Etiqueta: Ortotipografía

de lo negro sobre lo blanco

 

Videoconferencias de Oriol Nadal para el Primer congreso internacional de correctores de textos en lengua española

Cuelgo aquí un conjunto de seis videoconferencias de Oriol Nadal, corrector de textos con veinte años de experiencia, que preparó para el Primer congreso internacional de correctores de textos en lengua española, celebrado en la el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los pasados días 14, 15 y 16 de septiembre, titulado El pasado del presente. Manuales tipográficos y orígenes de las normas del corrector.

Que los disfrutéis.

…à suivre.

P. S.: Gracias a Oriol por todas tus doctas y generosísimas aportaciones a la Unión de Correctores.

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Las siglas. 3.ª parte: lectura y escritura

Abordo en este espacio que le concedo a mi otium litteratum la tercera entrada sobre las siglas, que se refiere a los problemas que nos presentan su lectura y su escritura.

Tanto la OLE2010[1] como la OOTEA[2] coinciden en las distintas posibilidades de lectura de las siglas, atendiendo a la naturaleza de los componentes que las forman y a la secuencia gráfica que resulta de ellos.

Básicamente podemos reducir estas posibilidades de lectura a tres: por deletreo, por silabeo o mediante una combinación de ambos procedimientos.

José Martínez de Sousa ya aborda el problema de su lectura cuando establece una clasificación entre siglas silábicas, cuando pueden leerse como una palabra normal, y consonánticas, aquellas cuya lectura solo sea posible mediante el deletreo, «aunque comprendan alguna vocal» (OOTEA, p. 211).

En el caso de las siglas leídas mediante el deletreo, la nueva Ortografía explica que cada uno de los componentes que la integran conserva su acento prosódico (c. V.3.3.2, p. 580): DNI [dé-éne-í][3]. A cada letra, en este caso, debe darse el nombre que le corresponde, sin tener en cuenta su valor fonológico. Si está compuesta solo por vocales es posible realizar dos lecturas: OEA [oéa], [ó-é-á]. En este caso, lógicamente, su lectura podrá variar dependiendo de las distintas áreas hispanohablantes: TV [té-bé], [té-úbe].

En un cuadro de información adicional nos informa la OLE2010 (p. 581) que si la sigla que se deletrea total o parcialmente es de uso generalizado, «a menudo se traslada a la escritura su pronunciación, dando lugar a una nueva palabra»: cederrón < CD-ROM. A las siglas que comienzan por s- seguida de consonante se le incorpora «normalmente» una e protética: SGAE [esgáe]. Para la lectura concreta del ejemplo PSOE [pe-sóe], las Academias consideran que se da un caso de combinación de deletreo y silabeo, en vez de considerar que, para poder silabear se le añade una e epentética, como opina Martínez de Sousa, quien también observa la posibilidad de que, en estos casos, simplemente no se pronuncie la inicial [sóe] (OOTEA, p. 216).

En cuanto a las siglas leídas por silabeo observa OOTEA que a veces «es preferible deletrearlas, con objeto de no confundir al oyente»: FITP [éfeítépé], no [fítp][4]. Como vimos en la entrada anterior, este tipo de siglas las Academias lo denominan acrónimos, que se leen como cualquier palabra (RAE [rráe], FIFA [fí.fa]), aunque sus componentes representen distinto valor fonológico en la expresión originaria: AFORE [afóre], por Administradora de Fondos para el Retiro: la R en esta sigla es vibrante simple y en la expresión compleja es múltiple. El acento prosódico suele recaer aquí en la penúltima sílaba, porque, para las Academias, «la mayoría de las palabras españolas acabadas en vocal son llanas», pero para Martínez de Sousa (OOTEA, p. 216), que también constata este hecho, la razón es, simplemente, que «ninguna sigla lleva tilde»; este además precisa que también son llanas si acaban en n, en m o en s, «salvo que a estas letras les preceda otra consonante: IFALS [ifáls]» (International Federation of Arts, Letters, and Sciences), aunque hay excepciones si terminan en -m, como INEM [iném]; y son agudas cuando acaban en consonante que no sea n o s, como IATUL [iatúl] (International Association of Scientific and Technological).

Si las siglas leídas por silabeo han sido incorporadas desde otra lengua, sigue diciendo OLE2010 en la página 581, puede también conservar su acento etimológico: láser. Este ejemplo ―un acrónimo para las Academias, admitido ya en el DRAE92[5]―, no se ajusta al concepto que de siglas tiene Martínez de Sousa, sino al de siglónimos. La distinta consideración que los acrónimos reciben en una y otra obra queda explicada en la anterior entrada sobre la definición de las siglas.

Las Academias también explican la prosodia para otros casos concretos: si en la formación de la sigla se incluyen cifras u otros signos (siglas alfanuméricas, para Sousa), suele deletrearse la parte alfabética y nombrarse la cifra o el signo (MP3 [éme-pé-trés], I+D [í-mas-dé][6]), que pueden ser «seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P, peer two (to) peer, ‘de igual a igual, entre iguales’ (OLE2010, p. 582).

La nueva Ortografía señala finalmente que puede desarrollarse en la lectura la expresión compleja de la que procede «(…) cuando la sigla no es muy conocida o su finalidad principal es ahorrar tiempo y espacio en la escritura»: RAE [rráe] o Real Academia Española. También, lógicamente, podremos realizar la lectura de todas las siglas desarrollando todo el sintagma al que hacen referencia sea cual fuere su composición, aunque esto no lo indique la OLE2010.

En cuanto a su escritura el parecer de las Academias ha cambiado respecto a lo que todavía recoge el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) en su versión digital s. v. ‘sigla’:

Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: memoria anual del c.s.i.c.

Ahora en el c. V.3.3.4, «Ortografía y otras normas de escritura» (OLE2010, p. 583) dice:

a) En la actualidad, las siglas se escriben sin puntos ni blancos de separación, incluso cuando se integran en textos escritos enteramente en mayúsculas: CALENDARIO FISCAL PARA EL PAGO DEL IRPF.

Las Academias hacen suya la consideración que bajo forma de crítica expone OOTEA en la página 212, que considera la norma expresada en el DPD como carente de uso y de sentido.

Hay coincidencia en ambas obras, OLE2010 y OOTEA, en cuanto a que las siglas no deben llevar nunca tilde pero encontramos una gran divergencia de pareceres en cuanto al tipo de letras que deben representarlas. OLE2010 sigue insistiendo en que deben escribirse siempre enteramente en mayúsculas «las siglas cuya representación gráfica impide su lectura secuencial» (siglas propias, en la denominación de Sousa). Insiste y abunda en ello en la página 510 cuando habla del uso de las mayúsculas y minúsculas para formar siglas, porque «su escritura característica enteramente en mayúsculas (…) permite distinguir con claridad las siglas del léxico común (…)». Aquí es consecuente con lo que se dice en el DPD, pero para Sousa, aunque no rechaza su escritura con mayúsculas, es mucho más conveniente escribir este tipo de siglas en versalitas porque «en una página donde aparezcan varias siglas, la presencia de tantas mayúsculas juntas desestabiliza la visión ponderada del resto de la página, en el que las mayúsculas son solo esporádicas normalmente» (OOTEA, p. 212).

Sobre las letras versalitas quiero hacer aquí un comentario que me parece importante. Mientras que el DRAE, en su versión electrónica, define a la versalita como «Mayúscula igual en tamaño a la minúscula de la misma clase» la nueva Ortografía (p. 447) considera a esta letra como «una variante tipográfica de carácter híbrido, caracterizada por presentar la misma forma que la mayúscula con una altura similar a la de la minúscula». Hasta ahí, bien, pero a renglón seguido añade:

A pesar de su apariencia, la versalita es una variante estilística de la letra minúscula por lo que, al utilizar la versalita, debe mantenerse la mayúscula inicial en aquellas palabras que la requieran (…) [subrayado mío].

Esto equivale a decir que la versalita, si no malentiendo, es una letra minúscula (¡?), lo que chocaría frontalmente tanto con la definición del DRAE como con la definición que ofrece la OOTEA[7], para la que las versalitas «siguen siendo mayúsculas, no se olvide(…)» (p. 212).

La lexicalización de los acrónimos —en el sentido académico del término— implica que se escriban como cualquier palabra normal: con inicial mayúscula y el resto en minúsculas, cuando son nombres propios (Unicef), o enteramente en minúsculas, cuando son nombres comunes (opa, tac). Los dígrafos que se integran en las siglas conservan la mayúscula únicamente en la primera grafía.

Al «Uso combinado de mayúsculas y minúsculas en siglas y acrónimos» le dedica la OLE2010 un punto aparte (c. IV, 4.3.1), donde observa que cada vez es más frecuente esta mezcla, pese a que «la norma tradicional prescribe su escritura enteramente en mayúsculas» (p. 511). Este tipo de formaciones híbridas son muy comunes, según Martínez de Sousa, en las siglas impropias y dice que «se debería elegir un criterio por parte de todos los periodistas, traductores y escritores, con objeto de introducir coherencia interna en el sistema de la escritura de la lengua» (OOTEA, p. 213). Tal vez esa función también debería haberla hecho suya la asociación de Academias, que se limita a decir más abajo que ese uso excepcional «resulta admisible».

Al respecto de la división al final de línea de las siglas propias también existe discrepancia entre la OLE2010 y la OOTEA. Las Academias insisten en que «sea cual sea su lectura, las siglas escritas enteramente en mayúscula nunca deben dividirse con guión final de línea». Esta afirmación sigue sin estar justificada. Sousa en cambio no «ve razón alguna para no poder dividir UNES- / CO, como, cuando se escribe con solo mayúsculas, se pueden dividir ACA- / DE- / MIA, CO- / MAN- / DO, etcétera» (OOTEA, p. 115).

à suivre.


[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] Si no se indica lo contrario, todos los ejemplos son de OLE2010, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ninguna otra marca ortotipográfica. No desarrollo aquí las siglas cuyo significado es sobradamente conocido.

[4] Esta sigla puede tener varios desarrollos, como Federazione Italiana Tradizioni Popolari, Firearms Instructor Training Program, Forward Into The Past, etcétera.

[5] RAE, Diccionario de la lengua española, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1992.

[6] Sic, sin tilde en ‘mas’, p. 581.

[7] La versalita «(…) es la letra versal pequeña, es decir, la que tiene forma de versal o mayúscula, pero que es más pequeña, en torno al 82 % del tamaño de esta (aproximadamente, el tamaño de la minúscula). (…) se trata de una letra que, pese a que su tamaño es inferior al de la correspondiente mayúscula (es decir, la mayúscula del mismo cuerpo), sus astas tienen las mismas dimensiones en anchura. Esta característica dota a la versalita de una rara hermosura» (OOTEA, p. 415).

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Las siglas. 2.ª parte: formación

La nueva Ortografía (OLE2010[1]) explica los procedimientos para la formación de las siglas en el punto 3.3.1 del capítulo V (pp. 579-580), que se pueden resumir así[2]:

1.       «(…) yuxtaposición de las iniciales de las palabras con carga semántica (normalmente sustantivos y adjetivos, pero también adverbios) que integran la expresión compleja a partir de la que se originan»: ONG (organización no gubernamental).

2.       Adición o prescindencia de alguna letra del comienzo de algunos de los términos a las iniciales: CINDOC (Centro de Información y Documentación Científica), MUFACE (Mutualidad General de Funcionarios de la Administración Civil del Estado).

3.       Unión de elementos compositivos de una única palabra, «especialmente en el ámbito científico-técnico»: DDT (diclorodifeniltricloroetano).

4.       Inclusión de las iniciales de las «palabras gramaticales (las que carecen de contenido léxico) como artículos, conjunciones y preposiciones», tengan o no una importante carga significativa: MSF (Médicos Sin [sic, con mayúscula inicial] Fronteras), ADIF (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias).

5.       Intervención ocasional de elementos no alfabéticos, como cifras u otros signos: MP3 (Moving Picture Experts Group versión 3), 3D (tres dimensiones), 11-S (11 de septiembre), I+D (investigación y desarrollo). «Las siglas pueden contener cifras o signos seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P (peer two [to] peer, ‘de igual a igual’).

6.       Utilización de determinantes para indicar el plural cuando representan un único referente (los DNI); o adición de las marcas –s o –es cuando «corresponden a expresiones nominales comunes, y no a nombres propios (…) en la lengua oral: [oenegés] = ‘organizaciones no gubernamentales’», o cuando son «acrónimos lexicalizados», considerados «palabras plenas a todos los efectos(…): ovnis (acrón. pl. de objeto volador no identificado), tacs (acrón. pl. de tomografía axial computarizada).

El problema de la formación de las siglas también es abordado por otros autores[3], como José Martínez de Sousa, en OOTEA[4], quien va, otra vez, mucho más allá que la nueva Ortografía.

Sousa ofrece una clasificación detalladísima de las siglas, contempladas bajo diferentes puntos de vista en torno a su formación, y da ejemplos de todas ellas (pp. 211 y 212):

— por el número de letras que las componen: desde monolíteras (monograma), constituidas por una sola letra, hasta heptalíteras (heptagrama), constituidas por siete. Aquí se recoge el ejemplo erróneo de ‘INAPE’, de cinco letras, en las hexalíteras, para las que podría muy bien servir como ejemplificación cualquier otra sigla de seis letras (v. gr. UNESCO).

— por el tipo de constituyentes: solo letras [alfabéticas, término no citado], o letras y números (alfanuméricas).

— por su lectura: silábicas o consonánticas.

— por su formación: propias o estrictas (siglas obtenidas por el primer procedimiento contemplado en OLE2010), e impropias o sigloides (que serían las obtenidas por el segundo). Sousa incluye a los verbos en el grupo de palabras con carga significativa que intervienen en la formación del primer tipo, que OLE2010 olvida mencionar. Los ejemplos del tercer tipo de formación que cita OLE2010 (DDT) son considerados por Sousa como siglas propias, puesto que se toman las iniciales de los componentes de un compuesto.

La razón que ve la nueva Ortografía de las Academias para que se incluyan las iniciales de las palabras gramaticales sin carga semántica es que así se facilita «su pronunciación como palabras», y explica en cuadro de información adicional que «En los últimos tiempos es bastante frecuente que (…) se busque la coincidencia de la sigla resultante con una palabra del léxico común» (AVE, Alta Velocidad Española), y observa la resistencia a la minusculización de este tipo de acrónimos[5]. Esta última afirmación parece no estar justificada porque, al referirse a los últimos tiempos, no se puede saber todavía si son o no resistentes a la minusculización.

Las Academias no consideran obligatorio la presencia del guion en las siglas formadas mediante el quinto procedimiento —intervención de cifras u otros signos— y nos remite al punto 4.1.1.2.7 del capítulo III (p. 422), que se refiere al uso del guion en expresiones, siglas en este caso, que combinan cifras y letras, donde dice que es admisible «prescindir del guion sin dejar espacio», pero aquí «el uso del guion, aunque correcto, no es preceptivo»: H1N1 (hemaglutinina tipo 1 y neuraminidasa tipo 1). Al respecto del uso del guion en las siglas, sin embargo, la Ortografía no nos remite al punto 4.1.1.2.6.a (p. 420), donde nos habla del uso de este signo en siglas prefijadas, donde, como excepción, sí lo considera obligatorio «para evitar la contigüidad de minúsculas y mayúsculas en interior de palabra: mini-PC,(…) anti-OTAN». Martínez de Sousa le dedica al tema del uso del guion en las siglas el punto 10.5.20.2.4 (p. 365 de OOTEA), donde dice que «(…) el guion cumple una función unitaria, paso intermedio entre la escritura en términos separados (20 N) y unidos (20N)» e indica que «La grafía habitual hace uso de las tres formas: 20-N, 20N o 20 N». A este tipo de guión lo denomina «guion prepositivo».[6]

En cuanto al accidente gramatical de número, la invariabilidad de las siglas que representan a un único referente no pasa de ser una recomendación de la nueva Ortografía, aunque está fundamentada en la intención de evitar las posibles confusiones que podrían darse en el caso de añadir una -S mayúscula, a la que podría considerarse la inicial de otra palabra; o de salvar la mezcla de «grafemas en mayúscula y en minúscula, algo rechazado por nuestro sistema ortográfico en la escritura general, (salvo en los casos preceptivos de mayúscula inicial)» si se le añadiera una ‑s minúscula para formar el plural.

Aunque esta última cuestión de mayúsculas, minúsculas y versalitas la analizaré con más detenimiento en la siguiente entrada, sobre la lectura y escritura de las siglas, creo conveniente adelantar aquí que Martínez de Sousa constata «casos en que debe aplicarse a una sigla una grafía mixta; es decir, en la que entre las versalitas puede aparecer una minúscula», como en CiU (Convergència [Democràtica de Catalunya] i Unió [Democràtica de Catalunya] o en ETAm (ETA Militar) (p. 213). Aunque estos ejemplos, lógicamente, no son ilustrativos para hablar del plural, sí son válidos para hacernos suponer que, en las siglas, la mezcla de grafemas en mayúsculas –o versalitas— y minúsculas se debería aceptar con naturalidad.

Nada dice la nueva Ortografía del género de las siglas y acrónimos. Esta omisión sorprende un poco, aunque el DPD-e[7] viene en nuestro auxilio cuando explica esta cuestión s. v. ‘sigla’:

4. Género. Las siglas adoptan el género de la palabra que constituye el núcleo de la expresión abreviada, que normalmente ocupa el primer lugar en la denominación: el FMI, por el «Fondo» Monetario Internacional; la OEA, por la «Organización» de Estados Americanos; la Unesco, por la United Nations Educational, Scientific and Cultural «Organization» (‘Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura’). Las siglas son una excepción a la regla que obliga a utilizar la forma el del artículo cuando la palabra femenina que sigue comienza por /a/ tónica (→ el, 2.1 y 2.3a); así, se dice la AFE (y no el AFE), por «Asociación» de Futbolistas Españoles, ya que la palabra asociación no comienza por /a/ tónica.

Y s. v. ‘acrónimo’:

4. La mayoría de los acrónimos formados por la unión de elementos de dos o más palabras han adoptado el género masculino, incluso cuando, en la traducción, la palabra núcleo de la expresión extranjera abreviada es femenina; así, se dice un púlsar, a pesar de que estrella (ingl. star) es femenino; un quásar, a pesar de que fuente (ingl. source) es femenino. A veces, el masculino se explica por sobrentenderse un concepto masculino elidido: el [rayo] láser, a pesar de que luz (ingl. light) es femenino. Por el contrario, los acrónimos que se originan a partir de siglas adoptan normalmente el género de la palabra núcleo de la denominación completa: la uci (porque unidad es palabra femenina), el sida (porque síndrome es palabra masculina) (→ sigla4).

El DPD-e no explica casos como el de tac (acrón. pl. de tomografía axial computarizada), de género masculino, aunque la palabra núcleo de la expresión, ‘tomografía’ es de género femenino y aquí no se ve que se elida ningún término, aunque tal vez pudiéramos explicarnos el cambio de género en este caso por la terminación consonántica del siglónimo.

Todos estos posibles procedimientos vistos para la formación de las siglas nos conducen a pensar si no sería susceptible de revisión el artículo ‘sigla’ del DRAE en su próxima nueva edición que ahora, como se recordará de la entrada anterior, define así:

1.       Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja;
2.       Cada una de las letras que la componen;
3.       Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura,

y, como también se recordará, la OLE2010 omite la trecera acepción.

à suivre.



[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] Los ejemplos citados son de la Ortografía, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ningún resalte ortotipográfico.

[3] Casado Velarde, Manuel: «Creación léxica mediante siglas», Revista Española de Lingüística, 1 (1979a), 67-88; Calvet Louis-Jean: Les sigles, París, PUF, 1980 (Que sais-je?, 1811); etcétera, citados en la bibliografía de OOTEA (p. 515).

[4] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[5] Como ya vimos en la entrada anterior, OLE2010 considera a los acrónimos un tipo particular de siglas.

[6] Los cometidos de este guión los explica OOTEA en el punto 5.20.2 del capítulo 10, «Signos ortográficos», pp. 364-365.

[7] Diccionario panhispánico de dudas, versión electrónica.

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Las siglas. 1.ª parte: definición

Abordo en esta prometida entrada el complejo tema de las siglas y el tratamiento que les da la nueva Ortografía de la lengua española.

Y digo complejo por la extraordinaria proliferación que en la actualidad tiene este recurso gráfico y léxico en el mundo de la comunicación escrita y por la diversidad de los métodos que para su formación están registrados, lo cual dificulta todavía más cualquier intento de definición estricta y, por ende, su clasificación.

Al objeto de que la entrada no resulte excesivamente larga para el amable lector que pudiera acercarse a leerla, analizo el tema por partes, definición, formación y lectura y escritura. En esta primera hablamos de las cuestiones relativas a la definición de las siglas.

Para conocer su significado, en primer lugar nos acercamos al Diccionario de la Real Academia Española, en su versión electrónica (DRAE-e)[1], donde bajo la voz sigla, en artículo no sometido a revisión, constatamos tres acepciones:

1. Palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión compleja;
2. Cada una de las letras que la componen;
3. Cualquier signo que sirve para ahorrar letras o espacio en la escritura.

La nueva Ortografía (OLE2010)[2] recoge en su definición los dos primeros significados, pero obvia el tercero, y concreta que «el término sigla se emplea hoy casi exclusivamente con el primer sentido indicado» (p. 577).

J. Martínez de Sousa en su obra Ortografía y ortotipografía del español actual (OOTEA), entiende igualmente por sigla tanto a la formación léxica formada por «la yuxtaposición de iniciales de un enunciado o sintagma», como a cada una de estas iniciales (p. 206). Aquí elude, suponemos que conscientemente, el sustantivo letras [iniciales], pues, como veremos más adelante, dentro de las clases de siglas, explica que también pueden generarse por la «combinación de letras y números, cualquiera que sea la sucesión» (p. 211) (los subrayados son míos).

En la página 207 y siguientes de OOTEA se abordan los problemas que surgen con las tres acepciones de la entrada del DRAE, para concluir que la acepción que más se ajusta al concepto actual de sigla es la primera, «ya que, de hecho, las siglas no son más que conjuntos de abreviaciones de voces, ya sean estas aisladas o formando sintagma» (p. 208). El segundo ejemplo que da la Academia para ilustrar esta primera acepción, ovni, que también recoge ahora la OLE2010, junto con ONU [con mayúsculas] y sida (p. 579), dice Martínez de Sousa que «parece un desacierto», porque aunque se formó inicialmente como una sigla, bajo su actual forma es un nombre común. A este tipo de vocablos, entre los que también se recogen nombres propios como Unicef (citado en OLE2010, p. 579), los denomina Sousa siglónimos, a los que estudia en punto aparte junto con los alfónimos[3] (c. 5.9.1 y 5.9.2, respectivamente, p. 218 y s.), conceptos estos que no conocen las Academias, ni siquiera en el DRAE-e.

La segunda acepción no ofrece diferencias de análisis, aunque sí la tercera, que, para Sousa «probablemente contribuye más a crear confusión que a resolver ninguno de los problemas que la palabra sigla arrastra» (p. 208). OOTEA recoge las observaciones de otros autores como Rosell[4], quien advirtió que la acepción incluiría los signos taquigráficos, o Seco[5], quien insiste en la necesidad de «distinguir con claridad siglas de abreviaturas [porque] las abreviaturas se traducen a palabras, mientras que las siglas se leen como palabras».

Tal vez los problemas que plantea la tercera acepción del DRAE-e sean la causa de que esta se obvie en la nueva Ortografía, aunque quizá pudiera pensarse que las Academias no contemplen dentro de las competencias del estudio ortográfico el análisis de este tipo de signos.

La OLE2010 estudia bajo el mismo punto las siglas y los acrónimos, a los que considera un tipo particular de siglas (c V.3.3, pp. 577 a 585), mientras que en OOTEA se estudian por separado y pormenorizadamente: las siglas en el c. 5.8 (pp. 206 a 218) y a los acrónimos y a los cruces los estudia en puntos aparte (c. 5.10.1 y 5.10.2 respectivamente; p. 219 y ss.) por considerarlos como un procedimiento abreviativo especial por contracción. En el cuadro 5.1 de la página 188, «Clasificación de las abreviaciones», observamos que para Sousa es el procedimiento abreviativo, por siglación o por contracción, lo que separa los caminos de siglas y acrónimos.

Vemos aquí importantes diferencias de conceptos que merece la pena observar, pues, aunque, evidentemente, ambas obras coinciden en la etimología del término acrónimo (del gr. ákros, ‘extremo’, y ‑ónimo u -ónoma, nombre), para la OLE2010 el término acrónimo es tanto una voz creada «por la fusión de segmentos de varias palabras», definido así en el cuadro de información adicional de la página 565 —y ofrece como ejemplos cantautor, publirreportaje, etcétera—, como las voces explicadas arriba (ONU, ovni o sida). Para Martínez de Sousa solo merecen la consideración de acrónimos «todas las formaciones procedentes de la suma de partes de las palabras que constituyen un término complejo, sea o no sintagma (nunca, naturalmente, si esa formación la constituyen solo iniciales, pues a eso ya se le llama sigla en español).», aunque, en su afán —muy de agradecer por mi parte— de ser lo más minucioso y explícito posible, dentro de esta definición general de los acrónimos, diferencia el cruce (generalmente formado por la unión de una apócope con una aféresis) del acrónimo propiamente dicho: apócope + apócope, apócope + aféresis, aféresis + apócope, aféresis + aféresis o apócope + síncopa, y cita ejemplos de todos los casos (OOTEA , pp. 222 y 223).

à suivre.


[1] Las limitaciones gráficas de este blog me obligan a usar mayúsculas en lugar de versalitas, que sería tipográficamente más adecuado.

[2] Al objeto de unificar las siglas bibliográficas con las más usuales, cambio las denominaciones usadas en anteriores entradas OLE10, por OLE2010, para referirme a la nueva Ortografía, y OOEA por OOTEA para referirme a la obra de José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] «[Los alfónimos son] voces formadas mediante la yuxtaposición de los nombres de las letras iniciales de una denominación [como] abecé, abecedario, dedeté, tebeo,…

[4] ROSELL, A[venir].: Escritura de formas siglares, Montevideo: Imp. Letras, 1967[: 25]. Esta y la siguiente referencia bibliográfica están recogidas en OOTEA.

[5] SECO, Manuel: «El léxico de hoy», en Comunicación y lenguaje, Madrid: Karpós, 1977, 183-201.

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_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 3.ª parte: loa

3.ª parte: loa

Una amable lectora de mi anterior entrada, a quien a partir de ahora consideraré mi amiga, si le parece bien, me informó de una cuestión que debería corregir, por incorrecta, y alguna otra que tal vez debería matizar, por eso antes de iniciar esta «Loa» de la nueva Ortografía deseo realizar una rectificación y algunas matizaciones de la entrada del 10 de enero de 2011.

El siguiente párrafo es incorrecto:

(Nada dice la OLE10 ni de la aféresis, en palabras como ‘bus’, ‘chelo’ o ‘fax’; ni de la composición, en palabras como ‘autocine’ o ‘taquimeca’; ni de los compuestos sincopados, en palabras como ‘cantautor’, como procedimientos abreviativos, que sí explica Sousa en OOEA, págs. 186 y 187.)

porque la OLE10 sí que habla de este tipo de abreviaciones en la página 565 dentro del cuadro de «Información adicional», e incluso ofrece algún ejemplo citado, como ‘cantautor’. Para las Academias tienen la consideración de acrónimos, y explica que «Estas voces son el resultado de un proceso de creación léxica por composición, de ahí que reciban también el nombre de compuestos acronímicos.» Luego explica la diferencia que existe entre los acrónimos procedentes de siglas, de origen puramente gráfico, y los acrónimos creados por la fusión de los segmentos de varias palabras, que «no se tratan en esta obra», por ser considerados estos como creaciones léxicas en su origen.

En el mismo cuadro, más abajo, también se refiere la los acortamientos [abreviamientos en OOEA, pág. 200], a los que considera no reducciones gráficas, sino léxicas, que, dice, son «voces creadas por reducción del cuerpo fónico de una palabra o expresión al eliminar un segmento final [síncopa, en terminología de Sousa] o, más raramente, inicial [aféresis, ídem].

Cabe subrayar, sin embargo, que estas aclaraciones que incluye la Ortografía dentro de los apartes de «Información adicional», como explica en la página XLIV de la «Información preliminar, «No es información imprescindible, pero sí útil y complementaria a la del texto base.» (¡?, la cursiva es mía).

Así pues, ruego disculpas.

También debo matizar la afirmación que hago más abajo sobre la ambigüedad de la definición del «espacio fino» que, para la OLE10 es, simplemente, un espacio menor que el ordinario. Esta definición no es ambigua, aunque sí imprecisa, si la comparamos con la definición que Sousa ofrece el OOEA la página 407:

Los espacios eran piezas tipográficas que tenían valores distintos. La unidad de espaciado es el cuadratín o línea, que es un blanco que tiene de lado tantos puntos como puntos tenga el cuerpo con que se compone un texto. En un cuadratín entran cuatro espacios medianos, tres espacios gruesos, dos medias líneas o medios cuadratines y tantos espacios finos, de punto o de pelo como puntos tenga el cuerpo de composición.

(En la obra de Sousa también se definen los términos punto y cuerpo de composición.)

Tampoco en OOEA se especifica que el espacio deba ser fino, sino algo menor del normal para la separación de las letras que componen abreviaturas complejas, cuya medida, es de suponer, la determinará cada editorial, si lo estima oportuno, en función del cuerpo de los tipos usados, la medida de la línea, etc.

También debo aclarar que no realicé la comparativa de un modo exhaustivo, ni punto por punto, puesto que algunas cuestiones, intencionalmente, no se analizaron, como, por ejemplo, en la letra c) del apartado 3.2.5.3 del Capítulo V, «Otras cuestiones», la OLE10 dice que «Las abreviaturas nunca deben dividirse con guion de final de línea: *ad-/món.», (pág. 577). Esta cuestión la trata Sousa en las páginas 195-196 de la OOEA de la siguiente manera:

3. Aunque, como regla general, una abreviatura no debería dividirse a final de línea (..) en algunas ocasiones esta necesidad se presenta y en tal caso debe aceptarse; por ejemplo, puede dividirse au / tom., pero no impr., ya que en este caso la partición im / pr. no es aceptable al no formar dos sílabas. Tanto la OLE99 (5.11.2b7.o) [y ahora insiste la OLE10] como el DPD05 (p. 326) dicen que las siglas y abreviaturas no pueden dividirse a final de línea. Tal norma no está justificada. En efecto, ¿qué se opone a que se divida UNESCO en la forma UNES- / CO? ¿Acaso no se pueden dividir las palabras ordinarias escritas en su totalidad con letras mayúsculas? Y en cuanto a las abreviaturas, ¿por qué no se puede dividir admón. en la forma ad- / món.? (…).

Esta cuestión la había marcado para tratar en una prometida próxima entrada sobre las siglas.

En el momento de redactar estas líneas recibo la contestación del Departamento de «Español al día» de la RAE sobre la consulta que realicé el pasado día 6 de enero a través del formulario de consultas, disponible en la sección de «Consultas lingüísticas» de su página electrónica http://www.rae.es/rae.html, sobre la atildación en los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo.

Mi pregunta fue la misma que se planteaba Sousa en OOEA (pág. 193), esta:

¿Cómo se deben tildar los plurales de las abreviaturas por truncamiento extremo en casos tales como ‘RR. ÓO.’ (= Reales órdenes)? ¿debe ponerse la tilde en las dos oes?, ¿sólo en la primera, como aquí?, ¿sólo en la segunda, o en ninguna, por tratarse de un caso especial?

Y aquí la respuesta de la Academia:

En relación con su consulta, le remitimos la siguiente información: / El plural por duplicación de una abreviatura por truncamiento extremo se realiza sobre la letra que corresponde a la abreviatura singular. Así, dado que la abreviatura de real orden es R. O. —el singular orden se escribe sin tilde—, el plural de esta abreviatura sería RR. OO., por más que la palabra órdenes se escriba con ella. Tenga en cuenta que la duplicación es un procedimiento de pluralización de la forma de las abreviaturas. / Reciba un cordial saludo. / Departamento de «Español al día» / Real Academia Española

Aclarado queda.

Por último, quisiera agradecer a todas aquellas personas que han tenido la curiosidad de leer el post su amabilidad por las muestras de agradecimiento que me han manifestado.

Y ahora sí, pasemos a la loa.

Declaración de intenciones

Cuando alguien emprende algún trabajo, sea el que fuere, merece siempre todos mis respetos, sobre todo cuando dicho trabajo se realiza con honradez y dedicación. Por ello, vayan por delante mis respetos para esta obra, en cuya realización el coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, y su equipo han invertido ocho años, y las veintidós Academias han realizado un gran esfuerzo de consenso, con clara voluntad unificadora de los criterios a seguir.

Si echamos cuentas, esta Ortografía de la lengua española comenzó a fraguarse tan solo tres años después de la aparición de la de 1999, concretamente en el congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española de San Juan de Puerto Rico (2002). Las razones que llevaron a las Academias a tomar la decisión de abordar la redacción de una obra más profunda transcurrido tan poco tiempo, tal vez pudieran achacarse al aluvión de críticas que sobre aquella publicación llovía desde todos los lados: se la tachó en no pocas ocasiones de incompleta, contradictoria y de un montón de calificativos más, poco clementes y hasta alguno ineducado.

Esto no deja de ser una suposición, aunque para mí resultaba evidente que una obra de referencia como la que ahora, por fin, tenemos en nuestras manos era absolutamente necesaria. (Hay quien piensa que no, que, como en otras lenguas, tales como el francés o el inglés, los diccionarios son herramientas suficientes para solucionar los problemas ortográficos.)

Lo cierto es que para la lengua española una buena ortografía era muy demandada, no ya por el pueblo llano, quien, por muchas ortografías que se publiquen seguirá escribiendo como mejor sepa o pueda, sino por la gente de un nivel de cultura medio o alto y, sobre todo, por los profesionales del mundo de las letras, como profesores, periodistas, escritores, editores, correctores, etc.

Así pues, bienvenida sea la nueva Ortografía, que ya en la «Presentación» (pág. XXXVII y sigs.), y a manera de una declaración de intenciones, va desgranado todas las líneas directrices que han generado la obra:

—  Intención de construir una nueva Ortografía más amplia, detallada y minuciosa.

—  Necesidad de revisión, aunque descartando la idea de una reforma exhaustiva.

—  Conveniencia de eliminar, dentro de lo razonable, la opcionalidad abierta por las llamadas normas potestativas.

—  Vigilancia de su coherencia con otras obras académicas y consigo misma.

—  Redacción teórica y aplicada.

—  Vocación unificadora y de contención frente a una evolución descontrolada del idioma.

—  Solidez, exhaustividad, razonamiento y modernidad.

—  Simplicidad.

—  Intención didáctica.

—  Panhispánica, concebida desde la unidad y para la unidad.

Todos estos presupuestos son muy encomiables (aunque echo de menos el calificativo de democrática, que tal vez podamos inducir del último calificativo, panhispánica), y persiguen un único objetivo:

(…) describir el sistema ortográfico de la lengua española y realizar una exposición pormenorizada de las normas que rigen su correcta escritura en la actualidad (pág. XLIV).

Forma y fondo

Aquí hay que levantar una lanza particular en pro de la Real Academia Española (RAE) por otorgar al resto de las Academias el protagonismo que merecen, como ya venía haciendo en estos últimos años, y otra general para todas ellas al haber conseguido realizar una obra consensuada.

El propio rey don Juan Carlos elogió «la gigantesca labor» que en los últimos doce años ha realizado la RAE con las demás academias de la Lengua Española. También su hijo, el príncipe Felipe calificó de «soberbia edición» la OLE10 en el acto de su presentación, el pasado 17 de diciembre de 2010.

Mario Vargas Llosa, igualmente elogió la nueva Ortografía a través de un breve vídeo en el que el reciente premio Nobel (y académico de la RAE) ponderó las virtudes de la obra. (Deseo aprovechar la ocasión para expresarle mi enhorabuena por el honor tan bien merecidamente conseguido.)

El director de la Academia Mexicana, José G. Moreno de Alba, por su parte, subrayó el enorme avance que la presente edición supone respecto a la anterior, de 1999, sobre todo, la amplitud de la información sobre los aspectos que más vacilaciones producen entre los hablantes.

El coordinador de la obra, Salvador Gutiérrez Ordóñez, por su parte, habló de «fiesta de la ortografía»: los ocho años de trabajo que él y su equipo han invertido han producido un texto riguroso, razonado, normativo —pero flexible— y ameno.

Además de todo lo que se pudiera esperar de la obra, también es un compendio de historia de la escritura, del alfabeto y de la evolución de la disciplina ortográfica, donde se regulan algunos asuntos que habían sido poco desarrollados o que ni siquiera se habían contemplado en anteriores ediciones, como la importancia y el desarrollo que se le da al tema del uso de las mayúsculas y minúsculas, al que se le dedica el Capítulo IV (págs. 441 a 517); a las expresiones procedentes de otras lenguas (Capítulo VI, págs. 595 a 622); a la ortografía de los nombres propios (Capítulo VII, págs. 623 a 649); a las expresiones numéricas (Capítulo VIII, págs. 651 a 698); o a cuestiones de ortotipografía que van apareciendo a lo largo de toda la obra.

El objeto libro

Las 745 páginas  de que consta este volumen están pulcramente publicadas en una excelente edición, con una presentación en caja; encuadernación cosida (¿y pegada?); con tapa dura; tres hojas de guarda de mayor gramaje y una cuarta del mismo gramaje que las páginas que forman el cuerpo del libro, al principio, y una de más y otra de menos gramaje al final; y un papel de primera calidad que, aunque transparenta ligeramente, no incomoda prácticamente nada su lectura, que se ve, además, favorecida por el tipo de letra escogido (Times New Roman, o similar), de un tamaño suficiente como para no forzar la vista, cosa esta muy de agradecer por los que, quienes como yo, sufrimos algunos tipos de limitaciones visuales (recuerdo los esfuerzos que debo realizar al consultar la edición de 1992 del Diccionario de la RAE, pese a mis bien graduadas gafas). Sus dimensiones aproximadas son de 15 x 23,5 x 3,5 centímetros, lo que también contribuye a su buena manejabilidad. El diseño de tapa, lomo y contratapa me parece elegante y muy agradable al tacto.

Esta importantísima obra no merecía menos.

Conclusiones

En esta primera aproximación a la nueva Ortografía constatamos los objetivos que se plantearon las Academias cuando decidieron afrontar la ardua tarea de su elaboración y salta a la vista que han realizado un formidable esfuerzo muy digno de encomio, aunque el grado de cumplimiento de esos objetivos autoimpuestos habrá que ir constatándolo mediante análisis más pormenorizados de cada una de las cuestiones que trata la obra, como el que yo mismo intenté hacer, con mayor o menor acierto, en la anterior entrada de este mismo sitio sobre las abreviaturas.

También resulta apreciable (y hasta cierto punto sorprende gratamente) el intento de aproximación a aspectos ortotipográficos, universo este que la RAE (no sé si también las demás academias) apenas había dado muestras de conocer.

Hasta la fecha los tres pilares básicos que enmarcaban el área de sus competencias se ceñían, si no me equivoco, a temas ortográficos, gramaticales, y léxicos, y aunque desconozco si dentro de las funciones de las Academias se abre con esta obra la posibilidad del estudio y descripción de cuestiones tipográficas, por mi parte sería muy bienvenida la decisión de que asumieran la tarea y se rodearan de extraordinarios especialistas que existen en ese campo, como el mismo José Martínez de Sousa, para mí —y para muchas otras personas— la máxima autoridad en tipografía de la lengua española que existe.

Ruegos y preguntas

El sistema de remisiones de la obra no hace referencia a las páginas concretas, sino a los capítulos y a sus apartados, pero en los encabezados de las páginas no se expresa el capítulo donde el lector se encuentra, sino sólo el apartado numérico y el título de éste. Esto obliga al lector a acudir constantemente al «Índice de contenidos» del principio para saber exactamente la página en la que se encuentra la información que busca. Ejemplo (pág. 276):

«Para la acentuación gráfica de extranjerismos y latinismos, véase el capítulo VI, § 2.1.3 y 2.2.2.»

Esto me obliga a ir al índice, donde los puntos del capítulo citado me remiten a las páginas 602 y 607, respectivamente.

Rogaría que en futuras ediciones se indicara en el encabezado de las páginas el capítulo en el que se halla el lector, ya que se ha optado por este sistema de remisiones.

También echo de menos dos secciones que, bajo mi punto de vista, deberían aparecer en cualquier publicación a la que se le pretenda otorgar el carácter de científica y que, generalmente, se colocan al final de la obra: un índice alfabético y una lista de bibliografía consultada, herramientas que son de gran utilidad para el lector que desee consultar un tema concreto o para aquel que desee ampliar conocimientos sobre cualquier asunto.

La ausencia del índice alfabético obliga a repasar el índice temático para decidir qué capítulo o capítulos pueden serle útiles para la consulta particular.

En la página XLV de la «Información preliminar», punto 6, se indica que la fuente esencial para los trabajos de la ortografía han sido los bancos de datos de la Real Academia Española, haciendo referencia más abajo al Corpus de Referencia del Español Actual (CREA) y al Corpus Diacrónico del Español (CORDE). No se hace referencia a ninguna otra fuente.

Rogaría que en futuras ediciones, aún a costa de encarecerlas, se incluyera un índice alfabético al final y una bibliografía consultada, si es que se ha consultado alguna fuente secundaria (no esencial).

Mi último ruego a las veintidós Academias, y a los posibles lectores de esta triple entrada, es que me perdonen los posibles errores u omisiones que pudiera haber cometido y si alguien discrepa de mi análisis, en lo que sea, quedaría muy reconocido a quien me lo hiciera saber a través de los comentarios de esta bitácora (blog) o mediante mi dirección de correo-e, pacoaljama@gmail.com. Mi único deseo es aprender.

à suivre.

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