Etiqueta: José Martínez de Sousa

 

_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 2.ª parte: auto

2.ª parte: auto[1]

Como indiqué en la primera parte de esta triple entrada, «comedia», desearía comentar aquí algún aspecto de la nueva Ortografía de la lengua española, (Espasa Libros, S. L. U., Madrid, 2010, en adelante OLE10), obviando las cuestiones que ya se han tratado en numerosos foros, algunas de las cuales han sido criticadas, bajo mi punto de vista imprudentemente, incluso antes de la publicación de la obra.

Dichas críticas han girado en torno a temas diversos, como la nueva conformación de nuestro alfabeto, que ahora consta solo de 27 letras, al considerarse la ch y la ll, por fin, como dígrafos (págs. 63 y 64); la denominación de cada una de ellas (pág. 69 y sigs.); la no acentuación de los demostrativos ni del adverbio solo, excepto en casos de clara ambigüedad (pág. 269 y sigs.); o el sistema de acentuación de diptongos, hiatos y triptongos (pág. 236 y sigs.), cuestión esta que, aunque a algunos les venga de nuevo, ya se había estipulado en la Ortografía de la lengua española de 1999 (Espasa Calpe, Madrid, en adelante OLE99), y que puede resumirse en este simple cuadro explicativo:

Las características propias de los blogs, (o bitácoras, como prefiere denominarlas el Diccionario panhispánico de dudas, en su versión digital) obligan a la concisión; es por esto de todo punto impensable que se pudiera exponer aquí ningún estudio intensivo ni extensivo sobre cualquier tema. Sin embargo sí deseamos analizar algún aspecto parcial de la nueva Ortografía que, aunque sea breve, haga posible acercarnos al espíritu de la obra.

Y pensando en algo breve, no se me ocurrió nada mejor, a priori, que las abreviaturas.

La intención de esta entrada no es otra que comparar el tratamiento que se les da ahora en OLE10 con el que se les dio en OLE99 y, por contar con otro punto de vista diferente de la Academia, o mejor, de las Academias, contrastar también las consideraciones al respecto con las recogidas en el libro de referencia de José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, Gijón, 2008, 2.ª edición, en adelante OOEA).

Parece esta una cuestión secundaria, en cuya explicación la OLE99 ocupaba exactamente tres páginas y media (Capítulo VI, págs. 93, 94, 95 y media página 96) y, a continuación, en el Anexo I, desplegaba la «Lista de abreviaturas, siglas y símbolos» (págs. 97 a 117). Salta a la vista pues que poco se puede comparar el asunto de una y otra ortografías académicas, por lo que tal comparación se reduce a las obras OLE10 y OOEA.

En la OLE10 el tema de las abreviaturas se desarrolla en el apartado 3. del Capítulo V, bajo el subtítulo de «Las abreviaciones gráficas» (págs. 564 a 585) y dedica al estudio de los símbolos el apartado 4 del mismo capítulo (págs. 586 a 589).

Centrémonos solo en las abreviaciones gráficas, que las veintidós Academias explican así:

Se consideran abreviaciones gráficas aquellas formas de representación concisa de las unidades léxicas cuya motivación es, en principio, puramente gráfica, esto es, que responden a la intención de representar abreviadamente en la escritura palabras o expresiones complejas.

Y luego engloba dentro de este concepto las abreviaturas y las siglas. No considera abreviaciones gráficas, sino léxicas a los acortamientos (o abreviamientos en OOEA) y separa a los acrónimos como una clase especial de siglas (siglónimos en OOEA).

Surgen las primeras cuestiones:

¿No es toda abreviación léxica también una abreviación gráfica? Los símbolos tampoco son considerados propiamente como abreviaciones; los explica, en su apartado correspondiente (pág. 586), como «una suerte de ideogramas».

Veamos cómo enfoca el tema Sousa.

Dentro de la tercera parte de OOEA, «Ortografía de la palabra», dedica 36 páginas a las abreviaciones, que define así:

(…) la abreviación es la reducción de la extensión de una palabra o sintagma mediante la supresión de letras o sílabas. (Pág. 184.)

A partir de esta parca, aunque clara, definición establece en la página 186 las siguientes clases:

Si la reducción afecta a palabras resultan las abreviaturas, los criptónimos, las cifras o monogramas y los abreviamientos, cuando la abreviación se realiza por supresión de letras o sílabas; y los símbolos y los signos, cuando la abreviatura se realiza por simbolización. Si la reducción afecta a sintagmas, resultan las siglas y los siglónimos, cuando se hace por siglación; y el cruce y el acrónimo, cuando la supresión de letras o sílabas se hace por contracción.

Tras un poco de historia de las abreviaciones, la OLE10 nos ilustra sobre su formación (Capítulo V, 3.2.2), y dice que pueden acuñarse mediante truncamiento (apócope, en OOEA) o por contracción (síncopa, en OOEA), y en un cuadro de advertencia (pág. 571) se menciona como caso de «truncamiento extremo» las iniciales de los antropónimos (criptónimos, en OOEA). A continuación incluye dentro de las abreviaturas por contracción «las que presentan la letra o letras finales voladas» y dentro de estas, como grupo especial, conocen los números ordinales. (Nada dice la OLE10 ni de la aféresis, en palabras como ‘bus’, ‘chelo’ o ‘fax’; ni de la composición, en palabras como ‘autocine’ o ‘taquimeca’; ni de los compuestos sincopados, en palabras como ‘cantautor’, como procedimientos abreviativos, que sí explica Sousa en OOEA, págs. 186 y 187.)

Al leer el apartado de las abreviaturas por contracción surgen nuevas preguntas:

¿Es otra posibilidad de abreviación gráfica la utilización de los números, no mencionada anteriormente? Si esto es así, cosa que parece, ¿no se consideran también abreviaciones los números cardinales? Y, de no serlo, ¿cómo habrían de considerarse estos?, ¿como otra «suerte de ideogramas»? Al tema de «La ortografía de las expresiones numéricas» le dedica la OLE10 el Capítulo VIII, donde a los números se los considera «entidades abstractas que expresan cantidad», a diferencia de las cifras, que «son los símbolos [cursiva mía] que se utilizan para representar gráficamente los números» (pág. 653, en el aparte de «Información adicional»).

Ya tenemos las respuestas.

Martínez de Sousa igualmente considera a los ordinales abreviaturas por contracción (OOEA, pág. 189), mientras que las cifras de las numeraciones, tanto arábiga como romana, los operadores matemáticos y algunos otros signos los define como signos abreviativos (OOEA, pág. 204). Para la OOEA la consideración de los cardinales coincide con la de la OLE10, es decir, «Son los números enteros mencionados en abstracto», y las cifras sirven para representarlos (OOEA pág. 266)[2].

La OLE10 sigue con la formación de los femeninos de las abreviaturas (Capítulo V, 3.2.3) y en la pág. 573 recomienda el uso de la letra a, volada (a) antes que la no volada (-a), en las abreviaturas por truncamiento: Prefiere Prof.ª a Profa. En las obtenidas por contracción, aunque recomiende escribir la letra a a su altura normal, como en Sra. dice que también «puede escribirse volada». Esto, para Sousa, es incorrecto, «puesto que constituye una irregularidad injustificable descomponer una sílaba en letras que ocupan posiciones distintas en la línea.» (OOEA, pág. 195).

Continúa con la formación de los plurales (Capítulo V, 3.2.4, págs. 573 y 574). En la OLE10 se contemplan las siguientes posibilidades:

1.ª Invariabilidad de las abreviaturas correspondientes a las formas verbales u expresiones oracionales (v.= ‘véase’ o ‘véanse’; D.E.P.= Descanse en paz o Descansen en paz) y en las «abreviaturas que llevan una barra (ole10, pág. 575), en lugar de un punto, como signo abreviativo» (d/f= días fecha, b/n= blanco y negro[3]).

La OOEA de Sousa analiza los problemas que pueden surgir en caso de aplicar esta primera regla en todos los casos, porque, por ejemplo, tampoco existen formas de plural para algunos sustantivos (t.= tomo o tomos; l.= libro o libros) ni, por supuesto, para los símbolos (m= metro o metros), aunque las Academias no consideran estos como abreviaturas. En cuanto a las abreviaturas formadas con el signo abreviativo de la barra, para Sousa la fórmula correcta debería ser d/f., con punto tras el último elemento, puesto que este es en sí la abreviatura de una palabra y, por lo tanto, se ve razonable la necesidad de ese punto (OOEA pág. 192).

2.ª Adición de -s en las abreviaturas por truncamiento (pág., página; págs., páginas); o de -s o ‑es en aquellas formadas por contracción (sdades.= sociedades).

También plantea aquí Sousa problemas que pueden presentarse si encontramos expresiones del tipo «p. 123 y 128», o «223 p.», donde la abreviatura p. puede equivaler aquí al plural páginas. En cuanto a la adición de la -s en las abreviaturas con letras voladitas hay coincidencia de criterios al afirmarse en ambos textos que dicha adición es pertinente y obligada con el mismo tipo de letra (OLE10, pág. 574; OOEA, pág. 194).

3.ª Duplicación de la letra conservada en las abreviaturas por truncamiento extremo (ff.= folios, FF. AA.= Fuerzas Armadas[4]) y advierte que no es correcto prescindir ni de los puntos abreviativos ni de los espacios. Luego explica los casos especiales de las expresiones complejas (EE. SS.= estaciones de servicio; A. V.= asociación de vecinos).

La OOEA coincide en todo con la OLE10, o debería decirse al revés, por cuanto aquella publicación es anterior. Sin embargo nada dicen las Academias del problema planteado por las tildes en estos casos, que Sousa expone en su obra (pág. 193) con este ejemplo: «de R. O., RR.ÓO.= ‘reales órdenes’ (…): ¿debe ponerse la tilde en las dos oes?; ¿solo en la primera, como aquí se ha hecho?; ¿solo en la segunda?; ¿en ninguna, por tratarse de un caso especial?(…)».

Como nadie nos resuelve esta duda, decido realizar una consuta directa a la rae que me devuelve el mensaje de «cerrado por festivo». Mientras espero, decido aplicar la lógica para este caso:

a) Las mayúsculas deben llevar tilde cuando le corresponda.

b) Las abreviaturas por truncamiento extremo deben duplicar la letra conservada.

luego:

c) Si la mayúscula conservada lleva tilde su duplicación debería llevarla también.

4.ª Casos especiales y excepciones. La OLE10 recoge como excepción el caso de la abreviatura de usted, Ud., y su plural, que se forma añadiendo una -s, Uds., (pág. 574). Como una información adicional recoge la abreviatura (a), alias, entre paréntesis (pág. 575). Asimismo considera grupo aparte las abreviaturas de «las fórmulas de tratamiento, que se escriben siempre con inicial mayúscula, pese a que las palabras a las que corresponden se escriben con minúscula, al tratarse de nombres comunes» (pág. 576). También, en el apartado 3.2.5.3.a, «Otras cuestiones», indican las Academias que «cuando la abreviatura es compleja, se separan mediante un espacio fino (menor que un espacio ordinario) las letras que corresponden a cada uno de los elementos que la integran: e. p. m. [con espacios finos] por en propia mano».

En OOEA (pág. 197) Sousa tacha de incorrecta la forma del plural Uds. e indica como la correcta Udes. En la «Lista de abreviaturas» de la nueva Ortografía se recogen además las formas U., V. (aunque no sus plurales, que deberían ser UU. y VV.), Vd. y su plural irregular Vds., que para Sousa, aunque algunos autores acepten estas últimas como correctas, deben rechazarse por arcaizantes. Bajo mi punto de vista, pese a que evidentemente son formas arcaizantes y actualmente no deberían usarse, el listado de la nueva Ortografía debe seguir recogiendo, e indicar que es poco usada, tal y como lo hace (OLE10, pág. 710), porque hay publicados innumerables libros que las usan y los lectores deben contar con algún recurso que les facilite la lectura de todos los textos. (También en el Diccionario de la RAE se recogen muchísimos vocablos en desuso que deben permanecer registrados si queremos interpretar escritos como, por ejemplo, el Quijote.)

En cuanto a la abreviatura de alias (a), ¿no sería esta formación más cercana a la de los símbolos? No he encontrado en OOEA referencia a esta forma.

En las fórmulas de tratamiento creo que se ha introducido un elemento de incoherencia, pues, aunque sus abreviaturas estén fosilizadas con inicial mayúscula, este proceso de fosilización se ha producido por tener que escribir su desarrollo también con mayúscula; pero eso era hasta ahora, cuando por fin las Academias han modificado este criterio y obligan a que las palabras a las que corresponden se escriban con minúscula inicial, «al tratarse de nombres comunes». Si seguimos los criterios para la formación de abreviaturas que nos indica la nueva Ortografía, también deberían aceptarse como correctas formas como sr., para señor, ilmo., para ilustrísimo, etc.

La OLE10 introduce cuestiones ortotipográficas a lo largo de sus páginas, que han sido bienvenidas por algunos y criticadas por otros, como cuando nos habla de la separación mediante un espacio fino de las letras que componen abreviaturas complejas. Esta regla, que no recomendación, no está justificada en el texto, y la definición de espacio fino resulta ambigua. Sousa (OOEA pág. 407) define perfectamente todos los espacios y explica que «En ediciones cuidadas [negrita mía] debería ser algo menor [que el normal]» (OOEA pág. 190) al objeto de equilibrar gráficamente la distribución del texto . Resulta pues chocante que las Academias eleven a la categoría de regla esta cuestión para todo tipo de escritos, al afirmar «se separan mediante un espacio fino»: ¿acaso alguien, redactando normalmente, la va a seguir?

Los siguientes apartados del Capítulo V de la OLE10, abordan los temas de las siglas y los acrónimos (3.3), y de las abreviaciones y las nuevas tecnologías (3.4), pero esos son otros mundos, cuyos análisis bien pueden dar para próximas entradas. En cuanto a las notaciones científicas y matemáticas, remito a la excelente que Javier Bezos publicó en su blog «Tex y tipografía» el pasado día 20 de diciembre de 2010.

…à suivre.


[1] «auto. 4. m. pl. Der. Documentos y escritos que recogen las actuaciones de un procedimiento judicial.», en el caso que nos ocupa, el procedimiento se desarrolla en el terreno lingüístico.

[2] Aunque también «Las cifras o monogramas son enlaces de dos o más letras iniciales que se emplean como abreviación de un nombre y apellido(s) [sic] o de un sintagma» (OOEA pág. 200).

[3] En el Anexo I la abreviatura de blanco y negro aparece recogida en mayúsculas, así: B/N, por supuesto sin punto tras el segundo elemento (pág. 702).

[4] Fuerzas Armadas aparece con mayúsculas iniciales (pág. 573).

_Ortografía de la lengua española_, 2010: comedia, auto y loa. 1.ª parte: comedia

1.ª parte: comedia[1]

La aparición de la nueva Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010) ha supuesto para todos motivo de gran fruición. Por fin la obra ha abandonado la categoría de folleto (calificada de «escueto prontuario» por los propios académicos) para alcanzar la calidad de estudio científico, como explicó en la presentación del pasado día 17 de diciembre de 2010 su coordinador, Salvador Gutiérrez Ordóñez, en la sede de la Real Academia Española ante los príncipes de España:

(…) una ortografía razonada, en la que se fijaran tanto los anclajes estructurales como la armadura teórica. Una ortografía que hiciera patentes y visibles las causas y las razones de cada decisión. Una ortografía congruente en sus normas y coherente en sus vínculos con la dimensión fónica y gramatical de la lengua. Una ortografía explícita y exhaustiva que no dejara ángulos muertos y espacios abiertos a la duda y a la incertidumbre. Una ortografía simple y clara en la exposición para llegar a la mayoría de los ciudadanos. Una ortografía que respondiera a los condicionantes metodológicos y científicos del principio empírico.

Tras once años de ansiosa (?) espera por parte de todos los profesionales del lenguaje ya la tenemos aquí. Los académicos aseguran que es una obra coherente, exhaustiva, simple, científica, clara, razonada y panhispánica: Ole [Ortografía de la lengua española].

A todos estos epítetos habría que añadirle otro: el de democrática. (Esto, permítaseme la digresión, me recuerda a los físicos, cuando votan en sus reuniones anuales qué teorías sobre la explicación del universo son las más creíbles.)

Es admirable la intención que han tenido las veintidós academias de la lengua española de unificar las normas ortográficas de más de 450 millones de hispanohablantes, un gran mercado para lanzar cualquier publicación. Universidades (sólo en España hay catalogadas en la Wikipedia setenta y siete: multiplíquese por las facultades de cada una), bibliotecas (unos cuantos miles), editoriales (en España más de tres mil), entidades e instituciones, fundaciones, empresas y particulares… en definitiva, si se vende como debería, un gran negocio. Para muestra, un botón (o dos): México compra desde hace veinte años un millón quinientos mil ejemplares de cada libro que publica la Academia Española o la unión de academias y la primera tirada para España ha sido de ochenta y cinco mil ejemplares.

Si tenemos en cuenta que la primera edición ha sido sufragada por gobiernos, instituciones, empresas y benefactores particulares, todo lo que quede será limpio. Aunque si no se hace con ánimo de lucro, como se asegura desde la Academia al justificar su «asequible» precio de unos 40 €, sino con espíritu divulgativo, ¿por qué no se ha publicado en Internet, en formato .pdf u otro cualquiera? Se ve que han aprendido de aenor y otras entidades similares, cuyas normas de obligado cumplimiento se deben conocer por los sectores afectos, aunque para ello haya que pasar previamente por caja.

Nunca va mal para ningún negocio una buena polémica para empezar, como ha sucedido con esta nueva Ortografía: ha habido incluso académicos, como Javier Marías o Arturo Pérez Reverte, que públicamente admiten que no piensan hacer caso de algunas de las recomendaciones aprobadas. A este respecto hay que decir que cada uno es muy dueño de escribir como le venga en gana, pero también lo es de leer o adquirir las obras que quiera y, en mi caso, si tuviera que intervenir como corrector de alguno de sus textos, no me quedaría más remedio que marcar las incorrecciones que detectara, a no ser que previamente estos u otros escritores me indicasen claramente dónde no debería intervenirse; quien paga manda.

Algunos opinan, como es el caso de José Martínez de Sousa, que no debería de editarse un libro con las reglas ortográficas, sino, más bien, ir publicándolas conforme surjan las necesidades puntuales de aclarar aspectos ortográficos, según evolucione la lengua escrita, a la manera de lo que se hace con algunas leyes, que cambian su articulado a base de decretos y modificaciones puntuales y, de tanto en tanto, se publica un texto refundido.

La nueva Ortografía de la lengua española no se ha presentado como un texto refundido, sino como una obra cumbre de referencia, que deberemos analizar con metódica cautela, pero como el espacio de un blog es necesariamente reducido habrá que ir poco a poco. Algunos aspectos ya han sido destripados incluso antes de que apareciera en el mercado, pero aquí empezaremos por algo breve en una próxima entrega, la primera parte del Auto: las abreviaturas.

à suivre.


[1] «comedia. 2. f. Obra dramática de cualquier género.», es decir, la puesta en escena.

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