Etiqueta: RAE

 

El arduísimo proceso editorial

En la entrada de este mes tenía pensado hablar de una novela, que me regalaron los Magos de Oriente, con muy buena pinta, aunque, mientras la leía, me di cuenta de que algo no iba bien, algo fallaba. Se trata de 261 páginas de papel ahuesado, de 90 gr/m, con la tripa cosida y encolada, pastas de unos 200 gr/m con una bella decoración a base de geometrías verdinegras, sobrecubiertas en las que aparece una bonita ilustración alusiva a la historia que contiene rematadas por solapas de 82 mm en las que se glosa la figura de la autora (delante) y se listan otros títulos de la editorial (que no mencionaré aquí por decoro, aunque a lo mejor luego sí que la nombro). Incluso, en un alarde de originalidad de semejantes proporciones a las de su ponderado costo, el extraordinario objeto incluía un precioso recortable con el que los ociosos pueden entretenerse montando un hotel de cartulina, que es donde transcurre la mayor parte de la trama (en un hotel no de cartulina).

Petit hôtel en «petit carton»

Petit hôtel en «petit carton»

Por otra parte, se trataba de una buena traducción del original inglés (esto debo suponerlo, porque, como comprenderéis, no lo he tenido en mis manos para juzgar de la manera más ecuánime posible, aunque reconozco que el inglés no es mi fuerte).

Entonces ¿qué era lo que fallaba?

Muy fácil: aquel «libro» no había pasado por ningún proceso de corrección, ni de estilo ni ortotipográfica, y esto es algo que nunca entenderé, y menos en este caso (una verdadera lástima, porque la historia en sí es interesante), donde salta a la vista que no han escatimado un euro en otras cuestiones, ni siquiera en recortables.

En los pocos años que llevo en el mundo de la edición, he visto nacer unas cuantas editoriales, en no pocas ocasiones con más buena voluntad que acierto, pues, en principio, para establecerse uno como editor nadie le exige ninguna preparación previa.

Algunos amantes de la literatura ―o de los libros en general, conocidos en catalán con el eufónico calificativo de lletraferits― se lanzan a la gran aventura de editar sin haberse preocupado de enterarse antes de cuáles son las fases de que consta el proceso de edición, o, lo que es lo mismo, desconociendo qué es exactamente el producto que intentan vendernos. Por ello me ha parecido oportuno explicar aquí, aunque sea de forma somera (y, si cabe, con algo de humor), qué características ha de tener un libro para que sea considerado como tal.

Para empezar, tenemos que saber de lo que estamos hablando, para lo que acudiremos a la definición de la RAE:

libro. (Del lat. liber, libri). | 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. | 2. m. Obra científica, literaria o de cualquier otra índole con extensión suficiente para formar volumen, que puede aparecer impresa o en otro soporte. Voy a escribir un libro. La editorial presentará el atlas en forma de libro electrónico. […]. | 3. m. Der. Para los efectos legales, en España, todo impreso no periódico que contiene 49 páginas o más, excluidas las cubiertas. […].

(He obviado aquí las acepciones que he estimado convenientes para los fines que se persiguen).

Con respecto a la primera acepción de la entrada, me gustaría recordar unas palabras de Marcos Mundstock:

«Un libro que no está escrito, más que libro, es un cuaderno». (LES LUTHIERS)

Esto no es el libro blanco de nada

Esto no es el libro blanco de nada

Respecto de la tercera acepción (la referida al número de páginas), cabe explicar que se trata de una de las características que recoge una definición técnica de la Unesco (United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, [Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, por sus siglas en inglés]) «destinada a unificar, desde un punto de vista estadístico, la noción de libro. […] Esta definición se basa en una unidad de pliego de 16 páginas, de tal manera que no puede considerarse libro, estadísticamente hablando, si la obra, trate de lo que trate y cualquiera que sea su formato, no tiene más de tres pliegos de 16 páginas (o su equivalente), pues, como hemos visto, si solo tiene entre cinco y 48 páginas se llama folleto, y si solo tiene entre dos y cuatro, hoja suelta». (José M. de Sousa: Manual de edición y autoedición; Madrid: Pirámide; 2.ª edición, 2.ª impresión; 2008; pág. 66-67).

Sin embargo, hoy hay que ampliar esta definición debido, como bien sabemos, a los nuevos soportes electrónicos: los libros digitales ya no tienen páginas, bien sean textuales, videolibros o audiolibros. Cuando uno está leyendo uno de estos e-books, el dispositivo lector utilizado no suele informar de la página por la que se va leyendo, sino del porcentaje de lo leído.

—Oye, co: Te has leído Ana Karénina?

—No, co, pero me la bajé de internet para mi kindle y ya voy por el diez por ciento.

—Tómatelo con calma, co, que solo te faltan unas novecientas páginas de las de antes, y con letra pequeña.

―No me chafes el final, co, que está muy interesante el culebrón.

Tranqui, co, que no voy a espoileártela.

Libros sin páginas

Libros sin páginas

Sabido esto, nos arremangaremos para ir directamente al meollo de la cuestión:

El arduísimo proceso editorial

En el proceso editorial consta de varias fases, algunas de las cuales deberían ser ineludibles:

  • Creación del texto. Se trata de redactar o traducir un texto ajustándose a unas determinadas normas de estilo (1.ª fase). El texto traducido debería de pasar una revisión de la traducción (2.ª fase) que debería realizar una persona distinta al traductor. Esta última fase ya se lo salta a la torera alguna editorial (o alguna empresa que edita otro tipo de documentos que no son libros).
  • Tratamiento del texto. Una vez insertados los cambios de la revisión, habría que proceder a la revisión del contenido e insertar los cambios correspondientes (3.ª fase); luego, se debería realizar una corrección de estilo (4.ª fase) y, por último, una corrección de primeras pruebas (5.ª fase). En cada una de estas fases hay que ir introduciendo los cambios correspondientes: el texto y, por lo tanto, el posible lector, salen ganando, aunque el autor debe conceder el nihil obstat al texto definitivo.

 

Escritor anónimo

Escritor anónimo

«A mi no me canvias tu ni una tilde, de mi testo». (Autor anónimo).

  • Maquetación. La maquetación no se la salta nadie, porque, si no, volveríamos a tener un cuaderno. Si el texto lleva imágenes, ahora es el momento de incorporarlas en la maqueta (6.ª fase), lo que conlleva una o varias nuevas correcciones ortotipográficas (7.ª fase). Algunos piensan que esta fase sobra, pero si no se realiza pueden aparecer callejones o blancos de más en el texto, separaciones incorrectas de palabras al final de la línea, pueden producirse coincidencias de palabras iguales en líneas sucesivas e incluso puedes encontrarte con alguna sorpresa en los pies de foto, como ilustra el bello ejemplo en formato jotapegé.

 

«Regata de traineras en la ría de Bilbao» (Un mal pie de foto)

«Regata de traineras en la ría de Bilbao»
(Un mal pie de foto)

  • Impresión. En este apartado se incluye la compaginación con la correspondiente corrección de compaginadas, la creación de fotolitos, con revisión de ferros, diversas pruebas mecánicas y, por último, antes de encuadernar, también hay que verificar los pliegos (fases 8.ª, 9.ª, 10.ª y 11.ª). De estas fases, excepto de la  8.ª, como se encarga la imprenta, no se deja ninguna sin hacer.
  • Encuadernación, almacenaje y distribución (fases 12.ª, 13.ª y 14.ª). En este apartado, los libros deberían de someterse a los controles de calidad correspondientes (fase 15.ª), pero hay quien, con ver las cajas llenas y ojear un ejemplar, da por cumplimentado el trámite: ¿quién no se ha topado alguna vez ―aunque ahora ya sería rarísimo― con algún libro, además de intenso, intonso?
libro intonso

Libro intonso

 

No está de más aquí recomendar a los lectores que a la hora de adquirir un libro pierdan el mismo tiempo que cuando van a comprarse, no digo ya un automóvil, sino cualquier electrodoméstico, y también cabe recordar que tienen derecho a la devolución del dinero si el producto no les satisface: ello representa el mejor control de calidad posible.

En resumen (que no es gerundio)

¿Os imagináis al bueno de Daniel «Dan» Brown habilitando un búnker como el que montó para los traductores de su obra Inferno para cada grupo de personas que deberían haber intervenido en el proceso de edición? ¡No hubiera ganado para búnkeres! Así que se ahorró unos cuantos dólares, pero seguro que ha perdido un buen número de lectores (yo mismo, por ejemplo).

Por ello, y aunque hoy las modernas técnicas nos permitan agilizar enormemente las tareas de edición, si las editoriales quieren dotar de calidad a los libros que producen, no deberían saltarse ninguno de los pasos arriba expuestos: podrán buscar el ahorro en el gramaje o la calidad del papel, las tapas, las sobrecubiertas e incluso en recortables, pero lo que nunca nunca nunca deberían hacer es ahorrarse dinero en traductores ni correctores profesionales, y repito también lo de profesionales, porque existe una gran diferencia entre que las chapuzas de casa las pongas en manos de un fontanero, electricista o albañil profesional a que las fíes al manitas de tu cuñao, que estuvo una temporada de peón y otra desatascando cañerías.

En ello estriba la diferencia entre un libro, un seudolibro, un paralibro, un antilibro o, directamente, un cuaderno.

Nota: Para desarrollar los comentarios sobre las distintas fases del proceso de edición me he basado en una unidad didáctica del Curso de Corrección Profesional de la academia Cálamo&Cran, de Madrid, que realicé en línea hace unos años, y que recomiendo a todo letraherido que se precie de serlo. Al fin callo el título y la editorial del recortable por haber recortado —como mínimo— en las fases dos, tres, cuatro, cinco, siete y ocho, no sea que alguien pique y se lo compre.

… à suivre.

La fiebre editora de la RAE (y ASALE)

Hace poco me pasé por la librería Anónima de Huesca y me sorprendió descubrir en sus expositores una serie de nuevas publicaciones de la RAE (y ASALE) de las que no tenía noticia o, como decía un antiguo compañero de trabajo, no tenía «ni loción».

Se trata de ediciones nuevas de las últimas grandes obras editadas, a saber, la Gramática y la Ortografía, pero en formatos distintos: de lujo, básica, de bolsillo… Hay para todos los gustos.

Por qué precisamente ahora se produce esta avalancha de publicaciones y a qué fines responde es algo que merece una pequeña reflexión.

Teniendo en cuenta la atroz crisis por la que estamos atravesando en España en la actualidad no se entiende muy bien el fenómeno, ano ser que abramos nuestras mentes y demos con la palabra mágica: globalización.

Debemos pensar, como la RAE, que el mercado de habla hispana es inmenso y que no todos los países están sufriendo de la misma manera las consecuencias de este valle económico. Por ejemplo, solo en México existen cien millones de hispanohablantes, una golosina que hay que exprimir.

Lo que me parece un poco desproporcionado es el precio venal de salida al mercado (13 euros por la ortografía reducida), teniendo en cuenta que el organismo está subvencionado por el Estado y, concretamente esta edición, por una firma comercial —cuyo nombre no citaré—. Si de verdad el objetivo principal fuera divulgar conocimientos, el precio de venta del librito no debería sobrepasar los tres euros.

Pero manda el vil metal, como siempre.

A mí ya me parece bien que se note que hay movimiento, aunque debo reconocer que mi espíritu coleccionista se diluyó con las viejas cintas de vídeo y, dada mi actual situación laboral como freelance a temporadas, no puedo permitirme demasiados lujos bibliográficos.

Estoy haciendo sangre para el nuevo diccionario, cuya aparición está anunciada para el próximo año, que espero lo editen con un tamaño de letra lo suficientemente legible.

Gracias.

…à suivre.

Se escriben con ‘b’

En mis horas de estudio de la nueva Ortografía de la lengua española (Madrid: RAE y ASALE, en colaboración con Espasa, 2010) me ha dado cuenta de que se sigue arrastrando un error en el enunciado —que parece una cantinela— que todos hemos oído en la escuela al aprender esta disciplina:

Se escriben con b […] las palabras que empiezan por… Se escriben con b […] las palabras que acaban por…

Y luego sigue: por las secuencias o por las terminaciones siguientes.

¿Cuál es el error? Pues en lo que he subrayado: no son las palabras las que se escriben con b, sino las secuencias fónicas.

En efecto, en la página 95 de la nueva Ortografía se puede leer:

[También] se escriben con b las palabras que presentan las terminaciones siguientes:

• Las palabras terminadas en -bilidad: amabilidad, debilidad, estabilidad, habilidad, posibilidad, sensibilidad, visibilidad. Excepciones…

… un momento: ¿visibilidad se escribe solo con b? Yo también veo una v al principio. Lo mismo ocurre con algunos ejemplos que da la propia obra:

Las palabras terminadas en -bundo (pág. 95): vagabundo

En los casos anteriores tendría que haber dicho: Las terminaciones de las palabras acabadas en -bilidad, -bundo, o Las secuencias gráficas finales como -bilibad, -bundo. Y sigue.

Las palabras compuestas cuyo primer elemento es bien o que comienzan con su forma latina bene (pág. 96): bienaventurado, bienvenida, benevolente

Aquí habría que haber dicho: El primer elemento de las palabras compuestas por bien o por bene.

Pasemos a la v (pág. 98):

Se escriben con v…

Las palabras que comienzan por (…) vice-, viz- o vi- (‘en vez de’ o ‘que hace las veces de’): vicegobernador [ejemplo mío]

Las palabras que terminan en (…) -‘voro/a (‘que se alimenta de’): herbívoro

Aquí lo estrictamente correcto hubiera sido, también, referirse no a las palabras, como vemos, sino a las secuencias fónicas.

Si lo de la b y la v hay quien no lo ve muy claro, pensemos en cuántos millones de hispanohablantes tienen problemas importantes para utilizar correctamente la s, la c y la z. En las páginas 129 y siguientes las Academias tratan de arrojar luz sobre esta oscura zona donde ceceo y seseo se combinan.

A este —para muchos— inextricable  mundo de sibilantes e interdentales varias la nueva Ortografía le dedica un total de ¡18 páginas 18! Y continúa con la cantinela:

Se escriben con s las palabras que empiezan / terminan por:

semi- (‘medio’ o ‘casi’): semicírculo

iso- (‘igual’): isósceles

-ésimo/a: centésimo, cienmilésimo

Se escriben con c ante e, i las palabras que empiezan / terminan por:

-encia: ausencia

-ancio: cansancio

-cial: superficial

-áceo: grisáceo

Se escriben con z las palabras que empiezan / terminan por:

-anza: enseñanza

Y podría continuar con más ejemplos donde habría que expresar de otra manera lo que se quiere decir. No parece que esta obra consiga la precisión ni la claridad que pretende en su declaración de intenciones, pero es lo mejor que tenemos y habrá que seguir estudiándosela.

Si esto parece rizar el rizo, a mí más me lo parece —por ejemplo— el que las Academias, con afán de simplificar, se inventen un nuevo sistema para representar los fonemas del español (pág. XLVII): no teníamos bastante con el alfabeto fonético de la Revista de Filología Española (RFE) ni con el alfabeto fonético internacional (AFI), «usados en la tradición hispánica durante décadas». Este último trata de recoger todos los signos para representar los fonemas de todas las lenguas, incluida la nuestra, y que, bajo mi punto de vista, nos hubiera venido mejor para representar todas las realizaciones fonológicas posibles de nuestra lengua. Todo sea en pro de la simplicidad. ;)

…à suivre.

Portada de la _Ortografía_ de Mateo Alemán de 1609

 

El léxico del arte del blasón

En los enlaces recomendados del mes añadí uno al DIRAE, Diccionario inverso de la Real Academia.Un diccionario inverso es una herramienta extraordinaria, si se sabe utilizar, porque, además de poder usarse como cualquier diccionario electrónico, es decir, insertando un término para que aparezcan sus significados, también permite realizar búsquedas temáticas. La herramienta te devuelve todas las entradas del  diccionario en las que aparece la secuencia grafémica que se propone.

Casualmente, estaba realizando un trabajo recreativo, describir el escudo de la Peña Alegría Laurentina de Huesca para el programa de las fiestas que se avecinan en honor de San Lorenzo, cuando se me ocurrió usar el DIRAE para saber todos los términos relacionados con la heráldica que recoge el Diccionario de la lengua española, en su versión digital.

Bajo el tema Herald. aparecieron un total de 239 términos

Aquí están los resultados obtenidos:

abismado

abismo

acamado

aclarado

acolar

acompañar

acornado

acostado

aculado

adestrado

adiestrado

adjurado

adosar

afrontado

águila

aguilón

anillado

anulete

apuntado

argén

arma

armiño

arrancado

aspa

aspado

azur

banda

barra

barrado

bastón

besante

bezante

billetado

billete

blao

bordadura

bordura

brisura

burel

cabrio

caldera

calzado

campaña

campo

cantón

cantonado

capa

capelo

caperuzado

capirotado

cargado

cargar

carnación

cartela

cartelado

casco

castillado

castillo

caudado

caudato

chaperonado

cheurón

cimera

cinta

clarinado

collar

color

compón

componado

concha

contornado

contraarmiños

contrabandado

contracuartelado

contrafajado

contraflorado

contrapalado

contrapasar

contrapotenzado

contraverado

contraveros

corazón

cordado

corona

coronel

cortado

cotiza

cotizado

cramponado

crecal

creciente

crista

cruz

cruzado

cuartel

cuartelar

danchado

dantellado

delfín

dentado

dentellado

descargadas

desmembrado

diademado

diapreado

difamado

divisa

divisar

dragante

dragonete

ebrancado

ecotado

encajadas

encaje

endentado

enfilado

englandado

englantado

engolado

enguichado

entado

entretenido

escacado

escaque

escudo

escusón

esmalte

explayada

faja

fijado

filete

filiera

flanco

flanqueado

flanquís

flordelisar

florlisar

florón

francocuartel

frange

frangle

frete

fusado

fuselado

fuso

fustado

globo

goles

gules

haute

huso

jaquel

jaquelado

jefe

jirón

jironado

lambel

lambeo

lambrequín

lis

lisonja

lleno

lobo

lunel

malla

mano

mantel

mantelado

mantelete

manto

marino

mariposado

mazonado

membrado

merleta

metal

mixtión

moleta

montante

mortero

moviente

mueble

mundo

naciente

natural

orla

orlar

oro

pal

palado

palizada

palo

palón

panela

papelonado

partido

pasante

pasmado

paté

pavo

pendiente

pendón

perchado

perla

pieza

pila

pira

plata

potenza

potenzado

punta

puntillado

punto

púrpura

rodete

roel

roquete

rumbo

rustro

sable

sautor

sinoble

sinople

sobreltado

sol

soporte

sotuer

tablero

tallado

tenante

timbre

toro

torre

torreado

tortillo

trechor

vergeta

vero

virol

El magma léxico especializado del arte del blasón siempre me ha fascinado. Si deseáis saber más, os dejo este enlace, donde todavía aparecen más términos, aunque seguro que no están todos. Y es que ya se sabe: no hay diccionario perfecto.

…à suivre.

Las siglas. 3.ª parte: lectura y escritura

Abordo en este espacio que le concedo a mi otium litteratum la tercera entrada sobre las siglas, que se refiere a los problemas que nos presentan su lectura y su escritura.

Tanto la OLE2010[1] como la OOTEA[2] coinciden en las distintas posibilidades de lectura de las siglas, atendiendo a la naturaleza de los componentes que las forman y a la secuencia gráfica que resulta de ellos.

Básicamente podemos reducir estas posibilidades de lectura a tres: por deletreo, por silabeo o mediante una combinación de ambos procedimientos.

José Martínez de Sousa ya aborda el problema de su lectura cuando establece una clasificación entre siglas silábicas, cuando pueden leerse como una palabra normal, y consonánticas, aquellas cuya lectura solo sea posible mediante el deletreo, «aunque comprendan alguna vocal» (OOTEA, p. 211).

En el caso de las siglas leídas mediante el deletreo, la nueva Ortografía explica que cada uno de los componentes que la integran conserva su acento prosódico (c. V.3.3.2, p. 580): DNI [dé-éne-í][3]. A cada letra, en este caso, debe darse el nombre que le corresponde, sin tener en cuenta su valor fonológico. Si está compuesta solo por vocales es posible realizar dos lecturas: OEA [oéa], [ó-é-á]. En este caso, lógicamente, su lectura podrá variar dependiendo de las distintas áreas hispanohablantes: TV [té-bé], [té-úbe].

En un cuadro de información adicional nos informa la OLE2010 (p. 581) que si la sigla que se deletrea total o parcialmente es de uso generalizado, «a menudo se traslada a la escritura su pronunciación, dando lugar a una nueva palabra»: cederrón < CD-ROM. A las siglas que comienzan por s- seguida de consonante se le incorpora «normalmente» una e protética: SGAE [esgáe]. Para la lectura concreta del ejemplo PSOE [pe-sóe], las Academias consideran que se da un caso de combinación de deletreo y silabeo, en vez de considerar que, para poder silabear se le añade una e epentética, como opina Martínez de Sousa, quien también observa la posibilidad de que, en estos casos, simplemente no se pronuncie la inicial [sóe] (OOTEA, p. 216).

En cuanto a las siglas leídas por silabeo observa OOTEA que a veces «es preferible deletrearlas, con objeto de no confundir al oyente»: FITP [éfeítépé], no [fítp][4]. Como vimos en la entrada anterior, este tipo de siglas las Academias lo denominan acrónimos, que se leen como cualquier palabra (RAE [rráe], FIFA [fí.fa]), aunque sus componentes representen distinto valor fonológico en la expresión originaria: AFORE [afóre], por Administradora de Fondos para el Retiro: la R en esta sigla es vibrante simple y en la expresión compleja es múltiple. El acento prosódico suele recaer aquí en la penúltima sílaba, porque, para las Academias, «la mayoría de las palabras españolas acabadas en vocal son llanas», pero para Martínez de Sousa (OOTEA, p. 216), que también constata este hecho, la razón es, simplemente, que «ninguna sigla lleva tilde»; este además precisa que también son llanas si acaban en n, en m o en s, «salvo que a estas letras les preceda otra consonante: IFALS [ifáls]» (International Federation of Arts, Letters, and Sciences), aunque hay excepciones si terminan en -m, como INEM [iném]; y son agudas cuando acaban en consonante que no sea n o s, como IATUL [iatúl] (International Association of Scientific and Technological).

Si las siglas leídas por silabeo han sido incorporadas desde otra lengua, sigue diciendo OLE2010 en la página 581, puede también conservar su acento etimológico: láser. Este ejemplo ―un acrónimo para las Academias, admitido ya en el DRAE92[5]―, no se ajusta al concepto que de siglas tiene Martínez de Sousa, sino al de siglónimos. La distinta consideración que los acrónimos reciben en una y otra obra queda explicada en la anterior entrada sobre la definición de las siglas.

Las Academias también explican la prosodia para otros casos concretos: si en la formación de la sigla se incluyen cifras u otros signos (siglas alfanuméricas, para Sousa), suele deletrearse la parte alfabética y nombrarse la cifra o el signo (MP3 [éme-pé-trés], I+D [í-mas-dé][6]), que pueden ser «seleccionados únicamente por su equivalencia fonética»: P2P, peer two (to) peer, ‘de igual a igual, entre iguales’ (OLE2010, p. 582).

La nueva Ortografía señala finalmente que puede desarrollarse en la lectura la expresión compleja de la que procede «(…) cuando la sigla no es muy conocida o su finalidad principal es ahorrar tiempo y espacio en la escritura»: RAE [rráe] o Real Academia Española. También, lógicamente, podremos realizar la lectura de todas las siglas desarrollando todo el sintagma al que hacen referencia sea cual fuere su composición, aunque esto no lo indique la OLE2010.

En cuanto a su escritura el parecer de las Academias ha cambiado respecto a lo que todavía recoge el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) en su versión digital s. v. ‘sigla’:

Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: memoria anual del c.s.i.c.

Ahora en el c. V.3.3.4, «Ortografía y otras normas de escritura» (OLE2010, p. 583) dice:

a) En la actualidad, las siglas se escriben sin puntos ni blancos de separación, incluso cuando se integran en textos escritos enteramente en mayúsculas: CALENDARIO FISCAL PARA EL PAGO DEL IRPF.

Las Academias hacen suya la consideración que bajo forma de crítica expone OOTEA en la página 212, que considera la norma expresada en el DPD como carente de uso y de sentido.

Hay coincidencia en ambas obras, OLE2010 y OOTEA, en cuanto a que las siglas no deben llevar nunca tilde pero encontramos una gran divergencia de pareceres en cuanto al tipo de letras que deben representarlas. OLE2010 sigue insistiendo en que deben escribirse siempre enteramente en mayúsculas «las siglas cuya representación gráfica impide su lectura secuencial» (siglas propias, en la denominación de Sousa). Insiste y abunda en ello en la página 510 cuando habla del uso de las mayúsculas y minúsculas para formar siglas, porque «su escritura característica enteramente en mayúsculas (…) permite distinguir con claridad las siglas del léxico común (…)». Aquí es consecuente con lo que se dice en el DPD, pero para Sousa, aunque no rechaza su escritura con mayúsculas, es mucho más conveniente escribir este tipo de siglas en versalitas porque «en una página donde aparezcan varias siglas, la presencia de tantas mayúsculas juntas desestabiliza la visión ponderada del resto de la página, en el que las mayúsculas son solo esporádicas normalmente» (OOTEA, p. 212).

Sobre las letras versalitas quiero hacer aquí un comentario que me parece importante. Mientras que el DRAE, en su versión electrónica, define a la versalita como «Mayúscula igual en tamaño a la minúscula de la misma clase» la nueva Ortografía (p. 447) considera a esta letra como «una variante tipográfica de carácter híbrido, caracterizada por presentar la misma forma que la mayúscula con una altura similar a la de la minúscula». Hasta ahí, bien, pero a renglón seguido añade:

A pesar de su apariencia, la versalita es una variante estilística de la letra minúscula por lo que, al utilizar la versalita, debe mantenerse la mayúscula inicial en aquellas palabras que la requieran (…) [subrayado mío].

Esto equivale a decir que la versalita, si no malentiendo, es una letra minúscula (¡?), lo que chocaría frontalmente tanto con la definición del DRAE como con la definición que ofrece la OOTEA[7], para la que las versalitas «siguen siendo mayúsculas, no se olvide(…)» (p. 212).

La lexicalización de los acrónimos —en el sentido académico del término— implica que se escriban como cualquier palabra normal: con inicial mayúscula y el resto en minúsculas, cuando son nombres propios (Unicef), o enteramente en minúsculas, cuando son nombres comunes (opa, tac). Los dígrafos que se integran en las siglas conservan la mayúscula únicamente en la primera grafía.

Al «Uso combinado de mayúsculas y minúsculas en siglas y acrónimos» le dedica la OLE2010 un punto aparte (c. IV, 4.3.1), donde observa que cada vez es más frecuente esta mezcla, pese a que «la norma tradicional prescribe su escritura enteramente en mayúsculas» (p. 511). Este tipo de formaciones híbridas son muy comunes, según Martínez de Sousa, en las siglas impropias y dice que «se debería elegir un criterio por parte de todos los periodistas, traductores y escritores, con objeto de introducir coherencia interna en el sistema de la escritura de la lengua» (OOTEA, p. 213). Tal vez esa función también debería haberla hecho suya la asociación de Academias, que se limita a decir más abajo que ese uso excepcional «resulta admisible».

Al respecto de la división al final de línea de las siglas propias también existe discrepancia entre la OLE2010 y la OOTEA. Las Academias insisten en que «sea cual sea su lectura, las siglas escritas enteramente en mayúscula nunca deben dividirse con guión final de línea». Esta afirmación sigue sin estar justificada. Sousa en cambio no «ve razón alguna para no poder dividir UNES- / CO, como, cuando se escribe con solo mayúsculas, se pueden dividir ACA- / DE- / MIA, CO- / MAN- / DO, etcétera» (OOTEA, p. 115).

à suivre.


[1] RAE y ASALE, Ortografía de la lengua española (Espasa, Madrid, 2010).

[2] José Martínez de Sousa, Ortografía y ortotipografía del español actual (Trea, 2.ª ed., Gijón, enero 2008).

[3] Si no se indica lo contrario, todos los ejemplos son de OLE2010, aunque aparezcan aquí sin entrecomillar y sin ninguna otra marca ortotipográfica. No desarrollo aquí las siglas cuyo significado es sobradamente conocido.

[4] Esta sigla puede tener varios desarrollos, como Federazione Italiana Tradizioni Popolari, Firearms Instructor Training Program, Forward Into The Past, etcétera.

[5] RAE, Diccionario de la lengua española, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1992.

[6] Sic, sin tilde en ‘mas’, p. 581.

[7] La versalita «(…) es la letra versal pequeña, es decir, la que tiene forma de versal o mayúscula, pero que es más pequeña, en torno al 82 % del tamaño de esta (aproximadamente, el tamaño de la minúscula). (…) se trata de una letra que, pese a que su tamaño es inferior al de la correspondiente mayúscula (es decir, la mayúscula del mismo cuerpo), sus astas tienen las mismas dimensiones en anchura. Esta característica dota a la versalita de una rara hermosura» (OOTEA, p. 415).

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