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_Alguien dice tu nombre_, de Luis García Montero: una novela de amor… a la literatura

Luis García Montero honró con su presencia y sus palabras el acto de inauguración de la XXXI edición de la Feria del Libro de Huesca, celebrada el pasado mes de mayo de 2014.

Luis García Montero

Luis García Montero

A continuación, se sentó en la mesa de firmas para dedicar a sus lectores ejemplares de su última novela, Alguien dice tu nombre (Alfaguara, 2014). Mientras estaba aguardando cola, una señora, a la que yo no conocía de nada, comenzó a explicarme que era una rendida admiradora del muy galardonado vate granadino, a quien seguía con fervor desde hacía muchos años; incluso me confesó que había ido guardando «todos» los recortes de periódico que recogían artículos suyos.

Cuando efectué la primera lectura de la obra comprendí mucho mejor la anécdota, ya que tenía ante mis ojos no solo una novela de amor más, sino una novela de amor a la literatura.

Y es que en Alguien dice tu nombre García Montero le plantea al lector el juego de resolver un puzle de tres piezas, que analizo a continuación, y que podríamos decir «que van de la literatura a la vida» (p. 197).

La novela de amor (primera pieza)

Con una estructura concebida como un diario o como un libro de notas, el narrador nos describe la pasión que enciende su primer amor.

León Egea Extremera, de veinte años de edad, llega a Granada en 1963 para estudiar Filosofía y Letras. Su profesor de Literatura, Ignacio Rubio, le procurará un trabajo como vendedor de enciclopedias en la editorial Universo que le permitirá costear los gastos de la carrera. Allí conoce a Consuelo Astorga, la secretaria, diecisiete años mayor que él, de la que caerá prendado: una primera experiencia amorosa ―en la línea edípica de otras importantes novelas, como Antigua luz, de John Banville (Alfaguara, 2012) o El lector, de Bernhard Schlink (Anagrama, 2009; octava edición)― que al principio convertirá al narrador en un mero juguete de Consuelo para sublimarse hasta la madurez sin transición alguna:

Desnuda, minuciosa, me enseñó cómo se pintan las uñas de los pies, ahora el dedo gordo, ahora este, ahora el meñique, dejo que se sequen y cambio de pie.

No protesté cuando empezó conmigo. Es un placer abandonarse, dejar que nos hagan cosas, que nos acaricien la espalda, que nos quiten una espinilla, que nos regalen un masaje en los pies. Claro que los resultados pueden ser ridículos. Me vi de pronto con las uñas del pie derecho pintadas, como si fuese un juguete de Consuelo […].

Es una suerte, si se piensa bien, poseer algo a lo que renunciar por amor. Mi caso no es ese, desde luego que no. ¿Qué tengo yo, qué puedo sacrificar, qué voy a abandonar, ya sea por Consuelo o por otra mujer? Difícil murmurarle a alguien que he cambiado de vida por su amor […], desde hoy quiero ser otra persona [p. 95‑96, 120].

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Crónica de una oscura época (segunda pieza)

La acción se sitúa en 1963, en pleno desarrollismo franquista, aunque un viejo calendario del bar donde el narrador se toma el café, el Lepanto, detenido en la fecha del «diecinueve de abril de mil novecientos sesenta» (p. 12), representa para él «una buena metáfora» de que los personajes viven en «un país paralizado […] un país triste, encogido y retrasado» (p. 11, 159), a pesar de que algunos de los personajes que van apareciendo a lo largo de sus páginas puedan permitirse el lujo de adquirir una enciclopedia, máximo exponente de la sabiduría a plazos.

La Iglesia católica lo fiscaliza todo, los poderes fácticos forman parte del aparato del Estado, es decir, no existen, no pueden existir dentro del Estado totalitario. Se trata de una época en la que el hijo de un alcalde tiene más poder que cualquiera que se encuentre fuera de ese aparato, aunque, en este caso, algún rebelde como León se atreva a cruzarle la cara al pequeño déspota sin sopesar las consecuencias… o sopesándolas muy bien, porque lo que León no soporta es a los indiferentes.

La gente pasa muy digna, viene de misa, compra flores, entra y sale de la pastelería Bernina y se esconde en la indiferencia para no contagiarse. ¿Dónde está el médico que cure la indiferencia? […] Pastillas para la indiferencia. Inyecciones para la indiferencia. Jarabes para la indiferencia. […] Insisto: la gente mediocre es más peligrosa que los malvados [p. 44].

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En la pasarela por la que desfila una plétora de personajes de toda índole, desde alcaldes y guardias civiles hasta camareros y limpiabotas, León, consecuente con sus ideas, se desmarcará y optará por el compromiso.

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Un tratado de poética: «Mi profesor de Literatura dice que…» (tercera pieza)

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Mi profesor de Literatura me dijo que aprender a escribir es como aprender a mirar, como conseguir ver las cosas necesarias para encontrar un sentido [p. 11].

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León va recogiendo de manera muy aplicada todas las recomendaciones que le brinda su profesor de literatura, Ignacio Rubio, para llegar a ser un buen escritor, lo que, sumado a las numerosísimas referencias literarias que ilustran esta novela —los rusos, Valle, Lorca…— la convierte en un auténtico tratado de poética que queda resumido así:

Este diario supone un verdadero taller de literatura. Ordeno la mesa, abro el cuaderno, me pongo a escribir, recuerdo los consejos de mi profesor, intento ser inteligente, fatigo la imaginación, hago uso de la ironía, me distancio, vuelvo a entrar en mi interior, asumo el ejercicio de conciencia, busco adjetivos para mezclarlos con la capacidad de observación y voy llenando páginas [p. 147].

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Alguien puede pensar que la solución a un puzle de tres piezas resulta sencilla, aunque esto es así solo cuando las piezas son planas y están pintadas por una sola cara; pero la cosa se complica cuando esas tres piezas no están pintadas y lo que se busca es el mayor número de soluciones posibles, como en el juego del Tangram, y todavía puede tornarse mucho más compleja si esas tres piezas son poliédricas y sus múltiples facetas están llenas de matices y de expresividad conceptista, como en esta novela de García Montero: una novela de amor a la literatura.

¿Quiere usted probar suerte en el juego?

… à suivre.

Portada de _Alguien dice tu nombre_

Portada de Alguien dice tu nombre

 

GARCÍA MONTERO, Luis: Alguien dice tu nombre; Madrid: Alfaguara, 2014; 226 páginas.

Más en:

• Entrevista a L. G. Montero en <www.todoliteratura.es>

• Reseña en <www.elcultural.es>

• Página oficial de L. G. Montero

_Angelitos Negros_, de José Luis Galar: el bolero de los espías

José Luis Galar Gimeno nació en Zaragoza, en 1965, y su formación está relacionada con el turismo y la sociología, pero su pasión es la literatura, ya que desde 1998 ha conseguido publicar un puñado de novelas. Se dio a conocer con Muerte en un cabaret (Zaragoza: Egido Editorial, abril de 1998), a la que le siguieron La isla de los pelícanos (id., 1999), El agua que no moja las manos (id., 2000), La red del pescador (Zaragoza: Leyere Ediciones, 2004), reeditada varias veces, y La frontera dormida (Barcelona: Destino, 2008).

010_J. L. Galar_Muerte en un cabaret

010_J. L. Galar_La isla de los pelícanos

010_J. L. Galar_La red del pescador

010_J. L. Galar_La frontera dormida

En 2011 vuelve a publicar en Destino Angelitos Negros.

Se trata de una novela de espías e intrigas internacionales que supone una ucronía, una reconstrucción de la reciente historia española sobre datos hipotéticos que toma como punto de partida la guerra del Golfo de y que va generando una trama muy bien urdida en la que España se implica en un golpe de Estado en un pequeño país imaginario de África, Bataba, bajo cuyo suelo aguarda una inmensa reserva de petróleo a la que desea acceder a toda costa para poder hacer frente en el futuro a la demanda energética nacional.

Tanto los personajes —incluyendo el presidente del Gobierno— como los hechos descritos son ficticios, excepto los estrictamente históricos, como indica el propio autor en nota al final del libro, aunque la solidez de la trama acaba confiriéndole a la historia los visos de verosimilitud necesarios para que el lector se quede pegado a la historia y desea que esta avance, porque Galar consigue mantener la tensión hasta el final con la maestría que confiere ejercer el oficio de escritor.

Los retratos de los personajes están bien conseguidos, así como la etopeya de cada uno de ellos, cuya evolución acompasa el ritmo de los acontecimientos: están especialmente logrados tanto el proceso de blindaje moral de Lucas Sastre (alumno de Antropología captado por los servicios de inteligencia) ante las actividades que tendrá que desarrollar a cambio de un apetitoso jornal, como el hastío progresivo hacia el que se precipita Julio Flores-Westenfarg, miembro experimentado y mentor de aquel, al no encontrarle justificación ética a las turbias actividades oficiales que lleva desarrollando durante años y que acabarán volviéndolo algo neurótico.

La ambientación es precisa: desde el Ritz de Madrid, donde Viñas, jefe del espionaje, capta a Lucas, hasta los tugurios de Port Said, o los barrios o la embajada española de El Cairo, un tablero de operaciones que servirá para enmarcar perfectamente la acción que irá in crescendo hasta el final.

Tal vez choque un poco la práctica ausencia de escenas de erotismo que tanto suelen prodigarse en las historias de espionaje —no puede uno sustraerse a pensar en las bellezas que siempre rodean a 007—, aunque, de cualquier manera, ello no es un requisito indispensable para elaborar una buena novela de acción, como lo es Angelitos Negros, de José Luis Galar, salvo que se busque un objetivo puramente crematístico.

 

010_J. L. Galar_Angelitos Negros

El autor está ahora metido de lleno en su primer poemario que me cupo el placer de revisar, y que en su día hablaré aquí de él, aunque ya os puedo adelantar que es excelente.

José Luis Galar

José Luis Galar

… à suivre.

 

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