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de mi relación con las letras (sección no económica)

 

Congreso del Libro Electrónico: primera impresión

Acaba de celebrarse en el Centro de Congresos de la ciudad de Barbastro (Huesca) el primer Congreso del Libro Electrónico, organizado por Fernando García Mongay y patrocinado por la Diputación Provincial de Huesca, con la colaboración del Ayuntamiento de Barbastro.

Foto de familia

Foto de familia

Mi amigo Fernando lleva ya a sus espaldas catorce ediciones del Congreso de Periodismo Digital, celebradas en Huesca, y ahora, como no podía ser de otra manera, y siguiendo su natural inclinación por las nuevas tecnologías, ha logrado reunir a una pléyade de personas y personalidades representantes de prácticamente todos los sectores relacionados, o involucrados de una u otra forma, con el mundo del libro digital: escritores, editores grandes y pequeños, libreros, plataformas de distribución y comercialización, fabricantes de tabletas y teléfonos inteligentes, técnicos de programación, mecánicos del libro digital, instituciones… y a casi trescientos congresistas.

Esta cifra es una clara muestra del vivo interés que en los profesionales de la edición despiertan las nuevas tecnologías, que han venido para quedarse y que están cambiando de manera radical el concepto que hasta ahora se tenía de los libros.

No reproduciré aquí la lista de todos los que han intervenido, ni enumeraré los temas tratados, pues toda la información se encuentra en la web del congreso; sin embargo, sí me gustaría, en consecuencia con el título de esta entrada, ofrecer una primera impresión que he sentido como asistente al evento: tiempo habrá para la reflexión.

En primer lugar, me sorprende que todavía en España se siga hablando del libro digital en ciertos ámbitos—o de todo lo que tiene que ver con el mundo electrónico en general— como algo «de futuro» cuando, por ejemplo, para Amazon, no estamos hablando ni siquiera del presente, sino que lleva recorrida cierta trayectoria en el pasado: de hecho, existe ya toda una generación de escritores que han publicado su obra solo en soporte digital y, en paralelo, otra de lectores que apenas «huele» el papel.

Aunque por ahora algunos escritores pertenecientes a la Generación Kindle persiguen que los fiche alguna editorial tradicional para ver publicada su obra en papel (lo que a veces ocurre sin buscarlo), puesto que ese soporte sigue conservando un aura de distinción, llegará un momento —que se adivina inminente— en que eso les dé igual, puesto que lo que uno busca cuando escribe es que alguien lo lea, con independencia de que el soporte sea un papiro o una piedra.

Por ello, no comprendo ni las reticencias ni los ataques que todavía recibe el libro electrónico por parte de algunos sectores, a no ser desde un punto de vista meramente económico, porque el gran pastel de la industria del libro, o mejor dicho, de toda la industria cultural, está empezando a repartirse de otra manera, pues han irrumpido con fuerza en el mercado otros actores que han sabido ver a tiempo lo que los lectores demandaban. Ello ha obligado a reaccionar a los grandes grupos editoriales tradicionales, que estaban cómodamente asentados en sus cuotas de mercado y que han realizado grandes inversiones de dudosa rentabilidad para digitalizar todos los fondos bibliográficos con la máxima urgencia. ¿El resultado? La calidad de los productos que ofrecen se ha resentido, lo que provocará, sin duda, el rechazo de los consumidores que buscan algo más en el libro digital y que los nuevos actuantes, como Google, Amazon o Tagus, de La Casa del Libro, ya les están ofreciendo.

Los libreros, por su parte, parece que andan un poco desorientados y muy preocupados por el incierto futuro que les espera, y no sin razón: los datos del impacto sufrido por las librerías tradicionales en otros países a consecuencia de la reestructuración de los mercados son demoledores. Tendrán que esprintar si quieren coger el tren, un tren al que antiguamente, cuando la caldera que lo movía era de vapor, se podía subir en marcha. Pero ahora el tren es de alta velocidad, y, si no estás a la hora en punto en el andén, el tren se va, no espera a nadie.

… à suivre.

 

Imágenes del Congreso del Libro Electrónico

Para los que quieran ver y oír lo que allí pasó: http://www.youtube.com/channel/UCeomP6Q9jqzgbZnQ7w8clqg/videos

_La noche de los peones_, de Esteban Navarro: la dura partida de la verdad

… somos peones en un tablero de ajedrez (…) Avanzamos y avanzamos sin poder retroceder y nuestro destino es llegar a la meta para poder ser lo que queramos (…) Nosotros nacemos peones y peones moriremos. En el camino lento hacia nuestro destino nos flanquearán las demás piezas de la vida, pero paso a paso iremos tomando posiciones. No queda más remedio que detenernos o avanzar, no podemos recular ni volver al principio.
Esteban Navarro: _La noche de los peones_

Esteban Navarro: _La noche de los peones_

Esteban Navarro cuenta en su haber son un buen puñado de novelas de las cuales solo dos, La casa de enfrente y La noche de los peones, han visto la luz en el soporte tradicional del papel.

Integrante de la «generación Kindle», ha logrado abrirse camino mediante una nueva tecnología que le ha permitido llegar a los lectores de habla hispana de todo el mundo. La casa de enfrente obtuvo tal éxito de ventas en amazon.com que el propio director ejecutivo, Jeff Bezos, decidió leerla.

10-Esteban Navarro-casadeenfrente

Gracias al éxito conseguido con esta novela, diferentes editoriales comenzaron a interesarse por su obra, que ahora está comenzando a imprimirse en papel, como es el caso de La noche de los peones, una novela de intriga en la que sus dos principales protagonistas, Andrés Hernández Mancilla, policía veterano de 45 años, y Diana Dávila, joven policía en prácticas de 21, tendrán que rememorar el pasado a raíz de un suceso: Miguel Ángel Urquijo Cañas, amigo de la infancia de Andrés, y de la misma edad, con quien no se veía desde hacía muchos años, muere de un enfisema pulmonar en la sala de urgencias del Hospital San Jorge, de Huesca, pequeña ciudad en la que están ejerciendo su profesión ambos policías.

Durante el turno de noche que están cubriendo, Andrés y Diana llegarán a desentrañar las misteriosas razones que llevaron a Miguel Ángel a morir en esa plaza tras haber caminado siempre por el filo de la navaja: una vida de delincuencia a la que los excesos con las drogas pondrán un triste fin.

Escrita en tono realista, el autor se muestra como un excelente contador de historias, algo que en no pocas ocasiones uno echa de menos, pues muchos autores, preocupados acaso más en el cómo ―en la literariedad, en las formas―, dejan de lado el qué, es decir, el asunto.

Una historia perfectamente urdida que le sirve a Esteban Navarro para repasar algunos acontecimientos de la intrahistoria reciente de este país, como el caso del Nani, Santiago Corella Ruiz, delincuente desaparecido tras ser interrogado en la Dirección General de Seguridad durante la Transición, la irrupción en 1984 de la terrible enfermedad del sida o los demoledores efectos que las drogas causaron en toda una generación que navegaba con rumbo incierto por las agitadas aguas de una incipiente democracia española.

Esa noche, serán los peones quienes dominen el tablero sobre el cual Esteban Navarro despliega una dura partida entre los personajes principales: la partida de la verdad.

Pero la partida no ha acabado, porque el inagotable autor ya tiene lista otra novela con los mismos personajes, y estamos deseando que aparezca.

Esteban Navarro (Moratalla, Murcia, 1965) lleva atesorados unos cuantos premios literarios, entre los que se encuentra el I Premio de Novela Corta Katharsis, por su novela El reactor de Bering, o el I Premio del Certamen de Novela San Bartolomé-José Saramago, con El buen padre y, aparte de los títulos mencionados, es autor de Diez días de julio, El buen padre, Quimera, El lodo mágico, Los fresones rojos y Los ojos del escritor, todas ellas en formato electrónico.

 

10-Esteban Navarro-elreactordebering

 

 

010-Esteban Navarro, en Santos Ochoa

Con Esteban, en la librería Santos Ochoa, de Huesca (10-10-2013)

… à suivre.

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NAVARRO, Esteban: La noche de los peones; Barcelona: Ediciones B, 2013.

 

 

Luz Gabás: _Palmeras en la nieve_

Luz Gabás

Luz Gabás

Palmeras en la nieve, ópera prima de Luz Gabás, vio la luz (valga la redundancia) en 2012. En marzo de 2013, ya iba por la decimosexta reimpresión, que es la que he leído.

Encontrar hoy casos similares resulta difícil. Pienso en el malogrado Stieg Larsson, autor de la trilogía de Millenium, o en Roberto, Robe, Iniesta, líder de la desaparecida banda de rock Extremoduro, cuando en 2009, y en tan solo una semana, agotó una edición de 10 000 ejemplares de El viaje íntimo de la locura.

En Palmeras en la nieve también aparece el viaje, en este caso, físico, como uno de los ingredientes que integran la fórmula mágica del éxito: desde un pequeño pueblo del Pirineo aragonés hasta la lejana isla de Fernando Poo, la actual Bioko de Guinea Ecuatorial, que fuera colonia española durante casi doscientos años (1778-1968), y donde el cultivo del cacao necesitó importar trabajadores de la Península hasta que aquel país tropical alcanzó la independencia.

El hecho de que la autora enmarque la acción en este momento histórico, tan poco conocido, en general, por las generaciones actuales, supone todo un acierto ya que todos necesitamos referentes con los que identificarnos: como ahora mismo, la emigración era una vía para superar las estrecheces económicas que hoy vuelven a constreñir nuestra economía. Un acierto, y una suerte que Luz Gabás conociera el tema de primera mano, ya que muchos de sus familiares tuvieron que pasar años de su vida en aquellas lejanas tierras.

Gracias a sus recuerdos, tanto orales como escritos, supe desde pequeña de la existencia de la isla de Fernando Poo y de tantas otras cosas de esa parte de África del tamaño de la comarca de mis raíces.

 

Fernando Poo, actual Bioko

Fernando Poo, actual Bioko

Como es lógico, ello no la libró de invertir el tiempo necesario en documentarse ―trabajo inexcusable de toda novela histórica― para reflejar con fidelidad aquellos difíciles momentos del tardofranquismo, como explica en una extensa nota final.

Establecido el marco espacial y temporal, se desovilla la madeja de la trama en forma de novela romántica.

En 1953, dos hermanos, Kilian y Jacobo, abandonarán la nieve de Pasalobino, nombre literario que podría aludir a cualquiera de los muchos lugares que salpican la geografía altoaragonesa, para reunirse con su padre en la plantación de Sampaka.

Allí, en medio de un duro trabajo, cultivarán amistades, se desatarán las pasiones, conocerán el amor y el odio y, poco a poco, aquella nueva tierra irá ahondándose en ellos hasta alcanzar lo más profundo de su alma. Pero Kilian comete el pecado de enamorarse de una nativa:

 ―Es injusto esto de tener que escondernos ―dijo con voz somnolienta―. No sé si podré disimular cuando te vea.
―Tendremos que tener más cuidado todavía ―dijo ella, incorporándose―. Ahora soy una adúltera.
La palabra cayó como una tonelada de sacos de cacao sobre ambos. Bisila pertenecía a Mosi. Y aquello era algo que no tenía remedio (…)

Las consecuencias de aquellos actos se arrastrarán hasta explotar en el presente de Clarence, en 2003, hija de Jacobo y sobrina de Kilian, cuya curiosidad por su pasado la convierte en la principal narradora de la historia, una historia redonda por la que se ha interesado el grupo Antena 3-Mediapro para realizar una serie de televisión.

… á suivre.

_Palmeras en la nieve_

_Palmeras en la nieve_

GABÁS, Luz: Palmeras en la nieve; Madrid: Ediciones Temas de Hoy; decimosexta reimpresión, marzo de 2013; 732 páginas.

El desembarco de Lorenzo Mediano

El desembarco de Alah

El pasado 26 de abril, a las 19 h, Lorenzo Mediano presentó en el Salón de Actos de la CAI de Huesca su última obra: El desembarco de Alah, acompañado por el historiador Carlos Garcés y por uno de los editores de Tropo, Óscar Sipán.

Presentación en el salón de actos de la CAI de Huesca

Presentación en el salón de actos de la CAI de Huesca (foto: Diario del AltoAragón)

Esta novela arroja luz sobre una época crucial para la historia de España —el desembarco de los musulmanes en el siglo VIII—, que la escuela franquista se encargó de mitificar y que, posteriormente, la escuela democrática parece que ha olvidado aclarar de forma conveniente.

Cuando llegué a la universidad, nuestro profesor de historia medieval —alguien cuya fisonomía (moreno, barba cumplida, amplias ojeras) podría evocar la de cualquier emir árabe— nos planteó la siguiente cuestión: cuando cayó Granada en 1492, ¿quién era más español: un cristiano viejo o un musulmán que llevaba viviendo aquí ¡ochocientos años!?

Como el autor explica en la entrevista de abajo, en el 2011 se cumplió el decimotercer centenario del acontecimiento: mil trescientos años desde el día en que Tariq desembarcó con los bereberes en al-Ándalus; por eso choca que en un país como el nuestro, tan dado a celebrar cualquier cosa, no se haya realizado ni un solo acto de conmemoración. Debe ser que a nadie le interesa remover aquellas relaciones entre musulmanes, judíos y cristianos, porque en el momento actual no está el horno para demasiados bollos…

En efecto, ¿cómo encajar que la toma de Toledo por el ejército bereber —cuyos integrantes, por cierto, en su gran mayoría, eran cristianos— estuviera financiada con el dinero judío o que el propio arzobispo de la ciudad, Opas, el máximo representante de la cristiandad en Hispania, estuviera acompañando a dicho ejército en Covadonga contra don Pelayo?

Pero el interés —y la grandeza— de esta novela no solo se centra en los aspectos históricos, sino también en los literarios.

El mismo Mediano explicó en la presentación que las grandes pasiones que se desencadenan entre los personajes tienen mucho de tragedia griega, pero también entroncan con la tradición shakespeariana. Amores y odios, traiciones y venganzas atrapan a unos personajes que no pueden escapar de su nefasto destino. Tal vez precisamente por ello hayan alcanzado algunos la categoría de mito.

Otra referencia literaria que a mí se me antoja establecer al hablar de El desembarco de Alah es Guerra y paz, ya que, como en la obra de León Tolstói, la acción fluye de las intrigas y los amores palaciegos a las grandes batallas con gran maestría, dejando al lector sin aliento, pero ávido de continuar devorando la novela.

Por ello, no cabe referirse a esta obra en absoluto como ‘densa’, adjetivo que Nuria Garcés utiliza equivocadamente por ‘extensa’ en la entrevista que mantuvo con Mediano en Huesca Televisión, ya que, como el escritor explica, el lector se enfrenta a una novela en la que no hay tiempo para entretenerse en descripciones retóricas ni en otros artificios literarios que pueden servir de adorno de la acción. Se trata de acción pura, donde los diálogos de los personajes se erigen en el vehículo de transmisión de información, tanto acerca de sus sentimientos como sobre los diferentes entornos y situaciones en donde actúan los protagonistas: Roderico, Pelagio, Tariq, Musa, Egilona, Florinda, Opas, Juliano, Sisberto…

Por otra parte, el perfeccionismo de Lorenzo Mediano lo lleva a trabajar a fondo el lenguaje, a elegir cuidadosamente el léxico para ambientar aquella época remota, aunque, claro está, como él mismo se encarga de aclarar en nota interna, hubo de realizar algunas concesiones en favor de la lecturabilidad: como es lógico, si lo que se persigue es que el mensaje llegue de la mejor manera posible, no puede escribirse en latín vulgar.

Además, según confesó, también su prosa busca constantemente la musicalidad, algo que si se hace bien, como es el caso, el lector no llega a notar, aunque su inconsciente lo agradece, «como sucede con las buenas bandas sonoras del cine —dijo—, pero que si la música es mala, el resultado resulta negativo».

También habló Mediano en la presentación de muchos otros temas, que hicieron de aquel acto algo delicioso. Entre ellos, se refirió a las diversas funciones que la literatura cumple en la sociedad, además del puro goce estético:

«La literatura nos permite vivir tantas vidas como libros seamos capaces de leer.»

Y de toda la sabiduría adquirida a lo largo de nuestras múltiples existencias a través de los libros podremos beneficiarnos, sin duda, en algún momento concreto, como lo hizo él mismo, cuando, cierta vez, en Barcelona, unos asaltantes pretendían robarle el coche, pero logró rechazarlos con una lanza que llevaba de atrezo para una obra de teatro que estaba preparando, sosteniéndola a la manera de Héctor, el príncipe troyano, y declamando versos de la Ilíada: los maleantes huyeron amedrentados por «aquel loco de la lanza».

Para finalizar, me gustaría destacar el cuidado que ha puesto Tropo Editores, de Óscar Sipán y Mario de los Santos, en la edición de El desembarco de Alah, y la magnífica ilustración de la portada que ha realizado Óscar Sanmartín: mi enhorabuena para todos ellos.

… à suivre.

Antón Castro: _El niño, el viento y el miedo_ Recuerdos de la infancia en Galicia

Portada de Javier Hernández

El niño, el viento y el miedo

 

Antón Castro (Arteijo, La Coruña 25 de agosto de 1959), reputado periodista y escritor gallego afincado en Aragón desde 1978, presentó ayer en la Librería Anónima de Huesca su último libro: El niño, el viento y el miedo, (Huesca: Ed. Nalvay, 2013) acompañado por el ilustrador, Javier Hernández, y por Rosa Tabernero, profesora titular del Área de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Zaragoza, quien desveló algunas de las claves de esta recopilación de cuentos.

Una de las claves es la ausencia de adjetivos, aunque después de leer la obra puedo decir que, más que por la ‘ausencia’, el lenguaje utilizado se caracteriza por una sabia dosificación adjetival (ya que usa los necesarios), lo que le confiere al texto concisión y objetividad, con lo que se consigue una mayor fluidez verbal: la acción —el asunto— avanza más deprisa, que es lo que al lector medio suele interesar más y que algunos agradecemos, después de leer otros libros que se hacen largos y empalagosos por la superabundancia de la mencionada categoría gramatical, que, en general, poco suele aportar al meollo del relato; antes bien, lo estira innecesariamente y hace que se parezca más a la nota de cata de cualquier vino que a un texto literario.

En el lenguaje utilizado, aunque como en toda obra de creación predomine la función expresiva, también se cumple la función referencial, tanto por la parquedad en la utilización de los adjetivos y de otros elementos retóricos, como por el uso de las oraciones enunciativas y el léxico denotativo. Las oraciones simples y sin alteraciones estilísticas, además, dotan al texto de la claridad y de la lecturabilidad necesarias para que sea accesible a los jóvenes lectores.

 

Tal vez por ello el texto se acerque en ocasiones al estilo periodístico que el autor domina por oficio: en efecto, en El niño, el viento y el miedo se recoge un puñadito de recuerdos de la infancia en Galicia, tierra de leyendas, donde la superstición es parte consustancial del carácter de muchos de sus habitantes. Todo es misterioso, todo atemoriza la mente infantil que puede ver con la imaginación algo fantástico en cualquier objeto o animal, y este es, precisamente uno de los papeles del cuento fantástico: generar miedo.

Pero también hay que decir que el miedo es bueno, pues se convierte en un mecanismo de autodefensa imprescindible del ser humano que está bien estudiado por los psicólogos. Hay que tener en cuenta que en las tierras donde, como en Galicia, abundaban los lobos y todo tipo de alimañas, el peligro era real.

Pero el libro de Antón no es solo una recopilación de los cuentos que le contaban su madre o sus abuelos cuando era niño, sino que también supone la etopeya de los personajes que van desfilando a lo largo de las cien páginas de que consta el libro: mujeres solitarias porque han perdido a su marido en la mar o porque han tenido que irse a ‘la emigración’ para poder ganar dinero con el que sustentar a la familia, casi siempre muy numerosa, lo que era habitual en aquellos años; hombres rudos, curtidos por la dureza del entorno, que no dudan en tomar drásticas soluciones para intentar cambiar su suerte; niños con miedo, pero felices por sentirse protegidos en el hogar y jóvenes que despiertan al inocente primer amor…

Las descripciones de bosques, playas, casas y otros lugares, que tan bien ha sabido plasmar el ilustrador con su excelente técnica en el manejo de los lápices, enmarca la acción de manera perfecta, y seguro que alguien se atreverá a dibujar algún ratón, a «La mujer que veía al demonio» o a la malvada comadreja que merodeaba por «El campo de Azureiras».

Por todo lo hasta aquí expuesto, considero que el delicioso texto de Antón Castro tiene también mucho de crónica de un lugar y de un tiempo que, aunque parezca remoto, en realidad no está tan lejano.

Antón Castro

Antón Castro

P. S.: Hasta el día 20 de abril se puede visitar en la Librería Anónima la exposición con las ilustraciones de Javier Hernández para el libro.
… à suivre.

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