Etiqueta: Lírica

tocando la fibra

 

Ángel Guinda: el poeta terrorista

El pasado viernes 30 de marzo a las 20 horas el poeta Ángel Guinda presentó su nuevo poemario, Caja de lava, recién publicado por la editorial Olifante en la Librería Anónima de Huesca.

Ángel Guinda decidió cargar su arma de futuro hace ya mucho tiempo y todavía hoy continúa en la trinchera de la palabra, donde tan incómodo es vivir, pero donde el orgullo de saber que lo que se está haciendo es lo que se debe amortigua los golpes, aunque siempre se salga leso. Leso, pero orgulloso puede sentirse este gran poeta aragonés, que ya tuvo problemas con la policía al plasmar sus ideas en aquellas primeras pintadas del final de la dictadura: entonces los grafitis expresaban algo más que el mero goce estético en el que hoy, por desgracia, han quedado la mayoría.

Pero hoy no quiero hablar de poesía: prefiero escucharla.

Lectura de Ángel Guinda en la Biblioteca Nacional

…à suivre.

Share Button

Marian Womack_Memoria de la nieve_Leer con la extraña impresión de la añoranza

El pasado día 13, de puntillas, casi sin hacer ruido, pasó por Huesca una escritora sublime: Marian Womack.

Esta gaditana cometió el pecado de estudiar demasiado [1]. Su penitencia le supuso una beca para completar sus estudios en Oxford. Pero lo que al principio parecía un sueño, con el paso del tiempo,se fue convirtiendo en una pesadilla. Oxford —sacrosanta institución universitaria, cifra y compendio de toda sabiduría—, bajo su apariencia de mito esconde algo ominoso, vitando. Algo de lo que no tienen la culpa ni sus vetustas edificaciones, ni mucho menos los pobres y olvidados libros que sus paredes encierran, sino tan solo algunas de las personas que lo frecuentan:

Oxford se parece a uno de esos muebles viejos con la pintura cuarteada, que si la rascas un poco con la uña deja al descubierto la porquería.

Desengañada del mundo académico, después de estar lo que para Marian suponía entonces más de la mitad de su vida, decidió regresar a España para empezar de nuevo, dejando atrás todo aquel superficial glamour.

«Oxford […], ciudad de mentira, más veces escrita o inventada que vivida —porque allí no puede vivirse, por lo tanto nada puede tocarse, erosionarse— permanecerá para siempre donde ahora se encuentra» (p. 36)

Aunque no todo iba a ser negativo. Su estancia en Oxford le permitió viajar por Europa y, sobre todo, conocer Rusia: su idioma, sus gentes, su cultura… Y se quedó prendada de aquel gran país, de ese país que la mayoría de nosotros conocemos solo de oídas o de leídas, y cuya realidad dista mucho de cualquier tópico que podamos habernos formado en nuestras cabezas. Para Marian Womack constituyó toda una revelación.

Cuando por fin regresó a España, casada con James, trajo consigo todo aquel bagaje soviético, oxoniense y europeo, y toda su memoria de la nieve, que ahora dan nombre al libro que nos presentó aquel viernes.

Marian, escritora

Antes hemos dicho que nos encontrábamos ante una escritora sublime, sí, pero, ¿en qué consiste su sublimidad?

La obra de Marian Womack posee ese regusto gótico que enlaza con los Siete cuentos góticos de Karen Blixen (es decir, Isak Dinesen, autora de Memorias de África), o con los fantásticos cuentos de Poe. Su estilo es definido por ella misma cuando se refiere al estilo de Laura, uno de los personajes que aparece en el relato «Deiá, elogio de la nieve (1932)»:

«Los poemas de Laura [Marian] parecen conjuros, hechizos de brujos de cuentos de hadas. Porque cada palabra tiene una razón precisa, cumple una mágica función.» (p. 104)

Memoria de la nieve (Zaragoza: Tropo Editores, 2011) recoge seis relatos que se desarrollan en ambientes y épocas distintas que son vividos por diferentes personajes unidos por unos denominadores comunes: el desarraigo, la ausencia, la añoranza, la soledad… Esa soledad que bajo un tiempo inclemente puede afectar a los sentidos, abotargándolos, permitiendo que traspasen la línea de la realidad las sombras, las visiones, que aparecen al principio solo insinuadas para cobrar poco a poco una presencia más real.

La autora nos allega esos paisajes distantes y hostiles usando magistralmente el lenguaje, un bello lenguaje rayano con la poesía, cuyas hermosas imágenes podemos paladear parsimoniosamente, y que nos atrapa y nos arrastra, casi sin darnos cuenta, a ese estado delicioso de abstracción a que te conduce la lectura de las grandes obras.

Por cortesía de Tropo Editores os enlazo aquí con el íncipit, el primer capítulo, «Moscú, enterrado (por la nieve…) (1905)».

Marian y James, editores

Los Womack

 

Cuando hace casi dos años inicié una campaña de promoción profesional como corrector de textos tropecé con una editorial que me llamó la atención muy gratamente: Nevsky Prospects.

La fundó Marian con su marido, James Womack, y la presentaron oficialmente el 10 de noviembre de 2009, tras renunciar a la vida académica universitaria y regresar a España. Nevsky se dedica exclusivamente a la traducción y edición de obras de la literatura rusa —los clásicos—, pero también las obras contemporáneas de ciencia ficción.

Me pareció algo sorprendente y muy encomiable, porque hasta ahora, que yo sepa, a nadie se le había ocurrido una idea semejante, aunque hay que tener en cuenta que, según las propias palabras de Marian, «España es un país que consume mucha literatura rusa».

La primera obra que editaron fue esta:

En la presentación de Memoria… le conté a Marian cómo conocí su editorial y le pregunté  si tenían en su catálogo algo de los hermanos Arkady y Borís Strugatsky, de los que había leído (de balde, en un pdf por ahí) el fabuloso relato Picnic extraterrestre, y me dijo que acababan de editar una de sus obras, «muy divertida».

Localizaré su referencia bibliográfica y, esta vez, cubicaré la postura, como hice al adquirir Memoria de la nieve, que tan amablemente me dedicó.

Gracias, Marian, por tu amabilidad y por tu poesía y suerte a ambos con Nevsky.

…à suivre.

 

[1] Licenciada en Literatura Inglesa y en Estudios de Cine (Universidad de Glasgow); master en  Literatura Europea y doctorado sobre literatura comparada (Universidad de Oxford); traductora y profesora universitaria; archivística, conservación y catalogación de libros en el departamento de lenguas modernas de la Biblioteca Bodleiana de Oxford. En el diario local de Huesca solo mereció una foto con un escueto pie de cuatro líneas.

No recibió una gran cobertura informativa

SIETE CUENTOS GÓTICOS
Karen Blixen
Share Button

Gastrología de _La huída del cangrejo_, de Angélica Morales

Portada

Ahora están muy de moda todo tipo de manifestaciones gastronómicas: desde el Huesca de Tapas hasta series documentales sobre el Bullí. Todo gira en torno al alimento físico que, si se elabora bien, algunos elevan a la categoría de arte; pero es un arte que cuesta muy poco olvidar.

Arte efímero: perfecto.

Lo que no está tan de moda es preparar un buen guiso a base de sentimientos. Esto también dicen que alimenta y, aunque sea el espíritu, a veces sacia más que el más sofisticado de los platos que podamos imaginar.

Angélica Morales ha conseguido con su primera novela, La huída del cangrejo (Mira Editores, col. Sueños de tinta, Zaragoza, 2010), elaborar un delicioso plato único a base de sentimientos. Sentimientos puros y duros que van presentando al lector los personajes: Alejandra, la protagonista, ávida de cariño desde la desaparición de su padre, Roberto, y desde su divorcio con Mario, poseedora de un rico mundo interior y que contrasta con la superficialidad de silicona y Botox de su hermana Dorita, que siempre fue —y es— para Alejandra su toxina botulínica cosmética particular; y su madre Casiana, metástasis de Dorita, que crece paralelamente al cáncer de mama que le han diagnosticado.

Es ese mundo interior lo que le sirve a Alejandra de coraza contra las constantes agresiones externas: las amenazas de su dictatorial y egoísta madre, quien padece de narcolepsia y parece que sea la única enferma del mundo, y sus constantes exigencias de que todo el mundo se pliegue a sus caprichos…

Esto convierte a la protagonista en un ser vaciado de cariño, resentido y ahora temeroso tras conocer su diagnóstico, aunque dispuesto a luchar contra todos y contra todo hasta el final.

Los ingredientes nos los va presentando Angélica Morales en pequeñas porciones, en pequeños bocados, condimentados con un lenguaje que se adecúa precisa y armónicamente a cada una de las situaciones que se presentan en la acción para que saboreemos mejor el desarrollo de la trama, elaborada con mimo. A cada plato su especia y con las dosis justas de sal y pimienta.

La vajilla donde se nos presenta la especialidad es Zaragoza, con referencias a otras porcelanas, como Valencia o los fiordos noruegos. Es tan lustrosa que en ella podemos ver reflejada nuestra actual sociedad de consumo, donde todo es de usar y tirar, o, mejor, de tirar directamente. De lo que no podemos desprendernos los lectores es del retrogusto que nos comunica tal exquisitez, porque permanecerá en nuestros paladares durante mucho tiempo. Le ha salido el plato redondo. Y delicioso.

Arte eterno: perfecto.

Share Button

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies