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de mi relación con las letras (sección no económica)

 

Miguel Gardeta o la necesidad de escribir

Con tan solo 34 años, Miguel Gardeta Lordán ya ha publicado cuatro obras de narrativa: tres novelas y un libro de viajes. Sin embargo, si uno guglea un poco, descubre sorprendido que su nombre solo arroja ¡409 resultados! Tampoco lo busques en la Wikipedia porque es inútil: nadie se ha molestado en escribir una entrada sobre él. Entonces…

Miguel Gardeta

¿Quién es Miguel Gardeta Lordán?

Estudié aquí, en Huesca, Humanidades y el tercer año me marché de Erasmus: ­­yo había estudiado toda la vida inglés, pero solo quedaba la posibilidad de ir a Toulouse, así que me armé de valor y, sin saber decir «bonjour», me marché. La verdad que fue un antes y un después, porque regresé con la mente mucho más abierta. Después estuve otros tres años en Zaragoza estudiando Magisterio y, aunque había empezado también francés, al final lo abandoné y me especialicé solo en Inglés. Luego hice un máster de ELE (Español como Lengua Extranjera) en la Universidad Pontificia de Salamanca.

Básicamente, los estudios oficiales terminan allí, lo que pasa es que algunos años más tarde, mientras estaba escribiendo mi primera novela, _Cruce de fronteras_, me picaba el gusanillo y realicé un máster «online» de Criminología.

Luego comenzaste tu peripecia europea…

Efectivamente. Cuando acabé Magisterio, y después de hacer varias sustituciones durante el primer año, en vez de quedarme aquí haciendo interinidades, que hubiera sido lo lógico, decidí darle un giro de ciento ochenta grados a mi vida y marché a Londres a buscarme la vida con una mano delante y otra detrás: me marché sin trabajo, sin conocer a nadie, pero con la ventaja de que el idioma ya lo tenía más o menos dominado, y tuve la suerte de que eso sucedió antes de la gran oleada de españoles que se marcharon allí a trabajar, por lo que enseguida encontré trabajo, encontré piso… No tuve ningún problema en ese sentido.

Estuve trabajando un año y medio en Londres. Mi intención era, claro, trabajar de maestro de Español en Londres. Yo pensaba, inocente de mí, que un profesor de español iba a encontrar trabajo allí sin ningún problema ―envié currículums a todos los colegios―, pero solo encontré trabajo en una tienda de alimentación. Me equivoqué, pero no me arrepiento.

Después de estar allí año y medio, desde julio de 2011 hasta enero de 2013, decidí cambiar de aires y marché a Berlín. Allí estuve solo seis meses, hasta junio del 2013, porque allí enseguida me di cuenta de que sin el idioma no iba a hacer absolutamente nada. Estuve trabajando en un restaurante, aunque, como es lógico, no de cara al público, porque mis conocimientos de alemán eran escasos (en estos momentos se reducen al vocabulario de cocina básico).

Me hicieron comprender que sin alemán no iba a dar clases allí en la vida, así que me dije «Vuélvete a casa y así, por lo menos, trabajas de lo tuyo», así que volví y comencé la labor docente aquí en España, en Educación de la DGA [Diputación General de Aragón], haciendo interinidades. Fueron dos años maravillosos, porque tuve la gran suerte de que las interinidades fueron de año completo. Estuve en Villar del Cobo ―un pueblo de la sierra de Albarracín, provincia de Teruel― y luego aquí, en Zaidín, al lado de Huesca.

Y de Zaidín, al Nuevo Mundo…

Sí. El año pasado me surge la posibilidad de marcharme a EE. UU., esta vez a dar clases, con un programa de intercambio cultural, aunque, realmente, no existe ese intercambio; es decir, yo voy allí a dar clases, pero ningún americano viene a sustituirme aquí. No dejo escapar la posibilidad y ya llevo allí un año.

Con 34 años, ya cuentas en tu haber con cuatro libros. Parece que sientas una verdadera necesidad por escribir. ¿De dónde surge tu afición a la escritura?

La descubrí por casualidad. En los largos años de estudio, como te puedes imaginar, estuve trabajando en un montón de sitios ―zapaterías, tiendas…―. En el 2010 (no recuerdo el mes exacto), yo estaba trabajando en un supermercado, aquí en Huesca, y, sinceramente, es uno de los trabajos más aburridos que he tenido en mi vida. Entonces, una de las estrategias que yo tenía para que el tiempo pasara más deprisa, durante las tardes, sobre todo, era abstraerme, imaginarme una historia, una película nueva. Cada día mi mente reconstruía lo del día anterior e iba añadiendo más detalles, más cosas, y conforme los días se sucedían, el aburrimiento era cada vez mayor y, claro, esa historia iba creciendo. Una tarde que estaba aburrido en casa decidí empezar a escribir esa historia que yo ya tenía en la cabeza desde hacía varios meses; sin ningún objetivo concreto, sino, simplemente, por darle forma.

Me senté en el ordenador y lo escribí de cualquier manera. Lo releí, no me pareció mal del todo, así que continué escribiendo, con la suerte ―o la desgracia, depende de cómo se mire― que me picó el gusanillo. Cada vez necesitaba más y al final salió una historia completa, con planteamiento, nudo y desenlace.

En lo que escribes podemos rastrear alguna de las localizaciones y otros elementos de tu vida.

Esto que apuntas es una de las cosas que quería comentar. Aunque, por supuesto, en el caso de las novelas, se trata de ficción, dicen que los escritores escribimos sobre aquello que conocemos; en mi caso, como he viajado tanto y he vivido en tantos lugares, entonces ¿qué mejor que hacer un pequeño homenaje en cada uno de los libros a un lugar en el que haya vivido?

Tu primera novela es Cruce de fronteras.

Exacto, si no me equivoco, en octubre del 2012, ya estaba en la calle. Entonces yo estaba en Londres y vine a presentarla a Huesca para las fiestas del Pilar. _Cruce de fronteras_ se desarrolla en Toulouse, en Francia, donde estuve de Erasmus, y en Zaragoza, donde he estudiado y he vivido durante cuatro años. Luego, en _Sangre de rodeno_, que fue el tercer libro, aunque segunda novela, ubico la trama en Villar del Cobo y en Albarracín, donde estuve trabajando como maestro, y, por último, la trama de _En defensa de Plutón_ se desarrolla en Berlín, la ciudad donde radiqué durante mi estancia en Alemania. Por supuesto, tengo más ideas para futuras novelas en Londres, en Houston y en otros lugares: hay cuerda para rato.

En concreto, _Cruce de fronteras_ nació en un supermercado. Empecé a escribirla aquí, pero la terminé estando ya en Londres. Yo le tengo un cariño especial, tal vez por ser la primera. En verano del 2010 empecé a escribirla y en ella se desarrolla una historia de amor adolescente, pero, sobre todo, hablo de la guerra de Yugoslavia. En el libro incluyo incluso algunos recortes de periódico reales que hablaban de aquello, porque voy viendo en las noticias sucesos que nos recuerdan aquella terrible guerra. Recuerdo perfectamente la cara de estupor que se me quedaba cuando, a raíz de los procesos que se iban sucediendo en el Tribunal de la Haya, iba enterándome de la talla de los personajes de los que hablo. Esto me iba produciendo un desasosiego que dio lugar a la creación de una trama en la que iba relacionando esa historia de amor adolescente con la serie de los crímenes que se cometieron en aquella guerra, que yo creo que nadie que lea la novela puede quedar indiferente, no ya ante la guerra de Yugoslavia, sino ante la guerra como idea filosófica.

Cruce de fronteras

Luego, en 2014, publicas tu libro de viajes, Mi no spick London, y al año siguiente llega _Sangre de rodeno_, cuya acción se ubica en Albarracín, pero ese no era el título que habías pensado al principio.

En _Mi no spick London_ recojo algunas anécdotas que me han sucedido a lo largo de mis viajes. Es como una especie de diario donde comento las cosas curiosas que iba descubriendo o que ocurrían a mi alrededor.

Mi no spick London

Sangre de rodeno iba a llamarse _Perdiendo el rumbo_, porque el título me gustó, pero al final, hablando con mi editor y comentándolo con varias personas, parece que no tenía la fuerza necesaria, así que desaté una tormenta de ideas y, aprovechando que los pinares de rodeno se hallan en la sierra de Albarracín y que son una reserva natural increíble, impresionante ―a todo aquel que quiera visitarla, yo se lo recomiendo encarecidamente―, al final, qué mejor que incluir la palabra ‘sangre’, que siempre vende mucho, y luego ‘rodeno’, para que nadie se lleve a engaño de dónde está situada la trama; es tan sencillo como eso: _Sangre de rodeno_, Albarracín y asesinatos. También podría haberse llamado _Asesinato en Albarracín_, pero eso sería más adecuado para una novela de Agatha Christie.

Sangre de rodeno

De todas maneras, también las portadas de mis novelas indican qué es lo que va a encontrar el lector, y eso me gusta.

_En defensa de Plutón_ está recién estrenada. Es una novela que, por su estructura, me recuerda a algunas películas de Tarantino, como _Reservoir dogs_ o _Abierto hasta el amanecer_, porque se observan dos partes claramente diferenciadas…

Hombre, me gusta que me compares con Tarantino…

Sí, _En defensa_ es de este 2016. Se trata de otra novela de suspense donde también juego con el asesinato, aunque quizá en este caso es menos evidente lo que está sucediendo hasta el final. Lo envuelvo todo en un halo de normalidad hasta que la burbuja que se va creando explota y se descubre que nada de lo que aparentemente era normal lo es en realidad.

Me han dicho muchos conocidos que la primera parte, que ocupa noventa páginas, no tiene nada que ver con lo que había escrito hasta ahora porque permito que el lector se enamore de algún personaje y odie a otro. No se lo esperaban de mí; sin embargo, cuando lees el conjunto de la obra, te das cuenta de que esas noventa páginas son esenciales para comprender la historia y para meterte dentro de ella. Necesitas conocer a fondo a los dos personajes principales para poder ver después su evolución: dos jóvenes que tenían una vida más o menos ordenada se trasladan a la ciudad de Berlín donde experimentarán un cambio radical.

En cuanto al título, _En defensa de Plutón_, hay gente que no lo entiende, pero necesitas leer todo el libro para comprenderlo, porque yo juego con la idea de que en este mundo puede suceder cualquier cosa. Todos los días vemos noticias en el telediario en las que la realidad supera cualquier ficción. Parto de una idea absurda en apariencia, pero al final esa idea la convierto en verosímil, que es de lo que se trata.

En defensa de Plutón

En efecto, Miguel: de eso se trata, de ofrecer verosimilitud. Solo hay que leer algún cómic de superhéroes o escuchar el discurso de algunos políticos…

Claro. Todo el mundo acepta como algo normal, por ejemplo, que un chaval como Peter Parker, Spiderman, adquiera superpoderes de forma milagrosa a través de la picadura de una araña. Y, como estamos en Berlín ―no puedo dejar de decirlo―, Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi, hizo famosa la frase de que la mentira, cuanto más grande sea, a fuerza de repetirla se convierte en una gran verdad, algo que ya sabían los griegos, pero Goebbels lo aplicó en pleno siglo XX.

Ahora sigue funcionando esta táctica en el mundo de la política: hay crisis, tú sabes que hay crisis porque sigue habiendo desahucios, gente que está buscando en los contenedores y los informes Pisa son horribles, sin embargo, en una ciudad como Huesca, tú vas por la calle y ves todas las terrazas de los bares llenas. Eso parece no concordar demasiado, pero como todos los días están repitiendo por la televisión que hay crisis, todo el mundo vive asustado con esa idea, pero no se comportan como correspondería. Antes la gente protestaba quemando contenedores o, incluso, desatando guerras civiles, pero ahora parece que nos estamos civilizando, aunque eso ya lo decíamos después de la primera guerra mundial, de la que los que la vivieron decían que era «la guerra para terminar con todas las guerras». Luego llegó la segunda guerra mundial, y parece que aprendimos la lección porque aquello de los campos de concentración nos dejó muy tocados. Pero en la década de los noventa apareció un personaje tétrico en la antigua Yugoslavia, Slobodan Milošević, El Carnicero de los Balcanes, que hizo exactamente lo mismo que Hitler; y, mientras, Europa miraba para otro lado porque pensaba que aquello no podía estar pasando y cuando quisieron reaccionar ya era demasiado tarde.

Has publicado cuatro libros y los cuatro en la Editorial Pirineos de Huesca.

Sí. Cuando empecé con _Cruce de fronteras_ la envié a muchas editoriales, pero es muy difícil entrar, no ya por la puerta grande, sino por cualquier tipo de puerta. Tú ya sabes cómo funciona el mundo editorial, igual que el mundo del cine, el de la canción o el del fútbol: si tienes padrino te bautizas; hoy hasta Belén Esteban ha publicado un libro (otra cosa es que lo haya escrito). Ninguna editorial se dignó contestarme, lo que me dejó un poco tocado porque uno espera un mínimo de cortesía, pero no recibí ni un simple «Gracias, ya lo miraremos», o «No nos interesa», lo que en otros lugares no es una cosa común. He tratado de ponerme en contacto con editoriales en Estados Unidos, ahora que estoy allí, y con agentes literarios, y todos te contestan; para bien o para mal, pero todos tienen la deferencia de contestarte.

La Editorial Pirineos se molestó en contestarme y en decirme «Adelante». Al menos te ofrecen la posibilidad de la autoedición, que es a lo que los escritores que están empezando pueden aspirar. Es una editorial pequeña que no puede arriesgar demasiado ―claro, no van a pillarse los dedos―, pero si ven que algo puede ser interesante y saben que tú estás dispuesto a moverte por las ferias para vender tus libros, pueden llegar a un acuerdo. Por eso sigo con ellos. Tal vez me falta algo de promoción porque, realmente, fuera de Huesca no soy nadie.

Espero que esta entrevista contribuya a solucionar en parte ese problema. A ver si dentro de unos meses el buscador de Google arroja una cifra mayor de resultados si uno escribe en el campo correspondiente tu nombre y tus apellidos: Miguel Gardeta Lordán.

_La mala luz_ de Carlos Castán: literatura de extrema necesidad

010_CastanQuienes, como yo, somos amantes de la literatura de Carlos Castán estábamos esperando con impaciencia la aparición de su primera novela, tras la importante trayectoria como fabulador de relatos cortos que ya lleva recorrida. Pues bien: he aquí que de la mano de Ediciones Destino, vio la luz La mala luz.

Dedicada a V. (¿?), en esta primera novela, Carlos continúa desarrollando sus mitos personales, toda una simbología cuya comprensión ―como piensa Erich Fromm, en El lenguaje olvidado (Buenos Aires: Librería Hachette S. A., 1972)― «nos pone en contacto […] con las capas más profundas de nuestra propia personalidad. Más aún, nos ayuda a entender un grado de experiencias que es específicamente humano porque es común a toda la humanidad, tanto en su tono como en su contenido». (http://goo.gl/7Trnoi).

Los muebles viejos (armario = almario), la ropa o los zapatos como símbolo de la muerte, temas omnipresentes en toda su obra, vuelven a aparecer en La mala luz puestas en boca del narrador‑personaje:

«Por algún oscuro motivo, a mí un par de zapatos siempre me ha recordado a la idea de la muerte. […] si te quedas mirando durante un rato una sola de las piezas, un zapato en concreto o un par de ellos unidos por un nudo, entonces ves al muerto». (Págs. 57; 59).

Un narrador-personaje aplastado por la amargura que provoca el saberse solo, viviendo en un lugar que no es el suyo, en una ciudad que no le pertenece, cuyas manos se hallan tan vacías como el alma, lo que tal vez lo haga caminar siempre bordeando la finísima línea que enmarca el perímetro incierto detrás del que, agazapada, acecha la locura.

Carlos se explaya en desarrollar este perfil psicológico en la primera parte, «El monstruo», donde utiliza imágenes tan potentes como la de una mano «con las uñas pintadas de rosa» acariciando un cerebro enloquecido por los recuerdos y colmándolo de afeites en un intento inútil de recuperarlo para el mundo de la razón.

Utilizando dichas imágenes a modo de bisturí improvisado, el autor hurga inmisericorde en la herida infectada de un lector que, tras hipnotizarlo con el mantra de su exquisita prosa poética, cae contagiado de los más terribles estados afectivos que experimenta ese narrador‑personaje, aunque el filo de ese bisturí resulte más séptico que un «borroso perfil de guadaña herrumbrosa o cruz clavada en medio del temblor». (Pág. 65).

¡Que nadie pida compasión!, aunque nadie puede creer a estas alturas de la historia que el auténtico arte esté obligado a ser condescendiente. No hay tregua para el lector hasta que no despega los párpados de lo impreso, si es que puede conseguirlo. Entonces se produce una catarsis a posteriori porque la realidad parece más amable, aunque ya es demasiado tarde, porque el virus ya ha sido inoculado:

«Hay obras que nos poseen como un virus, durante un tiempo los tenemos dentro como quien ha contraído una enfermedad y luego se van despacio aunque dejando a su paso un poso de lo que fue su mirada sobre el mundo y las cosas, y unos cuantos versos con todo el sabor de lo aparentemente olvidado». (Pág. 77).

En medio de un cardumen de referencias culturales, se desarrolla una mínima trama ―no, no la voy a resumir― que en la segunda parte, «Como nadie», adquiriría tintes de tragedia clásica si se percibiese el aleteo de algún dios merodeador sobrevolando, aunque en La mala luz no se echa de menos, por cuanto de lo que aquí se trata es del noúmeno de las pasiones puras ―el auténtico «vertiginoso thriller que se lee en absoluta tensión» al que alude el texto de la contratapa sucede aquí, no en otra parte―, pasiones que pertenecen en exclusiva la esfera de lo humano y, por muy dios que se sea, todo intento de explicación acabará en fracaso: ¿cómo pintar la melancolía, la soledad, la venganza, el odio, el desconsuelo?

El autor no renuncia al esfuerzo de intentarlo utilizando el material que mejor domina: las palabras, y llega muy alto en su intento, por lo que he de calificar la literatura de Carlos Castán como de extrema necesidad.

010_Carlos Castán_La mala luz_…à suivre.

CASTÁN ANDOLZ, Carlos: La mala luz; Barcelona: Ediciones Destino, 2013; 229 páginas.

Congreso del Libro Electrónico: primera impresión

Acaba de celebrarse en el Centro de Congresos de la ciudad de Barbastro (Huesca) el primer Congreso del Libro Electrónico, organizado por Fernando García Mongay y patrocinado por la Diputación Provincial de Huesca, con la colaboración del Ayuntamiento de Barbastro.

Foto de familia

Foto de familia

Mi amigo Fernando lleva ya a sus espaldas catorce ediciones del Congreso de Periodismo Digital, celebradas en Huesca, y ahora, como no podía ser de otra manera, y siguiendo su natural inclinación por las nuevas tecnologías, ha logrado reunir a una pléyade de personas y personalidades representantes de prácticamente todos los sectores relacionados, o involucrados de una u otra forma, con el mundo del libro digital: escritores, editores grandes y pequeños, libreros, plataformas de distribución y comercialización, fabricantes de tabletas y teléfonos inteligentes, técnicos de programación, mecánicos del libro digital, instituciones… y a casi trescientos congresistas.

Esta cifra es una clara muestra del vivo interés que en los profesionales de la edición despiertan las nuevas tecnologías, que han venido para quedarse y que están cambiando de manera radical el concepto que hasta ahora se tenía de los libros.

No reproduciré aquí la lista de todos los que han intervenido, ni enumeraré los temas tratados, pues toda la información se encuentra en la web del congreso; sin embargo, sí me gustaría, en consecuencia con el título de esta entrada, ofrecer una primera impresión que he sentido como asistente al evento: tiempo habrá para la reflexión.

En primer lugar, me sorprende que todavía en España se siga hablando del libro digital en ciertos ámbitos—o de todo lo que tiene que ver con el mundo electrónico en general— como algo «de futuro» cuando, por ejemplo, para Amazon, no estamos hablando ni siquiera del presente, sino que lleva recorrida cierta trayectoria en el pasado: de hecho, existe ya toda una generación de escritores que han publicado su obra solo en soporte digital y, en paralelo, otra de lectores que apenas «huele» el papel.

Aunque por ahora algunos escritores pertenecientes a la Generación Kindle persiguen que los fiche alguna editorial tradicional para ver publicada su obra en papel (lo que a veces ocurre sin buscarlo), puesto que ese soporte sigue conservando un aura de distinción, llegará un momento —que se adivina inminente— en que eso les dé igual, puesto que lo que uno busca cuando escribe es que alguien lo lea, con independencia de que el soporte sea un papiro o una piedra.

Por ello, no comprendo ni las reticencias ni los ataques que todavía recibe el libro electrónico por parte de algunos sectores, a no ser desde un punto de vista meramente económico, porque el gran pastel de la industria del libro, o mejor dicho, de toda la industria cultural, está empezando a repartirse de otra manera, pues han irrumpido con fuerza en el mercado otros actores que han sabido ver a tiempo lo que los lectores demandaban. Ello ha obligado a reaccionar a los grandes grupos editoriales tradicionales, que estaban cómodamente asentados en sus cuotas de mercado y que han realizado grandes inversiones de dudosa rentabilidad para digitalizar todos los fondos bibliográficos con la máxima urgencia. ¿El resultado? La calidad de los productos que ofrecen se ha resentido, lo que provocará, sin duda, el rechazo de los consumidores que buscan algo más en el libro digital y que los nuevos actuantes, como Google, Amazon o Tagus, de La Casa del Libro, ya les están ofreciendo.

Los libreros, por su parte, parece que andan un poco desorientados y muy preocupados por el incierto futuro que les espera, y no sin razón: los datos del impacto sufrido por las librerías tradicionales en otros países a consecuencia de la reestructuración de los mercados son demoledores. Tendrán que esprintar si quieren coger el tren, un tren al que antiguamente, cuando la caldera que lo movía era de vapor, se podía subir en marcha. Pero ahora el tren es de alta velocidad, y, si no estás a la hora en punto en el andén, el tren se va, no espera a nadie.

… à suivre.

 

Imágenes del Congreso del Libro Electrónico

Para los que quieran ver y oír lo que allí pasó: http://www.youtube.com/channel/UCeomP6Q9jqzgbZnQ7w8clqg/videos

_La noche de los peones_, de Esteban Navarro: la dura partida de la verdad

… somos peones en un tablero de ajedrez (…) Avanzamos y avanzamos sin poder retroceder y nuestro destino es llegar a la meta para poder ser lo que queramos (…) Nosotros nacemos peones y peones moriremos. En el camino lento hacia nuestro destino nos flanquearán las demás piezas de la vida, pero paso a paso iremos tomando posiciones. No queda más remedio que detenernos o avanzar, no podemos recular ni volver al principio.
Esteban Navarro: _La noche de los peones_

Esteban Navarro: _La noche de los peones_

Esteban Navarro cuenta en su haber son un buen puñado de novelas de las cuales solo dos, La casa de enfrente y La noche de los peones, han visto la luz en el soporte tradicional del papel.

Integrante de la «generación Kindle», ha logrado abrirse camino mediante una nueva tecnología que le ha permitido llegar a los lectores de habla hispana de todo el mundo. La casa de enfrente obtuvo tal éxito de ventas en amazon.com que el propio director ejecutivo, Jeff Bezos, decidió leerla.

10-Esteban Navarro-casadeenfrente

Gracias al éxito conseguido con esta novela, diferentes editoriales comenzaron a interesarse por su obra, que ahora está comenzando a imprimirse en papel, como es el caso de La noche de los peones, una novela de intriga en la que sus dos principales protagonistas, Andrés Hernández Mancilla, policía veterano de 45 años, y Diana Dávila, joven policía en prácticas de 21, tendrán que rememorar el pasado a raíz de un suceso: Miguel Ángel Urquijo Cañas, amigo de la infancia de Andrés, y de la misma edad, con quien no se veía desde hacía muchos años, muere de un enfisema pulmonar en la sala de urgencias del Hospital San Jorge, de Huesca, pequeña ciudad en la que están ejerciendo su profesión ambos policías.

Durante el turno de noche que están cubriendo, Andrés y Diana llegarán a desentrañar las misteriosas razones que llevaron a Miguel Ángel a morir en esa plaza tras haber caminado siempre por el filo de la navaja: una vida de delincuencia a la que los excesos con las drogas pondrán un triste fin.

Escrita en tono realista, el autor se muestra como un excelente contador de historias, algo que en no pocas ocasiones uno echa de menos, pues muchos autores, preocupados acaso más en el cómo ―en la literariedad, en las formas―, dejan de lado el qué, es decir, el asunto.

Una historia perfectamente urdida que le sirve a Esteban Navarro para repasar algunos acontecimientos de la intrahistoria reciente de este país, como el caso del Nani, Santiago Corella Ruiz, delincuente desaparecido tras ser interrogado en la Dirección General de Seguridad durante la Transición, la irrupción en 1984 de la terrible enfermedad del sida o los demoledores efectos que las drogas causaron en toda una generación que navegaba con rumbo incierto por las agitadas aguas de una incipiente democracia española.

Esa noche, serán los peones quienes dominen el tablero sobre el cual Esteban Navarro despliega una dura partida entre los personajes principales: la partida de la verdad.

Pero la partida no ha acabado, porque el inagotable autor ya tiene lista otra novela con los mismos personajes, y estamos deseando que aparezca.

Esteban Navarro (Moratalla, Murcia, 1965) lleva atesorados unos cuantos premios literarios, entre los que se encuentra el I Premio de Novela Corta Katharsis, por su novela El reactor de Bering, o el I Premio del Certamen de Novela San Bartolomé-José Saramago, con El buen padre y, aparte de los títulos mencionados, es autor de Diez días de julio, El buen padre, Quimera, El lodo mágico, Los fresones rojos y Los ojos del escritor, todas ellas en formato electrónico.

 

10-Esteban Navarro-elreactordebering

 

 

010-Esteban Navarro, en Santos Ochoa

Con Esteban, en la librería Santos Ochoa, de Huesca (10-10-2013)

… à suivre.

10-Esteban Navarro-nochepeonesdedicada

NAVARRO, Esteban: La noche de los peones; Barcelona: Ediciones B, 2013.

 

 

Luz Gabás: _Palmeras en la nieve_

Luz Gabás

Luz Gabás

Palmeras en la nieve, ópera prima de Luz Gabás, vio la luz (valga la redundancia) en 2012. En marzo de 2013, ya iba por la decimosexta reimpresión, que es la que he leído.

Encontrar hoy casos similares resulta difícil. Pienso en el malogrado Stieg Larsson, autor de la trilogía de Millenium, o en Roberto, Robe, Iniesta, líder de la desaparecida banda de rock Extremoduro, cuando en 2009, y en tan solo una semana, agotó una edición de 10 000 ejemplares de El viaje íntimo de la locura.

En Palmeras en la nieve también aparece el viaje, en este caso, físico, como uno de los ingredientes que integran la fórmula mágica del éxito: desde un pequeño pueblo del Pirineo aragonés hasta la lejana isla de Fernando Poo, la actual Bioko de Guinea Ecuatorial, que fuera colonia española durante casi doscientos años (1778-1968), y donde el cultivo del cacao necesitó importar trabajadores de la Península hasta que aquel país tropical alcanzó la independencia.

El hecho de que la autora enmarque la acción en este momento histórico, tan poco conocido, en general, por las generaciones actuales, supone todo un acierto ya que todos necesitamos referentes con los que identificarnos: como ahora mismo, la emigración era una vía para superar las estrecheces económicas que hoy vuelven a constreñir nuestra economía. Un acierto, y una suerte que Luz Gabás conociera el tema de primera mano, ya que muchos de sus familiares tuvieron que pasar años de su vida en aquellas lejanas tierras.

Gracias a sus recuerdos, tanto orales como escritos, supe desde pequeña de la existencia de la isla de Fernando Poo y de tantas otras cosas de esa parte de África del tamaño de la comarca de mis raíces.

 

Fernando Poo, actual Bioko

Fernando Poo, actual Bioko

Como es lógico, ello no la libró de invertir el tiempo necesario en documentarse ―trabajo inexcusable de toda novela histórica― para reflejar con fidelidad aquellos difíciles momentos del tardofranquismo, como explica en una extensa nota final.

Establecido el marco espacial y temporal, se desovilla la madeja de la trama en forma de novela romántica.

En 1953, dos hermanos, Kilian y Jacobo, abandonarán la nieve de Pasalobino, nombre literario que podría aludir a cualquiera de los muchos lugares que salpican la geografía altoaragonesa, para reunirse con su padre en la plantación de Sampaka.

Allí, en medio de un duro trabajo, cultivarán amistades, se desatarán las pasiones, conocerán el amor y el odio y, poco a poco, aquella nueva tierra irá ahondándose en ellos hasta alcanzar lo más profundo de su alma. Pero Kilian comete el pecado de enamorarse de una nativa:

 ―Es injusto esto de tener que escondernos ―dijo con voz somnolienta―. No sé si podré disimular cuando te vea.
―Tendremos que tener más cuidado todavía ―dijo ella, incorporándose―. Ahora soy una adúltera.
La palabra cayó como una tonelada de sacos de cacao sobre ambos. Bisila pertenecía a Mosi. Y aquello era algo que no tenía remedio (…)

Las consecuencias de aquellos actos se arrastrarán hasta explotar en el presente de Clarence, en 2003, hija de Jacobo y sobrina de Kilian, cuya curiosidad por su pasado la convierte en la principal narradora de la historia, una historia redonda por la que se ha interesado el grupo Antena 3-Mediapro para realizar una serie de televisión.

… á suivre.

_Palmeras en la nieve_

_Palmeras en la nieve_

GABÁS, Luz: Palmeras en la nieve; Madrid: Ediciones Temas de Hoy; decimosexta reimpresión, marzo de 2013; 732 páginas.

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