que sea, quedaría muy reconocido a quien me lo hiciera saber a través de los comentarios de esta bitácora (blog) o mediante mi dirección de correo-e, pacoaljama@gmail.com. Mi único deseo es aprender.

à suivre.

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_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 2.ª parte: auto

2.ª parte: auto[1]

Como indiqué en la primera parte de esta triple entrada, «comedia», desearía comentar aquí algún aspecto de la nueva Ortografía de la lengua española, (Espasa Libros, S. L. U., Madrid, 2010, en adelante OLE10), obviando las cuestiones que ya se han tratado en numerosos foros, algunas de las cuales han sido criticadas, bajo mi punto de vista imprudentemente, incluso antes de la publicación de la obra.

Dichas críticas han girado en torno a temas diversos, como la nueva conformación de nuestro alfabeto, que ahora consta solo de 27 letras, al considerarse la ch y la ll, por fin, como dígrafos (págs. 63 y 64); la denominación de cada una de ellas (pág. 69 y sigs.); la no acentuación de los demostrativos ni del adverbio solo, excepto en casos de clara ambigüedad (pág. 269 y sigs.); o el sistema de acentuación de diptongos, hiatos y triptongos (pág. 236 y sigs.), cuestión esta que, aunque a algunos les venga de nuevo, ya se había estipulado en la Ortografía de la lengua española de 1999 (Espasa Calpe, Madrid, en adelante OLE99), y que puede resumirse en este simple cuadro explicativo:

Las características propias de los blogs, (o bitácoras, como prefiere denominarlas el Diccionario panhispánico de dudas, en su versión digital) obligan a la concisión; es por esto de todo punto impensable que se pudiera exponer aquí ningún estudio intensivo ni extensivo sobre cualquier tema. Sin embargo sí deseamos analizar algún aspecto parcial de la nueva Ortografía que, aunque sea breve, haga posible acercarnos al espíritu de la obra.

Y pensando en algo breve, no se me ocurrió nada mejor, a priori, que las abreviaturas.

La intención de esta entrada no es otra que comparar el tratamiento que se les da ahora en OLE10 con el que se les dio en OLE99 y, por contar con otro punto de vista diferente de la Academia, o mejor, de las Academias, contrastar también las consideraciones al respecto con las recogidas en el libro de referencia de José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, Gijón, 2008, 2.ª edición, en adelante OOEA).

Parece esta una cuestión secundaria, en cuya explicación la OLE99 ocupaba exactamente tres páginas y media (Capítulo VI, págs. 93, 94, 95 y media página 96) y, a continuación, en el Anexo I, desplegaba la «Lista de abreviaturas, siglas y símbolos» (págs. 97 a 117). Salta a la vista pues que poco se puede comparar el asunto de una y otra ortografías académicas, por lo que tal comparación se reduce a las obras OLE10 y OOEA.

En la OLE10 el tema de las abreviaturas se desarrolla en el apartado 3. del Capítulo V, bajo el subtítulo de «Las abreviaciones gráficas» (págs. 564 a 585) y dedica al estudio de los símbolos el apartado 4 del mismo capítulo (págs. 586 a 589).

Centrémonos solo en las abreviaciones gráficas, que las veintidós Academias explican así:

Se consideran abreviaciones gráficas aquellas formas de representación concisa de las unidades léxicas cuya motivación es, en principio, puramente gráfica, esto es, que responden a la intención de representar abreviadamente en la escritura palabras o expresiones complejas.

Y luego engloba dentro de este concepto las abreviaturas y las siglas. No considera abreviaciones gráficas, sino léxicas a los acortamientos (o abreviamientos en OOEA) y separa a los acrónimos como una clase especial de siglas (siglónimos en OOEA).

Surgen las primeras cuestiones:

¿No es toda abreviación léxica también una abreviación gráfica? Los símbolos tampoco son considerados propiamente como abreviaciones; los explica, en su apartado correspondiente (pág. 586), como «una suerte de ideogramas».

Veamos cómo enfoca el tema Sousa.

Dentro de la tercera parte de OOEA, «Ortografía de la palabra», dedica 36 páginas a las abreviaciones, que define así:

(…) la abreviación es la reducción de la extensión de una palabra o sintagma mediante la supresión de letras o sílabas. (Pág. 184.)

A partir de esta parca, aunque clara, definición establece en la página 186 las siguientes clases:

Si la reducción afecta a palabras resultan las abreviaturas, los criptónimos, las cifras o monogramas y los abreviamientos, cuando la abreviación se realiza por supresión de letras o sílabas; y los símbolos y los signos, cuando la abreviatura se realiza por simbolización. Si la reducción afecta a sintagmas, resultan las siglas y los siglónimos, cuando se hace por siglación; y el cruce y el acrónimo, cuando la supresión de letras o sílabas se hace por contracción.

Tras un poco de historia de las abreviaciones, la OLE10 nos ilustra sobre su formación (Capítulo V, 3.2.2), y dice que pueden acuñarse mediante truncamiento (apócope, en OOEA) o por contracción (síncopa, en OOEA), y en un cuadro de advertencia (pág. 571) se menciona como caso de «truncamiento extremo» las iniciales de los antropónimos (criptónimos, en OOEA). A continuación incluye dentro de las abreviaturas por contracción «las que presentan la letra o letras finales voladas» y dentro de estas, como grupo especial, conocen los números ordinales. (Nada dice la OLE10 ni de la aféresis, en palabras como ‘bus’, ‘chelo’ o ‘fax’; ni de la composición, en palabras como ‘autocine’ o ‘taquimeca’; ni de los compuestos sincopados, en palabras como ‘cantautor’, como procedimientos abreviativos, que sí explica Sousa en OOEA, págs. 186 y 187.)

Al leer el apartado de las abreviaturas por contracción surgen nuevas preguntas:

¿Es otra posibilidad de abreviación gráfica la utilización de los números, no mencionada anteriormente? Si esto es así, cosa que parece, ¿no se consideran también abreviaciones los números cardinales? Y, de no serlo, ¿cómo habrían de considerarse estos?, ¿como otra «suerte de ideogramas»? Al tema de «La ortografía de las expresiones numéricas» le dedica la OLE10 el Capítulo VIII, donde a los números se los considera «entidades abstractas que expresan cantidad», a diferencia de las cifras, que «son los símbolos [cursiva mía] que se utilizan para representar gráficamente los números» (pág. 653, en el aparte de «Información adicional»).

Ya tenemos las respuestas.

Martínez de Sousa igualmente considera a los ordinales abreviaturas por contracción (OOEA, pág. 189), mientras que las cifras de las numeraciones, tanto arábiga como romana, los operadores matemáticos y algunos otros signos los define como signos abreviativos (OOEA, pág. 204). Para la OOEA la consideración de los cardinales coincide con la de la OLE10, es decir, «Son los números enteros mencionados en abstracto», y las cifras sirven para representarlos (OOEA pág. 266)[2].

La OLE10 sigue con la formación de los femeninos de las abreviaturas (Capítulo V, 3.2.3) y en la pág. 573 recomienda el uso de la letra a, volada (a) antes que la no volada (-a), en las abreviaturas por truncamiento: Prefiere Prof.ª a Profa. En las obtenidas por contracción, aunque recomiende escribir la letra a a su altura normal, como en Sra. dice que también «puede escribirse volada». Esto, para Sousa, es incorrecto, «puesto que constituye una irregularidad injustificable descomponer una sílaba en letras que ocupan posiciones distintas en la línea.» (OOEA, pág. 195).

Continúa con la formación de los plurales (Capítulo V, 3.2.4, págs. 573 y 574). En la OLE10 se contemplan las siguientes posibilidades:

1.ª Invariabilidad de las abreviaturas correspondientes a las formas verbales u expresiones oracionales (v.= ‘véase’ o ‘véanse’; D.E.P.= Descanse en paz o Descansen en paz) y en las «abreviaturas que llevan una barra (ole10, pág. 575), en lugar de un punto, como signo abreviativo» (d/f= días fecha, b/n= blanco y negro[3]).

La OOEA de Sousa analiza los problemas que pueden surgir en caso de aplicar esta primera regla en todos los casos, porque, por ejemplo, tampoco existen formas de plural para algunos sustantivos (t.= tomo o tomos; l.= libro o libros) ni, por supuesto, para los símbolos (m= metro o metros), aunque las Academias no consideran estos como abreviaturas. En cuanto a las abreviaturas formadas con el signo abreviativo de la barra, para Sousa la fórmula correcta debería ser d/f., con punto tras el último elemento, puesto que este es en sí la abreviatura de una palabra y, por lo tanto, se ve razonable la necesidad de ese punto (OOEA pág. 192).

2.ª Adición de -s en las abreviaturas por truncamiento (pág., página; págs., páginas); o de -s o ‑es en aquellas formadas por contracción (sdades.= sociedades).

También plantea aquí Sousa problemas que pueden presentarse si encontramos expresiones del tipo «p. 123 y 128», o «223 p.», donde la abreviatura p. puede equivaler aquí al plural páginas. En cuanto a la adición de la -s en las abreviaturas con letras voladitas hay coincidencia de criterios al afirmarse en ambos textos que dicha adición es pertinente y obligada con el mismo tipo de letra (OLE10, pág. 574; OOEA, pág. 194).

3.ª Duplicación de la letra conservada en las abreviaturas por truncamiento extremo (ff.= folios, FF. AA.= Fuerzas Armadas[4]) y advierte que no es correcto prescindir ni de los puntos abreviativos ni de los espacios. Luego explica los casos especiales de las expresiones complejas (EE. SS.= estaciones de servicio; A. V.= asociación de vecinos).

La OOEA coincide en todo con la OLE10, o debería decirse al revés, por cuanto aquella publicación es anterior. Sin embargo nada dicen las Academias del problema planteado por las tildes en estos casos, que Sousa expone en su obra (pág. 193) con este ejemplo: «de R. O., RR.ÓO.= ‘reales órdenes’ (…): ¿debe ponerse la tilde en las dos oes?; ¿solo en la primera, como aquí se ha hecho?; ¿solo en la segunda?; ¿en ninguna, por tratarse de un caso especial?(…)».

Como nadie nos resuelve esta duda, decido realizar una consuta directa a la rae que me devuelve el mensaje de «cerrado por festivo». Mientras espero, decido aplicar la lógica para este caso:

a) Las mayúsculas deben llevar tilde cuando le corresponda.

b) Las abreviaturas por truncamiento extremo deben duplicar la letra conservada.

luego:

c) Si la mayúscula conservada lleva tilde su duplicación debería llevarla también.

4.ª Casos especiales y excepciones. La OLE10 recoge como excepción el caso de la abreviatura de usted, Ud., y su plural, que se forma añadiendo una -s, Uds., (pág. 574). Como una información adicional recoge la abreviatura (a), alias, entre paréntesis (pág. 575). Asimismo considera grupo aparte las abreviaturas de «las fórmulas de tratamiento, que se escriben siempre con inicial mayúscula, pese a que las palabras a las que corresponden se escriben con minúscula, al tratarse de nombres comunes» (pág. 576). También, en el apartado 3.2.5.3.a, «Otras cuestiones», indican las Academias que «cuando la abreviatura es compleja, se separan mediante un espacio fino (menor que un espacio ordinario) las letras que corresponden a cada uno de los elementos que la integran: e. p. m. [con espacios finos] por en propia mano».

En OOEA (pág. 197) Sousa tacha de incorrecta la forma del plural Uds. e indica como la correcta Udes. En la «Lista de abreviaturas» de la nueva Ortografía se recogen además las formas U., V. (aunque no sus plurales, que deberían ser UU. y VV.), Vd. y su plural irregular Vds., que para Sousa, aunque algunos autores acepten estas últimas como correctas, deben rechazarse por arcaizantes. Bajo mi punto de vista, pese a que evidentemente son formas arcaizantes y actualmente no deberían usarse, el listado de la nueva Ortografía debe seguir recogiendo, e indicar que es poco usada, tal y como lo hace (OLE10, pág. 710), porque hay publicados innumerables libros que las usan y los lectores deben contar con algún recurso que les facilite la lectura de todos los textos. (También en el Diccionario de la RAE se recogen muchísimos vocablos en desuso que deben permanecer registrados si queremos interpretar escritos como, por ejemplo, el Quijote.)

En cuanto a la abreviatura de alias (a), ¿no sería esta formación más cercana a la de los símbolos? No he encontrado en OOEA referencia a esta forma.

En las fórmulas de tratamiento creo que se ha introducido un elemento de incoherencia, pues, aunque sus abreviaturas estén fosilizadas con inicial mayúscula, este proceso de fosilización se ha producido por tener que escribir su desarrollo también con mayúscula; pero eso era hasta ahora, cuando por fin las Academias han modificado este criterio y obligan a que las palabras a las que corresponden se escriban con minúscula inicial, «al tratarse de nombres comunes». Si seguimos los criterios para la formación de abreviaturas que nos indica la nueva Ortografía, también deberían aceptarse como correctas formas como sr., para señor, ilmo., para ilustrísimo, etc.

La OLE10 introduce cuestiones ortotipográficas a lo largo de sus páginas, que han sido bienvenidas por algunos y criticadas por otros, como cuando nos habla de la separación mediante un espacio fino de las letras que componen abreviaturas complejas. Esta regla, que no recomendación, no está justificada en el texto, y la definición de espacio fino resulta ambigua. Sousa (OOEA pág. 407) define perfectamente todos los espacios y explica que «En ediciones cuidadas [negrita mía] debería ser algo menor [que el normal]» (OOEA pág. 190) al objeto de equilibrar gráficamente la distribución del texto . Resulta pues chocante que las Academias eleven a la categoría de regla esta cuestión para todo tipo de escritos, al afirmar «se separan mediante un espacio fino»: ¿acaso alguien, redactando normalmente, la va a seguir?

Los siguientes apartados del Capítulo V de la OLE10, abordan los temas de las siglas y los acrónimos (3.3), y de las abreviaciones y las nuevas tecnologías (3.4), pero esos son otros mundos, cuyos análisis bien pueden dar para próximas entradas. En cuanto a las notaciones científicas y matemáticas, remito a la excelente que Javier Bezos publicó en su blog «Tex y tipografía» el pasado día 20 de diciembre de 2010.

…à suivre.


[1] «auto. 4. m. pl. Der. Documentos y escritos que recogen las actuaciones de un procedimiento judicial.», en el caso que nos ocupa, el procedimiento se desarrolla en el terreno lingüístico.

[2] Aunque también «Las cifras o monogramas son enlaces de dos o más letras iniciales que se emplean como abreviación de un nombre y apellido(s) [sic] o de un sintagma» (OOEA pág. 200).

[3] En el Anexo I la abreviatura de blanco y negro aparece recogida en mayúsculas, así: B/N, por supuesto sin punto tras el segundo elemento (pág. 702).

[4] Fuerzas Armadas aparece con mayúsculas iniciales (pág. 573).

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_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 1.ª parte: comedia

1.ª parte: comedia[1]

La aparición de la nueva Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010) ha supuesto para todos motivo de gran fruición. Por fin la obra ha abandonado la categoría de folleto (calificada de «escueto prontuario» por los propios académicos) para alcanzar la calidad de estudio científico, como explicó en la presentación del pasado día 17 de diciembre de 2010 su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, en la sede de la Real Academia Española ante los príncipes de España:

(…) una ortografía razonada, en la que se fijaran tanto los anclajes estructurales como la armadura teórica. Una ortografía que hiciera patentes y visibles las causas y las razones de cada decisión. Una ortografía congruente en sus normas y coherente en sus vínculos con la dimensión fónica y gramatical de la lengua. Una ortografía explícita y exhaustiva que no dejara ángulos muertos y espacios abiertos a la duda y a la incertidumbre. Una ortografía simple y clara en la exposición para llegar a la mayoría de los ciudadanos. Una ortografía que respondiera a los condicionantes metodológicos y científicos del principio empírico.

Tras once años de ansiosa (?) espera por parte de todos los profesionales del lenguaje ya la tenemos aquí. Los académicos aseguran que es una obra coherente, exhaustiva, simple, científica, clara, razonada y panhispánica: Ole [Ortografía de la lengua española].

A todos estos epítetos habría que añadirle otro: el de democrática. (Esto, permítaseme la digresión, me recuerda a los físicos, cuando votan en sus reuniones anuales qué teorías sobre la explicación del universo son las más creíbles.)

Es admirable la intención que han tenido las veintidós academias de la lengua española de unificar las normas ortográficas de más de 450 millones de hispanohablantes, un gran mercado para lanzar cualquier publicación. Universidades (sólo en España hay catalogadas en la Wikipedia setenta y siete: multiplíquese por las facultades de cada una), bibliotecas (unos cuantos miles), editoriales (en España más de tres mil), entidades e instituciones, fundaciones, empresas y particulares… en definitiva, si se vende como debería, un gran negocio. Para muestra, un botón (o dos): México compra desde hace veinte años un millón quinientos mil ejemplares de cada libro que publica la Academia Española o la unión de academias y la primera tirada para España ha sido de ochenta y cinco mil ejemplares.

Si tenemos en cuenta que la primera edición ha sido sufragada por gobiernos, instituciones, empresas y benefactores particulares, todo lo que quede será limpio. Aunque si no se hace con ánimo de lucro, como se asegura desde la Academia al justificar su «asequible» precio de unos 40 €, sino con espíritu divulgativo, ¿por qué no se ha publicado en Internet, en formato .pdf u otro cualquiera? Se ve que han aprendido de aenor y otras entidades similares, cuyas normas de obligado cumplimiento se deben conocer por los sectores afectos, aunque para ello haya que pasar previamente por caja.

Nunca va mal para ningún negocio una buena polémica para empezar, como ha sucedido con esta nueva Ortografía: ha habido incluso académicos, como Javier Marías o Arturo Pérez Reverte, que públicamente admiten que no piensan hacer caso de algunas de las recomendaciones aprobadas. A este respecto hay que decir que cada uno es muy dueño de escribir como le venga en gana, pero también lo es de leer o adquirir las obras que quiera y, en mi caso, si tuviera que intervenir como corrector de alguno de sus textos, no me quedaría más remedio que marcar las incorrecciones que detectara, a no ser que previamente estos u otros escritores me indicasen claramente dónde no debería intervenirse; quien paga manda.

Algunos opinan, como es el caso de José Martínez de Sousa, que no debería de editarse un libro con las reglas ortográficas, sino, más bien, ir publicándolas conforme surjan las necesidades puntuales de aclarar aspectos ortográficos, según evolucione la lengua escrita, a la manera de lo que se hace con algunas leyes, que cambian su articulado a base de decretos y modificaciones puntuales y, de tanto en tanto, se publica un texto refundido.

La nueva Ortografía de la lengua española no se ha presentado como un texto refundido, sino como una obra cumbre de referencia, que deberemos analizar con metódica cautela, pero como el espacio de un blog es necesariamente reducido habrá que ir poco a poco. Algunos aspectos ya han sido destripados incluso antes de que apareciera en el mercado, pero aquí empezaremos por algo breve en una próxima entrega, la primera parte del Auto: las abreviaturas.

à suivre.


[1] «comedia. 2. f. Obra dramática de cualquier género.», es decir, la puesta en escena.

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