Etiqueta: Presentación

soy yo, buenas, que venía

 

Ángel Guinda: el poeta terrorista

El pasado viernes 30 de marzo a las 20 horas el poeta Ángel Guinda presentó su nuevo poemario, Caja de lava, recién publicado por la editorial Olifante en la Librería Anónima de Huesca.

Ángel Guinda decidió cargar su arma de futuro hace ya mucho tiempo y todavía hoy continúa en la trinchera de la palabra, donde tan incómodo es vivir, pero donde el orgullo de saber que lo que se está haciendo es lo que se debe amortigua los golpes, aunque siempre se salga leso. Leso, pero orgulloso puede sentirse este gran poeta aragonés, que ya tuvo problemas con la policía al plasmar sus ideas en aquellas primeras pintadas del final de la dictadura: entonces los grafitis expresaban algo más que el mero goce estético en el que hoy, por desgracia, han quedado la mayoría.

Pero hoy no quiero hablar de poesía: prefiero escucharla.

Lectura de Ángel Guinda en la Biblioteca Nacional

…à suivre.

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Antonio Aramayona_Sonrisas y lágrimas con algún que otro bostezo en la escuela

El pasado viernes 18 de noviembre a las 20 horas, en la Librería Anónima de Huesca, asistí a la presentación del libro Sonrisas y lágrimas (con algún que otro bostezo) en la escuela, de Antonio Aramayona Alonso.

 

 

Como él mismo se describió en una breve nota para la solapa de su libro Con otra mirada, que podemos leer en su sitio web,

Antonio Aramayona Alonso es zaragozano. Tras vivir y trabajar durante casi veinte años en Madrid, ejerce desde el año 1992 como profesor de Filosofía en un instituto de Enseñanza Secundaria de Zaragoza. También es colaborador habitual en El Periódico de Aragón. Por lo demás, cada vez está más lejos de hacerse rico, ganar un concurso de belleza y obtener el Premio Nobel en algo. No obstante, se sabe afortunado: además de contar con buenos amigos (…)

Quisiera completar un poco más su currículo. También colabora con Andalán, Aula Libre, Izquierda Digital y otras publicaciones periódicas; es autor de Con otra mirada (Prames, 1998), Del amor y otras soledades (Mira, 2009) y ¿dios? (Catarata, 2010)Antonio es miembro de Europa Laica, Derecho a Morir Dignamente y MHUEL (Movimiento Hacia un Estado Laico); da charlas y conferencias de forma desinteresada y ejerce la filosofía en diferentes trincheras, y no, precisamente, como «perpetuo aspirante», como reza en la contraportada de Sonrisas…., sino como una persona bregada por la experiencia que aporta media vida dedicada a la docencia con apasionada dedicación, y la vida entera a librar otras batallas.

El profesor lograba que sus alumnos estuvieran deseando asistir a sus clases de filosofía. Y, ¿cómo puede conseguirse esto? Con motivación. Y, ¿cómo se puede motivar a los alumnos? Sobre todo escuchándolos, otorgándoles la facultad de ser ellos los protagonistas en clase y haciéndolos participar en su desarrollo, solicitando su colaboración y facilitándoles los medios para que puedan colaborar entre ellos y, sobre todo, fomentando su espíritu crítico, único medio para alcanzar el goce del saber, el placer por aprender. Al final sus alumnos entendían las leyes de la lógica porque se las explicaban unos a otros: colaboraban.

En Sonrisas… Aramayona nos ofrece, más que un tratado formal, una serie de reflexiones en voz alta sobre lo que para él ha sido y es la escuela, la educación, el fracaso escolar —«si existe ‘fracaso’ es la escuela la que fracasa»—, hacia dónde se encamina un sistema educativo cuyo fin principal no es formar a las personas, sino únicamente obtener el aprobado…

Pero también nos brinda reflexiones sobre otros asuntos como la inmigración, «alumnos inmigrantes embutidos en un centro sin entender una palabra» y de lo que ahora escandaliza —«velos temidos y tangas reprimidos»— a algunos que ya no recuerdan lo que era ser joven, llevar el pelo largo y vestir de una manera informal.

Además en el libro, que decidió autoeditar (incluso tuvo que solicitar un pequeño crédito para poderlo hacer, según me confesó) nos transcribe un par de redacciones de alumnos que nos ofrecen sus puntos de vista particulares sobre el aula: escuchémoslos, porque nosotros también tenemos que aprender mucho de ellos.

El significado del libro —y el mejor resumen— lo puede ejemplificar estas palabras que Antonio Aramayona nos regaló en la presentación:

Con este libro quiero transmitir el amor que debemos tener por una escuela libre, democrática, pública, plural, laica y aconfesional, y por ella deberíamos sentirnos obligados a luchar.

En algunas partes de nuestro país ya lo están haciendo.

Al finalizar, nos tomamos un vino Enate de dos orejas.

…à suivre.

 

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Fermín Moreno_La perdición fucsia_Un coctel de humor y (ciencia)ficción


El pasado 10 de junio se presentó en la librería Anónima de Huesca La perdición fucsia. El imperio del Tecnopreboste I (ediciones Nalvay) de Fermín Moreno e ilustrado por David Guirao.

Tras una minuciosa y atenta lectura de la novela, definida como una mezcla de ciencia ficción y humor, considerada heredera de obras como las de la serie iniciada con La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams (r. i. p.: todavía algunos lloramos su desaparición cada 25 de mayo con una toalla enrollada en la cabeza), y otras deliciosas hierbas, tras devanarme los sesos intentando comprender su significado más profundo, he llegado a las siguientes conclusiones (seré sincero, sorry):

  1. La perdición fucsia no tiene más ciencia que el hercúleo esfuerzo léxico realizado por el autor. Si rascamos bajo la capa de pintura de lo anecdótico de la trama, se palpa su erudición desbordante, o al menos se nota que es un fiel seguidor de los documentales de La 2, National Geographic, Discovery Channel y el Canal Cocina.
  2. En cambio, ficción sí tiene. Teniendo en cuenta que la acción se origina a partir de una especie de Erasmus intergaláctico, lo demás viene rodado.
  3. De humor también va bien servido, aunque lo que menos gracia puede hacer a quien se enfrasque en su lectura es tener que consultar el diccionario con cierta frecuencia para pillar algunos de los numerosísimos chistes que ilustran sus 315 páginas, si no se domina el léxico con soltura y suficiencia. ¿Cuánto humor exactamente? Para poder expresarlo en cifras he creído oportuno inventarme una unidad de medida que simplifique su comprensión: la «mansalva», (equivalente a 10 petateragigas, es decir, prácticamente ∞ – 1). Así, podemos decir que esta novela goza de humor a mansalva, o que contiene una mansalva de humor.
  4. Pienso que a la novela le sobrarían algunas páginas, porque cuando llegaba por la página 200 mi interés por la trama se iba disipando: debe ser que me hago mayor para andar leyendo este tipo de literatura tan ligera, aunque, si tuviera 20 años menos y estuviera menos leído este análisis sería distinto con toda probabilidad.

Por todo lo anteriormente expuesto quiero recomendársela efusivamente a los adolescentes que se buscan curro de camarero en el verano para poder sufragarse los estudios: si siguen mi recomendación y tiran de diccionario para traducir algunos crípticos pasajes, verán como su bagaje cultural aumenta exponencialmente mientras se mueren de risa.

Para muestra, un botón (o, mejor, dos):

—[el mensaje] Está en clave, señor.
—Bueno, dígamelo de todas formas.
—DI DI DI DI DI DI DA A DI DI DI DA A DI DI DI DA A DA A DI DI DA A DA A [… abreviemos, así cuatro o cinco líneas más] DI DA A AAA.
—NO, EN MORSE NO. (Pág. 250.)

(Este pasaje concreto me evoca a otro similar de Camilo José Cela en el que recogía un párrafo entero lleno de balidos de oveja: un crac, don Camilo.)

De ello colijo que los gzrhjblhmñqd carecen de la más mínima noción de cálculo probabilístico, se hallan en un estadio marcadamente preoperatorio a la hora de establecer inferencias del tipo causa-efecto y pecan de un exceso de autoconfianza, además de ser muy devotos, qué duda cabe. Un sociólogo que abordase la cuestión interpretándola bajo el sesgo de una perspectiva más experimental y distanciada diría incuso que son gilipollas. Pero eso sería simplificar el problema a mi modesto entender. Las ciencias sociales no son tan sencillas. (Pág. 162.)

Quien ahora colige soy yo: para reír a mandíbula batiente con este párrafo uno debe pertenecer al mismo olimpo de erudición en el que se hallan Stephen Hawking, Eduard Punset, o el último fontanero que me cambió un grifo, que, por el precio a que factura la hora, ha de ser, por fuerza, inteligentísimo.

Servidor, como, además del grifo, se cambió las piezas dentales superiores hace un par de años, prefiere no batir demasiado sus mandíbulas para evitar daños colaterales, como se dice ahora; prefiere sonreír para sus adentros al recordar a Jean Piaget, el padre de las teorías de la psicología de la educación.

Y ya, para finalizar, quisiera que el autor me sacara, si es que tiene tiempo y ganas, de tres dudas existenciales que me planteó en la presentación:

  1. ¿Qué tiene contra el techno-house y la música dance?
  2. ¿Por qué no le gusta el Ulises de Joyce?
  3. ¿Cuándo aparece la segunda parte?

… à suivre.

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Marian Womack_Memoria de la nieve_Leer con la extraña impresión de la añoranza

El pasado día 13, de puntillas, casi sin hacer ruido, pasó por Huesca una escritora sublime: Marian Womack.

Esta gaditana cometió el pecado de estudiar demasiado [1]. Su penitencia le supuso una beca para completar sus estudios en Oxford. Pero lo que al principio parecía un sueño, con el paso del tiempo,se fue convirtiendo en una pesadilla. Oxford —sacrosanta institución universitaria, cifra y compendio de toda sabiduría—, bajo su apariencia de mito esconde algo ominoso, vitando. Algo de lo que no tienen la culpa ni sus vetustas edificaciones, ni mucho menos los pobres y olvidados libros que sus paredes encierran, sino tan solo algunas de las personas que lo frecuentan:

Oxford se parece a uno de esos muebles viejos con la pintura cuarteada, que si la rascas un poco con la uña deja al descubierto la porquería.

Desengañada del mundo académico, después de estar lo que para Marian suponía entonces más de la mitad de su vida, decidió regresar a España para empezar de nuevo, dejando atrás todo aquel superficial glamour.

«Oxford […], ciudad de mentira, más veces escrita o inventada que vivida —porque allí no puede vivirse, por lo tanto nada puede tocarse, erosionarse— permanecerá para siempre donde ahora se encuentra» (p. 36)

Aunque no todo iba a ser negativo. Su estancia en Oxford le permitió viajar por Europa y, sobre todo, conocer Rusia: su idioma, sus gentes, su cultura… Y se quedó prendada de aquel gran país, de ese país que la mayoría de nosotros conocemos solo de oídas o de leídas, y cuya realidad dista mucho de cualquier tópico que podamos habernos formado en nuestras cabezas. Para Marian Womack constituyó toda una revelación.

Cuando por fin regresó a España, casada con James, trajo consigo todo aquel bagaje soviético, oxoniense y europeo, y toda su memoria de la nieve, que ahora dan nombre al libro que nos presentó aquel viernes.

Marian, escritora

Antes hemos dicho que nos encontrábamos ante una escritora sublime, sí, pero, ¿en qué consiste su sublimidad?

La obra de Marian Womack posee ese regusto gótico que enlaza con los Siete cuentos góticos de Karen Blixen (es decir, Isak Dinesen, autora de Memorias de África), o con los fantásticos cuentos de Poe. Su estilo es definido por ella misma cuando se refiere al estilo de Laura, uno de los personajes que aparece en el relato «Deiá, elogio de la nieve (1932)»:

«Los poemas de Laura [Marian] parecen conjuros, hechizos de brujos de cuentos de hadas. Porque cada palabra tiene una razón precisa, cumple una mágica función.» (p. 104)

Memoria de la nieve (Zaragoza: Tropo Editores, 2011) recoge seis relatos que se desarrollan en ambientes y épocas distintas que son vividos por diferentes personajes unidos por unos denominadores comunes: el desarraigo, la ausencia, la añoranza, la soledad… Esa soledad que bajo un tiempo inclemente puede afectar a los sentidos, abotargándolos, permitiendo que traspasen la línea de la realidad las sombras, las visiones, que aparecen al principio solo insinuadas para cobrar poco a poco una presencia más real.

La autora nos allega esos paisajes distantes y hostiles usando magistralmente el lenguaje, un bello lenguaje rayano con la poesía, cuyas hermosas imágenes podemos paladear parsimoniosamente, y que nos atrapa y nos arrastra, casi sin darnos cuenta, a ese estado delicioso de abstracción a que te conduce la lectura de las grandes obras.

Por cortesía de Tropo Editores os enlazo aquí con el íncipit, el primer capítulo, «Moscú, enterrado (por la nieve…) (1905)».

Marian y James, editores

Los Womack

 

Cuando hace casi dos años inicié una campaña de promoción profesional como corrector de textos tropecé con una editorial que me llamó la atención muy gratamente: Nevsky Prospects.

La fundó Marian con su marido, James Womack, y la presentaron oficialmente el 10 de noviembre de 2009, tras renunciar a la vida académica universitaria y regresar a España. Nevsky se dedica exclusivamente a la traducción y edición de obras de la literatura rusa —los clásicos—, pero también las obras contemporáneas de ciencia ficción.

Me pareció algo sorprendente y muy encomiable, porque hasta ahora, que yo sepa, a nadie se le había ocurrido una idea semejante, aunque hay que tener en cuenta que, según las propias palabras de Marian, «España es un país que consume mucha literatura rusa».

La primera obra que editaron fue esta:

En la presentación de Memoria… le conté a Marian cómo conocí su editorial y le pregunté  si tenían en su catálogo algo de los hermanos Arkady y Borís Strugatsky, de los que había leído (de balde, en un pdf por ahí) el fabuloso relato Picnic extraterrestre, y me dijo que acababan de editar una de sus obras, «muy divertida».

Localizaré su referencia bibliográfica y, esta vez, cubicaré la postura, como hice al adquirir Memoria de la nieve, que tan amablemente me dedicó.

Gracias, Marian, por tu amabilidad y por tu poesía y suerte a ambos con Nevsky.

…à suivre.

 

[1] Licenciada en Literatura Inglesa y en Estudios de Cine (Universidad de Glasgow); master en  Literatura Europea y doctorado sobre literatura comparada (Universidad de Oxford); traductora y profesora universitaria; archivística, conservación y catalogación de libros en el departamento de lenguas modernas de la Biblioteca Bodleiana de Oxford. En el diario local de Huesca solo mereció una foto con un escueto pie de cuatro líneas.

No recibió una gran cobertura informativa

SIETE CUENTOS GÓTICOS
Karen Blixen
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Julián Casanova_Europa contra Europa_La lección que nunca daba tiempo a explicar

Durante la dictadura franquista (1939-1975) en las aulas de España había una lección de historia que nunca daba tiempo a explicar.

La historia se acababa en la guerra de la Independencia, último acto heroico del pueblo español, o, como mucho, llegaba a mencionarse el gran acto del caudillo: la salvación de la patria del contubernio judeo-masónico-comunista (tres en uno) y la consecución de 40 años de paz. La materia era larga y el curso se hacía corto, y nos quedábamos sin conocer esa última parte esencial de nuestras vidas que era —es— el siglo XX.

El resto del temario en la escuela y en el instituto se explicaba como se explicaba y pensábamos que, por ejemplo, todos los cristianos de la Edad Media cabían en Covadonga, de donde un buen día, bajo el mando de don Pelayo, salieron todos de vez para expulsar al infiel; o que los comunistas eran demonios rojos con una horca en una mano y una hoz y un martillo en la otra, y todos tenían cuernos y rabo y echaban fuego por la boca y por los ojos.

Andrés Sopeña Monsalve, en su obra El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcatólica (Barcelona: Ed. Crítica, 1.ª edición 1994) ironiza sobre aquella educación que recibíamos los españoles de la posguerra.

En 1976, cuando aún no había pasado un año de la muerte del dictador, recuerdo que en COU nocturno —aquel Curso de Orientación Universitaria que para otra cosa no sé si servía, pero para orientar, no— me dejó perplejo que mi profesora de historia mencionara la figura de Ramón Tamames, como uno de los mejores economistas e historiadores del momento, ¡«pese a ser comunista»!

La universidad, afortunadamente, ya fue otra cosa: se nos abrieron los ojos cuando aquel profesor de Historia Medieval nos preguntó:

—¿Quién os parece que era más español? ¿Un cristiano o un moro que llevaba viviendo en la península ocho siglos?

Algo cambió en nuestras cabezas adolescentes y decidimos aprender por nuestra cuenta la lección que nunca nos explicaron.

Ahora Julián Casanova acaba de publicar el libro que la resume, Europa contra Europa. 1914-1945 (Barcelona: Ed. Crítica, 2011. 258 páginas)

Julián Casanova, en la presentación de su obra el pasado 29 de abril en la Librería Anónima de Huesca, nos la resumió en un acto que tuvo tanto de clase magistral o de conferencia como de mera presentación. Entonces nos indicó a los asistentes la obligación que los historiadores deberían tener de salir con más frecuencia de las aulas a la calle para allegar la historia a los ciudadanos, con el propósito insoslayable de dar a conocer el pasado, porque ya se sabe por triste experiencia que, si no, estamos condenados a repetirlo… y más en el momento presente, cuando transcurrida la primera década del siglo XXI estamos atravesando una de las peores crisis europeas de los últimos tiempos. Y no solo económica, sino también —y sobre todo— social.

 

Casanova en su obra nos recuerda cómo se fue al traste en un abrir y cerrar de ojos el Antiguo Régimen que tan firmemente asentado se creía y las consecuencias traumáticas que el proceso acarreó: 40 millones de muertos y una Europa cuyas fronteras nadie reconocía.

Y con ello nos recuerda también lo mucho que cuesta conseguir la democracia y mantenerla, pero lo poquísimo que cuesta perderla.

…à suivre.

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