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Àngel Font: _Chantaje a la Moncloa_

El novelista

Àngel Font

Àngel Font

Àngel Font es, pese a su edad, un trabajador incansable. Después de triunfar en el mundo de la fotografía, decidió, allá por 1994, dedicar por completo su actividad a la historia contemporánea y a la narrativa, y entró de lleno en el mundo editorial al crear su propio sello en Barcelona: Publi Corinti.

Hasta la fecha lleva publicados veinticinco títulos en las colecciones «Testimonios para la Historia» e «Historia Contemporánea» y otras diez novelas gestadas como consecuencia directa de los problemas que pueden acuciarnos en la actualidad.

Aquí abordaremos su faceta literaria a través de su último trabajo: Chantaje a la Moncloa.

Chantaje a la Moncloa

Chantaje a la Moncloa

Dicha novela está inspirada en las doscientas cincuenta primeras entrevistas que el autor mantuvo con políticos, empresarios y representantes de la banca y del mundo de la economía para editar un libro documental que dejara un testimonio histórico de la situación de crisis que hoy vive el país, El crac de 2008, libro en dos volúmenes del que hablaremos en una próxima entrada.

Argumento, personajes, temática y acción

Un empresario sexagenario de Vic, Pascual Rierola, se ve obligado a vender su empresa por causa de la crisis económica española y por el sabotaje de su gerente, después de haber llevado una vida muy dura y sacrificada. Cuando pierde también a su mujer, Luci, en un accidente de tráfico, de la que ya es­taba a punto de separarse, y con sus cuatro hijos independizados y definitivamente alejados del hogar, decide darle un nuevo sentido a su vida, tanto en el plano personal como en el pro­fesional.

El protagonista traba una relación sentimental con una amiga íntima, Begoña, con la que lleva a cabo una idea que parece descabellada: crear una asesoría para las empresas que, como la suya, se han visto abocadas al cierre: la Sociedad Española de Empresarios Cabreados.

Esta sociedad, concebida en principio como una mera asesoría, consigue un éxito inesperado e inmediato; aunque en realidad esconde un objetivo personal más siniestro: algunos de sus miembros, incluido su fundador, cuestionan el estado de derecho, interpretán­dolo a su manera, y acabarán convirtiéndose en jueces y verdugos de los que ellos consideran culpables de su desgracia.

Se inicia aquí, en los casos más extremos, una cadena de «ajusticiamientos» basada en el trueque, principio que rige las relaciones internas habituales de la asesoría: uno ejecuta a la persona que estafó a otro y ese otro, a la que estafó a un tercero con el que no existe relación alguna.

Comienzan las pesquisas policiales de Maurice, inspector de la gendarmería de Perpiñán en misiones de colaboración interautonómica, con Jorge, subinspector de los Mossos d’Esquadra, que irán cercando a Pascual sin conseguir pruebas concretas que lo incriminen.

Pero el protagonista todavía persigue otro objetivo, tal vez más descabellado: lograr que el gobierno y la oposición se pongan de acuerdo para pactar un paquete de medidas urgentes que salven la maltrecha economía española.

A lo largo de la evolución psicológica de los personajes emergen las pasiones, los temores, las dudas a la hora de tomar una decisión tan trascendente como la de apretar el gatillo para segar la vida de una persona y los conflictos morales que ello les suscita, aunque, para lavar su conciencia, deban realizar un ingreso anónimo de cien mil euros en Cáritas.

El narrador busca a veces la complicidad del lector, sobre todo con el protagonista, Pascual, el carácter más rico en matices: poco hablador e introvertido, al final se convierte en una víctima del sistema. Defraudado —y en esto coincide con el resto de los «empresarios cabrea­dos»— y lleno de complejos, se considera injustamente tratado por su esposa Luci y por sus hijos, a quienes ha dedicado toda una vida para acabar sintiéndose terriblemente solo; de hecho, se encuentran tan alejados de él que ni siquiera se mencionan sus nombres. La carcasa de su buen corazón se irá endureciendo y se irá colmando con el resentimiento y la desesperación que pueden llevar a cometer un asesinato: Pascual es capaz de matar a un viejo perro de un tiro sin pestañear y a la vez puede llorar de emoción al ver parir a una gata manx. En una de sus introspecciones, el protagonista llega a pensar si no estará sufriendo un trastorno limite de la personalidad (TLP), aunque el élan vital que suponen sus nuevos objetivos lo harán sentir como el viejo olmo de Machado:

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas nuevas le han salido.

El resto de los personajes principales, masculinos y femeninos, también muestran sus entrañas al lector: educados o autoeducados durante la era católico-franquista, con el paso del tiempo cada uno entiende la religión a su manera, aunque todos, más o menos, siguen creyendo en algo contra lo que tendrán que enfrentarse a la hora de llevar a cabo su venganza. Algunos, como la propia Begoña, encontrarán en la doctrina católica la solución menos traumática —y la más cómoda— para conseguir que su conciencia permanezca más o menos tranquila.

Los personajes episódicos —una nómina en la que aparece desde un ingeniero de reformas polaco que habla español con acento argentino, hasta el mismo Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao— cumplen a la perfección su papel de hacer llegar al lector el pálpito de la calle. Tam­bién sirven de enlace con otros universos o subuniversos, como el de los traficantes de armas.

En Chantaje a la Moncloa no falta ninguno de los tres grandes temas que definen a toda obra que aspire a ser considerada literatura: vida, amor y muerte, pero también aparecen como temas principales los propios del género policíaco, la traición y la venganza posterior (uno de los leitmotiv fundamentales), la situación política, económica y social de España y sus autonomías y las relaciones europeas, o la sexualidad contemplada bajo el prisma de una edad avanzada.

En cuanto a los temas secundarios, el lector encuentra a lo largo de las páginas toda una plé­yade de asuntos de la más candente actualidad, desde los problemas cotidianos, que a todos nos preocupan (trabajo, emigración, el poder de los blogs e internet…) hasta aquellos cuya resolución queda reservada a las clases dirigentes: el trabajo, la cuestión autonómica, la inmigración, la banca, los tribunales, el fútbol (of course), etcétera. Pero también, como telón de fondo, omnipresente, está la cuestión religiosa y cómo la en­tiende y como ha de enfrentarse a ella cada uno de los personajes.

El nivel de lenguaje es muy asequible a todo tipo de públicos y, a veces, se le hacen concesiones al humor. Está libre de todo artificio retórico que no redunde en beneficio de la acción o que no sirva para resaltar alguna característica psicológica de algún personaje, como cuando se echa mano del recurso de la personificación para hacer hablar a un viejo perro, ―que paradójicamente se llama Chitón, interjección usada para imponer silencio—, con el que Pascual llevará a cabo su bautismo de sangre.

Los temas principales los va administrando el autor en proporcionadas dosis de crítica econó­mica, social y política, violencia y sexo, según el canon hollywoodiense de moda, y la trama sigue una estructura casi siempre lineal en el tiempo, en algunos momentos de crónica perio­dística, con escasos flashbacks, necesarios para transmitir al lector los recuerdos de los personajes.

La acción principal, descrita de manera muy fluida, se enmarca en Vic, sede de la Sociedad Española de Empresarios Cabreados, pero luego se desplaza por toda la geografía española (Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia, Elda…), e incluso llega a Perpiñán, ciudad de la Cataluña Norte, de la que procede el inspector Maurice. En ocasiones, la acción se desarrolla de forma paralela en dos lugares distintos: en la sede de la asesoría y donde esté actuando en ese momento el justiciero vengador.

La historia es contada por un narrador omnisciente que llega a transformarse en el alter ego de Pascual, al hacer suyas o al querer comprender los motivos de los actos del protago­nista, siempre en busca de la complicidad del lector.

Chantaje a la Moncloa es una novela escrita con un ritmo frenético que enganchará al lector desde sus primeras páginas.

Algunas otras novelas de Àngel Font

Catalucía
Drogas
El sablazo
El último eco
La cara amarga de la iglesia
La web de dios
Nuevo rico

… à suivre.

 

_1Q84_: La novela hipnótica de Haruki Murakami

«El profesor posee una gran fuerza y una gran sabiduría. Pero la litel pipol no es menos. Ten cuidado dentro del bosque. En el bosque hay algo valioso y la litel pipol se encuentra en el bosque. Tenemos que encontrar lo que la litel pipol no tiene para que no nos haga daño. De ese modo, podremos atravesar el bosque sanos y salvos.»

Aomame es instructora de gimnasia, masajista y asesina profesional, y Tengo, profesor de matemáticas y escritor de novelas inéditas que realiza encargos para una editorial. Ambos se mueven en dos mundos paralelos, muy cerca la una del otro, pero, a la vez, distantes: en el mundo real, 1984, ambos se conocieron en la infancia, y desde entonces se aman en el recuerdo; en el mundo paralelo, 1Q84, suceden cosas que escapan a la razón, los hechos se producen con una lógica diferente e inexplicable.

Ella recibe el encargo más peligroso de su vida: liquidar al jefe de una oscura secta, quien desarrollaba prácticas pederastas; a Tengo, por su parte, le encargan corregir una enigmática obra, La crisálida de aire, dictada por una adolescente disléxica, Fukaeri, con la intención de ganar un concurso y convertir la obra en un éxito de ventas.

De alguna manera ambos han ido a parar a 1Q84, una realidad donde existen dos lunas en el cielo, la luna normal y otra irregular, verdosa y más pequeña, y donde también se manifiesta la Little People, unos extraños y amenazadores seres que tejen crisálidas con hilos de aire. (En realidad, como explica el propio Tengo, lo que tejen son capullos, aunque en su corrección decide mantener el término crisálida como licencia literaria.)

El contrapunto lo pone en el libro tercero Ushikawa, abyecto personaje secundario de las dos primeras partes, que se presenta a sí mismo como presidente de una turbia Asociación para el Fomento de las Ciencias y de las Artes en Japón, pero que trabaja para la secta como detective.

Según confiesa el autor en una entrevista que ofreció para La Vanguardia el 11 de junio de 2011, el arranque de la historia fue precisamente el ataque con gas sarín en el metro de Tokio en 1995, ejecutado por la secta Aum, con algunos de cuyos miembros llegó a entrevistarse personalmente, como hizo Truman Capote —una de las influencias del japonés— con los personajes reales de su novela A sangre fría.

El autor

Al concluir la lectura de los tres libros de 1Q84, de Haruki Murakami, le queda a uno un regusto extraño:

«¿Mil quinientas páginas para contar una historia que podría haberse contado en trescientas? ¡Qué raros son los japoneses!», podría pensar la mayoría de los lectores. A algunos les resulta «pesada y repetitiva», pero no conozco a nadie (todavía) que haya comenzado a leer la novela y la haya abandonado antes de llegar al final.

Curioso fenómeno.

Grandes lectores amigos míos ―e incluso yo mismo― confiesan que si al llegar a la página cien (o diez) de cualquier libro este no les engancha lo abandonan para buscar algo mejor.

Y tampoco es que el autor utilice un lenguaje extraordinariamente selecto ni busque de forma sistemática el placer en las palabras; pero entonces ¿de dónde sacan ese extraordinario poder de seducción sus personajes, sus historias?

Confieso que me gusta la literatura fantástica porque plantea mundos diferentes y que, por lo mismo, he leído muchos cómics (menos mangas), aunque en este caso, aunque aparezcan elementos oníricos, siempre prevalecen las descripciones realistas.

A lo largo de la obra encontramos numerosas referencias literarias y musicales: además del propio título orwelliano, nada más empezar a leer, resulta inevitable recordar otra pareja de personajes que aparecen en la trilogía Millennium, de Stieg Larsson: Lisbeth Salander y Mikael Blomkvist; incluso se hace una alusión expresa a los hombres que no amaban a las mujeres, tipos de los que se encarga Aomame; sin embargo, conforme se va avanzando, la referencia queda archivada en la memoria.

1Q84, como explica el autor en la mencionada entrevista, sigue la estructura de El clave bien temperado, de Bach: 24 partes en cada uno de los libros, donde se alternan las historias de Aomame y la de Tengo en perfecta simetría, cuyo eje, en la tercera parte, será Ushikawa:

Cada pequeño fragmento puede leerse por sí solo [tal vez como pueda escucharse la Sinfonietta del compositor moravo Leoš Janáček, a la que se alude varias veces (corchetes míos)] y el conjunto aspira a contener todos los elementos de nuestro mundo actual. Tenía que ser una estructura repetitiva e ir variando la intensidad en cada capítulo.

Como Moebius  (r. i. p.) en su cómic El garaje hermético, que al principio de cada capítulo resumía el anterior, la continua sucesión de variaciones sobre las mismas subtramas refrenan el avance de la acción, lo que a veces puede llegar a exasperar al lector, impaciente por que fluya el relato, pero tal vez sea eso lo que precisamente busque el novelista, la crispación, aunque evita la desesperación lectora al ir suministrando hábilmente las dosis de sexo ―brutal, en ocasiones― y de violencia ―siempre atroz― que empujan a continuar leyendo.

Hay quien sostiene que la repetición continua de unos sonidos en las obras musicales puede producir estados hipnóticos: tal vez aquí, en la literatura de 1Q84, se produzca un fenómeno similar, y tal vez en ello estribe la razón por la que esta novela de Murakami logra atrapar al lector hasta el final, un final abierto y que podría dar lugar perfectamente a una cuarta parte donde se fueran cerrando las muchas cuestiones que quedan pendientes.

Como la Little People va tejiendo con hilos de aire las crisálidas, pasando una y otra vez la trama por la urdimbre de un telar imaginario, así teje este autor japonés su obra más extensa, la primera en la que emplea la tercera persona para coger distancia con unos personajes cuyas heridas sentimentales tratarán de restañar buscando el amor perfecto, única vía para escapar del insólito mundo de 1Q84.

 

MURAKAMI, Haruki: 1Q84. Libros 1 y 2; Barcelona: Tusquets, 2012. Colección Maxi, ref. 003/10. Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez; 936 páginas. 12,5 cm x 19 cm.

12,5 cm x 19 cm: LA PEQUEÑA E IRREGULAR LUNA VERDE

1Q84. Libro 3; Barcelona: Tusquets, 2011. Colección Andanzas, ref. 747/2. Traducción del japonés de Gabriel Álvarez Martínez; 414 páginas. 15 cm x 22,4 cm.

15 cm x 22,4 cm: ¿ES ESTA LA LUNA REAL?

… à suivre.

Arturo Lorenzo:_Época de emociones_

El autor

En la 29.ª Feria del Libro de Huesca (2012) tuve la ocasión de asistir, entre otras, a la presentación de la novela de Arturo Lorenzo, Época de emociones, publicada por Pigmalión en su colección Narrativa.

Época de emociones

Me ha parecido una excelente novela, aunque me duele tener que decir que la editorial no ha estado a la altura de las circunstancias, porque debería haber puesto mayor cuidado en su edición: resulta evidente que no ha pasado por corrección, lo que me parece lamentable en un texto que atesora gran calidad  literaria.

Pero, por desgracia, suele ser moneda de uso corriente, así que, centrémonos en el texto.

La novela de Lorenzo retrotrae al lector a la época tardofranquista, donde unos personajes adolescentes masculinos contemplan un mundo que, aunque a veces no comprendan, les ofrece todas las posibilidades que entraña el despertar a la vida: todo les atrae, todo les sorprende, todo les emociona: la política, el sexo, el amor, la muerte a deshora de algún amigo…

Ahora, con el paso del tiempo, a mí me parece que aquello era lo normal, porque un corazón joven está dispuesto para muchas emociones a la vez y no todas provienen de la misma persona, de igual forma que la vida tampoco proviene sólo de una. [P. 138.]

A lo largo de la historia, David, el narrador, y los demás personajes irán creciendo, desarrollándose con el paso del tiempo y gracias a las experiencias vividas hasta que se planteen asumir al final sus responsabilidades como adultos, con el dolor que ello supone: dejar atrás aquellos años donde la acción primaba sobre la reflexión.

Resulta un tanto curiosa la estructura que Lorenzo ha querido darle a la obra, por cuanto que empieza con una serie de píldoras breves, como para vacunar al lector, aunque esta iconoclasia estructural, más que como vacuna, funciona como una droga que poco a poco te va atrapando y te hace caer en una deliciosa adicción de la que no quieres desengancharte.

—Oye [Luis Eduardo] Eduardo [Aute], tú que estás en esto, ¿te importaría echar un vistazo a los últimos poemas que he escrito, a ver qué te parecen?
—Cojonudos, tío, cojonudos.
—Pero, ¡si no los has leído!
—Por eso, tío, por eso. [P. 30.]

En el cuarto capítulo, «Leyendas del camino», aparecen personajes reales como elementos constituyentes del paisaje humano que envuelve a los protagonistas, desde Aute o Alaska, hasta Rosa Montero o Javier Conde, que, como los otros paisajes naturales que aparecen (desde el centro a provincias, desde la urbe al campo o a la playa), irán agregándose a su bagaje cultural.

Aprendices de todo, profesionales de nada, o de lo dicho, de las palabras que se nos resistían a darles la forma demoledora que queríamos. Porque en nuestra ignorancia operativa de las cosas queríamos hacer cosas con palabras: el amor, la revolución, el país salpicado de modernidad, de objetos libres, de mentes sanas sin la cortina de acero que pesaba sobre la vieja formación patriotera y monjil de la que proveníamos. [P. 145.]

El capítulo sexto, «La sombra del Apa» —el más largo—, constituye en sí una novela dentro de la novela, donde se concentra la acción: dos por el precio de una.

El libro requiere una lectura reposada, porque el registro del lenguaje obliga a ello, y se agradece. Se agradece que el autor no escriba para la galería —lo cual, a veces, suele aumentar las ventas, pero indefectiblemente rebaja la calidad—, sino que lo hace como para sí mismo, utilizando el máximo nivel cultural del que es capaz, y Arturo Lorenzo está capacitado de forma conspicua. No en balde está al frente del Instituto Cervantes de Lion.

Para mí ha resultado todo un delicioso descubrimiento, esta novela «lúbrica, ingeniosa, mordaz, irreverente» (contratapa) que, entre la melancolía y el fino humor, nos hace recordar una época que muchos recordamos como en blanco y negro.

Añado aquí una excelente reseña de Guillermo Busutil sobre Época de emociones.

…à suivre.

Manuel Vilas: _Los inmortales_

 

Manuel Vilas

Por la Feria del libro de Huesca, celebrada entre el 1 y el 10 de este mismo mes de junio, se pasó a firmar ejemplares, entre otros, este gran escritor barbastrense que se llama Manuel Vilas, y a quien habría que incluir en algún trabajo sobre los heterodoxos aragoneses, cuando no en la Historia de los heterodoxos españoles, si todavía viviera (don) Marcelino Menéndez y Pelayo. Aunque no fue allí donde lo conocí en persona, sino en la presentación de su obra Los inmortales (Alfaguara), que tuvo lugar el pasado 11 de febrero a las 13 horas en la Librería Anónima, junto al inefable David Giménez (Liquen), —poeta y editor (también heterodoxísimo) que en alguna entrada próxima trataré de efabilizar—. Y no dejamos de tomar un enate para celebrarlo, pero, en esta ocasión, lo tomamos al principio, porque, como no podía ser de otra manera, en consonancia con la obra presentada, también el acto fue un tanto atípico.

Extraigo el orden de los hechos de la web de la librería de Chema:

  • comenzó por el vino,
  • luego los aplausos,
  • las preguntas,
  • la intervención de Manuel Vilas,
  • el presentador David Liquen,
  • Chema, que presentó a quienes habían de intervenir.

— ¿Dónde radica su heterodoxia?

— Pues en la forma tanto como en el fondo.

— ¿Puede darme más pistas?

— Lee aquí.

— … Ahora ya lo tengo más claro.

Como una imagen vale más que mil palabras, aquí va el vídeo  de la presentación (que debe valer un millón por lo menos):

¡Qué posmoderno!

Después de haberme papeado Los hermanos Karamázov, de Dostoievski, no me fue mal, para desengrasar.

Dedicatoria

… à suivre.

Chusé Inazio Nabarro: _Allí donde el viento sopla para agitar las hojas de los árboles_

Chusé Inazio Nabarro

Chusé Inazio Nabarro nació en Tauste (Zaragoza) el 30 de noviembre de 1962. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza, poeta y narrador, es profesor de Lengua y Literatura castellanas en Huesca y el autor más galardonado en lengua aragonesa.

En la actualidad es presidente del Consello d’a Fabla Aragonesa.

Ha publicado algunos libros de poemas, como A pelleta entre as barzas, II Premio Literario Val d’Echo (1983); O miraio de chelo, Premio Ana Abarca de Bolea (1985); A balada de o choben Billy, I Premio Literario Billa de Sietemo (1994); En esfensa de as tabiernas y atros poemas (1998) y Sonetos d’amor y guambra, Premio Ana Abarca de Bolea.

En 2001 la Diputación de Zaragoza le otorgó el Premio Pedro Saputo.

En prosa ha publicado Astí en do l’aire sofla ta sobater as fuellas de os árbols, Premio Arnal Cavero, 1990; Tiempo de fabas (1997); Chuan Galé (o cuaderno de tapas royas) (2003); Reloch de pocha, IV Premio Literario Ziudá de Balbastro de Nobela Curta, 2006.

También ha publicado algunos cuentos breves en libros colectivos, como Prebatina d’una falordia sin de fadas ni nanez, III Premio Literario Val d’Echo (1984), A lifara, I Premio Literario Bal de Xalón (1988), «Triptico de os tiempos de a postema», en Nuei de tiedas (1999), «Con as fuellas contatas como as balas», en Desde Aquí (1999), «Renaximiento», en Zaragoza, de la Z a la A (2003), «Os cuatre cantos de o cuculo», en La torre de papel (2003), «Cans e cochins», en Branquil d’a Cerdanya, (2007) y «M’estimarba más no fer-lo», en Capiscol (2008).

Se han traducido al castellano Tiempo de fabas, con el título de Malos Tiempos; Reloch de pocha, con el título de Reloj de bolsillo (Gara d’Edizions, col. Viceversa), al francés, con el título de Montre de poche (Gara France-Éditions de la ramonda) y al ruso, en 2008, como KAPMAHHbIE ЧACbI (Ed. ГAPAPOCCИЯ), donde va por la segunda edición, y ahora Joël Miró Lozano acaba de traducir al castellano Astí en do l’aire sofla ta sobater as fuellas de os árbols, también en la colección Viceversa de Gara d’Edizions, con el título de Allí donde el viento sopla para agitar las hojas de los árboles.

 

Allí donde el viento sopla...

Allí donde el viento sopla… es una novela coral cuyos personajes masculinos ―«los hombres‑árboles»― y femeninos ―«las mujeres‑arcilla»― viven felices en perfecta comunión con la naturaleza en el País de los Árboles, donde siempre es primavera.

El narrador principal, el Gran Árbol Padre, el Gran Árbol Tótem de los hombres árboles, observa las vidas de los miembros de esta tribu y nos las transmite con un lenguaje particular, que recuerda en ocasiones al tono épico de la poesía homérica por la manera de ligar los adjetivos a los sustantivos de forma inseparable: como en la Ilíada, por ejemplo, no se habla nunca de simples bueyes, sino siempre de «bueyes de tornátiles pies», por cuestiones de música y de métrica, pero también por razones obviamente expresivas, en esta obra de Chusé Inazio Nabarro tampoco suelen aparecer personajes u objetos sin sus atributos correspondientes: no son simples hombres‑árboles o mujeres‑arcilla, sino que son «hombres‑árboles de puntiagudas lanzas» o «mujeres‑arcilla de cuerpos lozanos». Incluso sus nombres son descriptivos, están llenos de significado y sugieren al lector civilizaciones lejanas en el tiempo o en el espacio: Abeja‑golosa, Olmo‑sabio, El‑que‑pinta‑en‑la‑corteza‑de‑las‑hayas, La‑que‑hace‑muescas‑en‑el‑barro…

«Desde aquel día ya no volvimos a ver a Junco‑que‑a‑la‑orilla‑del‑río‑se‑balancea, joven virgen de delgada figura.»

Tal vez el subdirector de La Voz de la Industria, don Basilio Moragas, de aspecto feroz y bigotes frondosos, personaje de El juego del ángel, de Carlos Ruiz Zafón, no hubiera publicado esta novela en su periódico, porque pensaba que «un uso liberal de adverbios y la adjetivación excesiva eran cosas de pervertidos y gentes con deficiencias vitamínicas». Aunque el lenguaje del Gran Árbol Padre nada tiene que ver con el registro periodístico, sino más bien con la expresividad de la prosa poética, que no solo afecta al magma léxico que desbordan sus páginas. También la sintaxis centrípeta, que coloca el verbo al final de la frase, evoca lenguas antiguas e incrementa el tono épico de la historia, que no está exenta de pinceladas de humor.

Esto en cuanto al lenguaje, porque el asunto también cumple con las reglas del subgénero épico: amor, aventuras, batallas contra la vecina tribu de los hombres‑estiércol y sus mujeres‑boñigas, leyendas puestas en boca de los propios personajes humanos, o de árboles o animales con quienes conviven en una armonía perfecta… hasta que el equilibrio se rompe cuando irrumpen en el bosque primigenio unos extraños animales metálicos de grandes pies negros y redondos que, dominados por una peligrosa tribu desconocida, comienzan a arrasarlo todo para construir el «recto camino de negro asfalto» que amenazaba con destruir «la recóndita ciudad de la selva primigenia».

♦♦♦

El hecho de que esta premiada novela se haya traducido precisamente ahora del aragonés al castellano responde, como toda traducción de una gran obra, a la necesidad de transmisión de cultura: si no se hubiera traducido muchos lectores jamás habrían tenido acceso a ella, porque el idioma aragonés, la fabla, es otra de esas lenguas minoritarias que quizá ya habría desaparecido si personas como Chusé Inazio Nabarro e instituciones como el Consello d’a Fabla Aragonesa que él preside no volcaran todos sus esfuerzos en mantenerla y dignificarla mediante la literatura.

à suivre.

 

 

 

 


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