Faulkner: un viaje alucinante al fondo de la mente

Al analizar el pronóstico ―cada vez más diagnóstico― meteorológico que daban para esta pasada Semana Santa, decidí viajar a través del espacio y del tiempo, gratis y sin mojarme, gracias a la literatura, y, de paso estudiar una de mis infinitas asignaturas pendientes: Faulkner. Va a llover. No iremos a ningún sitio. Tenemos visitas un par de días. Aprovecharé que el crío va a ir a la biblioteca y le encargaré algo sobre. Debo estudiar. Asignaturas pendientes. Tengo fresco el Ulises. Joyce. Monólogo interior. Qué bueno, qué bueno¡Toda la semanasanta! Aprovechando que mi hijo tenía que ir a la Biblioteca Municipal Antonio Duran Gudiol de Huesca le encargué que buscara algo sobre el nobel norteamericano y me trajo dos de sus obras fundamentales: El ruido y la furia (The sound and the fury) y Mientras agonizo (As I lay dying),   que me llevaron de viaje al sur profundo de los Estados Unidos de principios del siglo xx. ¿Dónde está El ruido y la furia? Lo he cogido yo. Bah, da igual comenzaré por esta otra. El orden de los factores… Por si esto fuera poco, la experiencia se vio enriquecida con una nueva faceta: la de realizar un viaje alucinante al fondo de la mente ―utilizando el título de la película dirigida por Ken Russell en 1980― de los personajes, es decir, al de la mente del propio Faulkner. Esto es, de manera fundamental, y precisamente, lo que yo quiero siempre resulta imposible conocer el fondo de la mente de nadie y. Aunque toda lectura resulte a fin de cuentas un cierto grado de aproximación al pensamiento del escritor, eso.

Resulta que cayeron en mis manos dos cuidadísimas ediciones con excelentes traducciones: El ruido y la furia, de Alianza Editorial de Alianza por Mariano Antolín Rato y Mientras agonizo de editorial Anagrama de Anagrama, que en la contraportada se enorgullecía de presentar «la versión definitiva de “Mientras agonizo”, fijada en 1985, a partir de las galeradas originales, compulsadas con el manuscrito autógrafo y la copia mecanografiada por el propio autor», por Jesús Zulaika ¿Qué contumacia perversa hace que los reseñadores de libros silencien sistemáticamente a los traductores, pese al juicio que por fuerza han debido formarse sobre cómo -con qué fortuna- se ha vertido al castellano un libro escrito en otra lengua (y, lo que es más importante, pese al derecho de los lectores a ser informados sobre la calidad de la traducción que tienen en las manos?). / Eso sí que es un misterio para mí, no los pechos femeninos. / Jesús Zulaika, en. ¡Qué difícil debe resultar enfrentarse a una traducción de un texto de Faulkner! Citemos a los traductores, citemos…

No destriparé las obras ni sus personajes ni la técnica de Faulkner. Eso ya se ha hecho. Solo recomiendo su lectura. Los clásicos, leamos a los clásicos. Viaje iniciático perfecto y sin mayores contratiempos. Quiero más Faulkner mucho más…

… à suivre.

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