Etiqueta: Vídeo

¿jugamos al veo-veo?

 

Ángel Guinda: el poeta terrorista

El pasado viernes 30 de marzo a las 20 horas el poeta Ángel Guinda presentó su nuevo poemario, Caja de lava, recién publicado por la editorial Olifante en la Librería Anónima de Huesca.

Ángel Guinda decidió cargar su arma de futuro hace ya mucho tiempo y todavía hoy continúa en la trinchera de la palabra, donde tan incómodo es vivir, pero donde el orgullo de saber que lo que se está haciendo es lo que se debe amortigua los golpes, aunque siempre se salga leso. Leso, pero orgulloso puede sentirse este gran poeta aragonés, que ya tuvo problemas con la policía al plasmar sus ideas en aquellas primeras pintadas del final de la dictadura: entonces los grafitis expresaban algo más que el mero goce estético en el que hoy, por desgracia, han quedado la mayoría.

Pero hoy no quiero hablar de poesía: prefiero escucharla.

Lectura de Ángel Guinda en la Biblioteca Nacional

…à suivre.

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Videoconferencias de Oriol Nadal para el Primer congreso internacional de correctores de textos en lengua española

Cuelgo aquí un conjunto de seis videoconferencias de Oriol Nadal, corrector de textos con veinte años de experiencia, que preparó para el Primer congreso internacional de correctores de textos en lengua española, celebrado en la el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, los pasados días 14, 15 y 16 de septiembre, titulado El pasado del presente. Manuales tipográficos y orígenes de las normas del corrector.

Que los disfrutéis.

…à suivre.

P. S.: Gracias a Oriol por todas tus doctas y generosísimas aportaciones a la Unión de Correctores.

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Fermín Moreno_La perdición fucsia_Un coctel de humor y (ciencia)ficción


El pasado 10 de junio se presentó en la librería Anónima de Huesca La perdición fucsia. El imperio del Tecnopreboste I (ediciones Nalvay) de Fermín Moreno e ilustrado por David Guirao.

Tras una minuciosa y atenta lectura de la novela, definida como una mezcla de ciencia ficción y humor, considerada heredera de obras como las de la serie iniciada con La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams (r. i. p.: todavía algunos lloramos su desaparición cada 25 de mayo con una toalla enrollada en la cabeza), y otras deliciosas hierbas, tras devanarme los sesos intentando comprender su significado más profundo, he llegado a las siguientes conclusiones (seré sincero, sorry):

  1. La perdición fucsia no tiene más ciencia que el hercúleo esfuerzo léxico realizado por el autor. Si rascamos bajo la capa de pintura de lo anecdótico de la trama, se palpa su erudición desbordante, o al menos se nota que es un fiel seguidor de los documentales de La 2, National Geographic, Discovery Channel y el Canal Cocina.
  2. En cambio, ficción sí tiene. Teniendo en cuenta que la acción se origina a partir de una especie de Erasmus intergaláctico, lo demás viene rodado.
  3. De humor también va bien servido, aunque lo que menos gracia puede hacer a quien se enfrasque en su lectura es tener que consultar el diccionario con cierta frecuencia para pillar algunos de los numerosísimos chistes que ilustran sus 315 páginas, si no se domina el léxico con soltura y suficiencia. ¿Cuánto humor exactamente? Para poder expresarlo en cifras he creído oportuno inventarme una unidad de medida que simplifique su comprensión: la «mansalva», (equivalente a 10 petateragigas, es decir, prácticamente ∞ – 1). Así, podemos decir que esta novela goza de humor a mansalva, o que contiene una mansalva de humor.
  4. Pienso que a la novela le sobrarían algunas páginas, porque cuando llegaba por la página 200 mi interés por la trama se iba disipando: debe ser que me hago mayor para andar leyendo este tipo de literatura tan ligera, aunque, si tuviera 20 años menos y estuviera menos leído este análisis sería distinto con toda probabilidad.

Por todo lo anteriormente expuesto quiero recomendársela efusivamente a los adolescentes que se buscan curro de camarero en el verano para poder sufragarse los estudios: si siguen mi recomendación y tiran de diccionario para traducir algunos crípticos pasajes, verán como su bagaje cultural aumenta exponencialmente mientras se mueren de risa.

Para muestra, un botón (o, mejor, dos):

—[el mensaje] Está en clave, señor.
—Bueno, dígamelo de todas formas.
—DI DI DI DI DI DI DA A DI DI DI DA A DI DI DI DA A DA A DI DI DA A DA A [… abreviemos, así cuatro o cinco líneas más] DI DA A AAA.
—NO, EN MORSE NO. (Pág. 250.)

(Este pasaje concreto me evoca a otro similar de Camilo José Cela en el que recogía un párrafo entero lleno de balidos de oveja: un crac, don Camilo.)

De ello colijo que los gzrhjblhmñqd carecen de la más mínima noción de cálculo probabilístico, se hallan en un estadio marcadamente preoperatorio a la hora de establecer inferencias del tipo causa-efecto y pecan de un exceso de autoconfianza, además de ser muy devotos, qué duda cabe. Un sociólogo que abordase la cuestión interpretándola bajo el sesgo de una perspectiva más experimental y distanciada diría incuso que son gilipollas. Pero eso sería simplificar el problema a mi modesto entender. Las ciencias sociales no son tan sencillas. (Pág. 162.)

Quien ahora colige soy yo: para reír a mandíbula batiente con este párrafo uno debe pertenecer al mismo olimpo de erudición en el que se hallan Stephen Hawking, Eduard Punset, o el último fontanero que me cambió un grifo, que, por el precio a que factura la hora, ha de ser, por fuerza, inteligentísimo.

Servidor, como, además del grifo, se cambió las piezas dentales superiores hace un par de años, prefiere no batir demasiado sus mandíbulas para evitar daños colaterales, como se dice ahora; prefiere sonreír para sus adentros al recordar a Jean Piaget, el padre de las teorías de la psicología de la educación.

Y ya, para finalizar, quisiera que el autor me sacara, si es que tiene tiempo y ganas, de tres dudas existenciales que me planteó en la presentación:

  1. ¿Qué tiene contra el techno-house y la música dance?
  2. ¿Por qué no le gusta el Ulises de Joyce?
  3. ¿Cuándo aparece la segunda parte?

… à suivre.

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Julián Casanova_Europa contra Europa_La lección que nunca daba tiempo a explicar

Durante la dictadura franquista (1939-1975) en las aulas de España había una lección de historia que nunca daba tiempo a explicar.

La historia se acababa en la guerra de la Independencia, último acto heroico del pueblo español, o, como mucho, llegaba a mencionarse el gran acto del caudillo: la salvación de la patria del contubernio judeo-masónico-comunista (tres en uno) y la consecución de 40 años de paz. La materia era larga y el curso se hacía corto, y nos quedábamos sin conocer esa última parte esencial de nuestras vidas que era —es— el siglo XX.

El resto del temario en la escuela y en el instituto se explicaba como se explicaba y pensábamos que, por ejemplo, todos los cristianos de la Edad Media cabían en Covadonga, de donde un buen día, bajo el mando de don Pelayo, salieron todos de vez para expulsar al infiel; o que los comunistas eran demonios rojos con una horca en una mano y una hoz y un martillo en la otra, y todos tenían cuernos y rabo y echaban fuego por la boca y por los ojos.

Andrés Sopeña Monsalve, en su obra El florido pensil. Memoria de la escuela nacionalcatólica (Barcelona: Ed. Crítica, 1.ª edición 1994) ironiza sobre aquella educación que recibíamos los españoles de la posguerra.

En 1976, cuando aún no había pasado un año de la muerte del dictador, recuerdo que en COU nocturno —aquel Curso de Orientación Universitaria que para otra cosa no sé si servía, pero para orientar, no— me dejó perplejo que mi profesora de historia mencionara la figura de Ramón Tamames, como uno de los mejores economistas e historiadores del momento, ¡«pese a ser comunista»!

La universidad, afortunadamente, ya fue otra cosa: se nos abrieron los ojos cuando aquel profesor de Historia Medieval nos preguntó:

—¿Quién os parece que era más español? ¿Un cristiano o un moro que llevaba viviendo en la península ocho siglos?

Algo cambió en nuestras cabezas adolescentes y decidimos aprender por nuestra cuenta la lección que nunca nos explicaron.

Ahora Julián Casanova acaba de publicar el libro que la resume, Europa contra Europa. 1914-1945 (Barcelona: Ed. Crítica, 2011. 258 páginas)

Julián Casanova, en la presentación de su obra el pasado 29 de abril en la Librería Anónima de Huesca, nos la resumió en un acto que tuvo tanto de clase magistral o de conferencia como de mera presentación. Entonces nos indicó a los asistentes la obligación que los historiadores deberían tener de salir con más frecuencia de las aulas a la calle para allegar la historia a los ciudadanos, con el propósito insoslayable de dar a conocer el pasado, porque ya se sabe por triste experiencia que, si no, estamos condenados a repetirlo… y más en el momento presente, cuando transcurrida la primera década del siglo XXI estamos atravesando una de las peores crisis europeas de los últimos tiempos. Y no solo económica, sino también —y sobre todo— social.

 

Casanova en su obra nos recuerda cómo se fue al traste en un abrir y cerrar de ojos el Antiguo Régimen que tan firmemente asentado se creía y las consecuencias traumáticas que el proceso acarreó: 40 millones de muertos y una Europa cuyas fronteras nadie reconocía.

Y con ello nos recuerda también lo mucho que cuesta conseguir la democracia y mantenerla, pero lo poquísimo que cuesta perderla.

…à suivre.

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¡Enhorabuena, señor Blecua!

Pues eso, que ya tenemos a un nuevo aragonés dirigiendo los destinos de la Academia.

Os enlazo a la noticia en la página web de la RAE,  y os invito a que veáis el vídeo del Telediario.

¡Enhorabuena, don José Manuel!

…à suivre.

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